viernes, 15 de mayo de 2015

Crítica: Blackwood

La estructura de toda –o casi toda- película de casas encantadas es esta: familia se traslada a casa, casa da señales de “encantamiento”, familia inicia investigación y la casa acaba cabreada dando paso al desenlace… ¿o debería decir desastre?
Más o menos creo que todos estaremos de acuerdo en estas pautas. Pues bien, a pesar de esta… ¿estandarización? nos gustan las películas de casas encantadas y no dejamos de verlas. Las claves para separar ya posteriormente el trigo de la paja pueden estar tanto en la puesta en escena como en los ingredientes, materia prima, que sus guionistas hayan dispuesto. Dice la leyenda que hay incluso alguna película que hasta consigue combinar ambos factores… 

Ahora nos llega la última película de casas encantadas, y si bien intenta –repito, intenta- deshacerse de las cargas del género, termina sucumbiendo a causa de ello. Veámoslo. 

El film nos lleva junto a una familia con pasado: el padre, profesor universitario y estrella de documentales televisivos, intenta olvidarse de un affaire con una estudiante. Por si fuese poco -dato importante-, está siendo tratado/medicado de un trastorno obsesivo. Llegan a una mansión que acaban de comprar en la campiña inglesa, un vetusto edificio propiedad de una artista que vivía sola, y pronto, cómo no, empezarán a ocurrir los sucesos paranormales. 

Hasta ahí todo muy formal; hasta demasiado, pero antes de pasar a la parte donde se aprecia el “desmarque” –por llamarlo de alguna manera- de la película, un par de apuntes sobre esta fase resumida. 

Lo de los medicamentos es muy esclarecedor. Una pista que nos conducirá indefectiblemente a pensar que nuestro héroe terminará cojeando de un… cierto desequilibrio. ¿Tenemos que dar las gracias a sus responsables por lo de “El que avisa no es traidor” o tirarles figurativamente algo a la cabeza por reventadores de películas?

Sea como sea no será la única objeción que hacerle. La otra es lo desaprovechada que está esa mansión y sus alrededores. Desde el exterior es toda una golosina. No es muy grande, pero su exterior tiene unas formas singulares que la convierten en el prototipo perfecto para este tipo de producciones. Sin embargo, cuando vemos a los personajes en su interior parece una casa vulgar y hasta aburrida, sin grandes escaleras o estancias inquietantes. Tiene sótano con una pared que rezuma humedad; incluso parece que esconde un secreto, pero nada. Por su parte, su exterior disfruta de un enorme jardín con hasta uno de esos estanques de aguas negras como la pizarra. Con solo pensar en él daría para una película; aquí no obstante solo sale una vez y siguiendo las correrías del benjamín de la familia. ¿Y qué decir de esos dólmenes –Crómlechs- tan característicos de estas tierras? Pues para nuestra desgracia, igual de desaprovechados. 

Y sí, puede que esté subliminalmente ya chafándole a alguien la película, pero no solo creo que es necesario para describir el carácter de la misma sino que sirve de hilo para introducir esa otra parte que me había dejado colgada; y es que quizás sus responsables no quisieron sacar partido de estos elementos porque en realidad no querían cargar las tintas sobre lo sobrenatural para terminar encasillándose en un producto de terror, y aprovecharse contrariamente de las ventajas más comerciales del thriller. Me explico. 

Tras esa presentación un tanto desustanciada, llegarán los minutos de puro género, minutos todo sea dicho que serán bastante escasos. A su favor, que no abusa del clásico sonido aumentado para dar sustos. En contra, que todo es una colección de tópicos y hasta parecidos razonables: figuras desenfocadas en segundo plano, sombras, ojos de cerradura, huellas húmedas, niño corriendo por la casa… en fin, lo de siempre y sin ninguna capacidad de sorpresa. 

Pasada esta fase nos encontramos con la clásica investigación, y aquí es donde la película adquiere ese carácter distintivo, ya que deja de lado el terror para sumergirse en el campo del thriller puro y duro. Nuestro protagonista se mete en la piel del periodista de turno, buscando testimonios y pruebas de lo que pudo ocurrir en la casa. Y ya no es solo que esta parte tendrá poco de sobrenatural y mucho de terrenal, sino que incluso se lleva gran parte del metraje por delante. 

Por suerte, las sorpresas comenzarán en su tramo final, convirtiendo sus veinte minutos finales en un carrusel que si bien confirma esas sospechas que teníamos, nos cogerá desprevenidos con otras cuestiones que creíamos obvias. Y esto, más que hablar de ello para no destripar del todo la película, nos lleva a una curiosa anécdota que creo que hay que mencionar. 

El guionista es un tal Joe Hill. Seguro que a muchos os suena. Sí, pero no. Otro juego del despiste. Este Joe Hill no es el hijísimo de ese Esteban Rey tan conocido e idolatrado –al menos por mí- de Nueva Inglaterra, no; sin embargo, me juego mi póster autografiado por Torrebruno que casi todos de una manera u otra conoceréis a este otro Joe Hill, aunque tal vez no por su nombre sino por sus obras. Y es que casi todos sus trabajos han circulado por la red dejándonos con la boca abierta. Joe Hill, este Joe Hill, es un artista/grafitero urbano en 3D que se dedica a imprimir su arte en las calles de todo el mundo realizando auténticas ilusiones ópticas. Y claro, con tal elemento, tal producto… Otro truco visual aunque en forma de argumento. 

Para ir acabando, otro aspecto a destacar de la película sería su reparto. Mezcla de rostros televisivos con otros con una trayectoria algo más dilatada en el mundo del cine, “Blackwood” ofrece un frente sin fisuras con secundarios con las suficientes peculiaridades como para dejar claro que no estamos ante, aunque lo parezca por momentos, un telefilm más. 

Resumiendo, obstinada en presentarse como un thriller sobrenatural “Blackwood” desaprovecha algún elemento atractivo que tenía a su alcance, bien por jugar al despiste, bien por convicción. Los muchos tópicos quedan compensados por el giro argumental final. No cuenta nada nuevo, pero entretiene. Eso sí, los que busquen casas encantadas, mejor que elijan otra opción.


6 comentarios:

May Dove dijo...

Las pautas de casa encantada están fijadas desde hace tantos años, que es incluso difícil para mi concebir otro guión para este género.
¿Qué le vamos a hacer si está así ya hecho?

Igualmente, a mi lo que me gusta de este tipo de cintas es que la casa me dé miedo, que se aproveche, que se le saque partido. Porque sino, menuda gracia...

Damien Thorn dijo...

Chanpoo, estupenda-como acostumbras-crítica de peli bastante tibia y con la que yo habría sido sin duda menos misericorde...
Enhorabuena, mucho más entretenido e instructivo leerte que malgastar esos 86 minutitos, ejem!
Un saludete!
Por cierto, supongo que has visto el último Ju on, si no es así, hazzzzzzlo!!!, no la pedí esperando leer tu opinión...La mía como te imaginas es más que buena!

Chanpoo dijo...

Gracias por tus palabras Damien. Animas como nadie.
Y no, no he visto la última de Ju-On. Todavía. Tengo mucha cola, jajajajaja. De todas formas, aunque no lo creas, no soy muy fan de la franquicia. Sorry!

Damien Thorn dijo...

Fíjate que te tenía yo por J-horror fan... Igualmente, aunque no lo creas, merece, y mucho, la pena!
Un saludo, máquina!

Chanpoo dijo...

A ver... como amante del producto asiático me pirra el J-Horror, pero "Ju-On" no es para mí la mejor de las franquicias.

El Rector dijo...

Yo de esta última entrega de "Ju-On", aguanté media hora y eso, que me armé de paciencia. Será (es) que lo de los niños pintados con polvos de talco no es lo mío y al tercer cliché, dije basta.

O esto del J-Horror se reinventa, o me da a mi que los asiáticos se van a auto inmolar cinematográficamente hablando.

Saludos.

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