miércoles, 16 de noviembre de 2016

Crítica: The Transfiguration

Las modas van y vienen y ahora lo que se lleva son los homenajes. La RAE recoge el término “homenaje” como un acto o serie de actos que se celebran en honor de alguien o de algo. Así también como sumisión, veneración, respeto hacia alguien o algo. Y oye, todo esto está muy bien. No tengo nada en contra de los homenajes, todo lo contrario, más cuando de lo que se trata es de homenajear a algo que a uno le gusta, en este caso, el cine de terror. El problema viene dado por el hecho de que muchas veces lo llaman amor, cuando quieren decir sexo. O lo que es lo mismo, lo llaman “homenaje”, cuando quieren decir “plagio”. En ocasiones, resulta muy sencillo esconder la falta de creatividad, bajo tan recurrente y oportuno término. No es el caso de “The Transfiguration”.

Y sí, el debut cinematográfico de Michael O´Shea es un HOMENAJE al cine de terror, para ser más concretos, al cine de vampiros. Y lo pongo en mayúsculas para hacer notar el hecho de que esta vez, no hay ni trampa ni cartón detrás de la tan manida palabra. Aquí no se trata de plagiar ideas de nadie, ni de repetir las mismas pautas de siempre. “The Transfiguration” es un homenaje sincero y genuino que rinde culto a toda la mitología vampírica que ha acuñado el séptimo arte a lo largo de la historia y lo mejor de todo, lo hace a su manera, con un relato nihilista sobre las consecuencias sociales y psicológicas de un entorno problemático en el desarrollo de un tierno adolescente. Una historia a medio camino entre el terror y el drama social, que vuelve a poner de manifiesto que el terror, contradiciendo (mal me pese) al bueno de Chuck Russell, no solo tiene forma, sino que además y por suerte, tiene muchas.

Tras muchos años de maltrato por parte de la industria cinematográfica, es cierto que el cine de vampiros ha levantado el vuelo en estos últimos años. Y seguramente, todos coincidiremos en mayor o menor medida en cuales han sido los títulos que han contribuido a ello. Sin duda, hallaremos absoluto consenso en señalar a esa joyita venida de la fría Europa bautizada como “Déjame Entrar” (“Lat Den Rätte Komma In”, Tomas Alfredson, 2008) como piedra angular de esta corriente de neo cine vampírico “serio” y libre de clichés arcaicos. Y no cabe duda de que es la cinta de Alfredson, la principal referencia que a uno le viene a la mente cuando se adentra en el palpitante y supurante de cercanía y realidad, universo de “The Transfiguration”.

Tras el fantástico póster promocional, enésimo homenaje del filme a la cultura popular del vampiro, en este caso a uno de los más célebres que nos haya dejado el género, el Nosferatu de Max Schreck, descubrimos una intimista película independiente que vuelve a tratar miserias existenciales como la soledad o la exclusión social y que abre la atípica función con una secuencia sublime, quizás la mejor del filme o al menos, la que mejor lo define, haciendo de la ambigüedad un arte y no exenta del sutil pero siempre presente a lo largo del filme, inteligente sentido del humor. Toda una declaración de intenciones para entender todo lo que se nos viene encima y es que si bien no es difícil hallar los paralelismos con la película de Alfredson, sin ir más lejos, en su pareja protagonista o en el pesimista tono, “The Transfiguration” termina desmarcándose de aquella para indagar en sus propias inquietudes, algunas compartidas, otras, bastante más personales.

O´Shea se maneja con elegancia en esa zona intermedia situada entre el terror y el drama, haciendo equilibrismos sobre el precipicio sin llegar a caerse en ningún momento, pese a la introspectiva lentitud imperante en la narración, mucho más apropiada para abordar una historia dramática, que una de terror. De hecho, el cineasta, confeso admirador de colegas de profesión como Gaspar Noe o Lars Von Trier, no puede negar el impacto y la influencia de estos en su impronta. Aun así, “The Transfiguration” se defiende en terrenos “fantásticos”, escudada en un guión sólido que en ningún momento enseña más de la cuenta, haciéndonos partícipes del juego de entender o descubrir, valga la redundancia, a que juega la historia y de que pie calza el personaje de Milo. ¿Se trata de un vampiro que juega a ser humano, o bien de un humano que juega a ser vampiro? Para descubrirlo, habrá que recorrer todo el viaje junto al joven y aquí fabuloso Eric Ruffin, encargado de dar vida al solitario y fanático de los vampiros, Milo. Éste, encontrara un vínculo real con la sociedad, quizás con la humanidad, en la figura de Sophie (Chloe Levine, también estupenda), cuando esta entra en su vida.

La cinta está plagada de referencias al cine de vampiros. Milo tiene una extensa colección de viejas cintas grabadas en VHS con un buen puñado de títulos de culto del subgénero, títulos a los que O´Shea recurre a menudo para poner el punto simpático al guion y de paso, ganarse a algún que otro aficionado al género. Algunos dirán que mucha referencia, pero muy poco vampiro. Y es cierto, “The Transfiguration” no destaca precisamente por sus concesiones al terror propio del universo vampírico al que estamos acostumbrados (incluso “Déjame Entrar” no se olvidaba en ningún momento del tipo de público con el que estaba tratando), reside ahí su encanto, pero también su mayor handicap si las expectativas del espectador no terminan de comulgar con el espíritu de la obra, caso en el cual, este homenaje reinventado para la ocasión, puede terminar desesperando a más de uno.

“The Transfiguration” no es una película de vampiros al uso y por lo tanto, no es una película que vaya a gustar por sistema, a todo aquel que sea fanático de dicho universo. Incluso aquellos que disfrutaron con “Déjame Entrar”, pueden encontrar excesivamente restrictivas las peculiaridades de la película de O´Shea. Por el contrario, aquellos que se atrevan a jugar al juego que propone, a entender la cinta como lo que es, un drama existencialista con ecos de denuncia social y tintes de terror psicológico, encontrarán aquí, una de las propuestas más sobrias y elegantes de la temporada.

Lo mejor: La solvencia y elegancia con la que el guion esconde sus cartas, Eric Ruffin, el muy sutil pero omnipresente sentido del humor y el revelador desenlace.

Lo peor: Los guiños al espectador afín al terror clásico, se quedan en simpáticas referencias y poco más.


2 comentarios:

Missterror dijo...

Sin duda "The Transfiguration" tiene muchos elementos que cuando se analizan de la forma en la que lo haces, querido, empieza a ser una película a tener muy en cuenta y que va mucho más allá de lo que parece a simple vista.
Sin duda fue una sorpresa porque pese a su lentitud y toda esa cocción a fuego lento muestra otra perspectiva del cine vampírico que me parece de lo más interesante, porque Milo es un personaje apabullante que no hace ruido, pero que entiendes que es una bomba de la que se pueden sacar mil lecturas, porque Michael O'Shea juega a la ambiguedad con una elegancia absoluta y te mantiene despistado toda la película, porque este chico negro de catorce años no destaca en nada y sin embargo tiene un fondo tan oscuro que uno se pierde en él, porque el final es maravilloso y sigues con la duda hasta el último segundo y porque, como dices, valiente aquel que se aleja de las modas e intenta contar algo tan clásico desde una perspectiva tan emocional y porque Eric Ruffin está fantástico en su papel.
Película independiente que termina siendo mucho más dramática de lo que parece, con una factura técnica a la que poco se le puede reprochar. Como comentas, no será del gusto del gran público, pero que sí o sí tenemos que ver los cuervos.

Saludos

El Rector dijo...

Missterror, no es una película para todos los gustos y entiendo que aquel que busque la típica película de vampiros, se llevará un buen chasco. Pero que es una gran película, no hay ninguna duda. Además, tiene ese toque entrañable que le da un plus especial, el personaje de Milo, es de lo mejorcito de este año y su relación con Chloe, tiene ese puntito de magia que también tenían Oskar y Eli. Sé que la comparación con "Déjame Entrar" es inevitable y que esto, puede llegar a perjudicarla (de hecho, tengo muy claro que lo ha hecho), pero "The transfiguration", como digo y pese a partir de un punto de partida similar y con todos los posibles paralelismos, termina ofreciendo algo muy distinto a lo visto en la cinta sueca.

Me encanta la sutileza con la que maneja la ambigüedad. La secuencia de la relación de Milo con la leche y cereales, es un buen ejemplo de ello.

Recomendadísima.

Saludos.

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