martes, 26 de mayo de 2015

"The Enfield Haunting", expediente Warren para caja tonta

Vivimos una época en la que escasean las ideas. Con la llegada del nuevo milenio parece que la gasolina de los guionistas se ha ido agotando y ahora el género de terror se mueve a impulsos, al compás de las modas.
Hace unos años los vampiros eran lo que ‘rompían la pana’. Luego fueron los zombies, moda que aún soportamos, y ahora estamos en pleno frenesí de posesiones, aunque ya vaticinamos que la próxima tendencia será la de los extraterrestres... 

Y lo peor no es que seamos los títeres de la, según el caso, incompetencia de productores, guionistas o realizadores, lo peor es que está moda trasciende fronteras –dígase formatos- y pasa de la gran pantalla a la pequeña. O mejor dicho... no solo sigue la senda de una corriente de supuesto éxito sino la de dos, ¿o es qué las series de televisión no están de moda también? 

Pues esta "The Enfield haunting" aún va más allá: es una serie de televisión, nos trae una historia de fantasmas y/o posesiones, y por si faltase algo, parece copiar la fórmula del icono de estas historias en los últimos años como fue y es "Expediente Warren"

Los paralelismos son evidentes. Para empezar tenemos una casa con una familia con bastantes hijos. Luego, la ambientación: la historia transcurre en 1977 con lo que igual que en la de Wan tenemos mucha patilla, pantalón de campana y chaqueta de pana. Otro asunto es que aquella estaba basada en una historia real y esta también, con el añadido de que si en la primera teníamos al matrimonio Warren, conocidos parasicólogos, aquí a Guy Playfair, otro afamado investigador de lo paranormal. Por si faltase poco, ambas películas están basadas en libros escritos por sus respectivos personajes protagonistas. Pero el ‘remate’ definitivo llega ya con el carácter de la misma. 

¿Qué es lo que hizo grande al film de Wan? Muchas cosas, está claro, no voy ahora a descubrir la que para mí ya es una moderna Obra Maestra, pero quizás destacaríamos entre sus muchas virtudes, la cercanía, la humanización del género gracias a una impronta sentimental proporcionada. Pues bien “The Enfield haunting” sigue esta línea convirtiendo a los personajes no solo en el vecino de al lado o un primo lejano, sino entre ellos mismos, a una familia. 

Así, el trabajo de los responsables de la serie es casi perfecto, una total identificación de personajes y equilibrada dosificación, sin embargo la serie evidencia que para lograr ese objetivo han sacrificado la parte más de género, por lo que terror… poco o nada. En la primera entrega tendremos un par de sustos, tópicos, bastante previsibles y sin mucha consecuencia; en la segunda, algún efecto secundario de la posesión pero ya sin sustos, y en la tercera, finalmente, nada de nada. Con esto y acostumbrados a seriales televisivos que priorizan el efecto sobre la causa –en el doble sentido- a alguno le parecerá descafeinado (no seré yo quien le diga lo contrario), pero por esa misma razón, “The Enfield haunting” a pesar de todas esas estelas que parece… no, que realmente sigue, es un producto original. 

Por buscar una explicación, quizás la podríamos hallar en la figura de su realizador Kristoffer Nyholm, un reconocido director de seriales, creador de todo un hito televisivo como fue “The killing”. Con ello se nota su punto de vista, con una herencia tal vez más policiaca y de thriller, es decir, con los pies en el suelo, pero en todo caso no desentona con el carácter dramático y sobre todo verosímil de la producción. 

Es cierto que se le podría también echar en cara que si cogemos su duración, le restamos los minutos de “Previamente”, “En el próximo capítulo” y títulos de crédito, y unimos las tres entregas nos sale una película con todas las de la ley; solo hay ver su reparto ‘ad hoc’. Así se le podría atacar bajo el cargo de oportunista, siguiendo con lo de las modas de las series televisivas, pero es algo que dependerá de la generosidad de cada uno. 

En todo caso, las pinceladas de humor típicamente británico –pocas a decir verdad para no desentonar demasiado con el tono dramático general-, la buena banda sonora y la ambientación, compensan con creces las –pocas- objeciones que se le puedan hacer. 

No puedo terminar de hablar de la mini-serie sin comentar la elección de protagonistas. Por un lado ese Timothy Spall que no necesita presentación. Con reconocimientos a lo largo y ancho del panorama cinematográfico internacional, el gran -en el más amplio sentido de la palabra- actor británico demuestra que no es el –con todo el respeto- perro pachón con el que parece compartir cómicos rasgos físicos ofreciendo una interpretación con más matices de los esperados. 

El infravalorado Matthew Macfadyen por su parte sorprenderá a los aficionados y nostálgicos al género con esa elegancia que comparte hasta físicamente con otro de sus compatriotas como es David Warner, regalándonos otro personaje con varias facetas. No está tan esplendido como Spall, pero la pareja funciona sobradamente como para desear que la misma se vuelva a encontrar, a futuro, en alguna otra adaptación de los casos de Playfair. 

Y no puedo pasar por alto a la protagonista femenina, una jovencísima actriz con sobrado talento que no se deja achantar por sus compañeros de reparto. Los secundarios, por su parte, sin bajar el nivel de los protagonistas; destacar a esa eterna secundaria Juliet Stevenson –interpretando a la esposa del protagonista- que en lugar de resignarse por su pobre cuota de pantalla, atrae la mirada de la cámara cada vez que sale. 

Resumiendo, “The Enfield haunting” es una (mini)serie artística y técnicamente más que correcta, de notable, que engancha a la audiencia a la primera a pesar de los parecidos razonables. Solo la falta de contundencia, de no ser capaz dar algo de miedo o al menos inquietar, impide que la misma se convierta en una serie de referencia.


3 comentarios:

May Dove dijo...

Un 7 que le has cascado no está tan mal, la verdad. Yo le voy a echar un ojo porque tiene pinta de que me va a gustar y ademas, el actor británico me gusta mucho :)

Anónimo dijo...

La verdad es que el tratamiento de la serie es muy británico, da más protagonismo a las realidades de los personajes que a las situaciones fantasmagóricas que suceden. Miedo no pasas, la verdad, pero la serie está bien narrada y entretenida. Spall y el siempre genial Macfadyen, están en su ´li,ea, geniales. Todas las interpretaciones son correctas, así como los ambientes (en eso los ingleses son los mejores). Yo me tragué los capítulos de un tirón

Chanpoo dijo...

Muy en la línea de los "drama de terror" de la actualidad. Pero me alegro que corrobores más o menos lo que cuento en mi ladrillo... digo, reseña. Gracias.

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