jueves, 3 de diciembre de 2015

Crítica: Parasyte parte 1 y 2

Yo soy friki, friki, friki, friki (2). Descubrí el manga Kiseijû (un súper ventas, con doce millones de ejemplares vendidos), de Hitoshi Iwaaki, por casualidad, en época de sequía de fricadas post Ebichu y me enganchó a lo bestia, como la mayoría de los comics para adultos nipones, que nacen de la retorcida y pervertida mente preprogramada y contenida de un tipo genial, con buen contenido inteligente, hilarante y mordaz y puntazos de partirse la caja. Por casualidad también me enteré de que existía un anime que lo adaptaba así que lo devoré en un pispás y me gustó tanto o más que el manga. Así que lógicamente cuando me enteré de que por fín se iba a adaptar a la gran pantalla y en imagen real, empecé a babear, y hasta que he visto las dos partes en que lo han decidido dividir la trama no he parado. En un principio los derechos del manga habían sido comprados por una empresa norteamericana, lo cual no hacía que aspirase a mucho, la verdad. Pero una vez caducados esos derechos, Parasyte se convirtió en 2 películas puramente japos y la estupenda serie de anime.

Lejos de decepcionarme tengo que reconocer que lo he disfrutado como un enano y que mientras la mayoría de la sala carraspeaba incómoda ante algunas ocurrencias yo tenía que contener mis carcajadas paleto barbudas.

La historia relata la llegada a la Tierra de unos extraterrestres cabrones, devoradores de carne humana y salidos como gorrinos que en plan Los ladrones de cuerpos se van introduciendo a través de nariz y oídos en el cerebro de los japos en su afán de controlar el mundo. Hasta que dan con Shin'ichi Izumi (Shôta Sometani), un joven otaku que escucha música con auriculares en su cama e intentan introducirse en su cerebro y la cosa sale mal, porque el mozo se hace un torniquete, quedándose atrapado el bichejo atrapado en el interior de su mano derecha(en el manga, la mano con la que se autoquería habitualmente, así que imaginen las situacioncillas), que desde entonces trata de ir a su bola. El parásito-Migi, o Righty-el nuevo compañero de nuestro prota va asumiendo una forma semihumana, primero se abre una boca en la palma de la mano, más tarde un ojo en el dedo índice, y así, mano parasitaria y joven parasitado tienen entonces que buscarse la vida juntos, en una incómoda alianza, y encontrar una solución al problema, mientras el país sigue siendo poseído por los endiablados seres y una oleada de asesinatos caníbales amenaza a la humanidad.

Dirigida por Takashi Yamazaki, director con buena trayectoria, autor de las fabulosas y más que recomendables Always:Sunset on the Third Street I (2005) y II (2007) y The Eternal Zero (2013), así como de la infantilona y bastante torpe Stand by Me, Doraemon, Parasyte se presentó a la Sección oficial de Sitges en dos entregas, con una acogida más bien fría, la verdad y precedida por la polémica que desató New Line Cinema con el tema de los derechos. Y es que aunque podamos establecer referentes en infinidad de clásicos como La cosa, The Faculty o Están vivos, son muchas las pelis deudoras del magistral manga que adapta la peli, el preferido del recientemente fallecido Wes Craven.

Los encargados del casting han elegido sabiamente a verdaderos buenos actores en los papeles principales, en lugar de los habituales ídolos nipones de la mayoría de producciones del país, destacando Sometani como el prota Shinichi, un actor frecuente en películas independientes que arrasó en festivales con su magistral interpretación en 2011 en el dramón "Himizu", de Sion Sono, y que aquí hace una interpretación absolutamente premiable.

"Parasyte" comienza con una magnífica secuencia que muestra una de las criaturas que dan título a la cinta-un parásito con forma de ciempiés-abriéndose camino en un cerebro humano a través de un canal auditivo. Esto no es sino una pequeña muestra de las estupendas dosis de gore de lujo, en un alarde lejano a la contención a derramar sangre y visceracas,y claro está, una de las cosas que servidor más ha disfrutado.

Además, al evitarse los localismos nipones que generalmente nos descolocan, es una peli disfrutable por cualquier espectador.

La evidente imposibilidad de condensar y resumir la inmensa riqueza casi barroca del manga hacen que la historia avance quizás demasiado rápido, pero en general la adaptación es sobresaliente, y hacen la historia lo suficientemente coherente como para enganchar a los desconocedores del cómic como a los fans, a pesar de que algunos puntos fundamentales de la trama tuvieron que ser editados y condensados demasiado, lo que traerá lógicamente y como siempre que se trata de una adaptación, a unos cuantos detractores que se quejen de las masacres del original.

Sólo cabe decir que el anime, que también es una adaptación, más fiel, eso sí, dura unas nueve horazas, así que en este caso es para darse con un canto en los dientes al ver cómo el espíritu original está más que a salvo en dos partes de duración soportable.

Cierto es que la mayoría de los personajes originales están sólo dibujados y muy poco desarrollados en comparación con el manga, que contiene un puñado de los personajes más carismáticos y bien resueltos que recuerdo: Shinichi, Migi el simbionte, Murano, Tamiya... Pero insisto, el resultado es sorprendente a todas luces y la relación entre el asustadizo héroe adolescente Shinichi y el descacharrante parásito inteligente (con voz de Sadao Abe) es mucho más que una buena premisa, y la cinta contiene abundante acción, drama, humor sin llegar nunca a ser un drama ni una comedia boba.

Mención aparte merecen los fabulosos efectos de CGI y sonoros, perfectamente economizados y propios de una súper producción millonaria, con fascinantes aderezos de música pop y raudales de efectos digitales bien integrados.

Recomendable por completo, no llega a la excelencia de la obra original, pero es simpática, irreverente y adictiva como pocas, así que si tienen la oportunidad, no se la pierdan.



Kiseijû: Part 2

Muchas de las adaptaciones que se hacen de un manga japonés a peli de acción real acaban siendo películas de dos partes, muchas intragables y algunas resultonas (Death Note). En este caso, la riquísima narrativa y variedad de situaciones del original pedía casi una trilogía aunque se resolvió igualmente en dos partes, y aunque esta segunda sigue manteniendo profundas reflexiones sociales y filosóficas trasladables a la realidad, acaba siendo un pelín menos convincente que la espectacular primera parte.

Takashi Yamazaki regresa con la historia de Shinichi y su compañero simbiótico Migi justo donde les dejamos, empezando la lucha contra los terribles organismos que se apoderaban de los humanos habitantes de Higashi Fukuyama como anfitriones.

Shinichi ha aprendido a exterminarlos con el uso de la mano, que se transforma en unas letales cuchillas ninjas y ha perdido la timidez y miedo de antaño, tras los tristes acontecimientos de la primera parte, y sacia su sed de venganza en un despliegue de gore y CGI aún mayores.

La película esta vez se divide en varias líneas argumentales, como el romance de Shinichi Satomi con una luchadora (aunque se prescinde de las encendidas escenas sexuales del original), la pérdida de su propia humanidad con los cambios, los avatares del equipo de asalto de la policía y la existencia de los parásitos caníbales ya organizados e infiltrados en todos los estratos sociales del país.

Se da así un giro drástico en la narración, que pierde su carácter lineal con una gran expansión de subtramas y personajes, lo que se agradece en parte-sobre todo con los villanos violentos, pero cada vez más humanos-pero se atrofia en un acelerado desenlace que acaba sabiendo a poco.

Y perdiendo su componente de terror prácticamente por completo, si bien es frenética y escandalosamente sangrienta, cargada de acción y buenas intenciones.

Basadas en el original cómic de 1988 de Hitoshi Iwaaki -y su reedición de 1995, las dos pelis, de 2014 y 2015 duran en total 226 minutos. Toman prestado el concepto de la novela clásica de 1955 de Jack Finney “Los ladrones de cuerpos” adaptada para el cine en varias ocasiones (1956, 1978, 1993, 2007).

Parasyte 2 es quizás un sacrificio apresurado de la historia, pero a su vez un colofón más que decente y una ambiciosa expansión, necesaria, pero que se queda corta por desgracia y deja a la deriva algunas de las emociones logradas en la primera parte, que ya de por sí desarrollaba bien poco a los personajes.

Ahora los parásitos ya están extendidos, y se multiplican estratégicamente más fuerte bajo el poder del recién elegido alcalde de la ciudad, Tsuyoshi Hirokawa (Kazuki Kitamura), Ryoko Tamiya (Eri Fukatsu) ha dado a luz un bebé medio parásito y Shinichi se va deshumanizando poco a poco mientras Migi le ayuda a exterminar a los invasores.

Algunas escenas son excesivamente dramáticas y con extrema fuerza emocional, hasta el punto de acabar pareciendo cursi por falta de desarrollo.

Aún así, la secuela conclusión, tiene suficiente humor y acción como para resultar aceptable y entretenida.

La película parece retratar la batalla real entre los policías y los secuaces de Goto, pero Yamazaki y su co-guionista, Ryota Kosawa, alcanzan mayor profundidad planteando cuestiones filosóficas como la posible convivencia entre inteligencias superiores, demostrando que el verdadero campo de batalla de la historia es el alma del protagonista, Shinichi.

Lo mejor: Técnicamente sigue siendo espectacular.

Lo peor: Su final explosivo completamente apartado ya del terror. Una refrescante alternativa a la scifi de Hollywood.


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