viernes, 18 de octubre de 2013

Crítica: The Taking

Carl (John Halas) tiene un problema de actitud. Persigue como un poseso a su novia después de que descubriera que ésta se ha fugado con su mejor amigo. No hay duda que los cuernos los tiene como los de un toro, pero seguirla no va ha hacer que ella vuelva.

En su ciega persecución se adentra en las entrañas de un extraño bosque. El chico acaba prisionero de una siniestra familia que mora el lugar. Tras intentar escapar de la granja remota propiedad de la familia, es capturado y atado a un árbol. Allí no estará solo. Junto a él, Jade (Alana Jackler), otra alma perdida como él, madre con hambre de venganza por el asesinato de su hija, se encuentra en similar situación. Para colmo, los dos extraños deben descubrir la manera de escapar ya que les quieren sacrificar a una presencia maligna que se alimenta del odio y la malicia de las almas humanas. Mientras tanto, ellos experimentan alucinaciones aleatorias, horribles visiones y encuentros en las que reviven momentos lamentables de su pasado reciente. Escapar va a ser más difícil que vencer sus propios miedos. Tres días les quedan para su fatídico final.

Kubrick, Hitchcock, Bergman, Godard, Kurosawa, “La escalera de Jacob”, David Lynch con su “Cabeza borradora”, “Blue Velvet” y “Mulholland Drive”, “Enter the Void”... Hay tantas influencias positivas sobre el tema del existencialismo, que uno no sabe donde elegir. Precisamente, el cine de terror nos ha dado muchas películas que hablan de este tema y “The Taking” (2013) es otra de ellas.

La primera lectura que nos imaginamos al ver el argumento del film es que se trata de otra cinta mas de terror bastante estándar, pero afortunadamente eso no es así. Cezil Reed y Lydelle Jackson hacen de su debut como directores en el cine un interesante ejercicio imaginativo, una obra original y perturbadora tan ocupada en capturar una interpretación artística de la historia que se olvida por completo de que es una película. Me refiero a que como película debe ofrecer espectáculo, entretenimiento que también viene de la mano del arte, pero por otra parte no hace ninguna falta. Se podría decir que “The Taking” no hace concesión alguna a la comercialidad y esto es un punto a su favor. Esta claro que los jóvenes cineastas tienen intenciones autorísticas y la película tiene una fuerte resonancia contemplativa. Por eso, “The Taking” se ha proyectado en la sección Noves Visions, dentro del nuevo apartado Experimenta.

En “The Taking” hay que mirar más allá de las impactantes y en ocasiones confusas imágenes que nos presentan. El tándem de directores y guionistas acreditados como Los BAPartists nos explican que no hay peor monstruo que el que llevamos dentro. A lo largo de la historia se introducen otros temas, con la particularidad de que lo hace casi de pasada, por lo que hay que estar muy atento para no perderse.

Los espectadores que esperen gore, vistas las imágenes promocionales del film, puede que se queden algo decepcionados, pues aunque hay escenas sangrientas (sobretodo las correspondientes a canibalismo) a lo largo de la película, éstas se nos presentan de pasada, dejando algo de lado el terror para profundizar en su mensaje. Aquí el terror es psicológico y sugiere que los recuerdos llenos de odio serán la perdición de los protagonistas.
 
 “The Taking” toma prestado de forma libre el espíritu de los clásicos del terror de bajo presupuesto; el espíritu de cintas como “The Evil Dead” y “La matanza de Texas” con ese bosque de pesadilla donde están atrapados los protagonistas y esa familia de psicópatas que amenaza sus vidas. Además, la situación de Carl y Jade me recuerda al cuento de la Caperucita Roja con Marilyn (Olivia Szego), la hija de Jade (quien viste de rojo), como caperucita, el asesino de ésta (Frank Bliss) como el lobo disfrazado de hombre y la propia Jade como abuelita. Los tres enmarcados en un lúgubre bosque excelentemente fotografiado por Terry Zumalt y ambientado de forma acertada con la sobrenatural música de Leland Jackson. Un bosque que es el escenario habitual de la historia. La película está rodada prácticamente en su totalidad en exteriores.

En este aspecto, cabe destacar la impresionante fuerza visual de la película dotada de hermosos colores brillantes, rojos sanguinolentos muy fuertes y verdes suaves y marrones terrosos procedentes de la zona boscosa. También el trabajo de cámara es atrayente con ángulos oblicuos y rápidos movimientos en sintonía con un montaje ágil que es un placer contemplar.

Después viene otro de los puntos fuertes: el sonido. Una de las características más importantes de una película de terror es su sonido. Los numerosos silencios son substituidos con habilidad por la barbarie, explosiones de sonido que estimulan in crescendo al espectador. Cuando sonido e imagen se mezclan hacen algo maravilloso: la voz de un ente maligno (se nos subtitula su diálogo porque cada uno oímos al mal de distinta manera), los árboles, la brisa, el cielo y el sol, en perfecta sintonía con las imágenes de horror, son en si otro personaje más de la historia. En la película lo más importante no son los diálogos. De hecho, éstos son escasos en toda la primera parte de la misma.

Si bien la pareja protagonista, John Halas y Alana Jackler, nos brindan magníficas interpretaciones dotadas de una veracidad impresionante gracias a las cuales nos identificamos con sus personajes, quienes destacan realmente en la cinta son los actores que encarnan a la familia de los horrores. Sin duda lo más terrorífico de todo el relato. Entre los primeros y los segundos hay una conexión: la maldad. Los jóvenes no son inocentes en cuanto tienen intenciones pecaminosas fruto de sus tragedias que moralmente no justifican estas intenciones y la familia tampoco en cuanto a sus sangrientos actos.

Tras finalizar el metraje, al salir del cine Prado, no dejo de escuchar comentarios de los espectadores que me acompañan hasta la salida. Unos la califican de obra brillante existencialista y otros de pretenciosa propuesta artística. No se puede negar la habilidad en la dirección ni la inmensa visión artística de los debutantes Jackson y Reed, pero estas dos sensaciones (las positivas y las negativas) son razonables después del visionado.

Sin duda “The Taking” ha creado reacciones opuestas en Sitges 2013 y es difícil saber con que quedarse. Desde Estados Unidos nos llega una cinta destinada a confundir y a maravillar, a partes iguales. Pero por encima de todo es toda una declaración de intenciones de BAPartists. Una obra que se mueve entre el género de terror y el cine de arte y ensayo.
 
  

5 comentarios:

Max Cady dijo...

Ansioso por ver esta cinta después de leer tú crítica Ted. La trama que comentas a priori me encanta y si además está bien realizada e interpretada puede ser una pasada muy gozosa. Sin duda desde ya una de las imprescindibles a ver.

Saludos!!!!!!!!!!!!

May Dove dijo...

Se convierte en un imprescindible desde ya. Qué remedio después de leer tu crítica.
Enhorabuena!

El Rector dijo...

Madre mía, ansia viva por verla. De momento junto con Contracted y sin querer quitarle méritos a otras, la que más me seduce de todo lo que hemos ido comentando por aquí.

Saludos.

Missterror dijo...

Unanimidad!!! Todo lo que escribes en tu maravillosa crítica, me llama la atención, no sólo que prime el terror psicológico en un bosque, donde el terror físico, ya es patente y de por sí debería sobresalir, sino que todo se adorne con colores brillantes y contrastes visuales espectaculares.
Qué ganas!!! Qué ganas!!!
Cierto que no hay nada peor monstruo que el que llevamos dentro, increíble cómo se comporta cuando le dejamos libre, increíble.

saludos!!!

andres pavone dijo...

L A Q U I E R O V E R!!!!!!

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