miércoles, 16 de septiembre de 2015

Crítica: 2/11 Día de los Muertos

Con tres años de retraso toma impulso otra cinta de género argentina, 2/11: Día de los Muertos de Ezio Massa, con guión propio y conjunto con Sebastian Tabany. 

Llámenme chovinista, pero la que algunos medios compararon con la MAGISTRAL obra de mi adorado amigo Santiago Fernández Calvete, La segunda Muerte, dista millas de ésta y comparte solamente género y actrizón, una Agustina Lecouna que hasta en papelillo regulero y pequeño brilla como las grandes de otra época. El reparto, coralísimo y demasiado abundante, hasta el punto de descolocar, no está ni mucho menos a la altura de la Lecouna, esa mujer que es capaz de escupirte en un ojo y enamorarte por completo, si bien Juan Gil Navarro, Carlos Kaspar y en especial German Baudino, como el chamán, dan la talla y sacan pecho en una producción rara, confusa y demasiado locurona que, cosas de la política financia el INCAA, mientras que GENIOS de calibre muy por encima se las ven y se las desean, recurriendo al crowfunding para llegar a estrenar en tres cines de barrio.
Bueno, al lío. La peli, que nada en absoluto tiene que ver con la celebración mexicana del Día de Difuntos que ya comentamos en nido, comienza con una siniestra narración de un cuento para niños a la luz de una hoguera, en un terrorífico e inquietante campamento, de voz de un no menos siniestro narrador. Tras este intrigante y a ratos prometedor inicio, nos llueven los créditos, musicados con un temazo de El indio Solaris,“Todos a los botes”, de su fantástico disco “El perfume de la tempestad” y que Santiago tantísimas veces me puso en su tocadiscos... 

Entonces, todo cambia, luz de día, árido paisaje, cuando de entre un páramo desierto surge ensangrentado, amnésico y desnudo Elías, un joven, hermano del poli del pueblo y novio de mi Agustina, que desapareció junto a tres amigos al salir de un barucho de carretera para acompañar a una femme fatal de tres al cuarto. 

Entonces, a través de cansinos y entorpecedores flashbacks, se nos cuentan dos historias relacionadas con la muerte, la de la esos dos hermanos que amaron a Agustina y la terrorífica leyenda que poco a poco va desgranando el cansino guión, la de una loba que una vez al año, baja del monte en celo al pueblo para ser perseguida por todos los perros jóvenes que acabarán la noche devorados. 

Esa historia se la cuentan a los dos hermanos, Elías y Santiago, en un campamento, cuando eran niños. Años después, los dos están enfrentados a la vez por la misma mujer, en el foco de la tragedia.

Se crea así una cosmogenia particular en la que Elías (Nicolás Alberti) y su hermano Santiago (Juan Gil Navarro), el policía del pueblo, a la que Massa adiciona a Mercedes (Agustina Lecouna), la mujer que ayudará a estos dos hermanos para que la verdad salga a flote hasta sus últimas circunstancias, pero también sembrará la discordia fraternaal convertirse en el objeto de deseo de ambos. La peli fluctúa con el terror incorporando a la ya liosa historia una misteriosa secta asesina. En un pueblo que está más muerto que vivo, en el que se suceden muertes, secuestros, abusos, leyendas negras e historias ocultistas. A ello ayuda, con una deliciosa fotografía el trabajo de Leonardo Val, siempre impecable y muy por encima de la cutrez del resto de la producción. 

Porque la historia, sin tanto artificio daba para bastante más, pero el director nos toma por retardados y trata de explicarnos unas diez veces el quiz de la cuestión, que canta más que unos piés sudados en verano manchego, fulminando la mínima tensión de la que podía haber hecho gala, a lo que también contribuye la horripilante banda sonora que poco a poco se va haciendo casi omnipresente y cargante hasta la saciedad, como el contexto intelectual en el que se nos quiere dejar claro lo que ya lo está, y como el agua. 

Vamos, que la cosa no es uno de esos enigmas irresolubles y extraños, ni una peli sesuda que pida un revisionado... Es más bien una historieta que comienza bien para ir poniéndose muy, muy mala. Con un poco de sobriedad, y tratando al espectador como adulto, la peli, sin ser nada del otro mundo, mejoraría y mucho. 

En defensa del guión diré que por momentos, cuando se nos insinúa lo que sucedió con los padres de los dos chavales y Santiago tiene que ponerse a defender a su hermano él sólo, sin más apoyo y sin ningún tipo de coartada, con muchísimas preguntas y muy pocas-ninguna-respuestas, la peli logra momentos bastante interesantes. 

La luna, auténtica protagonista de la peli, parece ser la única que debería tener todas las respuestas, y si la peli fuera mía, desde luego muchas de ellas se las guardaría. 

La ambientación, gracias a la fotografía que ya he resaltado como a las localizaciones es sumamente interesante y realmente lo único bueno de la cinta, ambientando la historia en un pueblo casi deshabitado rodeado de un bosque oscuro y tenebroso, perturbador y vivo. 

Si bien la película por momentos alcanza cierto grado de cohesión, otras tantas veces se disgrega hacia un film más íntimo pero fatal ejecutado que resuelva las relaciones y los conflictos entre estos dos hermanos, sin que la tensión dure más que un fugaz instante... 

Quienes conocemos la trayectoria del director Ezio Massa, niño mimado del cine argentino,(Más allá del límite, Cacería, Villa) estamos acostumbrados a que ejerza de Juan Palomo, que se guisa y se come prácticamente todo, y no es la primera vez que un colaborador acaba hasta el gorro de ciertas exigencias. 

Pero estamos ante un trabajo confuso, con un guión mejorable que sin embargo apunta a buenos sitios. Es decir, si bien la peli no es una gran cinta de género, revela dotes de Massa desconocidas hasta ahora y de hecho le auguran un futuro bastante halagüeño, si deja de ser él quien elija la bso, quien guionice, quien enseñe a interpretar... Pero como primera incursión en el terror, sale aprobadillo por los pelos, que se deja ver y hasta ofrece momentos de alto nivel cinematográfico (básicamente aquellos en los que Agustina toma más protagonismo, porque esta señora debería ser universal y hacer cine en toooodo el mundo). 

Su pretencioso cuento de sectas que surca el terror, el slasher y hasta la scifi, cuenta con un final demasiado abierto, con esa extraña elipsis final, en especial cuando se nos ha tratado de explicar todo tantísimo. 

Desde luego lo que está claro es que nuestro hermano, el público argentino, ama como nosotros el cine de terror y como el nuestro, el cine argentino cuenta con un estupendo historial de producciones independientes de terror encabezadas, permítanme repetirme, por la asombrosa, inmejorable e irrepetible “La segunda Muerte”, de Calvete. 

En esta ocasión no estamos ante una obra maestra, ni siquiera consistente, pero sí ante un loable intento de hacer otro cine de género, en un país en el que las subvenciones a estas pelis no es que se regalen precisamente. 

Massa en su labor de cámara tiene un deje demasiado televisivo que resta potencia y fuerza a la historia, como pesos al presupuesto, en contraposición a los momentos maravillosos a nivel fotográfico que ya he resaltado y que hace vistoso y hasta casi convincente el film a varios niveles, desde el terror al policial pasando por el fantástico, el thriller psicológico, el drama familiar, el slasher... 

A destacar algunos elementos, referencias, clichés e incluso encuadres que pueden recordarnos a los grandes genios de los ochenta (Massa, como Santi, se confiesa fan absoluto de John Carpenter).

Lo mejor: Agustina, el trabajo de fotografía.

Lo peor: Es cansina y sobreexplicada, pero con un poco más de cuidado el director puede llegar a convertirse en un buen referente de un género como el terror que busca su definitiva consolidación allende los mares.


3 comentarios:

Marcos ESTÉBANEZ VALLINA dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, GENIO! Nada que ver con la obra maestra de CALVETE...

damien thorn dijo...

Es que nuestro Santiago es muuuucho!!!
gracias x pazarye!

damien thorn dijo...

Es que nuestro Santiago es muuuucho!!!
gracias x pazarye!

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