martes, 14 de febrero de 2017

Crítica: All I Need

A veces, lo que necesitamos no es lo que deseamos y otras, no necesitamos lo que deseamos. En el caso que nos ocupa y entrando directamente en materia, tengo muy claro que “All I Need” (también conocida como “Wake In Fear” en un nuevo ejercicio de travestismo) encaja perfectamente en lo segundo y es que si una cosa no se le puede negar a los señores de Grimm Entertainment (productora del filme), es el hecho de haber sabido disfrazar a su producto con la suficiente elegancia como para que algunos hayamos picado el anzuelo y nos hallamos acercado a un título del que en otras condiciones, habríamos huido como del mismísimo diablo. Tampoco han inventado la panacea, un póster retro con eco a los mitificados (no sin razón) años ochenta, ha sido más que suficiente para hacernos cambiar el chip, la percepción que pudiéramos haber tenido de esta “All I Need” cuando aun respondía al título de “Wake In Fear” vistiendo un horripilante afiche promocional digno de la peor producción directa a mercado doméstico y hacérnoslo desear de forma vil.

Quien haya consumido alguno de los manjares que sirve Grimm Entertainment en sus restaurantes de comida rápida, ya sabrá más o menos por donde pueden ir los tiros. No obstante, puede que estemos, con permiso de “White Settlers” (Simeon Halligan, 2013), ante su propuesta más apañada y sin duda, una experiencia bastante más disfrutable de lo que podría aparentar, como he comentado, su horripilante primigenio póster. Muy acertado en este sentido la nueva capa de pintura, pues es cierto que la película del debutante Dylan K. Narang, quien dirige, escribe y produce el filme, maneja algunas ideas interesantes que podrían haber dado, quizás con algo más de recursos, experiencia, o ambas cosas, para una propuesta bastante destacable dentro de un subgénero tan visitado en la actualidad como es el de los thrillers de terror a base de secuestros y aires a torture-porn.

“All I Need” nos propone el enésimo cautiverio con vaya usted a saber que maquiavélicos fines. En este caso, obviando acontecimientos previos y tirando de un formato que ya hizo grande (y exportable) en su día el bueno de James Wan en su “Saw” (2004). El efecto de esto en el espectador, se traduce en una insana curiosidad que ayuda y mucho a sobrellevar, una situación tan desagradablemente familiar como la que se nos está proponiendo, en la que Chloe, encarnada por una ya habitual en el género Caitlin Stasey (“Fear Ink.”, “Yo, Frankenstein”, “Evidence”), despierta maniatada y amordazada en ropa interior sobre la moqueta de una habitación junto a otra serie de mujeres en mismas condiciones.

A partir de ahí, Narang destapa la mejor de sus bazas, una historia a dos bandas donde dos subtramas bien diferenciadas en apariencia, la de Chloe por un lado, y la de un tal Vagrant por otro, un tipo solitario que intenta ganarse la vida como puede para intentar recuperar a su hija, se irán precipitando hacia el inevitable nexo de unión. Sin duda, un gran punto a favor de la cinta, ese intento de salirse del sendero marcado y mil veces recorrido es digno de elogio y así lo hago, aunque por desgracia el resultado final diste mucho de ofrecer un título redondo, más bien uno cuadrado y de ásperas aristas.

El principal problema de “All I Need” es que ninguna de las dos subtramas, tal y como están enfocadas, dan para rellenar hora y media de metraje. Esto se hace especialmente palpable en la de Chloe, que es también la que ocupa mayor cuota de pantalla. Todos sabemos lo que suele ocurrir, cuando se intenta llevar un cortometraje a jugar con los mayores. Ejemplos hemos tenido varias recientemente: “Mamá” (Andrés Muschietti, 2013), “Baskin” (Can Evrenol, 2015) o “Nunca Apagues la Luz” (“Lights Out”, David F. Sandberg, 2016) por citar algunos buenos ejemplos de esa fallida mutación de corto a largometraje. “All I Need” da esa misma sensación de cortometraje alargado a lo largo de todo su metraje y en esta ocasión, a falta de otros recursos, la dilatación viene dada a base de alargar hasta el extremo las secuencias. Todas las acciones llevadas a cabo por Chloe, más o menos estúpidas, están rodadas al ralentí para engrosar el crono. Lo cual puede terminar por agotar la paciencia de más de uno.

Además, hay que tener muchas tablas o talento, para sacar rédito en un entorno tan limitado como en el que se desarrolla aquí la acción: una pequeña habitación. Lo hemos visto antes y lo hemos visto bien hecho. Ni que decir tiene que gente como Rodrigo Cortés ha conseguido sacarle un partido increíble al tiempo y el espacio. No es el caso de Narang, que pese a las buenas intenciones, termina cayendo en la reiteración y consiguiente pérdida de revoluciones del motor en la tensión del espectador, donde algunas situaciones incluso, terminan cayendo en lo cómico por imposibles.

No obstante, no cabe duda de que la curiosidad, ese gran activo sembrado al inicio del filme, sigue manteniéndose intacta hasta bien avanzada la función, al menos hasta donde le llega el fuelle a la trama de Vagrant (aquí ya, la fecha de caducidad viene dada por lo afinado que tenga el ojo el espectador), momento en el cual se ve venir la jugada y el elemento “sorpresa” se disipa. A mi gusto, bastante más pronto de lo que hubiera sido deseable y sobretodo propicio, para uno de esos giros finales que tanto se llevan y que como en otras muchas ocasiones, no todo el mundo sabe hacer. No todo el mundo se llama M. Night Shyamalan. En “All I Need” se pierde esta oportunidad por culpa de la torpeza (o poca sutileza) a la hora de desarrollar esta segunda trama.

Buenas ideas, incertidumbre, algunas gotas de tensión, correctas interpretaciones (Caitlin Stasey sabe sufrir a las mil maravillas y sabe como compartirlo con el espectador) y un montón de chicas en ropa interior, por una vez, no sospechosas de gratuidad, es lo mejor que tiene por ofrecer un thriller de terror modesto que termina sucumbiendo al peso de su propia modestia y a la incapacidad por mover semejante software con tan limitado hardware. Un quiero y no puedo que pese a todo, y lo irregular de su resultado final, se deja ver, sabe mantener el interés del espectador bastante más rato de lo esperado e incluso nos regala algún que otro momento de apretar el culete. Grata sorpresa y decepción, a partes iguales.

Lo mejor: El póster retro (sin él, seguramente no estaríamos aquí), Caitlin Stasey y la idea de jugar a dos bandas.

Lo peor: La acción está estirada al extremo y el volantazo final, se ve kilómetros antes de la curva.


2 comentarios:

Missterror dijo...

Jo, Rector, empiezo a pensar que soy un poco rata de cloaca con las calificaciones porque estoy de acuerdo con todo lo que expones, sin embargo creo que todo eso no fue suficiente para que aprobara. Como comentas el hecho de que se desvele la "sorpresa" antes de tiempo juega muy en su contra, porque el poco punch que quisieron darle a la película, se pierde por completo en la parte final. Una pena que se consigue interés y tensión y se cierre de una manera tan desacertada. Si a eso le sumamos esas escenas infinitas que dejan claro que la idea es simple como ella sola y que esto no daba para un largometraje, pues me temo que poco podemos salvar de la quema.
Destaco el trabajo de Caitlin Stasey y como dices, el hecho de diferenciar las dos tramas, aunque cuando convergen sea el acabose...

Ayyyyyy, ¿para cuándo un pelotazo de los buenos?

Saludos

El Rector dijo...

Missterror, la verdad es que últimamente eres dura de roer... yo me quedo con la idea, las interpretaciones (que no están nada mal) y con ese halo de misterio e incertidumbre que consigue mantener gran parte del metraje, aunque como hemos comentado, termine destapando las cartas demasiado pronto y el final pierda toda la fuerza que debería haber tenido.

No obstante, me parece una película que se deja ver y que contiene algún que otro momento destacable, pese a las limitaciones del escenario. Además contiene también esa sutil pero clara crítica al repulsivo clasismo, que siempre hace ganar puntos. Fíjate si no en la de enteros que gana una mediocridad como "The Evil in Us", gracias a su tono crítico final. Detalles que suman.

Saludos.

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