martes, 18 de noviembre de 2014

Crítica: Beneath (2014)

Dos grandes premisas anteceden a esta película. Una, la que le hace acreedora de seis premios –incluido el de “Mejor Película”- en la edición del 2013 del “Screamfest Horror Film Festival”, uno de los más prestigiosos certámenes del género, y quizás el más importante dentro del territorio estadounidense. 

Y dos, que como reza su introducción, está inspirado en unos hechos reales acontecidos en el 2013 en una mina llamada Brackett; hechos de los que luego uno busca información y no encuentra nada. Como poco, curioso. Pero al grano. Dicho así, lo de inspirarse en hechos reales, puede cohibir a más de uno ya que la sentencia no solo coarta la libertad creativa reduciendo el abanico de posibilidades sino que la mente, siempre a su libre albedrío, puede traernos flashes de imágenes de telefilm de sobremesa alrededor de una mesa camilla.

Sin embargo la clave está en lo de “Inspirado”. Vamos, que sí, que unos mineros quedaron atrapados -al igual, todo sea dicho, que cientos, miles de otros- pero de ahí a que la historia se resuma en un drama claustrofóbico como parece indicarnos esa frasecilla, va un gran trecho ya que “Beneath” es un film de terror en toda regla. Bueno, vale, con sus limitaciones y objeciones, pero no deja de ser de género, incluyendo - y quizás esté hablando demasiado- apuntes fantásticos. 

Pero antes de meternos con esos apuntes, vayamos con otras claves que creo que merecen ser analizadas con anterioridad. El primero haría mención al ritmo de la misma. 

En la última década hemos tenido un aluvión de films con cuevas como escenarios propicios de las pesadillas de sus protagonistas. “La cueva maldita”, “The descent”, “El santuario/Sanctum” y la patria “La cueva” han sido algunos de sus máximos exponentes. Desde bichos inmundos a mutaciones genéticas caprichosas sin olvidar esa sosa realidad que aquí intento espantar de nuestra cabeza. Y también, desde la más avanzada tecnología 3D hasta el primitivo “found footage”; márgenes para no resultar copias. No obstante en todas ellas prevalece una misma sensación: la claustrofobia. 

Pues bien, en “Beneath” no sé si es porque no es una cueva propiamente dicha -o al menos no natural- o qué, pero esa sensación está un tanto disipada. Es cierto que hay alguna fase –al menos una- donde sentiremos la presión sobre el pecho y será casi imposible respirar de la ansiedad, pero como digo, es tan solo una escena. Y es que a diferencia de las otras donde el “enemigo” está más o menos claro, ya sea un enemigo exterior o uno mismo con sus fobias y/o miserias de sentirse perdido, aquí su director Ben Katai juega al despiste para crear tensión y mantenernos presos en la butaca. Y para ello se hace valer de ese ritmo del que hablaba, en base a una estructura extraordinariamente simple: dosificar las situaciones. 

Si uno tras su visionado se pone a analizar la película comprobará que la misma sigue una determinada pauta. De hecho, me vi la película dos veces para comprobarlo. Cada diez minutos pasa una cosa o se da a conocer un nuevo detalle. Sin destripar nada se resolvería algo así: 

Los diez primeros minutos nos presentan a los personajes, creando empatías y ya mostrando de qué pie cojea alguno. Es la parte más convencional y menos atractiva, pero se hace necesario. A partir de ahí, los siguientes diez minutos, nos metemos en la cueva, se nos presenta igualmente esta y nos muestran detalles como esa cámara de seguridad y otros elementos. Con el añadido de servir de documento pedagógico, está realmente bien. 

Llegados al minuto 20, empieza el drama. En el 30, la primera notificación de que algo no funciona más allá de quedar atrapados. Diez minutos después acontece la primera muerte… “extraña”. Al 50, otra anomalía. Y así, hasta su finalización, que tampoco es cuestión de contarla entera. 

Luego, instrumentando –toma expresión- cada una de estas fases o etapas tenemos sustos, algunos buenos efectos especiales -todos ellos de maquillaje- y el clásico “toma y daca” y correrías de este tipo de películas. Pero repito: lo importante es tanto el ritmo como la tensión, ya que junto al buen dominio –para mí- de la historia, se sigue manteniendo el suspense; un suspense que perdura más allá incluso de su desenlace ya que, ateniendo al género y permitiéndose la frivolidad, resulta tan ambiguo que acepta un par de posibilidades. 

En todo caso, es mucho decir, ya que la respuesta que señala queda desestimada si uno rebobina mentalmente la película y busca un enfrentamiento previo a su finalización. Sí, ya sé que hablo enigmáticamente y es complicado entender mis palabras, pero una vez vista la película se comprenderán mejor. No me veréis destripándole una película a alguien. 

¿Qué somos manipulados con eso de la leyenda de “Los diecinueve”? Pues sí ¿Qué parte de culpa de ese debate que se puede entablar es debido a la indefinición de la película? Pues también sí, pero esto no deja de ser el gran mal del género en los últimos tiempos. Si soy indulgente o no lo decidirá cada uno según la impresión que se lleve de la película. 

Menos susceptible del gusto y criterio de cada uno, pero igualmente deudor de esa época que vivimos –sí, “esa”- son sus diez minutos finales. Y evidentemente no estoy volviendo a repetirme con lo de la conclusión/causa; me refiero a cómo está resuelta, dando la impresión de que se quedaban sin ideas -más que sin metraje- y tiraron por, como suele decirse, el camino de en medio. 

Pasando a otros apartados como el de la interpretación, diría que no es lo más destacado del film. No chirrían, y la adición de algún rostro mítico en el género como el de Jeff Fahey resulta el reclamo perfecto para los nostálgicos, pero podrían haber tenido más influencia en la historia, aunque claro, con esos personajes tan poco llamativos tampoco da para más. 

Por último no quiero terminar sin hablar de la fotografía. “Beneath” no es un “found footage”, pero las escenas están grabadas casi como si de una “cámara al hombro” se tratase para darle una apariencia de mayor realismo. Sin embargo ello no quiere decir que sea un método precario o que haya deficiencias en la imagen, al revés, la iluminación de las escenas a pesar del entorno es perfecta y la dirección artística –por escasa que sea- nos ofrece los suficientes alicientes –p.e. esas cortinas de láminas de plástico- para crear una atmósfera insana y no tan plana como cabría esperar.

Resumiendo, “Beneath” es un más que correcto film que da la razón a los que, entre esos otros que la alaban, decidieron premiarla. No da miedo, pero mantiene el ritmo y la tensión en casi todo su metraje. Puede decepcionar a los que esperen algo más parecido a otros títulos con el mismo entorno, pero al menos no les parecerá una pérdida de tiempo.


5 comentarios:

El Rector dijo...

A mi me ha parecido una sosería absoluta, supongo que debido básicamente a dos factores. El primero esa escasa o nula sensación de claustrofobia que transmite y en la cual haces hincapié, sobretodo si la comparamos con otros títulos similares que si logran hacerlo (y creo que "La Cueva" es un buen ejemplo de ello).

El segundo su nula originalidad, tanto en la historia, como en el desarrollo de la misma. Me vienen a la cabeza cientos de títulos similares mucho más destacables que éste, que realmente, a la postre, se olvida con la misma ligereza con la que se visiona, que si es cierto que pasa bien y no se hace demasiado pesado.

Me quedo con ese final "imaginativo" y con la presencia del bueno de Fahey como cosas destacables. En general, una película correcta sin más a la que desde luego yo, pocos premios le daría.

Saludos.

Missterror dijo...

Coincido, a mi me ha parecido una cinta correcta y cumple su función. Lástima que aquello de la claustrofobia y la falta de aire al ver la película quede lejos, porque SPOILER la idea de creer que la paranoia es lo que realmente ahoga, es lo que me valió la pena. A veces ese camino del medio no está mal del todo.
Yo para premio a la mejor película no la veo de ninguna manera, pero se deja ver bien.


Saludos

Chanpoo dijo...

Yo es que creo que no quisieron hacer otra película claustrofóbica a tenor de las recientes, eso para mí tiene hasta su valor. Lo del premio depende también de las competidoras, y actualmente... pfff... ¿Conocéis el refrán "En el mundo de los ciegos el tuerto es el Rey?. Poseso.

Max Cady dijo...

En primer lugar, un verdadero placer leerte Champoo, da gusto encontrar a gente que reseña las películas sin destriparlas de arriba abajo. Una gran incorporación la tuya al Nido.

En cuanto a la película estoy en sintonía con lo comentado hasta ahora, es una película que mantiene el interés y suspense hasta el final, pese a que no alberga grandes dosis de terror o acción. Personalmente agradecí que no transitara las pautas marcadas por el género e intentara proponer algo distinto, aunque a la postre a muchos sepa a poco.

Saludos y tienes un seguidor en la lejanía.

P.D. El tratamiento de la mina de interior está bastante conseguido, supongo que ser del gremio (Ingeniero de Minas) hizo que mi corazoncito fuera algo beligerante con la película. No obstante, que entre en una mina así como así una persona ajena a la misma, por muy hija de un trabajador que sea, no se lo cree nadie. ¡Menudas medidas de seguridad se gastan los yanquis al respecto!

Chanpoo dijo...

Gracias por tus palabras Max. Y no tanto por el sentido de las mismas en lo referente a mi incorporación sino sumándote a mi opinión de que la película merece la pena al menos su visionado.

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