jueves, 27 de febrero de 2014

Crítica: The Complex

El director Hideo Nakata, el maestro del J-Horror, regresa con una cinta que sorprenderá a propios y ajenos tanto por su estructura como por sus recursos de terror, en esta ocasión mucho más cosmopolitas que en las obras que le han inmortalizado para siempre en la industria del cine. 

El genio que nos metió el miedo en el cuerpo en forma de niños azules y pelucas de metro y medio negras como la noche en obras tan personales como aterradoras como Don't Look Up (Ghost Actress), The Ring (El círculo)-una de las más memorables, terroríficas e icónicas de las películas de terror japonesas-, The Ring 2, la fabulosa y menospreciada Dark Water ,Kaidan ,La señal 2 (versión EEUU de su círculo) o Chatroom, nos cuenta una historia puramente japonesa, plagada de ritos, tradiciones y terrores nipones pero de una forma mucho más universal y cosmopolita. 

En The Complex, una joven estudiante de enfermería, Asuka, interpretada por la cada vez más valorada Atsuko Maeda (The Suicide Song (2007),The Drudgery Train y Seventh Code) se traslada a vivir junto con sus padres y su hermano pequeño a un complejo residencial que sus propias compañeras de clase tachan de “embrujado”. La primera noche en su nuevo piso, Asuka se despertará al escuchar un extraño sonido procedente de la habitación contigua. Pronto conoce a un niño que juega en el parque y que le dice que en la casa de al lado vive su “abuelo postizo”. Entonces nuestra prota empieza a investigar, tratando de contactar con el vecino, que parece rechazarla y aterrorizada descubre al anciano muerto por malnutrición que aparentemente se encontraba escarvando la pared con sus propias uñas para invadir su dormitorio. 

Asuka entonces, se entera de que ha habido una serie de extrañas muertes en el complejo durante años y conoce a Shinobu ( Hiroki Narimiya ), encargado de limpiar el apartamento del anciano y con el que entabla una extraña relación y se sincera con ella contándole su desgraciada historia de amor. Asuka vuelve al apartamento del anciano y se encuentra cara a cara con su fantasma, esta vez sin pelos largos, pero igualmente aterrador. La joven entonces pide ayuda a Shinobu , que trae a casa de Asuka una espiritista para exorcizarla y romper el vínculo que ha establecido con el Más Allá. 

A estas alturas, un tipo como Nakata, que creó escuela hace años, configurando el J-Horror como la nueva ola de terror japonés, no tiene que justificar ni una sola de sus acciones. Bien es cierto que The Complex no está entre sus mejores obras, que no explota esa capacidad de dejarnos aterrados y boquiabiertos y que la cinta puede hacerse especialmente cansina en alguno de sus tramos, pero su huella, esa capacidad narrativa única e inigualable está presente en todo el metraje. Tras un inicio absolutamente fantástico y con la idea del despertar repitiendo un mismo día en casa que hemos visto en notabílisimas pelis de este año, la trama comienza a enfarragarse un poco conforme el autor quiere dar mayor enjundia al argumento haciendo uso de unos giros de guión desde mi punto de vista innecesarios. 

Cierto es también, que si la tensión está presente en todo el metraje, los sustos impactantes a que nos tiene (mal) acostumbrados son contados, es evidente que es una decisión propia, la de dar un paso adelante y buscar nuevos medios con los que contar su historia. Y eso, amigos, innegablemente está más que conseguido. Magníficos apuntes como el del niño en el contenedor o el accidente de ómnibus bien merecen echarle un vistazo a lo último de un genio que revolucionó un género, con mayor frescura y originalidad, de acuerdo, pero sin infravalorar este trabajo que en mi opinión sigue siendo una cinta de terror más que eficaz, plagada de potentes imágenes y con una composición de la historia, entremezclando el mundo fantasmal con el psicológico interno en la mente de Asuka, brillante por completo. 

Cualquier otro director habría jugado sus bazas más cómodas e incluso hubiera dotado a la cinta de un final feliz y redentor sin cabida para la locura, pero Nakata madura, muta y crece como su cine y nos regala una de sus obras más personales, abiertas, eso sí, al resto del mundo. Se toma su tiempo en la construcción del clima insano y en la presentación de los personajes y sus problemas y se lanza precipitadamente al vacío en el intenso final con que culmina la película. 

A destacar el trabajo de cámara y el montaje, eficaces a la hora de presentar ubicación y personajes, la fotografía del premiado Jun'ichirô Hayashi, así como la banda sonora, de Kenji Kawai, poderosa e inquietante. 

Lo mejor: La línea delgada que separa lo terrorífico de lo imaginado.

Lo peor: Se echan de menos un par de sustos que nos hagan saltar en la butaca.

Recomendable como evolución campechana del J-Horror para cinéfilos no demasiado puristas y exigentes.


4 comentarios:

Missterror dijo...

El J-Horror es el subgénero más cansino del terror, y creo que aún está más desgastado que el torture-porn.
Poco pueden hacer, en mi caso, para despertarme la más mínima curiosidad. Leyendo tu crítica, y pese a lo que comentas de la evolución, me queda claro que este no es un producto que destaque, y para mi, algo que simplemente está bien, en el J-orror, no es suficiente.

"The complex", ahí se queda para siempre!!!

saludos

May Dove dijo...

Jajajaja
Muy fan del comentario de MissTerror, que está hasta los huisquis del J-Horror!
Bueno, qué queréis que os diga, estas pelis o traen algo original o es que se hacen muy cansinas, la verdad. Porque a ver, ya está bien de japoneses asustados porque hay niñ@s muertos en los edificios. Ni The Ring ni The Rong, y eso que yo he visto unas cuantas... y sus respectivos remakes americanos; pero he de reconocer que te tiene que gustar mucho el género para no acabar hartándote de lo que podría ser... una misma historia.

Igualmente, yo agradezco tu crítica, porque para una tarde que no tienes nada que hacer, igual me pongo The Complex!

El Rector dijo...

Desgraciadamente, me uno al poco interés que les despierta el J-Horror a las dos señoritas... de hecho, a mi es un subgénero que me aburre hasta decir basta y ni siquiera los ´considerados clásicos del mismo, han conseguido nunca resultarme interesantes, El concepto del horror que tienen los nipones (como de otras tantas cosas), escapa a mi entendimiento, pues todo eso de los niños pintados y las pelucas, lejos de resultarme terrorífico, me parece cómico.

El único terror asiático que disfruto, es aquel que se aleja de cualquier tipo de ámbito sobrenatural.

Eso si, estupenda crítica, como siempre.

Saludos.

Damien Thorn dijo...

Gracias,hermosos por vuestros comentarios... Pero en serio,para noche aburrida no está mal... Ya me contaréis si lo hacéis!!!
Mil gracias y saludetesss, amigos

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