domingo, 16 de abril de 2017

Crítica: Peacock

Michael Lander debutó como director en 2010 con Peacock, un thriller de corte psicológico que fue traducido en nuestras tierras como El misterio de Peacock. De eso hace ya siete años, y nada más se ha vuelto a saber del bueno de Lander. Supongo que la película de Lander tuvo una tibia acogida entre el público. Ciertamente, Peacock tiene elementos suficientes para ello, a favor y en contra. Un extraño equilibrio que nos impulsa a seguir viendo el film, pero que no deja un gran poso en el espectador.

A mi parecer, es la típica película que pasa totalmente desapercibida entre el público, incluso, contando con un reparto principal tan atractivo como Cillian Murphy, Ellen Page y Susan Sarandon. Lander que ha coescrito el guión junto a Ryan O Roy, del que tampoco se ha vuelta a saber nada hasta la fecha, nos ofrecen un producto que, argumentalmente, está más cerca del cine de sobremesa que de la gran pantalla. Aunque, también goza de elementos muy cinematográficos, como la fotografía de Philippe Rousselot (Big Fish) o el montaje de Sally Menke, editora habitual de los films de Quentin Tarantino, hasta su triste fallecimiento en 2010. Siendo precisamente, Peacock el último trabajo editado por la Neoyorquina.

Aunque de no ser por la doble y buena interpretación de Cillian Murphy, que por aquel entonces ya gozaba de cierta fama al haber participado como Espantapájaros en Batman Begins de Christopher Nolan, Peacock no destacaría ni un ápice por encima de la media de cualquier telefilm de sobremesa.

Un fortuito accidente ferroviario que tiene lugar en la localidad de Peacock (Nebraska) entraña, en realidad, un misterio que afecta a John, un empleado de banca que prefiere pasar desapercibido.

Cillian Murphy se encarga de rescatar el film con su doble interpretación de Emma y John. Ambos papeles los interpreta con acierto y credibilidad. Aunque, es curioso que nadie en el pueblo se percate de que en realidad son la misma persona. A pesar del maquillaje y esa frondosa melena castaña que luce su alter ego femenino, en los rasgos faciales, ambos son casi idénticos. Incluso, para que alguien pueda llegar a creer que guardan parentesco alguno.

La única que momentáneamente parece sospechar algo, es Fanny, la mujer del jefe de John, interpretada por Susan Sarandon (The Lovely Bones). Pero sus sospechas no trascienden. Así que supongo que todo el pueblo es muy ingenuo o debe padecer prosopagnosia (enfermedad que impide recordar los rostros), porque no se explica semejante desliz. En fin, una licencia cinematográfica de tantas, que como espectadores, tenemos que asumir si queremos disfrutar de las justas virtudes del film presente.

En cuanto a las dos personalidades interpretadas por Murphy, son la noche y el día. Una es amable y tierna, mientras que la otra, es agresiva y brusca, además de mostrar cierto desequilibrio mental. No voy a decir cual es cada una, para no hacer un posible spoiler. Aunque Peacock tiene sus propios dimes y diretes argumentales, es casi imposible hacer caso omiso a Norman Bates y su madre en Psicosis de Alfred Hitchcock. Clara influencia y gran parecido en la forma que Lander expresa el trastorno de doble personalidad en la película. Una lucha interna, en la que Emma parece guiar los pasos de John, menos agresiva, pero similar a la obra de Hitchcock.

Desde el principio queda más que definido el motivo que ha llevado a John a desempeñar ese alter ego que guía su vida y sus labores. Un motivo que no trae nada nuevo bajo su tejado y que queda completamente desvelado al inicio del film, aunque no fuese la intención inicial de su director. Pero ni por asomo se acerca al género de terror como lo hizo el bueno de Hitchcock. Como comentaba al principio de la crítica, todo gira en torno a lo psicológico y el cómo ambas personalidades luchan por ganar terreno una frente a la otra, un contraste bastante curioso que da pie a que el espectador siga mínimamente interesado en lo que va a suceder, ya que la historia que se nos presenta, aunque se divide en dos, ninguna es demasiado destacada.

Por un lado, tenemos la historia personal de Ellen Page que aporta el punto dramático con la intención de emocionar al espectador y que sienta compasión por la historia personal de la joven. Pero el maestro de ceremonias y principal impulsor del film sigue siendo el trastornado Murphy y sus dos personalidades. En esta línea argumental, el film hace una crítica al mundo laboral y a las campañas políticas a la presidencia. El pueblo de Peacock es un pequeño pueblo de esos aislados del mundo exterior con cierto aire onírico que se ve reforzado por la partitura de Brian Reitzell (30 días de oscuridad) que mantiene el equilibrio entre realidad y ficción. Peacock es como un cuento para adultos del que podemos rescatar la doble interpretación de Murphy, que al final es lo que mantiene nuestro interés durante sus correctos 90 minutos.

Lo mejor: La doble interpretación de Murphy.

Lo peor: A nivel argumental, el regusto a película de sobremesa.


2 comentarios:

El Rector dijo...

Coincido. Reconozco que no conseguí conectar con la historia que se nos cuenta y muy a pesar del buen hacer (nada nuevo) de Murphy, desconecté de la trama antes de tiempo.

Es una pena que no se optara por enfocar la historia hacia el género de terror, por más que esta no hubiera dejado de ser un acercamiento más o menos afortunado a "Psicosis". En lo personal, seguro que lo habría disfrutado más que este thriller tibio que no termina nunca (al menos en mi caso) de enganchar.

Saludos.

Patrick Bateman dijo...

Supongo que precisamente por eso, para que no la comparen con la del maestro del suspense, toma un camino muy alejado del terror. A mí me entretuvo, pero es tan fácil de ver como de olvidar.

Saludos

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