jueves, 30 de marzo de 2017

Crítica: Curso 1999

Vámonos a la época dorada de los videoclubs, donde pasábamos horas analizando las portadas de los VHS a falta del señor Google, para saber qué película elegir, cual descartar, debido a nuestra economía adolescente en la que había que administrar de manera eficaz el escaso capital del que disponíamos. ¡Qué buenos tiempos! Todo se valoraba más, no existían los torrents y sí lo analógico, el formato físico, que era la única alternativa. Para muchos locos como yo el formato físico y original sigue siendo una especie de culto, una afición interminable y cara, pero que nos hace muy felices. Una de las cintas que más feliz me hizo en su día es ésta mítica “Class of 1999”, conocida aquí como “Curso 1999”, y con el miedo de retomarla y ver si había envejecido mal, me dispuse a su visionado para hacer un “remember” del bueno.

Considerada para muchos nostálgicos una pieza de culto cyber-punk de los 90’s, no faltan motivos para darle ese lugar de preferencia. Su director, Mark L. Lester, ya nos puso en antecedentes con “Curso 1984”, una buena cinta donde los alumnos eran los malos y los profes tenían que aguantar el chaparrón. Con “Class of 1999” nos encontramos con una secuela alocada y basada en una genial idea de la que sacar mucho jugo en pantalla, con una buena dosis de violencia, bandas callejeras, drogas, robótica y disparos: ingredientes de sobra para darnos una buena velada de entretenimiento sencillo y efectivo.

Nos situamos en EE.UU., en Seattle, en 1999 (que se supone que es el futuro, ahora me lo cuentas y vaya tela), las bandas dominan el país (a lo “The Warriors”) y los centros educativos, situados en zona de “fuego libre” donde no puede pasar la policía, representan el caos y la ultraviolencia generalizada. Bradley Gregg encarna a un joven recién salido de la cárcel, miembro de la banda “Corazones negros”, cuyo destino inmediato es volver a clase para seguir reformándose. Allí se enamorará de la actriz Tracy Lind, que es la hija del director, encarnado por el mítico Malcolm McDowell (“La Naranja Mecánica”) y forjará una unión con ella para hacer frente a los futuros acontecimientos.

Nuestro querido director viendo que el plantel no hay por donde cogerlo, decide formar parte de un experimento llevado a cabo por el científico loco interpretado por Stacy Keach. Aquí hago un paréntesis para deciros que éste “mad-doctor” da más miedo que la niña del exorcista: absolutamente delirante su estética de pelo blanco con coletilla, bigote negro y lentillas blancas, una especie de bastardo de laboratorio sin escrúpulos digno de ser “el malo final” de cualquier videojuego de los 80’s. Brillante. Pues bien, qué mejor que controlar las clases con cyborgs infiltrados como humanos en vez de profesores, y así de manera pionera y con intención de implantarlo en el resto del país, tenemos a otros tres personajes que dejarán huella en tu retina retro: la explosiva profesora de química Pam Grier, el viejo profesor de historia John P. Ryan y el músculitos Patrick Kilpatrick como profesor de educación física. ¿Tres estilos diferentes de profesores? Aparentemente sí, pero qué buen juego darán cada uno a lo largo de la película. Yo me quedo personalmente con el papel de Pam, mito del “blaxploitation” setentero (películas de bajo coste basadas en la violencia y dirigidas fundamentalmente al público negro) y rescatada por Tarantino en “Jackie Brown” (1997).

Según avanzan las clases los cyborgs que en un principio logran controlar a los tipos más rebeldes, eso sí, con un autoprograma de castigo físico de diferentes niveles (ligerito, normal y severo), y que parece no estar muy fino a la hora de suavizar los castigos, acojonan al personal de lo lindo a la vez que sus verdaderas intenciones programadas por el mad-doctor van saliendo a la luz.

Es curioso como todo el film se centra en la educación, en los institutos, lo que la hace entrañable y diferente, ya que en su momento ya la mítica y amada “Robocop” puso el orden directamente en las calles con un cyber policía invencible. Sin duda, el gran logro de ésta cinta de serie B de altos vuelos, es lo entretenida qué es.

Su estética claramente ochentera, llena de clichés y tópicos, la hace magnética, aunque a la vez la distorsiona y deshumaniza, cosa que puede ser un fallo a mi entender si queremos profundizar más en las personalidades de los alumnos en sí. Si de primeras damos a entender que todos los malos malísimos del país son punkis y heavys, además se meten drogas hasta en la sopa… por lo menos en “The Warriors” las bandas eran más creíbles, por su variedad estética y cultural, aquí patinan un poco. Ojo, que si al hacer este producto querían enseñarnos un “Final Fight” en película, ese juego de recreativa de ir metiendo hostias a cascoporro a todas las tribus urbanas antes mencionadas, es desde luego genial, y en parte eso la hace un producto entrañable y nostálgico. Si además, metemos una mezcla de cyborgs a lo “Terminator”, el producto llama mucho la atención. Y sí, la mejor parte la tenemos en los artesanales FX, donde podremos ver como literalmente los robots se van despellejando y mostrando sus armas especiales, las cuales emplearán a fondo contra nuestro “corazón negro” y otras bandas que deciden unir fuerzas para parar la carnicería. Realmente no han envejecido nada mal estos efectos, para mí, superiores a la era digital, puesto que son impactantes y bien resueltos.

La película no da más de sí, el guión que en un principio nos plantea algo realmente interesante, se desinfla un poco al final, pero gracias a toda la artillería y acción nos tendrán atentos hasta el último minuto.

Las actuaciones de los profesores, el director y el científico loco son más que correctas, nos dan la chispa necesaria para encender y son creíbles. Sin embargo, Bradley Gregg, aunque él lo hace bien, su papel podría haber sido mucho más profundo. No sé si tanto como “John Connor” en Terminator, pero si se supone que él es el protagonista de esto y el salvador, y el macho alfa que se enamora de una pija y logra ponerla de su lado para luchar con los cyborgs, se me descuelga mucho del resto de personajes. Al principio, nos intentan vender el drama de su hermano y madre yonkis, pero surgen los peores minutos de la cinta en esos momentos, tan poco creíbles y tan encasillados, que le quitan puntos al conjunto.

No obstante, aquí no venimos a ver giros argumentales, venimos a ver una película de acción y violencia ochenter, y de verás, que me parece de la época de las mejores sin lugar a dudas. He sentido muchos recuerdos al retomarla, y creo que cualquier fan del género cyber-punk sabrá apreciarla y venerarla por una buena temporada. Me pregunto, si decidieran hacer un remake hoy en día qué saldría de ahí.

Lo mejor: Es un videojuego lleno de maravillosos clichés, FX, personajes entrañables…y una banda sonora curiosa donde podemos encontrar un temazo de los mismísimos NIN.

Lo peor: Le falta al guión darle un golpe final y una trama entre los personajes más consistente. Puede que para muchos sea un producto caduco y previsible.


2 comentarios:

RONETTE PULASKI dijo...

Rhaul, cuánto tiempo! vaya joyita nos traes. No me explico cómo yo, que pasé más tiempo en los videoclubs que en la biblioteca de la facultad, no la conocía. Pues nada, tendré que verla!

Rhaul Black dijo...

Hola Ronette!
He estado super liado este mes pero ya ando mas descargado y puedo escribir más!
Pues esta película lo lleva todo para entretenerte bien cualquier tarde en casa: acción, personajes delirantes, cyborgs malos, pandilleros drogatas, tiros, fx a la vieja usanza... el VHS le debe una a ésta peli! Espero que e guste, ya me cuentas

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