miércoles, 15 de octubre de 2014

Crítica: Over Your Dead Body

Yotsuya kaidan está considerada como la historia japonesa de fantasmas más famosa de todos los tiempos. La obra escrita en 1825 por Tsuruya Nanboku IV, es una de las más adaptadas al cine de la historia de aquel país y a día de hoy, continúa siendo una gran influencia y fuente de inspiración para el horror nipón, como bien demuestra el hecho de que se haya fijado en ella uno de los cineastas japoneses más reputados y adorados del terror asiático, Takashi Miike, quien con “Over Your Dead Body” (“Kuime” en su japonés natal), adapta una vez más para la gran pantalla, la historia de Nanboku.

En “Over Your Dead Body”, Miike recupera el formato más clásico del cine fantasmagórico oriental, y esta sincronización de tan ancestral obra con sus propias constantes vitales, sirve para mostrarnos el rostro más “convencional” del polifacético e inclasificable cineasta, a quien le da exactamente lo mismo adaptar un manga adolescente, remakear clásicos, darle al cine negro, dejarse enamorar por los cantos de sirena del terror más populista o dirigir auténticas bizarradas para sibaritas de difícil digestión. 

Para muchos, director de culto, yo he de reconocer, que nunca he sido gran aficionado al cine de este señor (no lo soy, salvo excepciones muy contadas- pronto os hablaré de una de ellas- , del cine asiático en general) y bueno, sin ir más lejos, su anterior trabajo estrenado en Sitges, precisamente, “Lesson of the Evil” (“Aku no Kyôten”, 2012), me pareció un soberano coñazo (en el sentido peyorativo de la palabra). Por otro lado, el cine de fantasmas, especialmente el asiático, siempre me ha producido una cabalgante cagalera. Por lo que las expectativas en referencia a “Over Your Dead Body”, no eran demasiado optimistas. 

“Over Your Dead Body” es la típica historia de venganza fantasmal y Miike, no pone en absoluto nada de su parte para cambiar dicha máxima. Sin salirse ni un ápice de la constitución establecida, el director apenas se moja los pies en la orilla y se ciñe al manual para ir desgranando un relato soso y muy poco novedoso que no aporta absolutamente nada ni al cine de fantasmas, ni al haber del propio cineasta. Exquisito en las formas, como siempre, eso si, asistimos con una tercera parte de expectación y dos de indiferencia, al devenir de unos personajes tópicos de la cultura nipona que deambulan con frialdad por una historia no menos fría y sobretodo, muy previsible, pese a lo desconcertante a nivel narrativo, que resulta en algunos pasajes. 

El mayor encanto de la propuesta, más allá de sus excelencias técnicas, donde absolutamente todo está colocado donde tiene que estarlo y como tiene que estarlo, reside en encontrar los paralelismos entre los dos relatos que subyacen en la historia (y degustar sus muchas connotaciones). Por un lado, la que interpretan los personajes en una obra de teatro y por otro, la de su propia vida real. En ambas realidades, se gesta un adulterio que terminará desembocando en un trágico y me gustaría decir, inesperado desenlace, pero no es el caso, así que nos quedaremos con desenlace a secas. 

Por lo tanto, no puedo tachar a “Over Your Dead Body” de otra cosa que no sea de absoluta mediocridad. De lo cual estoy seguro darían fe, los cientos de párpados (y lo siento por el anónimo curioso, pero no tengo datos estadísticos) que me acompañaron en tan sufrido y agónico visionado a eso de la media mañana en un Auditori, ahora si, lleno hasta la bandera. Estos, los párpados, más pesados que nunca, se empeñaban una y otra vez, en cubrirme los ojos para transportarme a lugares mucho más interesantes que aquel. Mentiría si dijese que no lo consiguieron en algún momento. 

El guión, pese a su aparente simpleza, construido a modo de típico thriller de traiciones y venganzas, de avaricia y de miedo a la pérdida, no está exento de alguna que otra incongruencia que no hace sino, acentuar la sensación de desconcierto en más ocasiones de las deseadas. En especial, el elemento sobrenatural del relato, está metido con calzador, desvirtuando mucho el conjunto de la cinta, que habría funcionado mucho mejor, de haberse centrado en el reverso carnal de la misma, claro que entonces, no estaríamos hablando de un cuento de fantasmas. 

Los fans del Miike más sádico y enfermizo, si bien en mucha menor medida que en otras de sus obras, también tendrán su momento de gloria personificado en una de esas secuencias que tanto le gustan a este señor, un experto en el arte del efectismo y en meter el dedo dentro de la llaga... o de donde haga falta. Los pelos de punta están asegurados, si. Pero no deja de ser una mera anécdota dentro de un conjunto que aboga mucho más por lo psicológico que por lo visceral. 

En resumen, “Over Your Dead Body” es una nueva declaración de amor del cineasta japonés al folclore tradicional de su Japón natal. Una obra de teatralidad a flor de piel, preciosista y fría a partes iguales que se ve lastrada por su nula originalidad y por un desarrollo lento y lo peor, aburrido, que creo carece de la chispa de otros títulos de la filmografía de Takashi Miike. Desde luego, como thriller sobrenatural, fracasa absolutamente por mucho que tanto a nivel técnico como artístico, cumple sobradamente. Del cine de un maestro del horror, se debe esperar y exigir, algo más. 

Lo mejor: Su puesta en escena, la sobriedad de las interpretaciones y el “momento Miike”, como siempre, escalofriante. 

Lo peor: Ni sorprende, ni aterroriza... ni entretiene.


9 comentarios:

Missterror dijo...

Y otra película más en la que coincidimos!!! Para mi "Over your dead body" fue una decepción absoluta, pues si bien, no me considero fan de Takeshi Miike, de hecho "Audition", ya lo he comentado anteriormente en el blog, me parece muy sobrevalorada, reconozco que "Visitor Q" es uno de los títulos más incómodos que he visto, que "A Lesson of Evil" me gustó mucho y que "Ichi the killer" es una gozada, y sólo por estos títulos, esperaba mucho más de este director.
"Over your dead body" es una película esteticamente muy bonita, que nos enseña los entresijos del teatro clásico japonés de una forma preciosista y elegante, pero que se queda en esa pieza documental de lo que se esconde entre bambalinas, más allá de eso, todavía sigo sin saber muy bien, qué nos quiso decir Miike. El guión es tan confuso en esa mezcla realidad ficción, que me perdí y no entendí ni el mensaje, ni la forma de contarlo.
Aparte de todo esto, se hace pesadísima, y sr. sopor está vigilando todo el rato para que cierres los ojitos. Confieso que yo también me quedé frita en determinados pasajes, y cuando despertaba, todo seguía igual, lo que no dice mucho de la trama.

Ni para los fans enfermizos.

Saludos

andres pavone dijo...

Magistral critica querido Rector ( como siempre). A mi me pareció un film un poco extraño. No se discute que la puesta en escena es esplendida. Que tiene estilo, que es sobrio, pero............ es soso, aburrido, y de miedo nada... nada. Varias veces bostece y tuve que ponerla en pausa para ir a buscar algo para comer asi no me dormía y la podía terminar. Un gran gran saludo.

El Rector dijo...

Missterror, me alegra comprobar que los efectos somníferos de la película, no eran solo cosa mía... una lástima que detrás de toda esa estupenda puesta en escena teatral, no se cuente nada realmente transcendente que consiga captar el interés del espectador. En lo que a mi respecta, Miike sigue manteniendo su cartel de cineasta indiferente.

Madre mía, nuestra comunión con las cintas de Sitges comienza a ser preocupante ;)

Andres, muchas gracias (como siempre, también). Siendo de Miike, lo de extraño se puede presuponer. Pero es que es lo que comentas, que más allá de la puesta en escena y de su elegancia estilística, poquito más hay donde agarrarse. Si tu, que eres buen degustador de los fantasmal, no has sabido encontrarle aliciente, apaga y vámonos.

Saludos.

May Dove dijo...

Tiene pinta de ser un coñazo (en el peor sentido de la palabra) de categoría. A mi también me pasa a veces qeu voy a Sitges y hay pelis malas que se me cierran los ojitos y pienso: mmm, que a gustito estaría en la cama.

El Rector dijo...

TGW, las excusa del tema horario podría valer para otras proyecciones del festival, de hecho, hemos sufrido alguna a primera hora de la mañana que tela marinera... no es el caso de la cinta Miike, que a las once de la mañana, ya casi todos estábamos despiertos.

Tiene la pinta exacta de lo que es.

Saludos.

Anónimo dijo...

Siento leer otra crítica mediocre que no destaca, quizá no ve, una película cuyo valor principal es poner a dialogar los lenguajes cinematográfico y teatral con la fluidez con la que un bilingüe habla dos idiomas, cada uno en su contexto o circunstancia. La maestría con la que Miike habla "en teatro" desde los recursos cinematográficos es pasmosa. Salvando las distancias, mientras la vi tuve momentos de recuerdo a Brook y a Marat/Sade, una joya del teatro desde el cine, del cine desde el teatro. Pero en Brook las fronteras siempre son mucho más tenues.

Por cierto, la permeabilidad realidad/ficción (en estos niveles de metadiscurso) se conoce en jerga como "ósmosis".

En fin. Un saludo.

El Rector dijo...

Anónimo, y precisamente, todo eso que comentas, que está muy bien, es junto a su estupenda puesta en escena, lo que yo he destacado en la crítica a favor de la película. Por desgracia, no es suficiente. Igual en Cannes o en otro festival similar, podría serlo, no en Sitges, donde el aficionado, espera otra cosa de Miike. En lo personal, cuando quiera ver teatro, me iré al teatro y no lo buscaré en una cinta de fantasmas, tan "clásica" y carente de originalidad como ésta.

Igual, después de leerte tanta crítica mediocre, deberías comenzar a plantearte que realmente, lo que no destaca, es la película de Miike.

Y en este caso, ya que lo mencionas y viendo el resultado final del filme, decirte, para ser más fieles a la realidad, que más que de una ósmosis común, hablaríamos de una ósmosis inversa.

En fin.

Saludos.

Christian Jiménez dijo...

Perfeccionista, elegante, grandilocuente, ambicioso; un ejercicio rebosante de originalidad y de una exquisita fotografía donde el terror cobra forma de la manera más poética, clásica y, a la vez, siniestra y violenta posible.
Pocas veces se asiste a una obra realizada con tanto esmero y pasión, pero es que Miike ama su oficio, eso es así, y nos lo muestra una y otra vez.

Con el carismático y soberbio Ebizo Ichikawa, que ya demostró sus dotes como protagonista de “Hara-kiri”, la espeluznante y delicada Ko Shibasaki y el también genial Hideaki Ito, nos deleitamos con una historia que se desarrolla en los entresijos del teatro, entre personas y personajes, sensaciones fingidas y sentidas...y sentimientos de venganza que vienen desde otro plano de realidad, desde lo más profundo del mal.
Aunque Miike deja su sello en algunas de las más escabrosas y brutales escenas del film, lo que efectúa es un verdadero homenaje al cine clásico de horror japonés. Al que, por ejemplo, pudo hacer Masaki Kobayashi en “Kwaidan”, o Kaneto Shindo en “Onibaba”.
Además de eso también hace que disfrutemos de su dominio para la escenificación, para acercarnos a los rostros de actores dentro de actores, de bellos escenarios, de interpretaciones que evocan tiempos olvidados y enigmáticos. La cámara se coloca en puntos clave para que no nos olvidemos de que lo que vemos son los ensayos de una futura función de teatro, pero consigue sumergirnos de manera hipnótica en su tan luctuosa atmósfera.

Miike sabe muy bien cómo combinar géneros, reciclarse, renovarse y seguir sorprendiendo.
Y pocos cineastas saben hacerlo a un nivel semejante hoy en día.

El Rector dijo...

Christian, me alegra que le sepas ver todas esas virtudes a Miike. Yo no le tengo en gran estima cinematográfica, no me parece un mal director, pero sus películas suelen decirme bastante poco. Esta en concreto, más allá de sus palpables excelencias técnicas, es de lo más aburrido que le he visto. Con todo, me sigo quedando con este tipo de películas "serias" de su filmografía, pues si nos adentramos en territorios "cómicos", ahí sí, sus trabajos suelen flirtear más de la cuenta, con el ridículo más bochornoso.

Cuando sacas doscientas películas por año, el desgaste termina pasando factura.

Saludos.

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