jueves, 13 de noviembre de 2014

Crítica: The World of Kanako

“Me cruzaba con él todos los días y nos saludábamos, parecía una persona normal”. Esta es la respuesta que obtiene un periodista de su entrevistado en referencia a su recién detenido por la policía, vecino uxoricida. Y es que nadie conoce a nadie. No tenemos ni la más remota idea de quien es la persona que tenemos sentada al lado cuando viajamos en transporte público, quien la amable panadera que nos sonríe cuando nos entrega la barra de pan o quien se esconde tras ese avatar en facebook que se auto-proclama como nuestro amigo del alma ganándose nuestra confianza. No conocemos a nadie. El ser humano sea posiblemente la criatura menos noble de la creación y cada mañana, al levantarse de la cama, se pone la máscara para interpretar su función diaria. Porque a veces, lo que se esconde detrás, es demasiado perturbador como para mostrárselo incluso, a sus seres más cercanos, a su propia familia.

Sobre esta inquietante certeza, Tetsuya Nakashima arma y edifica su nueva película, “The World of Kanako”, en la cual, el cineasta japonés, sigue ahondando en las miserias de la siempre voluble alma humana, en este caso, aplicado a la sociedad nipona. Lo hace en forma de thriller y separándose en cuerpo, que no en alma, de su anterior y aclamado trabajo de hace cuatro años, “Confessions”, pues si bien el leit motiv del director continúa siendo el mismo, si es cierto que a nivel estilístico, “The World of Kanako” ofrece una versatilidad de la cual, carecía su predecesora, mucho más encasillable dentro de un único género. 

Los que descubrimos a este prolífero autor con la citada “Confessions” (con bastante indiferencia en mi caso), podríamos hacernos más o menos una idea de lo que nos esperaba o podría esperar con este nuevo filme, nada más lejos de la realidad. “The World of Kanako” es una amalgama de géneros que brotan a partir de sus raíces thrilleras para rodearnos los tobillos, trepar cual enredadera por nuestro cuerpo y mantenernos aprisionados ante la pantalla igual que esa mosca paralizada que ve acercarse al arácnido lenta pero inexorablemente, gracias a la perfecta cohesión de todos esos universos cinematográficos a los cuales hacía referencia, tales como el cine policíaco, el drama, el terror o la comedia, estadios todos ellos, por los que transita en un momento u otro, este incalificable viaje hacia lo peor de nosotros mismos. 

Con una puesta en escena que rinde su particular homenaje al grindhouse setentero, donde el grano de la imagen se acentúa para darle un sabor añejo a la cosecha pero al tiempo, se implementan las más modernas técnicas de recolección insuflando a esas mismas imágenes, el popular, efectista y siempre controvertido recurso del videoclip, la cinta nos invita a acompañar al enésimo anti-heroe del cine en su particular viaje sin retorno hacia la propia redención, donde en la desesperada búsqueda del único pedacito de bondad que creía existir en su podrido mundo, tan solo encontrará un lugar mucho más ardiente que el mismísimo infierno, el suyo. 

Si bien dentro de nuestras fronteras y en nuestro cine, hemos tenido algún que otro ejemplo de defensor de la ley, digamos... atípico, tales son los casos de Santiago Segura y su parece ser, inmortal Jose Luís Torrente o de Santos Trinidad, personaje encarnado por José Coronado en “No Habrá Paz Para los Malvados” de Enrique Urbizu, no cabe duda de que si existe un corrupto que ha infectado el ADN del protagonista de “The World of Kanako”, es el de Dae-su Oh del “Old Boy” firmado por Chan-wook Park, de la costilla del cual, nace Akikazu Fujishima, interpretado de manera magistral por Koji Yakusho, trabajo que le valió el galardón a mejor actor en la reciente edición del festival de Sitges. A todas luces merecido. 

Y con Akikazu llega el exceso. Rasgo característico no solo del personaje, sino de la obra al completo. Estamos ante un trabajo que carece de la menor auto-contención, una bomba de relojería a punto de estallar en cada secuencia, en cada diálogo y que nos adentra poco a poco, con un maestro de ceremonias tan apropiado para la ocasión, en un mundo oscuro de depravación y crimen que se atreve con todas las formas de violencia y vicio en todas sus expresiones. Crimen, drogas, machismo, maltrato, incesto y cualquier otra clase de abuso, están presentes en una película que pese a tocar tantos palos y manejar tantas subtramas (muchas de ellas en diferentes lineas temporales), en ningún momento deja atrás al espectador gracias a la precisión de un guión construido de manera tan concienzuda, que resulta imposible que nos bajemos del tren una vez que este se ha puesto en marcha. 

Ni tan siquiera, los grotescos zarpazos de humor negro (surrealista incluso en varias ocasiones), consiguen hacernos desconectar de la sucia visceralidad de un relato que nos tiene el cuerpo agarrotado a base de apretarnos las tuercas de muchas y variopintas maneras. Desde el dramatismo de unos personajes patéticos en si mismos, pasando por el terrorífico documento de que la maldad, no entiende ni de sexo ni de edades y terminando en esa capacidad innata que tienen los nipones para hacerte retirar la mirada de la pantalla en determinados momentos. Todas estas etapas mal royeras que vamos experimentando a lo largo del filme, no solo coexisten en harmonía, sino incluso de manera simbiótica con las inevitables risas, que Nakashima nos “invita” a regalarle, regalarnos, siempre que se lo propone. 

Ya para terminar y por sacarle punta, decir que lo peor de la obra, también viene dado por los excesos, en este caso, de metraje. Algo que no es nuevo en el cine asiático, que suele pecar de este mal en demasiadas ocasiones y que aquí, se convierte en una herida bastante profunda y sangrante, dejando en el espectador un mal sabor de boca que desde luego, no hace justicia a las memorables casi dos horas precedentes de celuloide que nos ha regalado el bueno de Tetsuya Nakashima, una película casi perfecta que además, tenía el cierre perfecto y que por desgracia, se alarga de manera innecesaria y mal, más de veinte minutos, lo cual, no tiene que hacernos olvidar la fabulosa experiencia vivida y las muchas virtudes de una película personal, dinámica, técnicamente impecable y que atesora esa capacidad tan poco común, esa rara avis en la cual, el llanto, el culo apretado y las risas, coexisten en una misma realidad. 

El objeto: Un chupa-chup... espera, ¿o un cutter?

Lo mejor: Casi todo. Su factura técnica, la estética, el guión, la portentosa interpretación de Koji Yakusho, su inteligente sentido del humor y los niveles de perversidad que alcanza en determinados pasajes. 

Lo peor: El cierre. Le sobran los últimos veinte minutos.


9 comentarios:

Chanpoo dijo...

A esta le tengo unas ganas de muerte pues me fascina su director, así es que permíteme que no te lea hasta que yo me la vea.

El Rector dijo...

Chanpoo, si yo, que soy profano en la materia, la he disfrutado como un cerdo... lo tuyo puede ser de órdago.

Por cierto, no cuento absolutamente nada sobre la trama, puedes leerla sin miedo ;)

Saludos.

Missterror dijo...

Siempre lo que se esconde detrás es lo aterrador, lo vergonzoso, lo complicado...magistral crítica y verdad absoluta del comportamiento humano.

Yo siempre creí que superar "Confessions", obra maestra y una de mis películas favoritas, era imposible, hasta que llegó Kanako, que seduce a todo el mundo porque ella mueve el mundo, que convierte la inocencia en la más absoluta frialdad, que es peor que el mismo Demonio y eso que lo tiene en casa.

"The world of kanako" ("Kawaki"), que bien podría haber sido de Tarantino, es la oda a la exageración como bien comentas, y exagera absolutamente en todos los apartados lo que la hace hipnótica, loca, brutal, pesimista, sangrienta, dramática e incluso absurda. "The World of kanako" lo tiene todo y, como sabe hacer el sr. Nakashima con maestría, hila excepcionalmente bien todas las historias paralelas, que parecen ir siempre por libre. Un guión de 10!!!

Coincido también contigo en la parte menos buena, que es el exceso de contemplación en la parte final, yo hubiera sido mucho más brusca, en el momento en el que se descubre todo, fin con letras grandes y nada más que hablar.

Si en algo estoy de acuerdo con el jurado de Sitges de este año, es con el premio a Koji Yakusho, que hace un papelón tan grande como el propio personajes, a quien no se puede detestar más y ser fan a la vez. Cualquier anti-héroe al lado de Akikazu Fujishima, es una anécdota.

Ojalá llegue pronto esta película para el público, porque vana a gozar como cerdetes en el barro.

Saludos

May Dove dijo...

Si la crítica ya me había ganado, el comentario de Missterror de que bien podría ser de Tarantino... me he hecho pis encima!

El Rector dijo...

Missterror, sabes que de lo muchísimo que vimos en Sitges, esta era de largo, la película que menos me llamaba y fíjate por donde que a la postre, se ha postulado como una de mis favoritas.

Tarantino bebe y mucho del cine de los setenta y no cabe duda de que en The World of Kanako, ,muchas de las partes podrían estar firmadas por el de Knoxville. Tu, que no eres gran fan suyo, igual ahora lo ves con otros ojos ;)

Sobre el ser humano y afortunadamente, las reglas están hechas para contener excepciones y a veces, te cruzas con alguien que ha decidido quitarse la máscara, tirarla a la basura y vivir la vida de cara. A esas personas, no hay que dejarlas escapar.

TGW, dodotis.

Saludos.

El Rector dijo...

Damien, a mi es que el royo colegialas me da bastante pereza... y conste que opino que la película tiene un guión trabajado, pero no me cuajó.

Saludos.

Damien Thorn dijo...

Uffff.... A mi me sigue poniendo la carne de gallina... Pero es que soy un fan del subgénero revengiano total... Y el tema Radiohead, mmmm....
El guión es de una de mis novelas favoritas de los últimos tiempos, de Kanae Minato. Y bueno, del director son tb Kamikaza Girls y Matsuko, a mi juicio peores, pero interesantesssss.
Las ganazassssss que le tengo a esta Kanako en Gijón.....

May Dove dijo...

Yo he leído soy un fan del subgénero vegetariano, y nada... venía aquí a poner mi granito de arena con esta gran aportación.

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