martes, 12 de septiembre de 2017

Crítica: Boys in the Trees

No toda la fruta madura a la misma velocidad. De la misma forma, no todos crecemos al ritmo del mismo compás. De hecho, algunos ni lo hacemos, ni lo haremos nunca. Llegados a cierto punto de nuestras vidas, esta se convierte en una carrera de fondo más o menos confortable según como nos reparta suerte la diosa fortuna, pero, no siempre fue así. Hubo otra época de nuestras vidas en que la cosa no iba de resistir, sino de llegar el primero en un extenuante sprint, en el cual, todos aquellos que se iban quedando atrás, corrían el peligro de perder ese tren de destino incierto, pero que supuestamente debería llevarnos a algún lugar mejor. Los que se quedaban atrás, los rezagados, corrían el riesgo además de una suerte aun más cruel, ser devorados por la excitada y hambrienta manada del Canis Lupus, pues bien sabido es que el hombre es un lobo para el hombre y que por desgracia, en la vida real, el pez grande siempre se come al pequeño.

“Boys in the Trees” del debutante Nicholas Verso es un retrato me gustaría pensar que macabro o pesimista (aunque mucho me temo que bastante realista) de ese estadio tan trascendental dentro de la vida de un individuo como es la transición de niño a hombre, de niña a mujer así como las consecuencias que esto tiene para uno mismo y para los demás, en relación a nuestra relación con ellos. Una vez alguien dijo que la inocencia termina cuando sabes que vas a morir y alguien debería haberle dicho a ese otro alguien, que a veces, y esto también lo dijo alguien, hay cosas mucho peores que la muerte, en este caso, quedarte atrás, ver como al resto de la manada le crecen afilados colmillos y se le despierta el más oscuro de los instintos mientras tú, en cambio, continuas siendo un cachorro, un pequeño capullo que se resiste a los designios de la naturaleza y al que le cuesta eclosionar. El mar es basto y harto peligroso para el pez pequeño y Nicholas Verso aborda de dos formas distintas y aquí complementarias, un rasgo característico tan despreciable y por desgracia también tan habitual en el ser humano como es el de abusar del más débil y despreciar a aquel que es diferente, en este caso concreto, aplicado a uno de los males endémicos de nuestra sociedad actual como es el del acoso escolar. La de la fábula fantástica por un lado y la del homenaje a una época y a una generación de la que muchos formamos parte por el otro.

Nunca fueron los noventa una de mis épocas predilectas, ni mucho menos, por más que me tocará vivirla de pleno en todo su apogeo. Lo hice, no me quedó otra, pero siempre mirando por el retrovisor y aislado de las corrientes populares del momento, mientras las masas de carne nueva se nutrían y agitaban a ritmo de Grunge, cine de terror para adolescentes y demás manifestaciones artísticas de escaso interés para el que suscribe. Esto no quita que no estuviese allí, mal me pese, viviendo una época que a todas luces no era la mía, y que en cierta manera, comparta algo de ese espíritu con el que perdieron la inocencia aquellos que iniciaron el viaje queriendo vivir y morir como Kurt Cobain y demás hitos de generación, que tarde o temprano, irían corriendo similar suerte. “Boys in the Trees”, como homenaje, como reflejo a la cosecha de los noventa, es un retrato certero y fidedigno con el cual para muchos será muy fácil identificarse en la que sin duda es una de las principales armas de la cinta de Verso, quien gracias a la estética de sus protagonistas y al acertado (y fácil) uso de una banda sonora muy reconocible y repleta de grandes bandas de los noventa, cuasi a modo ritualístico, conseguirá ganarse a buena parte del público.

Público que por otra parte, no debe esperar una propuesta de terror, más allá de la siniestra puesta en escena, pues “Boys in the Trees” no es una película que pretenda atemorizar, sino conmover. ¿Lo consigue? La realidad es que sí. La temática que trata ya es lo suficientemente sensible y actual, como para no hacerlo. Verso además, sabe como tocar la tecla adecuada, sabe como hacer que nos pongamos en la piel de cada uno de los personajes, tanto de los buenos, como de los no tan buenos, aunque esto segundo es un poco relativo, pues en “Boys in the Trees”, a su manera, más que lobos disfrazados con piel de cordero, lo que encontramos son corderos disfrazados de lobo. Estamos por tanto ante un drama con supuestos tintes fantásticos, y digo lo de “supuestos”, pues aseverar sobre según que cosas, podría traducirse en este caso como un gran spoiler, que desde luego no haré, por más que el supuesto giro final de la historia, ese que se supone debería dejarnos con el escroto retraído hasta la garganta, se ve venir de tan lejos, que uno llega a preguntarse si se trata de algo premeditado, o simplemente de una total incapacidad por parte de los guionistas. Yo apuesto por lo segundo, me temo.

Más allá de esto, que sin duda habría significado un gran paso adelante para el filme, no cabe duda de que estamos ante una película de impecable factura técnica, como no podía ser de otra forma, con una estética muy cercana al formato videoclip, pero desde una óptica no exenta de misticismo, cercana al cuento o la fábula, no en vano, la obra ha sido calificada con más o menos acierto por la prensa especializada como una mezcla entre “Jóvenes Ocultos” (“Lost Boys”, Joel Schumacher, 1987), “Dentro del Laberinto” (“Labyrinth”, Jim Henson, 1986) y “Donnie Darko” (Richard Kelly, 2001). En lo personal, la forma en la que Verso aborda según que pasajes, me ha retrotraído directamente a la genial “The Evil Within” del desaparecido Andrew Getty, a la hora de recrear ese mundo de fábula oscura repleto de metáforas. Tampoco faltan las referencias a otros tantos títulos, como éste, ambientados en la festiva noche de halloween.

No soy ni fan, ni detractor del formato videoclip aplicado al cine, todo depende del cuando y del cómo y en este caso, no se puede negar que a “Boys in the Trees” le viene ni que pintado, por lo tanto, otro punto en el haber de un filme que seguramente donde más flojea, es en su endeble guión, donde aislados de la ecuación la denuncia social implícita y del homenaje a los “noventers”, lo que nos queda es una historia simplona tanto en fondo como en desarrollo y muy torpemente narrada que eyacula de forma tan precoz, que a algunos, aun no les habrá dado tiempo ni de bajarse la bragueta, dejando al descubierto demasiado pronto cualquier sorpresa que el filme depare para su tramo final, que tiene que tirar de dramatismo para poder cumplir el expediente. Entre medio, algún que otro esbozo sobre las miserias de los personajes (faceta en la que por cierto rallan a muy buen nivel todos los implicados, con especial mención para el joven actor australiano Gulliver McGrath, al que hemos podido ver en cintas como “Hugo” o “Dark Shadows”) y algún que otro squirt sobrenatural para justificar su adhesión al género fantástico.

“Boys in the Trees”, denuncia social al servicio de un mundo onírico desbordante de fantasía (o viceversa) y que de paso funciona a modo de homenaje para una época, la de los noventa, muchas veces olvidada en esto del cine de terror o fantástico, que al igual que yo, continúa mirando por el retrovisor a ver si regresan los ochenta, al menos, en lo que respecta a la música y el susodicho.

Y recuerda, si no eres como la manada, no tienes largos y afilados colmillos, ojos ensangrentados y oscuro pelaje como la noche y no puedes correr tan rápido como ellos, no intentes seguirlos, hazte a un lado, déjalos pasar y que se devoren entre ellos si así gustan, mientras tu eliges tranquilamente la senda que más te convenga y te lleve al lugar adecuado, ese sitio en el que puedas y sepas disfrutar de tu propia naturaleza. A cada uno el capullo, se le abre cuando le apetece.

Lo mejor: La cuidada estética, lo entrañable de algunos pasajes, sobrados de emotividad y que Verso haya tenido el buen gusto de colarnos entre tanto grunge para dormir ovejas (y lobos), un temazo como el “Du Hast” de mis idolatrados Rammstein.

Lo peor: Se le ve el plumero demasiado pronto, tanto sentimentalismo puede empalagar a más de uno y que por supuesto, estamos ante una propuesta no apta para aquellos que busquen algo parecido a un filme de terror.


2 comentarios:

Missterror dijo...

Rector- Siempre he estado segura de que mi época fueron los noventa. ¡¡cómo los disfruté señor!!! Caí en las redes del grunge por completo y luego unos añitos más tarde, escuchaba a Marilyn Manson en bucle y me molaba ver a los skaters dándolo todo y hacía mis fiestas con los amigos en lugares casi abandonados iluminados con velas y tarareaba todas y cada una de las canciones que aparecen en "The boys in the trees". ¿Cómo no voy a mostrarme sensible ante esta película? Con todos esos recuerdos era muy fácil poder meterme en la película y vaya si lo hice. También soy consciente de que al guión le falta mucho para sorprender y creo que la parte más onírica no tiene el suficiente empaque para marcar una diferencia, pero a mi me ha gustado.
Es muy fácil empatizar con los protagonistas (y los actores lo bordan), es fácil ver que detrás de toda la rabia, que también digo yo que podría haber sido más genuina dicho sea de paso, se esconde el desconcierto de no saber el rumbo que tu vida adulta tomará y el miedo de no saber si se sabrá gestionar bien la frustración (que es una de las claves para ser feliz).
Intento pensar en cómo debe ser vivir lejos de la manada, aislado, buscando un sitio propio y no lo tengo claro, necesito vivirlo a través de la pantalla, porque no sé si afortunada o desafortunadamente siempre ha habido lobos y corderos a mi alrededor que nunca me han molestado sino todo lo contrario. Incluso cuando intenté ser una outsider, no pude, es mi naturaleza social la que me impide bailar con la soledad. Esto me hace especialmente vulnerable a según qué historias, que para mi son lejanas pero tremendamente tristes. En películas como estas, solo espero poder entrar en la pantalla e invitar a los más marginados a la fiesta, aún a sabiendas de que probablemente lo último que les apetezca es entrar en esa fiesta o tener que aguantarme.

"The Boys in the trees" olisquea el mundo sobrenatural para contar algo muy terrenal. Estoy de acuerdo con la nota. La película es un bien. Podría haber sido un notable con algo más de riesgo pero tiene algo especial y no queda más remedio que recomendarla.

Saludos.

El Rector dijo...

Missterror, sobre las bondades o no de los noventa a nivel musical, ya sabes que estamos en las antípodas. Nunca me gustó el grunge ni prácticamente nada que venga de los estados unidos. Súmale que no fue precisamente esa una época especialmente ni productiva, ni inspirada de la música metal, con algunas grandes bandas estancadas en los mejores supuestos, otras en decadencia, y otras tantas, haciendo directamente el ridículo (me ahorraré poner ejemplos). Y ni decirte la grima que me produce todo el mundo este del skate...

... sobre la película, sí estamos en una onda similar. Creo que a ti te ha gustado algo más, por aquello de la identificación con la "cultura noventera". Por lo demás, lo dicho, una estupenda puesta en escena, buenas interpretaciones y emotividad a raudales (excesiva para mi gusto). Pero sin duda, una película interesante y bastante fácil de recomendar, si se tiene claro que no tiene absolutamente nada que ver con el terror, más allá de la siniestra puesta en escena y alguna que otra aparición anecdótica.

Sobre las manadas y su participación en ellas, bueno, eso ya va en la naturaleza de cada uno. En lo personal, yo nunca he sido de ellas, siempre me ha gustado mucho más o me he sentido más cómodo yendo por libre y te diré, que en mi caso, la gente más interesante con la que me he topado a lo largo de mi vida, poco ha tenido que ver con los populismos, supongo que es lo que tiene haber crecido en una época equivocada ;)

Saludos.

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