sábado, 3 de junio de 2017

Crítica: Sweet, Sweet Lonely Girl

Como todo, esto del cine de terror se mueve por modas. Y ahora, parece ser que lo que se lleva es jugar al despiste, a la insinuación, a una sexy silueta de mujer que contornea sus curvas detrás de un biombo, sin que tengamos muy claro si su nombre es Mandy, o Manolo. Para eso, tendremos que esperar al final de la velada, ahí sabremos si la cosa termina bien o mal, si estamos hablando de una comedia, de un drama, o de una historia de terror tentacular al más puro estilo Lovecraft. Si finalmente ha sido Manolo, quien hábilmente ha escondido el canario en la jaula, descubriremos lo rentable que puede llegar a resultar para algunos esto de la ambigüedad. Hoy, uno se pone a ver una supuesta película de terror y no siempre lo tiene del todo claro. A veces, hace falta estar lo suficientemente cerca de la jaula como para meter la mano y comprobar si hay o no canario en su interior, con los muchos peligros que ello conlleva. Deporte de riesgo, que no todo el mundo está dispuesto a practicar.

“Sweet, Sweet Lonely Girl” es el enésimo título de terror (¿?) reciente que juega al despiste. Subirse al carro cuando ya está en marcha, es un caramelito demasiado dulce para algunos y un habitual del terror de pocos quilates como A.D Calvo, no iba a dejar pasar la oportunidad de aprovechar la buena inercia de un viaje hacia un potencial exitoso destino, surgida ésta. Calvo (como el atún), cambia completamente de registro en relación a sus convencionales anteriores trabajos (véanse “The Midnight Game” o “House of Dust”) para ponerse a filmar desde detrás del biombo una nueva propuesta plagada de ambigüedades que se enmarca perfectamente dentro de este nuevo movimiento de cine de terror poco encasillable, por más contradictorio que esto pueda sonar. Un tipo de terror que aboga claramente por los minimalismos, la austeridad y un desesperado intento por alejarse de los tópicos y los clichés imperantes en el género desde que el mundo es mundo. No deja de ser gracioso o poéticamente macabro, según se mire, que dicha huida hacia delante, haya generado casi por accidente, un buen puñado de ellos de nueva cuña.

“Sweet, Sweet Lonely Girl”, bajo su estética de corte setentero, intenta recorrer la senda que ya transitara un primerizo y por aquel entonces harto prometedor Ti West con la genial “La Casa del Diablo” (“The House of the Devil”, 2009), con la cual, además de estética y tempo, comparte un elemento fundamental, una gran casa residencial como escenario de fondo. Para la ocasión, Calvo se vale de otro de los horrores universales por antonomasia del ser humano, para moldear el relato: la familia. Una excéntrica tía lejana, afectada de un severo caso de agorafobia, que vive recluida en una habitación del casoplón, es el sugerente punto de partida de la función. Adele (Erin Wilhelmi), su inocente sobrina, recibirá el encargo de cuidarla por parte de su madre, vistas al posible fallecimiento no muy lejano de la señora, que no anda muy fina de salud, para lo cual, se traslada inmediatamente a la casa donde permanecerá junto a su peculiar tía Dora (Susan Kellermann), quien nunca sale de su habitación.

La materia prima no puede ser de mejor calidad, pero claro, la mano del cocinero es tan o más importante y visto el resultado, no parece ser que el director esté especialmente dotado para el noble arte de la cocina, por más que intente seguir la receta al pie de la letra. Minimalismo (lo de los personajes secundarios parece ya algo del pasado), cocción a fuego lento y mimo por el detalle (intentado dotar de transcendencia a lo intrascendente), son elementos de manual que tiene que contener cualquier título que quiera hacerse un hueco dentro de este nuevo movimiento de cine de terror “vergonzoso” o tímido. Cuantos menos personajes mejor, en este caso, el núcleo duro de la historia está compuesto por tres, Adele, Dora y un tercero en discordia a modo de caja de Pandora, Beth (Quinn Shepard). Con ella, Calvo hace su personal apuesta sobre seguro explotando otro de los grandes filones y fetiches, del público (especialmente del masculino), la homosexualidad femenina. Por supuesto, siempre desde detrás del biombo y jugando al despiste, haciendo de la insinuación una escopeta cargada que apunta, pero no dispara y emulando una treta, la de la carga erótica no implícita, que por historia, siempre ha resultado muy rentable en términos de reclamo y ahí quedan como acuse de recibo títulos tales como “Alta Tensión” (“Haute Tension”, Alexandre Aja, 2003), “The Moth Diaries” (Mary Harron, 2011), “Alyce” (Jay Lee, 2011), “Jack & Diane” (Bradley Rust Gray, 2012) o “Julia” (Matthew A.Brown, 2014), los cuales tienen en común el hecho de utilizar la denominada tensión sexual, como una herramienta narrativa más.

El principal problema de la película, es que pese a su seductor punto de partida y lo bien estudiada que calvo tiene la lección, en ningún momento consigue transmitir esa perturbadora sensación subliminal que por ejemplo, si ponían sobre la mesa películas como “Shelley” (Ali Abbasi, 2016) o “Honeymoon” (Leigh Janiak, 2014), que si bien en apariencia parecían no transitar por el terror, siempre había algo inquietante presente que nos tenía sobre aviso y nos mantenía en guardia. Incluso la controvertida “The Neon Demon” de Refn, ofrecía este tipo de sensaciones bajo su bonito envoltorio. No es el caso de “Sweet, Sweet Lonely Girl”, lo cual no deja de ser curioso pues, de todas ellas, es la que tiene una historia más reconocible por el fan del terror. En esta ocasión, el director se pasa de la raya en su intento por alejarse de la senda y jugar al despiste, tanto, que cuando quiere recuperar el tiempo, ya es demasiado tarde, incluso para el acelerado y brusco volantazo final.

Que el guion contenga todas las trampas habidas y por haber, tampoco ayuda precisamente a que el último tramo del filme resulte creíble, todo lo contrario. La trampa y el cartón de la historia se verían venir de lejos, de no ser por dichas trampas, muy al estilo del Aja bribón de “Haute Tension”, que hacen que la historia sea absolutamente inverosímil.

“Sweet, Sweet Lonely Girl” es una nueva historia de terror disfrazada de drama, o un drama disfrazado de historia de terror (eso ya depende de las prioridades de cada uno) en este caso, sobre la soledad, las miserias de la familia y el descubrimiento de la propia identidad sexual, que si bien pone en funcionamiento todos los mecanismo del nuevo drama de terror, ni por asomo consigue generar las sensaciones conseguidas por otras compañeras de generación, quedándose en una historia que va de más a menos y que pese a la lograda ambientación y el inmejorable escenario, termina haciéndose pesada y anodina, incluso para aquellos que como yo, sepan por lo habitual, encontrarle el gustillo a este tipo de relatos de cocción lenta y ambigüedad estilística.

Lo mejor: La estética setentera, el hábil uso de los silencios y las muchas posibilidades que ofrece la adorable tía Dora...

Lo peor: … que por desgracia, no consiguen explotarse de manera satisfactoria. Por no hablar del tramposo giro final.


6 comentarios:

Patrick Bateman dijo...

Pues vaya. Antes de llegar al tercer párrafo ya estaba pensando yo en The House of the Devil. Lástima que no hayan sabido exprimir la tensión en todas y cada una de las vertientes que mencionas, sobre todo, la sexual. :)

Saludos

Missterror dijo...

Rector, esta chica por muy dulce que sea es aburridísma! A mi las películas minimalistas, con largas pausas, pocas palabras pero mucho que contar en estos espacios en blanco, me encantan, pero es que "Sweet sweet lonely girl" no hay por donde cogerla. NO es capaz de despertar interés en ningún momento del nudo y desenlace de la historia porque te vas oliendo la tostada y sabes que es tan tramposa que clama al cielo. Luego tenemos ese intento desesperado de llamar la atención a través de esa relación gay femenina a modo de anzuelo para ver si alguien pica, pero que termina en tierra de nadie y lejos de tener peso en la narración es un mero adorno, una vez más tramposo para intentar dar algo de color a esta narración gris.
Como dices, el escenario era el perfecto y la estética está conseguida, pero esto no arranca nunca, ni con Dora, ni con Adele, ni con Beth.
Curioso que se intente desesperadamente huir de los tópicos y se acabe cayendo en picado en ellos por culpa de un nefasto guión.

Saludos.

El Rector dijo...

Sr.Bateman, si disfrutaste con "La Casa del Diablo", no creas ni por un momento que lo vas a hacer con esta, por más que se empeñe en ofrecer una experiencia "similar".

Y de sexo, nada de nada. Un simple reclamo.

Missterror, las relaciones homosexuales entre féminas, ha funcionado en otras muchas ocasiones, pero aquí les sale el tiro por la culata, pues en ningún momento se atreven a tirar recto por ese camino, y la cosa se queda en otra insinuación más de las muchas que el filme propone pero que nunca termina por perpetrar.

Una pena, porque la ambientación y la historia las tiene y esa tía Cloti... quiero decir, Dora, hubiera dado para mucho más juego del que aquí termina dando. Un papel que le hubiera venido al dedillo a la Bette Davis o la Barbara Steele de turno.

De las trampas del guion, mejor ni hablamos. No quería creerme que la cosa fuera a ir por donde parecía que iba, pero sí, en un macabro ejercicio de falta de pudor por parte de los guionistas, así fue.

Saludos.

Patrick Bateman dijo...

Si que lo hice. Vaya chasco, tenía buena pinta.

Saludos.

El Rector dijo...

Sr.Bateman, usted tranquilo, que tengo yo por ahí alguna recomendación (extrema) para hacerle a ver si le quito el mal sabor de boca... en privado ;)

Saludos.

Patrick Bateman dijo...

Hola Rector.

Yo encantado. Últimamente me estoy llevando cada varapalo. Tengo ganas de ver algo que merezca la pena recordar.

Saludos.

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