viernes, 3 de junio de 2016

Crítica: Eat

Si hay una cosa que me repugna y me saca de quicio, es la gente que se muerde las uñas. He visto de todo. Gente que se mete el dedo en la oreja y cuando lo tiene bien untado, se lo chupa como si no hubiese un mañana. Gente que se hurga la nariz cual excavación petrolífera y cuando tiene el moco más viscoso, se lo lleva a la boca para mascarlo a modo de chicle e incluso gente que se saca la roña resultante entre los dedos de los pies para luego olerse los ídem de la mano. Si, hay que ser cerdo, pero yo lo he visto. Allá cada uno como se excite. Pues con todo, me sigue dando más grima la gente que se muerde las uñas de las manos (de seguro lo harían también con las de los pies de tener esa posibilidad).

“Eat”, debut cinematográfico de Jimmy Weber, va un poco de todo esto. De viajar hacia lo desagradable, al tiempo que le pega una buena dentada en las pelotas a modo de sátira crítica al noble arte de la interpretación aplicado a la industria de Hollywood y de hacerlo además, viajando en Renfe, es decir, viajando mal. Y eso que tengo bastante claro tras el visionado de la obra, que el amigo Weber y yo, compartimos fobia hacia los “come uñas”. Lo tengo claro, porque el director, eleva dicha fobia, a la categoría de enfermiza obsesión y eso, que tan solo estamos intuyendo la tímida punta del iceberg, pues es cierto que “Eat”, va de llevarse cosas a la boca, va de ese apetito voraz que no somos capaz de satisfacer y va también, de esa muchas veces extraña y dificilmente comprensible relación existente entre los entresijos de mente y los placeres de la carne (ya sea vieja o nueva, como nos enseñó aquel sabio de nombre Cronenberg).

El canibalismo comienza a ser un tema bastante manido dentro del género de terror. Harto olvidados han quedado ya aquellos tiempos donde uno se escandalizaba con el lado más siniestro del apetito humano al degustar títulos como “Cuando el Destino nos Atrape” (“Soylent Green”, Richard Fleischer, 1977), “Holocausto Canibal” (Ruggero Deodato, 1980) y más recientemente “Ravenous” (Antonia Bird, 1999) o “Somos lo que Hay” (Jorge Michel Grau, 2010) por citar alguna de muchas. Más exclusividad encontramos en el caprichoso hecho de comerse a uno mismo, ahí tenemos un buen exponente en la francesa “En Mi Piel” (“Dans Ma Peau”, Marina de Van, 2002) y es precisamente ese sendero, o uno bastante cercano, el que recorre la película de Jimmy Weber, el del auto-canibalismo.

Y al igual que ocurría en la cinta de Marina de Van, quien se devoraba a ella misma, en “Eat”, el impulso de auto devorarse está directamente asociado a un estado muy concreto de la mente, pues es cuando el sujeto es expuesto a ciertas emociones, cuando siente esa necesidad primitiva de engullir su propia carne. Quizás esto, no quedaba tan claro en la película de Marina de Van, donde quizás se asociaba más el trastorno a algún tipo de enfermiza perversión. Si en “Eat”, donde la protagonista utiliza este curioso hobbie como consecuencia directa de la frustración y el fracaso, aunque tampoco creo que sea de especial relevancia indagar en las causas que lo propician, pues lo realmente interesante de la cinta, amén de la manida crítica de turno al negocio de Hollywood y al peso específico que tiene la imagen en esta sociedad muchas veces, carente de valores, reside en la carne en sí misma y en la capacidad por parte del director, de hacernos experimentar toda una serie de sensaciones que muchos, creíamos tener muy superadas.

No soy una persona que suela horripilarse ni rasgarse las vestiduras con lo que ve en pantalla y ni mucho menos, soy una de esas personas que siente la necesidad de apartar la vista de la pantalla para ahorrarse algún que otro disgusto, pero debo reconocer que “Eat” ha conseguido que lo haga en más de una ocasión, gesto además, acompañado por un fuerte apretamiento de ojete y todos sabemos, que lo de apretar el ojete no es un acto baladí que debamos pasar por alto. Por ello y en esa búsqueda interminable de sensaciones y nuevas experiencias como la que muchos entendemos esto del cine, no cabe duda de que “Eat” aporta su granito de arena, aunque sea en el dudoso marco de éxito de lo que vendría siendo la escatología.

Esto no deja de tener si cabe, un valor añadido, pues no es “Eat” una película que verse exclusivamente sobre el cine de terror, en realidad, diría que ni mucho menos es el ingrediente que predomina en la receta de un título que más bien pretende contarnos el enésimo cuento para no dormir sobre el fracaso y las consecuencias que este tiene sobre cada uno de nosotros. En este caso el de una actriz frustrada víctima de las miserias de la industria. Grandes esperanzas de futuro que se tornan en una oscura pesadilla de presente, una macabra espiral de la cual uno, es incapaz de escapar por más empeño que ponga en el intento.

La gran virtud de “Eat” es su capacidad por resultar extremadamente desagradable, sí. Pero lo más curioso es que las cotas de éxito son mucho mayores cuando lo hace a base de sutileza, que a base de embudo. No cabe duda que en este caso, el erotismo (como casi siempre) funciona bastante mejor que la pornografía y en “Eat”, una simple insinuación, vale más que la más gore de las imágenes, que las tiene. Por ello, la tragedia se masca en cada fotograma a modo de crónica de una muerte anunciada poniendo a prueba nuestra capacidad natural de contraer el culo.

Por desgracia, no todo es fiesta y contracción anal en “Eat”, pues para encontrar el placer, tenemos que soportar nuestras buenas dosis de dolor. Placer y dolor, ya lo decían los cenobitas. En este caso, el dolor viene dado por un guion repetitivo y muchas veces exasperantemente divagante sobre una misma idea que no hay que tener muchas luces para ver que da para lo que da y por supuesto, el resto de metraje hay que rellenarlo con algo, ese “algo” son un sinfín de irrelevantes diálogos sin el menor interés que funcionan a modo de agua y harina (que pega, pero no es pegamento) entre las eróticas comilonas onanistas de la protagonista, una más que solvente y rubísima Meggie Maddock, sobretodo si la comparamos con el resto de un reparto que se mueve, en el mejor de los casos, en la más absoluta “mediocridad”, por no salirme de lo políticamente correcto.

Ya hacia los bises del concierto, se introducen algunos nuevos elementos a la trama que la introducen más, no sin cierta artificialidad y alguna que otra nota de surrealismo, en terrenos más cercanos al terror o al thriller de corte más visceral que terminan de embarullar más si cabe, una mezcla que ya de por sí hacía gala del suficiente mestizaje estilístico como para liar más el asunto. Supongo que un intento desesperado por sacar al espectador de esa cárcel de anodino aburrimiento en la cual cumplía condena a falta de visitas. En este caso, no en forma de esposas con ligueros y la vagina perfumada, sino de la rubia en cuestión degustando el sabor de su propia carne haciendo gala de buenas dosis de escarnio y mala baba.

Una película curiosa que sin apenas medios y con una historia tan sencilla como tronada, consigue resultar por momentos, de lo más inquietante y perturbadora, aunque para ello, nos obligue a ahogarnos durante el proceso en el aroma de nuestros propios bostezos. Dicen que somos masoquistas por naturaleza, y aquí se trata de pasarlo mal para poder pasarlo peor, así que igual, hay bastante de cierto en ello. “Eat” no pasará a los anales de la historia del cine e incluso algunos, querrán darse cabezazos contra la pared (o lo que es peor, que me los de yo por haber podido convencer a alguien de que vale la pena perder el tiempo con esto), pero lo que no se le puede negar es que desagradable, es un rato. Y al menos en mi caso, se trataba de poco más que eso.

Lo mejor: La capacidad de meter el dedo en la llaga hasta el hueso de algunas escenas, es de juzgado de guardia. Los fantásticos FX y destacar también, la personal y “popera” secuencia inicial de créditos, todo un ejercicio de estilo.

Lo peor: Si arrancas de la ecuación dichas escenas y ya vienes con la lección sobre las miserias de la industria, aprendida de casa, lo que queda es un melodrama bastante soporífero.


4 comentarios:

Missterror dijo...

Rector-Tengo que decirte que es mucho mejor tu crítica que la película, y que te alabo el esfuerzo porque "eat" no da para mucho...Dicho esto, añado que estoy total y absolutamente de acuerdo con todo lo que comentas, porque "Eat" es una de esas películas que aburren y entretienen a la vez, ¿cómo se come esto? pues supongo que de la misma manera en la que se come uno de las uñas, y yo soy una de ellas, arrrrgggggg, por eso me ha resultado absolutamente imposible mantener la mirada en la pantalla en varias escenas, que aun no habiéndolas visto por grima extrema, me las imagino y no puedo quitármelas de la cabeza!!! Si hubieran sabido acompañar esas escenas tan potentes con un guión decente, dejándose de tanta cháchara intrascendente, cómo hubieran cambiado esas estrellitas...Con lo delicada que resultaba "Dans Ma peau" y lo chabacana que se vuelve esta... que ojo, no me molesta para nada esa rudeza en el conjunto, pero el guión es de mercadillo y eso resta muchos puntos a esta película.

Ya no volveré a morderme la uñas, eso sí.

Saludos

El Rector dijo...

Missterror, es raro (al menos en mi caso) que en los tiempos que corren, una película consiga hacer que apartes la mirada de la pantalla, en ese sentido, el éxito de "Eat" es innegable. Una lástima, como comentas, que este gran logro no haya llegado acompañado de algo un poquito más consistente en el resto de facetas, sin duda estaríamos hablando de una de las grandes películas de la temporada y no de una desagradable curiosidad que da tantas alegrías como penas.

Si al menos he conseguido con mis palabras, quitarte esa asquerosa mania (ni te imaginas la de cosas poco agradables que tenemos debajo de las uñas), ya me doy por satisfecho. ;)

Saludos.

JuanCar dijo...

¡Que grande es el cine, Rector!,

Que grande de verdad, puñetera casualidad que mientras me recomendabas este excelente film en la otra punta del blog, este menda y señora ya habían disfrutado la noche anterior de semejante lindeza. Desde que hiciste la entrada de esta película, la tenia anotada en la agenda como una prioridad.

Lo único que puedo decirte es que me ha encantado, y si me lo permites, déjame que le casque un par de estrellitas mas.
Argumentos no me faltan para hacerlo, desde unos memorables créditos con una pegadiza canción, una excelente protagonista, pasando por la excelente fotografía, un guion simple y tonto pero llevado con inteligencia, unos magníficos efectos de maquillaje, y el no va mas, una extraordinaria banda sonora que no me ha dejado de zumbar en los oídos en toda la noche. (SPOILER) Es arrebatador el tramo final que no por esperado resulta menos desgarrador, con ese sintetizador punteando los últimos instantes de vida de nuestra protagonista.

No voy a ahondar en la evidente metáfora que tan bien explicas en la entrada (el mundo del espectáculo te devora si o si), tan solo me importa el hecho de que un director con tan pocos recursos, sea capaz de sacar adelante un producto tan competente y tan entretenido. No le voy a perder de vista al señor Weber, claro que no.
De verdad que nos lo pasamos pipa.

Gracias por la recomendación, como siempre.
Parece que el año cinematograficamente hablando esta empezando a despegar un poquito, se nota y se agradece.

Un saludo.

El Rector dijo...

Juancar, te permito que le casques esas dos estrellas más y todas las que tu quieras, si tanto os ha hecho disfrutar a ti y a tu señora esposa. Yo no llegué tanto al hueso como vosotros y me quedé allá por la epidermis, un poquito más quizás, pues coincido con algunas de las virtudes a las cuales haces mención, pero desde luego, es una película que para bien o para mal, no deja indiferente y para mi, esas ya tienen el aprobado casi asegurado.

Sin duda, el año va madurando poco a poco y eso, que ayer, pese a todo el amor que le puse a la velada, no tuve narices de terminar ni "Dark Signal" ni "The Girl on Photograph", a cual más hedionda e infame.

Saludos.

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