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sábado, 23 de diciembre de 2017

Crítica: Thelma

Salir de casa de los padres y entrar en la universidad, encontrarse con un nuevo círculo social y vivir nuevas experiencias. Romper con el orden interior preestablecido por el microcosmos familiar y liberarse. Encontrarse a uno mismo sin dejar de reinventarse. Estamos ante una historia de emancipación. Se puede tratar de muchas formas ese momento que supone llegar a la mayoría de edad y la liberación que ello conlleva. Estamos acostumbrados a que el cine lo muestre ese momento existencial en forma de drama, pero Joachim Trier nos lo ofrece desde una perspectiva sobrenatural.

Thelma es una chica muy introvertida y que ha sido educada en un ambiente extremadamente religioso. Un encuentro con la joven Anja en la universidad de Oslo, desencadenará en ella todo el potencial que estaba reprimido. Su pasión por ella y una serie de extrañas convulsiones aumentan proporcionalmente. En palabras del propio Trier, es la historia de liberación de una joven que trata de encontrar un camino para existir, para ser ella misma y para vivir su propia vida.

Descubrí a Joachim Trier con Oslo, August 31st (2011), una película muy interesante que hasta la fecha me continúa pareciendo lo mejor de este director. Curiosamente, pese a las grandes diferencias previas que cabría imaginar, ambas historias comparten el mismo trasfondo, que es una cuestión existencial recurrente en el cine del director: cómo encontrarse a sí mismo cuando no sabes cómo aceptarte.

También en Louder than bombs (2015), el director toca etapas vitales, se escurre y entra en terrenos recónditos emocionales, presentando a través de prejuicios y moralidades, el omnipresente desamparo que habita en todos nosotros.

Thelma tiene todas estas características argumentales, ya que la marca autoral es poner de manifiesto los conflictos entre las diferencias que cada ser humano tiene de vivir y entender su vida. Tiene también todas las similitudes formales de sus anteriores películas, con sus largos silencios, las imágenes cuidadas, el dominio del tempo en los diálogos y las composiciones de fondo.

El guión es de Eskil Vogt (director de Blind 2014) y del propio Joachim Trier. En realidad la película está en manos del equipo de Trier, pues en ella intervienen todos sus colaboradores inseparables. El propio Vogt participó de todas sus películas, al igual que Ola Flottum (compositor también conocido por el éxito de la película Fuerza Mayor, 2014) y el sueco Jacob Ihre.

Las actuaciones de Eili Harboe (La Ola 2015) y Kaya Wilkins (conocida también en el ámbito musical como Okay Kaya) son inspiradoras, uno de los puntos fuertes de la película, y en un plano más secundario se encuentra Ellen Dorrit Petersen, con quien Eskil Vogt ya trabajó en Blind.

La singularidad de Thelma, película escogida por Noruega para competir en los Oscar, radica en la inclusión de elementos sobrenaturales en la historia. El propio Joachim Trier (1974) recordaba en una entrevista que creció en los años 80, muy influenciado por los libros de Stephen King, sintetizadores de fondo (Carpenter, Tangerine Dream) y películas como Carrie (Brian De Palma, 1976), The Dead Zone (Cronenberg, 1984), Stalker (Tarkovsky, 1979) o Season of the Witch (Romero, 1972). En la línea argumental de Thelma se puede apreciar la unión del drama psicológico con características de las películas de serie B.

La inclusión de experiencias sobrenaturales para explicar ese choque que vive la protagonista (la llegada a la ciudad, su necesidad de interactuar, su despertar sexual), donde a través de unas extrañas convulsiones es capaz de materializar sus pensamientos, de hacer desaparecer lo que le molesta, o de quitárselo de en medio. Una de las pocas escenas de suspense que nos ofrece la película es sumamente sutil y tiene lugar en la Oslo Opera House, cuando ambas protagonistas se dan la mano y a medida que aumenta la tensión sexual entre ellas, tiemblan los cimientos del lugar al estilo Bryan de Palma.

Trier quiere contar lo ordinario de una forma extraordinaria, algo que consigue en parte, pero que también es cierto que lo hace de forma bastante comedida e incompleta. Desde mi modesto punto de vista la película falla en varios aspectos, le falta cierto punch que nos lleve a vivir en primera persona la lucha interior que vive la protagonista. También echo en falta elementos argumentales que rompan la previsibilidad de la película en varios tramos. Y por último, encuentro algunas secuencias oníricas un tanto débiles, que nunca llegan a abrazar de forma completa el lado fantástico de la historia. Al igual que le pasó a Asayas en su incursión en el cine fantástico (A Personal Shopper le sobran las trampas), no puedo decir que Trier haya salido del todo triunfante. Aunque siempre habrá opiniones para todos los gustos, recordemos que Thelma ganó el premio especial del jurado en Sitges, entre otros galardones de diversos festivales.

Así todo, la película tiene un perspicaz atractivo, una carga de sensualidad que la protege y que consigue llevarnos hasta un final digno, sin que la abandonemos en el medio. Su conclusión es una muestra de reafirmación personal y liberación, tanto de ataduras personales (proyectadas en los padres) como del sentimiento de culpabilidad. El final nos expone un espacio donde la cámara se aleja en el mismo punto en el que al principio de la película se acercaba con un zoom. Allí vemos un patio transitado por multitud de gente, donde confluyen y se mezclan todas las historias, pero donde cada persona interpreta su vida a su manera. Un final que nos muestra que sin prejuicios, sin la existencia predefinida del bien y del mal, caminaríamos hacia un futuro mejor.

Lo mejor: Algunas evocadoras imágenes y el riesgo que asume Joachim Trier de entrar en el terreno de las experiencias sobrenaturales para explicar el autodescubrimiento y superación que vive la protagonista.

Lo peor: No acaba de entrar con fuerza en algunos temas que toca, hay asuntos de los que solo vemos la punta del iceberg, pero no todo lo que hay debajo.


2 comentarios:

El Rector dijo...

Coincido. Técnicamente impecable (como casi siempre que hablamos de cine nórdico) y muy válida como metáfora en clave fantástica del autodescubrimiento y de la rotura de los lazos (cadenas en ocasiones) que para bien o para mal, nos unen con la familia o la propia sociedad y que en muchas ocasiones, nos limitan o censuran como individuos.

Pero como bien comentas, Ronette, le falta punch. Se queda a medio camino de casi todo lo que toca y eso, junto a lo previsible del guion, termina pasándole factura. Yo que soy muy amante de este tipo de cine cocido a fuego lento y que tanto partido saca de los silencios y de los pequeños detalles, terminé pidiendo la hora en la butaca. Se me hizo larga a más no poder.

Cuando tocas según que temas, tienes que ir hasta el final. Descubrimiento personal, sexualidad, religión... son temas suficientemente sugerentes, como para pasar de puntillas sobre ellos. Sin ir más lejos, "Raw", es un ejemplo de reciente de como tratar temáticas similares, con bastante más incisión sin perder en ningún momento las formas y la elegancia del cine de autor.

Saludos.

RONETTE PULASKI dijo...

No sé puede explicar mejor la película en tres párrafos. Exacto, lo que comentas es todo lo que me transmitió la película, con sus fortalezas (sus imagenes) y sus miserias (el poco punch). En cualquier caso, el cine de este director me genera bastante interés.
Un abrazo a todos y felices fiestas

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