martes, 15 de octubre de 2013

Crítica: Patrick (1978)

Con motivo de la proyección, en la Sección Oficial Fantàstic Galas, de “Patrick” (Mark Hartley, 2013), remake de la película de terror australiana del mismo nombre dirigida por Richard Franklin, NIDO DE CUERVOS os ofrece la crítica del film original, premiado con el Clavel Medalla de Oro al mejor director de largometrajes en el Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Sitges 1978. Para los más nostálgicos, la Sección Brigadoon (situada en l'Escorxador de Sitges) proyectará la película de Franklin en una sesión especial gratuita el miércoles 16 de octubre a las 21:30 h.

Los thrillers sobrenaturales relacionados con la telequinesis fueron muy populares en los años 70, especialmente gracias a Brian De Palma con “La Furia” (1978) y, sobretodo, “Carrie” (1976). “Patrick” (1978) fue la aportación del cine de terror australiano a esta clase de películas. Años después, su director nos ofrecería la segunda parte de “Psicosis” y no es de extrañar, porque Franklin es un cineasta que lleva por dentro su influencia por Hitchcock y “Patrick” es muestra de ello. Desde la planificación de sus escenas (plano cenital de la matrona Cassidy haciendo un ademán de abrir la puerta de la habitación 15, planos de Patrick postrado en la cama, etc.), pasando por el diseño artístico y de producción (la vieja clínica por fuera y su escalera, por dentro, recuerda a la casa de Norman Bates), hasta la magnífica banda sonora compuesta por Brian May que hace cierto guiño al estilo de Herrmann. Todo parece un cariñoso homenaje al maestro del suspense.

La acción comienza con Patrick (Robert Thompson) estirado en una cama; el lugar que le corresponderá a lo largo de toda la película. Entonces puede sentir a su madre jodiendo, una situación terrorífica para cualquier hijo. Cuando la pareja disfruta de un baño, Patrick les arroja un calentador eléctrico (¿Por si tienen frío?) y se queda huérfano. Esto es lo que pasa cuando el agua se pone en contacto con la electricidad; que te quedas sin padres. Evidentemente no le pillamos ningún tipo de cariño a Patrick aunque termina en coma en una clínica privada de Melbourne. A partir de aquí Thompson nos muestra la locura que hay detrás de los ojos de un psicópata. Puede parecer fácil interpretar a un comatoso, pero quien piense esto no puede estar más equivocado. Su actuación es digna de elogios de todo tipo.

Kathy Jacquard (Susan Penhaligon, actriz británica contratada principalmente para poder vender mejor el film a Inglaterra) es una joven y hermosa enfermera que se ha separado recientemente de su marido, Ed Jacquard (Rod Mullinar), y que comienza a trabajar en un hospital dirigido por el Doctor Roget (Robert Helpmann), quien explota y experimenta con Patrick empleando métodos poco convencionales. Helpmann borda su papel de médico sin corazón que ve a su paciente como “una oportunidad de estudiar la zona gris entre la vida y la muerte”. A lado del despiadado Doctor Roget está la enfermera jefe Cassidy (Julia Blake), tan fría como el hospital.

Kathy forma un vinculo con Patrick y descubre que tiene poderes telequinéticos. En su aislamiento de sus otros sentidos, ha desarrollado lo que se llama un séptimo sentido. La joven enfermera comenzará comunicándose con él a través de la máquina de mecanografiar eléctrica de su habitación. Patrick escribe sus pensamientos en el papel moviendo las teclas a su antojo. Entonces el paciente se enamorará de su enfermera hasta llegar a convertirse en su obsesión. Sus poderes no se limitan a mover teclas o abrir ventanas. Patrick es capaz de mover el ascensor del hospital y al conocer que Kathy tiene una relación amistosa con su ex marido intentará deshacerse de él. Primero lo intenta ahogar en la piscina de su casa y luego le hace jugadas como obligarle a coger un cazo ardiendo con las manos desnudas.
 
Los efectos especiales no están nada mal, pero hay un momento en el que el doctor le clava a una rana una aguja en el cerebro que si bien es un efecto, está bastante logrado. Pero si es real, resulta repulsivo.
 
Dotada de grandes momentos de tensión gracias a una dirección sólida y a un excelente guión escrito por Everett De Roche (inspirado tal vez en la novela “Tetrasomy Two” de Oscar Rossiter), “Patrick” es un film de obligado visionado para los fans del terror y una de las mejores incursiones de Australia en el género, llegando a cinta de culto, cuyo máximo seguidor confeso es Quentin Tarantino (la escena de Uma Thurman en el hospital está inspirada en esta película).

LO MEJOR: Su suspense.

LO PEOR: Su duración (112 minutos aproximadamente) para el tipo de historia que es.

 

2 comentarios:

Max Cady dijo...

Recuerdo ver esta película hace muchísimos años, siendo un chaval, y me gustó y acojonó bastante (apenas tenía 12 años). Desde entonces he querido revisarla, parece que es buen momento.

Saludos y gracias Ted por traer esta (un tanto olvidada) cinta a mi memoria.

May Dove dijo...

A ver como lo digo. Me declaro fan incondicional de las fotos que acompañan la crítica. Sobretodo el momento cangrejo en la bañera... no he podido parar de reírme. La peli daría mucho miedo pero las fotos son lo más.
También quiero decir que la frase que encabeza la portada/poster: está en coma pero aún así puede matar... FAN!

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