martes, 28 de abril de 2015

Crítica: Zombie Fight Club

Causa, efecto y consecuencia. Tras el merecido éxito de “Rigor mortis”, la maquinaría cinematográfica hongkonesa se puso en marcha. Parece algo lógico y lo es, pero en el caso de la ex-colonia británica este hecho tuvo una especial significación. Me explico. 

Hong Kong como una de las mecas del cine -en los ochenta fue la primera industria cinematográfica a nivel mundial por números de producciones superando incluso a la norteamericana- paradójicamente hacía bastantes años que había olvidado un género como el del terror. De hecho, cada vez que una producción de esta temática aparecía en el Box Office como una de las más vistas de la semana tenía un origen occidental o mayoritariamente tailandés.
Atrás quedaban las 19 entregas –sí, 19 partes- de la saga “Troublesome night” o el éxito de los Hermanos Pang –a pesar de “casualmente” su origen thai- que los llevó incluso a cruzar el pacífico. La entrada de las leyes chinas, el desinterés del público y la idiosincrasia de un sistema que permite que productoras sean a la vez distribuidoras con lo que les sale más barato comprar los derechos de una película que producirlas, provocaron que el género de terror en Hong Kong casi se extinguiera. Sin embargo a raíz, como decía, del éxito del film de Juno Mak, pronto surgieron los oportunos que quisieron aprovechar el tirón. El primero fue el maestro Wong Jing, vaca sagrada de la industria local y muy dado siempre a lo de seguir corrientes. Llevándolo a su terreno Jing presentó su “Sifu vs Vampire”, una comedia alocada con vampiros chinos como antagonistas. El segundo proyecto fue este que nos ocupa. 

Luego, como apunte y para terminar la introducción, ambas fueron estrenadas en la semana de Halloween, y Jing con su producción salió vencedor del duelo, aunque ninguna de ellas pudo vanagloriarse ya que quedaron muy relegadas en la tabla de las más vistas de la semana. ¿Funcionó entonces bien la jugada? No, y ya no es que no repitieron el éxito de “Rigor Mortis” sino que, como se va a ver, con este “Aquí te pillo, aquí te mato” comercial volvieron a… cargarse el género.

“Zombie Fight Club” comienza mal. Y lo que es peor, continúa fatal. La primera imagen de la película es una infografía mostrándonos una futurista Taipei. Esto no tendría nada de malo sino fuese porque la dichosa infografía parece sacada de un videojuego de la Dreamcast. Sí, así de trasnochada y de tosca calidad. No obstante, tras unos minutos donde se nos presentan las intenciones del film –sexo, drogas y… rock n’ roll no, más bien rap- asistiremos a un corte de oreja –cameo incluido de Lam Suet, secundario omnipresente en las producciones de Hong Kong- donde seremos testigos del nacimiento de uno de los sellos de identidad del film como es un chorro de sangre digital. Señores… ¿no se dan cuenta que queda ridículo y poco creíble? Pues no, porque cómo digo la dichosa sangre digital con sus chorrillos y salpicaduras estará presente en todas y cada una de las escenas de la película. Pero parafraseando a Super-ratón: «No se vayan todavía que aún hay más…» 

Tras otra escena de sexo –sí, salidos que están en la película, solo hay que ver cómo la protagonista no sabe abotonarse la camisa en casi todo el film para lucir sujetador y posteriormente, pezones…- por arte de birlibirloque comienza el Apocalipsis zombie sin más explicación, ni indicios; y para mayor despropósito, los primeros efectos de maquillaje son tan… ingenuos que las muertas vivientes parecen más espectros o poseídas que zombies. ¡Y venga a darle a la sangre “cantarina”…! 

Por suerte, tanto los efectos de maquillaje mejorarán – aunque se les va un poco la pinza con algún no-muerto en plan “Residente evil” más monstruo que zombie- como el rumbo de la película cambiará un poco. Repito, un poco. 

El director Joe Chie, un tipo con gran imaginación, nos hace creer que con la inclusión de un equipo policial de asalto y toda una estrella de las artes marciales como Andy On al que por cierto el star-system no han dejado consagrarse, esto se va a convertir en una especie de “The raid/Redada asesina” pero con zombies. Pues sí, eso parece en un principio: puñetazos y patadas a diestro y siniestro para reventar cabezas, pero solo en un principio; pronto nos daremos cuenta de que solo era una apariencia. 

En ese momento uno tiene dos opciones: o dejar de ver la película o asumir que está ante un producto “caspa” al estilo de otros bizarros japoneses que tanto público por otro lado tienen. 

Y ya no es solo que el film siga transitando por los cauces habituales –ya algo aburridos de lo manido que está el subgénero- sino que en un alarde de… de… ¿genialidad? a su director, autor también del guión, le explota la vena melodramática y nos mete ahí sendos pasajes trágicos acompañados de violines con los que esperar conmover al respetable. El problema es que resulta tanto ridículo como hasta de mal gusto cuando recurre a la crueldad y al sexo gratuito. 

Pero lo mejor y lo peor del film aún está por llegar. Lo mejor, que llegados a un –nunca mejor dicho- callejón sin salida… ¿qué más da apelar al surrealismo? Pues venga, ¡un cutre-meccha por un lado y un coche… –que me callo- por otro! Total –debió pensar este Joe Chie- para la mierda de peli que estoy haciendo. ¡Pero si aún la puedo empeorar más! 

Por si aún no habías tenido bastante, la media hora final de la película es delirantemente patética. Sin explicaciones, robando descaradamente la idea de “El gobernador” de “The walking dead” y mezclándolo con una especie de mashup de película de gladiadores y la saga “Mad Max”, el film se convierte en una sucesión de peleas –mal rodadas por cierto desaprovechando a tu estrella- sin más motivo o razonamiento que la lucha por la supervivencia. Pero es que ni eso. Y como no, no puede faltar tampoco la ración de mal gusto en forma de sexo soez. Vamos, que con decir que uno está deseando de que acabe, está dicho todo. 

Resumiendo, “Zombie Fight Club” es una película que solo puede ser vista en una sesión golfa o con amigos para reírse de ella y no darse cuenta del pedazo de truño que han perpetrado. Que gente como Michael Wong, Lam Suet, Terence Yin o Jack Kao se hayan dejado convencer para participar en este engendro solo significa que muy mal deben ir las cosas para los actores del lugar. Que lo acepte On es más lógico ya que las oportunidades que le dan para demostrar que merece un papel protagonista son poquísimas. Lástima que lo engañasen…


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buenas. Podeis hazer la critica de abre los ojos???

May Dove dijo...

Yo me uno a la imagen del trailer que tenemos arriba y me tapo la cara con las manos al más estilo: ay, señor... lo que hay que ver!

Andrés Golfarini dijo...

Si no eres fan del cine asiático bizarro y los zombies, ni te molestes, hey! Que pasó con la chica que entrega la correspondencia al principio, no la vi echa zombie luego jaja. Perdón por el SPOILER

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