lunes, 7 de octubre de 2013

Crítica: 100 Bloody Acres

Desde Australia nos llega una comedia de terror del bueno, “100 Bloody Acres” (2012), debut del equipo de hermanos escritores y directores Cameron y Colin Cairnes. Sitges 2013 la proyecta en la maratón del cine Retiro La noche + killer, junto al cortometraje “Torturous” y a los largometrajes “Los crímenes del día de todos los santos” (presentado por Héctor Escandell Palerm, Vicente Torres y Ana Vide), “An American Terror” y “Hatchet III” (sus anteriores films los vimos también en Sitges). Una maratón rocambolesca. Tal vez la mejor del viernes 11 de octubre.

El debut de los Cairnes nos cuenta la historia de los hermanos Reg (Damon Herriman) y Lindsay Morgan (Angus Sampson, la saga Insidious), quienes usan un ingrediente muy particular para elaborar su exitoso fertilizante: cadáveres humanos. Herriman interpreta a un psicópata nervioso y a la vez manso, dominado por su hermano, quien no duda en amenazarle si hace falta para que cumpla sus ordenes. Reg es solitario y su vida gira entorno a la empresa, Morgans Organic.

La película comienza con Reg conduciendo su furgoneta. Por el camino se encuentra con un accidente de tráfico. Un conocido se ha abierto la cabeza al estrellar su vehículo contra un árbol. Reg no se lo piensa dos veces; coge el cadáver y lo introduce en la furgoneta, escondido entre sacos de fertilizante y dos animales muertos. De camino a casa se topará con tres autoestopistas, Sophie (Anna McGahan), James (Oliver Ackland) y Wes (Jamie Kristian). Su coche se ha averiado y van dirección a un festival de música. Al principio Reg es reacio a detenerse y más con un cadáver en la furgoneta. Pero cuando ve a Sophie se ofrece a llevarles. Reg charla con Sophie delante, mientras que los dos jóvenes están detrás, sentados sobre el fertilizante y el cadáver. Durante el trayecto Wes se mete LSD y lo veremos durante el resto de la película colocado, protagonizando algunas de las escenas más graciosas, como aquella en la que está en el bosque intentando escapar de Lindsay y le vienen a la mente enanitos de jardín y alucinaciones por el estilo.

Reg le pilla cariño a la chica, pero cuando sus dos acompañantes descubren el cadáver corre a toda prisa a su granja y los encierra a los tres en el granero, o mejor dicho, en el matadero. Entonces vemos a Lindsay, un tipo con barba estilo talibán sin bigote, de dos metros de altura y de mirada desafiante. Éste no se anda con chiquitas y ata a los tres invitados para después poner en la trituradora el cadáver que Reg recogió de la carretera. Aquí vemos que Reg no es tan hijo de puta como su hermano Lindsay, pues cuando ve que el hombre en realidad no estaba muerto sino inconsciente, intenta sacarlo de la trituradora de basura sin éxito.

Lindsay hará todo lo posible para no quedarse sin reservas de su ingrediente secreto y luchará para mantener su negocio de fertilizantes orgánicos. Sin embargo, su hermano Reg comenzará a tener sentimientos románticos por Sophie y ella aprovechará eso para conseguir que los tres salgan vivos de allí. Anna McGahan brilla como una cautiva coqueta tratando de conquistar a un ingenuo e inseguro Reg.

Luego está la tía Nancy, una vieja decrépita que vive cerca del granero con su molesto perro. Hacia el tramo final del film Nancy provoca la escena más repugnante de toda la historia. Incluso la cuba llena de sangre del establo es más digestible para el estómago.
 
“100 Bloody Acres” es un regreso consciente a la clase de películas Ozploitation! de Australia, explorado hace unos años en el documental “Not Quite Hollywood”. Desde sus festejos de sangre y miembros amputados hasta el uso del country-pop de los 70, oído a través de un programa de radio especialista en la materia, todo en la cinta es maravilloso. Esta interesante historia de terror camp te atrapará, con unos chicos de ciudad confiados acechados por unos brutos pueblerinos con todo el encanto rural como escenario.
 
Los Cairnes muestran un talento y una disciplina envidiables en su primer largometraje de bajo presupuesto, mezclando sangre y humor en la misma medida. “No somos psicópatas, somos operadores de una pequeña empresa”, insiste Reg mientras el novio de Sophie cuelga boca abajo en una tina llena de sangre. Es una de las frases más ingeniosas del guión. La ausencia de malicia en los motivos de los asesinos es graciosa (se mueven por dinero no por sed de sangre), como lo son las intenciones de los presos de escapar. Wes, todo colocado, intenta huir usando una navaja. Una situación terrible que ingeniosamente se convierte en divertida. Por otra parte, el divertido cameo de John Jarratt, el villano de la saga Wolf Creek, es la guinda al pastel.
 
“100 Bloody Acres” es una gran película muy propicia para una estupenda maratón en el inicio de un Festival como el de Sitges, tan importante y recomendado. No te la puedes perder.

LO MEJOR: El gore y los gags fluyen libremente. Su final te sorprenderá.
 
 

4 comentarios:

El Rector dijo...

Esta si que no me la pierdo, tiene un que se yo y un yo que se a la genial Tucker and Dale vs Evil que me ha enamorado desde ya. Comedias de terror se hacen muchas, realmente divertidas por contra, muy poquitas. Esta tiene pinta de serlo.

Saludos.

Max Cady dijo...

Cuando vi el tráiler pensé que esta cinta sería una versión bastarda y cutre de la fabulosa Tucker & Dale vs Evil, pero después de leer tú reseña, Ted, le daré una oportunidad.

Saludos y gracias.

May Dove dijo...

Yo la voy a ver seguro porque la crítica ayuda a decidirse y porque me recuerda a Tucker & Dave vs Evil, que estamos todos nombrando en los comentarios y me encantó.
Así que a verla se ha dicho!

Ki___wi dijo...

Noche de pizza y amigos. Apuntada.

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