miércoles, 18 de noviembre de 2015

Crítica: Víctor Frankenstein

La novela de Mary Shelley ha sido tantísimas veces adaptada a la gran (y peque) pantalla que a uno le da como pereza asistir a un nuevo revisionado en un festival de cine efervescente y lleno de posibilidades. Pero pasado ese primer trago que supone buscarle sitio para acabar viéndola, y envista de su breve hora y media de metraje, si uno se relaja y no se deja llevar por el descenso rítmico de su segunda parte, la experiencia no puede ser más gratificante. Y es que a veces, cuando uno no espera nada en absoluto, se encuentra margaritas en lugar de cardos, y Frankenstein versión 2015 es una margarita por completo.

Me quiere: 

Bernard Rose, director de uno de los mitos que me pone palote, Candyman, la primera, con esa Virginia Madsen que sigue siendo devoción absoluta, parece tener un don a la hora de retratar la condición humana en sus variantes más atormentadas y llevar al espectador por lugares comunes iconográficamente hablando que pasan a la categoría de casi mitos instantantáneamente (los ejemplos más claros en su filmografía son, con ésta, ese maravilloso Candyman, Amor Inmortal o Anna Karenina). 

Tras Candyman, el dominio de la mente (adaptación de relato de Clive Barker) del 92, y la cutrez máxima de Snuff, en 2005, esta Frankenstein es su tercera incursión en el mundo del terror.. En la metrópolis de Los Ángeles en la actualidad, el doctor Victor Frankenstein y su esposa y asistente son un par de científicos genetistas que tratan de crear al perfecto ser proto-humano. El resultado es Adam Frankestein, un prototipo de humanoide que servirá para prolongar la vida humana y curar enfermedades varias. 

Pero la cosa se va de madre, porque el ser no es muy humano lo que se dice, violento y retorcido, híper sangriento y salvaje. Cuando enferma y empieza a deteriorarse, los científicos deciden terminar el experimento con una inyección letal que no funciona y su creación se escapa para crecer aislado en el bosque antes de enfrentarse a la humanidad, a la inocencia y la crueldad del ser humano. 

No me quiere: 

El clasicazo de terror gótico-romántico de la Shelley (cómo me mola a mí esa reinvención de Gonzalo Suárez que es Remando al viento) se ha adaptado de mil maneras, a cada director su estilo, desde la magnífica versión de James Whale (que también tiene su reinvención magnífica en Dioses y monstruos, de Bill Condon, uno de mis dieces) con Boris Karloff, hasta la decente versión pseudo retro futurista de Kenneth Brannagh, Frankenstein de Mary Shelley con Robert de Niro, pasando por ese referente de la comedia de terror que es El jovencito Frankenstein de Mel Brooks o por ese truño de Yo, Frankenstein, del año pasado, o el truño entretenido holandés de Frankenstein’s Army de Richard Raaphorst. 

Pero no hay que olvidar que el icono es del tamaño de Drácula, y que ha protagonizado dibujos, franquicia en la Hammer, pelis del Gordo y el Flaco, series infantiles (aún tengo palotismo cuando recuerdo La tía de Frankenstein, con la sirena en la bañera, los fantasmas y mónstruos y el castillaco), sagas de personajes tan diferentes como Terence Fisher y Jess Franco, gores, pseudopornos warholianos, giallos, comedias y terrores... 

En este caso, el director se lleva el folclore gótico a su terreno con una versión del mónstruo violento y malvado en un rollo semi real del presente alejado de la leyenda del diecinueve. Vamos, que lejos del terror gótico que a servidor le flipa, la versión Rose tiene como una carga emocional y profunda, con brotes cómicos extrañamente ensamblados, a la que a ratos es un poco difícil de pillarle el punto, cuando se centra demasiado en la vertiente metafórica y sesudita de que el hombre es más perjudicial que el bicho, aquello de homo homini lupus.. 

En otras pelis el mónstruo era al final la víctima, y provocaba toda la pena y fascinación de la peli (no olvidemos el momento de la niña en la orilla, y la fascinación que le provocó a Ana Torrent en El espíritu de la colmena, otra metapelícula que relataba la visión infantil de la película "El Doctor Frankenstein" en la España de postguerra. Aquí, es una bestia parda sanguinaria. 

Me quiere: 

El puntazo gore y violento, aún menor de lo que se nos prometía y que a los perturbados morbosos como yo nos acaba sabiendo a poco, tiene una dosis estupenda de sangre derramada, vísceras y mutilaciones, aunque, lo que es casi una aberración, en este caso se abandona el origen del cuerpo de la criatura en cadáveres recientes (mmmm) para irse al rollo clonación y evolución genética. El planteamiento inicial es maravilloso y las interpretaciones, de diez, todas y cada una de ellas. Empezando por el matrimonio de científicos, Danny Huston y Carrie Anne Moss (preciosa!!!), secundarios de lujo, hasta Tony Todd como el vagabundo ciego del que se hace amigo, fantástico y el australiano Xavier Samuel, la criatura, lo mejor y más destacable de esta peli. 

En el plano técnico todo es alabable, con unos efectos especiales gore y de maquillaje magníficos. La límpida y terrible fotografía de Candace Higgins y la banda sonora extrañísima de Halli Cauthery no hacen sino engrandecer la versión, muy bien dirigida. 

No me quiere: 

Lamentablemente, la película, acaba pareciendo más un drama sobre quiénes son los verdaderos "monstruos" de nuestro mundo que la cinta de terror salvaje que prometía ser. 

Una cosa hasta irritante puede ser la presencia de esa voz en off que da voz (valgan redundancias) a los sentimientos internos y pensamientos de la criatura. 

Pero realmente en la historia de Mary Shelley la cosa es así, y el mónstruo podría expresar sus elaborados pensamientos, a pesar de que apenas puede hablar. 

Aunque a veces parece torpe en su ejecución, es una película lo suficientemente impredecible e interesante como para convertirse en una valiosa obra a sumar al amplísimo catálogo de adaptaciones de Frankenstein. 

Así que este no me quiere ya es otro medio me quiere...

Me quiere: 

La ceguera de Todd presupone que no juzga a la criatura, que le parece un niño asustado por el mundo en general que sólo quiere ser amado. 

Pero tras el viaje agotador y emocional de Frankenstein que lo lleva de vuelta al centro de investigación una vez conocido lo que significa ser humano y la crueldad innata del hombre evidencian la conclusión de esta triste reflexión sobre los males de jugar a ser Dios, que aún en el siglo XXI está condenada a terminar fatalmente. Y esa reflexión, aunque un poco petarde, ME ENCANTA. 

La primera parte de la peli es su punto fuerte, todo en esa narración nos atrae y cautiva. El clímax de la película es teatral y convence, pese a que hay un descenso de ritmo justo antes, que se perdona sobradamente... 

Traer el mito al presente, el icono a la carne y verlo todo desde la perspectiva de la criatura es un acierto digno de elogio, así que sí, gana el Me quiere!!!! 

Me quiere, me quiere.


1 comentarios:

damien thorn dijo...

Muchisimas gracias,amigos,por la paciencia!Mis problemas renales me han tenido jodido.y separado del pc,a partir de ya,entro a diario,peometido por la virgen de la agonía perpetua
Saludetesssss

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