viernes, 20 de noviembre de 2015

Crítica: Niebla

“Sea Fog” – “Haemoo” para los puristas- fue uno de esos fracasos comerciales a los que nos tiene acostumbrados el público en Korea del Sur. Al principio… bueno, cuando su industria cinematográfica comenzó a ser conocida, empezó a forjarse una leyenda negra que hablaba de que cada año la que estaba predestinada a ser a priori la superproducción del año por presupuesto iba irremediablemente a fracasar, pero los años han convertido lo que era una leyenda en una realidad, un gigantesco monstruo que iba devorando películas sin razón aparente, solo a merced de los caprichos del público.

Vale, estoy haciendo un discurso un poco superficial y de cara a la galería porque muchas veces sí que sabemos por qué una película no logra alcanzar el éxito, pero en muchas ocasiones –más de las esperadas- una película en Korea fracasa cuando tenía todo a favor.

Por ejemplo, esta “Sea fog” no solo tenía un protagonista tan carismático como Kim Yun-Seok, capaz de vender una película por sí solo –no en vano ha sido el protagonista de taquillazos como “El gran golpe”, “The chaser”, “The war of flowers” o “Jeon Woochi: El mago taoísta” o aplaudidos por la crítica como “The Yellow sea”- sino también todo un productor como nada más y nada menos que Bong Jun-Ho (“The host”, “Mother”, “Snowpiercer”, etc.) con todo lo que significa de prestigio y hasta motor económico.

De hecho, el propio Jun-Ho, meses después de su estreno en una conferencia que dio en Abril del 2015 en el “Jacob Burns Film Center” de Nueva York, dijo que su siguiente proyecto “Okja”, a pesar de contar con dos estrellas internacionales de la talla de Jake Gyllenhaal y Tilda Swinton, no quería meterse con una gran producción recordando lo que sufrió con esta “Sea Fog”, por lo tanto no podemos considerar que este film fuese un fracaso “más”.

Y es que con un presupuesto de más de 6 millones de dólares USA, el film no llegó a vender ni un millón y medio de entradas. Cierto es que se recuperaría lo invertido, pero para lo que es habitual en aquel país, se podría considerar hasta un desastre.

Pero dejémonos de cifras y premisas, y vayamos con el análisis para ver si podemos entender la razón de tal descalabro.

Habíamos dicho que teníamos una estrella con la que servir de gancho y un respaldo de garantías como el “apellido” Jun-Ho. Es cierto que su director, Sim Seong-Bo, era novel pero tampoco era un mindundi ya que, entre otras, fue el guionista de “Memories of murder (Crónica de un asesino en serie)” con la que se diera a conocer Jun-Ho como realizador tras la nada desdeñable “Barking Dogs Never Bite”. Pero si esto no fuese bastante, la película estaba basada, además de en un hecho real, en una popular obra de teatro en el país. La cuestión es si esto también fue su tumba dada la mencionada popularidad de la misma, es decir, para qué quería ver el público una película que ya sabía por dónde iba a desarrollarse. Podría, pero no; las claves de su fracaso fueron otras.

La primera de ellas, y que sirva ya como análisis del film, es que estamos ante una obra que no sitúa en buen lugar a los propios surkoreanos. Y eso, para el que no lo sepa, es “veneno” para la taquilla.

Los surkoreanos son un pueblo amable y simpático, pero también muy auto-proteccionista. Chovinista menos, pero una nación que ha estado durante siglos sometida al designio y ataque de otros países ha terminado por construirse una coraza de defensa que es difícil de superar. Así, cualquier cosa que los ataque, sea por parte propia o incluso como en este caso en forma de película, la rechazan automáticamente.

Aquí los personajes tienen sus razones para hacer lo que hacen, y es cierto que sus responsables dejan la puerta abierta a la excepción –hablo en clave para no reventar mucho la trama, aunque luego vendrán quiénes sin pudor la destripen, sobre todo cuando la estrenen en nuestro país y les den por diseccionarla con tráilers y demás-, pero en líneas generales, la avaricia y la obsesión es lo que mueve a sus personajes presentándolos como seres mezquinos.

Y esto nos lleva directamente a la segunda clave: habíamos dicho que su protagonista Kim Yun-Seok era una de las estrellas más consolidadas del país, quizás uno de los pocos actores veteranos capaz de disputarle un papel a Song Kang-Ho con el que comparte un aspecto y estilo de interpretación. Pues bien, acostumbrados sus paisanos a verlo en papeles de héroe, que aquí interprete un personaje tan negativo… no gustó nada.

Ahora bien, aquí no estamos para sacarles las castañas del fuego a los productores y ver cómo hacer para que sus siguientes películas triunfen de cara a la taquilla, así es que dejemos de buscar razones al fracaso y sigamos con el análisis del film ajenos a resultados económicos.

El arranque de la película no es precisamente el mejor. No digo que no sea bueno, solo que los más exigentes verán claramente las trampas planteadas por sus responsables. Por ejemplo, para presentarnos a los personajes no dudan en acudir al humor cuando el film es radicalmente opuesto a una comedia. Está claro que es una opción que puedes elegir, pero para mí, es la opción más fácil. Luego, superado ese pasaje de presentación, se nos somete a unos 30 minutos en los que contrariamente, como decía, el drama es el protagonista, ostentado con esa parsimonia contemplativa tan propia de Asia y de las obras de autor en los que las situaciones llegan mascadas al espectador como si su cerebro se resistiese a asimilarlas. Con ello no digo que aburra, ni siquiera otra vez que sea algo malo, pero es mejor avisar.

Eso sí, superado ese trance, comenzará tal festival de sensaciones, que uno no podrá hacer otra cosa que no dejar de aplaudir.

El film no se puede decir que no sea actual. Justo cuando escribo esto en las televisiones de todo el mundo salen los miles de refugiados que huyen de la guerra de Siria a un destino mejor. Aquí son otros tiempos y otros lugares, pero el sentimiento es el mismo. Ahora bien, ¿qué es lo que pasa cuando la fatalidad se ceba en la desgracia? Pues pasa “Sea fog/Haemoo”.

Otra vez sin querer destripar nada, el film de Sim Seong-Bo se convierte en una pesadilla, casi… no, se convierte en un film de terror en toda regla. Sufrimiento, locura, otra vez obsesión, un cocktail angustioso y claustrofóbico en el que ese “¿Tú qué harías?” se convierte en la excusa perfecta para situarte en ya no testigo sino en un protagonista más.

Lo que ofrece Sim Seong-Bo es desgarrador, tanto que muchos para protegerse recurrirán a esa sonrisa amarga de la frustración y la impotencia, esa barrera que impide que la lágrima salga y el sufrimiento se contagie.

Y ya no es lo que cuenta sino cómo lo cuenta. No nos extraña que la obra original fuese una obra de teatro ya que esa niebla que lo envuelve todo es tan… teatral. La fotografía, por su parte, del que quizás pueda ser el mejor Director de Fotografía del país como es Hong Kyeong-Pyo, habitual de Bong Jun-Ho y con títulos en su haber tan populares y reconocidos como “Snowpiercer”, “El bueno, el malo, el raro”, “Il mare”, “Lazos de guerra”, “The foul King”, “M” o “Mother”, no llega al nivel de excelencia de estas dos últimas –recordar que “Mother” por ejemplo hasta tuvo una versión en blanco y negro de lo buena que era su imagen-, pero no dejará indiferente a nadie.

Y qué decir de la Banda Sonora de Jung Jae-Il… En muchos momentos no hay música ya que sus responsables quieren enfatizar lo descarnado de las situaciones, pero cuando las notas del maestro surkoreano comienzan a dejarse oír… la carne de gallina.

Por último, mención aparte merece el desenlace: el epílogo es un tanto gratuito ya que son los minutos anteriores los que responden al sentimiento del film -casi filosofía de la nación-, pero por suerte no desentona demasiado con lo que se quiere transmitir.

Resumiendo, “Sea fog” es un disparo a la cabeza, un film brutal que aúna mensaje con entretenimiento, film de autor con film comercial. No nos extraña que vaya a ser estrenado en salas comerciales de nuestro país dado lo candente que está el tema de los refugiados sirios. Los paralelismos son patentes. El drama también.


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