jueves, 13 de octubre de 2011

Crítica: 3-D Sex And Zen: Extreme Ecstacy

Ya en la década de los 60 y principios de los 70, los espectadores acudían al Festival movidos por el morbo del sexo. Por aquellos años, uno debía ser políglota ya que la mayoría de películas se proyectaban sin subtítulos aunque bien poco importaba siempre que se pudiera ver esas tetas esquivas y esos muslos de las actrices de la pantalla que no se volverían a ver en ninguna sala del país más durante la dictadura. Desde otra dictadura, China, nos llega “3-D Sex and Zen: Extreme Ecstacy”. La censura estatal le pisaba los talones pero de todas formas ha sido un éxito total en su país.

Debo sincerarme. Es una chorrada china de grandes dimensiones a la que se le tiene cariño por el clásico humor oriental (humor amarillo), los toques de fantasía (con dioses o demonios y magia de por medio), los desnudos gratuitos y la novedad de ver todo esto en 3 Dimensiones.

Primero quisiera anunciar que para nada es una película porno y esto quiere decir que no se ve echaculaciones en ningún momento. Tan modernos no son los chinos. Desde Hong Kong, nos llega una historia erótica (no pornográfica) de amor que caldeó el Auditori y El Retiro en la madrugada del domingo y del lunes.

Centenares de espectadores se concentraron, gran parte de los presentes mujeres, viendo a través de unas ridículas gafas para el 3D como unos chinos hacían el amor tan cerca y real que solo faltaba que nos salpicaran con sus fluidos amorosos.

Christopher Sun, su director, nos narra la historia de Wei Yangsheng y la bella Tie Yuxiang, hija de un cura taoísta. Ambos se enamoran a primera vista y terminan por casarse. Sin embargo, nuestro amigo Yangsheng no practica demasiado el Kung Fu y es un manta en la cama. De mil maneras les vemos practicar sexo y el chico a los dos empujones se corre de gusto. Además, su mini pene oriental (su rollito de primavera) es pequeñito y no satisface el apetito sexual de su joven esposa. Vamos, que no sabe mojar a su querida de salsa agridulce.

Con el fin de conseguir ser el mejor amante, Yangsheng encontrará todo el placer inimaginable en la Torre de las Rarezas. Allí el Duque (no el tipo de “Sin tetas no hay paraíso”) le introducirá en orgías, prácticas sadomasoquistas y le enseñará todo tipo de artes amatorias que más de uno quisiéramos saber.

Sobre el reparto hay que decir que las chinas que salen están realmente buenas. Pero el género femenino no se queda con las ganas porque los chinos también están en forma, aunque son feos de cojones. Aun así, de la película se denota un aire de machismo puro típico de una sociedad tan conservadora como la china. Esto se traduce en que el hombre es el que domina, la mujer es la dominada y el placer llega a convertirse en una dominación dolorosa (y no veas como chillan las chinas, parecen gatos follando) En casos llega a rozar la indecencia, como por ejemplo cuando el Duque mata a polvos a una de sus concubinas.

¿Y qué narices hace en Sitges? A parte de erótica encontramos un relato lleno de elementos fantásticos, como el demonio viejo atrapado en un cuerpo de mujer (y vaya hembra) con un pene con apariencia de rabo a lo Son Goku. Una de las escenas más graciosas es cuando le hacen una operación de pene a nuestro protagonista. y le ponen uno de burro. No veas como se pone las botas. Y me pregunto: ¿qué hay más fantástico que un chino con la picha de un burro?

El malo de la película, aunque a nadie de la sala le importaba, era el Duque. No me enteré demasiado porque estaba liado mirando tetas y culos, pero os puedo contar que siendo oriental, la película no podía acabar de otro modo que con final feliz. No se si me entendéis.

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