domingo, 3 de noviembre de 2013

Crítica: Bloodwork

Hablemos de un mundo perfecto. Hablemos de un mundo en el que no exista la mentira, en el que no exista la necesidad, un mundo en el que el amor lo inunde todo, un mundo sin soledad, sin guerras, un mundo en el que todos tengamos un estado de salud perfecto. Hablemos de un mundo sin dolor. Sí, podríamos hablar de todo esto, podríamos hablar de un mundo perfecto, pero hemos dicho que en ese mundo no debería existir la mentira, por lo que no os puedo hablar de todo lo que anteriormente he citado porque por desgracia, ese mundo perfecto no es el nuestro, ya que, queridos, nosotros vivimos en el infierno, ni más ni menos. La amenaza del Averno no existe porque ya estamos en él, por tanto eliminemos el temor. Repito, estamos en el Infierno y el demonio no somos mas que cada uno de nosotros, de la gente que no conocemos y de la gente que conocemos aún más.

No se puede tener todo en esta vida, de la misma manera que siempre se tiene algo, y sea como sea, al final, nuestra vida está regida por la salud o la falta de ella, y para bien o para mal, terminamos debiendo pleitesía a las omnipotentes diosas que determinan si vives o mueres, y esas no son otras que las compañías farmacéuticas.

"Bloodwork" nos sumerge en el mundo de los efectos secundarios, en el de las pruebas clínicas para determinar si un medicamento puede ser patentado o no. "Bloodwork" nos lleva al terror de las cobayas humanas, en manos, precisamente de las farmacéuticas.

La historia a descubrir es la de dos universitarios, quienes en busca de dinero "fácil", se presentan voluntarios para testar un nuevo medicamento contra la alergia. Junto a ellos, y tras la promesa de más de tres mil dólares por quince días de reclusión y experimentación, personajes de diferentes pelajes: el veterano en las susodichas pruebas (que claramente se ha quedado en alguna fase de un indeterminado efecto secundario anterior, de forma perpetua), las guapas estudiantes, que aprovechan esos quince días para incrementar su cuenta bancaria y seguir estudiando, el ex-convicto al que Dios ha cambiado su vida, la anciana que no tiene nada que perder y demás figuras que dan igual, ya que vengan de donde vengan y vayan a donde vayan, es del todo indiferente, en una cinta en la que la única importancia se le da al medio y al fin.

Obviamente, el medio son las cobayas humanas. A decir verdad. yo simplemente me fijé en los protagonistas ( Greg y Rob), porque atravesaban la historia desde dos perspectivas muy diferentes (y a falta de profundizar bien, dicho sea de paso). Greg es el sentido común después del caos (fácil cuando tú actúas de placebo), y Rob es quien nos transporta a las instalaciones de la farmacéutica y nos mete de lleno en cada inyección y sus consecuencias.

La trama empieza jovial, despreocupada, ligera. La doctora Wilcox (Tricia Helfer- conocida por su papel en "Battlestar Galactica") vende bien un producto por y para la ciencia. Todo correcto hasta la mitad de la película, las inoculaciones de la biotoxina no parecen dañinas, hasta el asumido por parte del espectador, giro que da todo en la segunda parte, cuando las fases del test empiezan a ser lo que esperamos los que lo vemos tras al pantalla y los que están dentro de la pantalla. La toxina en contacto con el flujo sanguíneo se revoluciona, parece descontrolarse y producir unos efectos secundarios, a priori, sorprendentes. Nada mas lejos de la realidad. Obviamente, y como era de esperar, una cosa es la teoría y otra , la práctica, y lo que parecía un simple antihistamínico, realmente es otra cosa.

Los efectos secundarios los tendréis que descubrir vosotros mismos, pues el interés de "Bloodwork", incluso mas allá de los giros que se puedan dar en esta cinta, es, precisamente, descubrir cómo es el ser humano despojado de uno de sus rasgos característicos, aquello que nos diferencia de los animales, que no es otra cosa, que la repugnancia. En esa tesitura, por encima de adicciones o necesidades, el hombre es capaz de todo, más cuando el entorno es el encierro.

"Bloodwork" es una propuesta interesante, donde a la vez , se pone de relieve nuevamente, a la figura del doctor que juega a ser dios y que toma reprobables decisiones, que van mas allá de toda ética. No hablamos de mas doctors, esos juegan en otra liga, hablamos de doctores-dinero (os recuerdo que una gran farmacéutica está detrás de cada pequeño rincón), que dudan por un segundo en nombre de los avances científicos, pero que saben muy bien que allí han ido a hablar de su libro, y así, al segundo siguiente, simplemente ejecutan. No esperéis "The Human centipede", ni mutaciones a lo "The Fly", en "Bloodwork", el halo de seriedad está presente desde que se cierran las puertas del edificio-jaula, y los ratoncitos ciegos con los que experimentar, como Greg y Rob, son marionetas en manos de la enfermedad, la salud y la ambición.

La sangre y las escenas desagradables están bien dosificadas y cortan, justo en la arteria principal. El guión, pese a que en un primer momento, pueda parecer justito, es bastante agradecido, para una película sin pretensiones, sin publicidad y sin grandes directores (por cierto, os presento al suyo: Eric Wostenberg).

"Bloodwork" es una película entretenida, que no (de)cae porque tampoco sube mucho. El contra es que es una propuesta que termina en la hipérbole propia de este tipo de subgéneros, y que comete el error de tantas y tantas películas, que es el salirse de madre con la figura interpretada (brevemente, gracias a dios), por Eric Roberts, y que parece que tiene que aparecer en este tipo de asuntos "gordos", para dejar claro que lo que importa no es el tamaño, sino quien lo maneje.

Conclusión: Una sorpresa para esas noches en las que no sabes qué ver, y estás tan cansado que realmente no puedes con algo denso o excesivamente ligero. El punto intermedio lo tenéis en "Bloodwork".

Lo mejor- La idea de un ser humano que no siente asco y las consecuencias de ello.

Lo peor- El final, la poca empatía que se siente por los personajes, y que no se haya explotado más el aspecto psicológico, optando por enfatizar el físico.
 
 

5 comentarios:

May Dove dijo...

Pues tiene pinta de ser interesante. Me ha matado lo de despojar de la repugnancia, porque creo que pueden salir cosas realmente originales de esa idea. También he visto que no le has dado todas las estrellas con lo que intuyo que flojea en otros puntos (el final lo comentas en el punto negativo del resumen). A pesar de ello, me ha picado la curiosidad mucho!

Missterror dijo...

The Wrong Girl- Lo cierto es que esa idea debería haber sido mucho mas explotada, no sólo tirando de la parte física, sino de la consecuencia psicológica de ser capaz de todo.
Flojea en las cosas comentadas como negativas, y por tanto creo que mi nota es justa, pero no te dejes llevar solo por la nota, es una película sin ambición que da más de lo que parece. Además, un 6 no es tan malo!!!
Cuando la veas, nos comentas

saludos

El Rector dijo...

Muy de acuerdo con la crítica de Missterror, pues Bloodwork me ha supuesto una inesperada sorpresa (para bien) y es algo más, que un simple escaparate para que luzca palmito la popular srta.Helfer.

Creo que en la crítica ya se dice absolutamente todo lo esencial sobre la película. Quizás yo añadiría que el experimento no radica tanto en erradicar la repugnancia del ser humano hacia aquello que le rodea, sino en mejorarlo para que sea inmune a las enfermedades. Creo que lo primero, tan solo es un efecto secundario de los segundo. Yo al menos lo entendí así.

Secundo esas 6 estrellitas.

Saludos.

Missterror dijo...

Rector- Crees bien, la erradicación de la repugnancia es una efecto secundario, el objetivo de la toxina es otro que no desvelaremos...pero lo grande, lo fallido precisamente de "Bloodwork" es que se adentró en ese terreno del asco, lo acarició, y lo dejó de lado para centrarse en otras cosas, cuando de haber profundizado más en ese tema, hubiera salido una película más que interesante.

saludos

May Dove dijo...

La verdad es que me quedado con unas ganas locas. En unos días vuelvo con la opinión!!

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