viernes, 11 de noviembre de 2016

Crítica: Bed of the Dead

La cama es sinónimo de diversión. En ella pueden hacerse muchas cosas y casi todas ellas divertidas, si a ello y ya hablando en términos cinematográficos, le sumamos la coletilla “... of the Dead”, pues a uno puede pasársele por la imaginación algún tipo de suerte necrofílica o similar, teniendo en cuenta que dicha coletilla parece ser que se ha convertido en algo ya propio del cine de zombies. Pero la realidad de este lecho es otra, que nada tiene que ver ni con el cine de zombies, no con cualquier otra cosa que justifique adentrarse en una sala de cine a las ocho de la mañana, por muy festivalero que uno tenga el chip. Vamos, que si lo sé, me quedo en la cama.

Descartado ya el cine de zombies, lo que se esconde detrás del tan sugerente título “Bed of the Dead”, es una serie B de marcado carácter noventero con objeto maldito de por medio (sírvase cada uno sus propias referencias). Un tipo de cine que proliferó mucho en la década de los noventa y del cual han quedado grandes título para el recuerdo de los cuales, muchos de ellos forman ahora mismo parte de nuestras filmotecas particulares. Películas que rara vez vieron la luz en las salas de cine de nuestro país, siendo carne directa de videoclub, lo cual, hubo un tiempo, donde esto, ni mucho menos era sinónimo de mala calidad.

El caso de “Bed of the Dead” no deja de ser curioso. Lo es, porque siendo una película original o primogénita (para que nos entendamos), no luce como tal, sino más bien como una secuela. Es como si hubiera existido otra “Bed of the Dead”, una hipotética cinta de culto en algún momento indeterminado de finales de los ochenta, principios de los noventa, y unos años después, con menos recursos, el tal Jeff Maher, debutante director de la cinta, hubiese dirigido una que se yo: “Bed of the Dead 2: Return to the Bed”. Y es que “Bed of the Dead”, como secuela baratija para videoclub (muy al estilo de todo lo que generó la saga “Hellraiser” tras la cuarta (y aun potable) entrega dirigida por Kevin Yagher), habría dado perfectamente el pego.

La cinta de Maher comienza bien. Comienza muy bien. Se huelen y se palpan los noventa en ese prólogo muy bien ambientado de corte bíblico, donde se nos muestra el origen de la maldición que terminaría dando forma a la cama de la muerte. Uno ahí se frota los ojos y piensa que igual, el madrugón ha valido la pena y todo. La cosa continua con una puesta en escena inicial bastante sórdida, buenas mozas, algún que otro destete, cuatro tópicos simpáticos, algo de lenguaje mal sonante y un antro de mala muerte y perversión donde gente de toda índole da rienda suelta a sus fantasías sexuales como escenario de fondo. Ingredientes todos ellos, que sin duda conforman un potencial preámbulo de garantías para disfrutar de una buena sesión de serie B.

La cosa no continua mal, una rápida presentación de los personajes principales, los cuales se preparan para un excitante cambio de parejas (estas cosas no suelen terminar bien...) y ya los tenemos a los cuatro sobre la cama chunga en cuestión, adecuadamente ornamentada eso sí. Y ya sin apenas preámbulos, asistimos al primer asesinato, el cual da el pistoletazo de salida a la macabra situación que sustenta la trama. Si bajas de la cama, mueres. Bien, es original, tiene su punto, y la primera muerta, como aperitivo, se deja ver y puede ser el preámbulo de algo más sustancioso. Pero... malditos los “peros”, algo comienza a chirriar cuando llegan los anuncios y la acción se traslada a otro marco temporal y no porque la idea sea mala, todo lo contrario, es continuísta incluso con esa originalidad de la que os hablaba, pero es fácil darse cuenta de que el recurso, tiene bastante de trampa y a la postre, atiende más a rellenar metraje con paja, que a desarrollar una historia interesante. La típica cháchara intrascendente tan típica de los productos de videoclub.

Entre charla de almohada y charla de almohada con tintes detectivescos de saldo, regresamos con cuenta gotas a donde realmente se cuecen las habas, es decir, a la cama. En dicho escenario, el interés de la cinta crece bastante en comparación con el resto de pasajes, que son directamente insufribles. Las muertes se van sucediendo de manera paralela a la investigación policial del típico detective solitario y la verdad, es que pese a que se dejan ver y hay bastante sangre de por medio, no destacan especialmente más allá de la segunda de ellas, con una sabana de por medio (y hasta ahí puedo leer), que resulta de lo más cachonda. El resto ya digo, de aprobado justo y cogiendo un poco de aquí y poco de allá, del cine asiático de fantasmas, por ejemplo.

A todo esto, se nos van desvelando nuevos datos sobre la naturaleza de la maldición y su curioso apetito por las almas pecadoras, en lo que al final pretende ser otro de esos giros argumentales (no será el único) que tanto se llevan hoy en día dentro del género. No especialmente brillante ninguno de ellos. Pero al menos, se intenta y la verdad, con lo aburrido que resulta el desarrollo en diferido de la historia, se agradece. ¿Es suficiente como para salvar los muebles? Pues quizá en otro contexto sí, a las ocho de la mañana y haciendo auténticos malabares para permanecer despierto, pues los alicientes de la cinta se antojan pocos como para mantener el interés del espectador y la sensación final que queda, es la de que se ha desperdiciado una muy buena oportunidad de parir una buena serie B, por la incapacidad de construir una historia (el guion corre a cargo del propio Maher y de Cody Calahan, quien ya firmara el de “The Drownsman” hace un par de años) con un mínimo de gracia alrededor de los pocos pero aprovechables activos de la película.

La cinta está protagonizada por Alysa King, a quien reconocerán los que hayan seguido la reciente serie televisiva “Slasher” y encontramos también un pequeño cameo de Elma Begovic, protagonista de “Bite” (Chad Archibald, 2015), película de la cual el director Jeff Maher formó parte del staff técnico.

Lo mejor: La idea, algunos efectos especiales y su regustillo noventero.

Lo peor: Todo lo que sucede fuera de la habitación, carece del menor interés. Y por desgracia, es gran parte del tiempo.


2 comentarios:

Missterror dijo...

Tela marinera "Bed Of the dead", y digo tela marinera porque la película me preció de una cutrez a todos los niveles digna de mención con la que seguro que yo me hubiera ensañado de lo lindo, pero de repente leo tu inteligente análisis y has dado en el clavo!! algo que ni siquiera hubiera visto yo en un millón de años, porque la cabeza me da para lo que me da y resulta que tienes toda la razón del mundo: "Bed of the dead" debe ser la secuela IV ó V de una película que era interesante pero que no existe en esta dimensión, sino en otra donde el porcentaje de películas buena y malas es opuesto al que nosotros estamos acostumbrados.
Todo en esta película respira secuela chunga: la idea que nos se sabe explotar, los personajes, los diálogos, los efectos, el desenlace, el tremendo tufo a telefilme policiaco de canal 13, las prisas, la dirección...
Esto es poco más que un despropósito, que a mi modo de entender, no llega ni a tener un punto simpático. ¿Cómo pudimos gastar neuronas en viendo esto a esas horas de la mañana cuando lo que el cuerpo lo que necesitaba era dormir un poquito? La respuesta está en que sea como sea, esa sensación de estar una semana en un mundo aparte donde sólo se vive cine, se respira cine, se come cine y se duerme cine, hace que todo sea un recuerdo maravilloso :)

Saludos

El Rector dijo...

Missterror, como si tuvieras algo mejor que hacer en Sitges un Miércoles a las ocho de la mañana en una confortable habitación de hotel... pero sí, la verdad es que fue uno de los madrugones menos prolíficos del festi, a mi juicio, solo superado por la intrascendente "Fear Ink.", que me pareció bastante más aburrida que esta. Al menos "Bed of the Dead" tiene algún momento cachondo (el monstruo sábana es sublime digas lo que digas).

Saludos.

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