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martes, 28 de agosto de 2018

Crítica: La Sirena (Rusalka: Ozero Myortvykh)

Rusalka es la palabra rusa para un espíritu del agua que vive en lagos o ríos en el folklore eslavo. Como describe el título traducido como “Sirena” (Lago de los Muertos), este ente no coincide con los seres marinos descritos en la Odisea. Proviene de las creencias paganas como elemental símbolo de fertilidad, sería más bien una ninfa acuática. Referencias de seres similares encontramos en la película Nórdica “Thale” de una ninfa del bosque, y también están presentes referentes en la tradición oral indígena de América como Sucubos Protectores del Bosque (Ciguapa, Patasola, Madremonte). Para la tradición eslava, el personaje fue tornándose vil seguramente por el influjo del cristianismo. Un espíritu impuro puede ser un humano transformado en espectro después de cometer un crimen, como cuentan en la leyenda de la Llorona, una mujer filicida que pena en toda Latinoamérica. Las sirenas del cine se vinculan a seres sin alma, que buscan la humanidad por amor a un hombre, pero la historia de hadas sigue siendo trágica, si no es editada por Disney en las versiones conocidas de “La Sirenita” y posteriores remakes rosas.

El cine ruso de terror es altamente fantástico, incursionando en géneros como los vampiros (Night Watch), paranormal (Dead Sisters) y posesiones (III Ritual). Pero la marca distintiva es vincularse con su pasado, por lo cual puede denominarse todavía como horror folclore. La clásica "Viy" (Espiritu del Mal), original de un relato de Gogol, presenta la fórmula que persiste aún en esta la cuarta película de Svyatoslav Podgayevskiy. Mujer del pasado con un trágico fin que viene a acecharnos. Se conserva esa ingenuidad puritana, basada en la creencia religiosa en el temor a lo desconocido. Percibo que esta temática del horror ruso se ha alejado a la dinámica actual, donde la realidad se simboliza en manifestaciones de la maldad en la ficción. En varias películas españolas los horrores de la guerra civil inciden en tramas de misticismo religioso y niños traumados y huérfanos (Nodo, Rec, El Orfanato, Los Otros, El Laberinto del Fauno, El Espinazo del Diablo). Varias películas británicas inspiradas en la neurosis por la represión humana (Hellraiser, La Mujer de Negro, Los Demonios, Otra Vuelta a la Tuerca). Las películas francesas presentan situaciones de una altísima violencia y sadismo, cruentas como la revolución francesa (Al Interior, Raw, Ghostland, Mártires). Por el contrario, el cine ruso de terror no presenta ninguna referencia a su traumático pasado en el siglo XX: forzado establecimiento de la Unión Soviética, la invasión nazi y la cruenta defensiva que diezmó a 20 millones de personas soldados. Es lamentable que se desperdicie este potencial como catarsis para el inconsciente colectivo, donde sigue presente manifestaciones terribles de la naturaleza humana: canibalismo, asesinos en serie, represión política, cruentas mafias de expansión mundial, violenta homofobia.


“Las historias actuales, como las de Podgayevskiy, gravitan alrededor de villanas del siglo pasado, cuando Rusia era casi medieval y no era inmune a la superstición por el ateísmo”


Las historias actuales, como las de Podgayevskiy, gravitan alrededor de villanas del siglo pasado, cuando Rusia era casi medieval y no era inmune a la superstición por el ateísmo. Justificando la maléfica presencia con un objeto o lugar embrujado, nuestro espectro femenino puede acceder a atormentar a personajes contemporáneos, con ese temor puritano casi cercano a Disney. Por eso, vemos una repetición del mismo tipo de antagonista y protagonista en las últimas tres películas de este director, que fueron reseñadas con anterioridad en Nido de Cuervos.

Hoy completaríamos un análisis de trilogía de misoginia femenina. ¿Porqué arriesgarme a conectar las tramas? Pero se da otra luz a la feminidad, más allá del temor hacia la mujer poderosa y malvada, se incluye a una mujer coprotagonista, pero solo si hace parte de una pareja. La fórmula mágica de “Viy” vuelve en cada una de las películas de Podgayevskiy: La antagonista sigue siendo el ser de cuento de hadas. “Queen of Spades”, la pareja de padres protegiendo a su hija de la espectral dama del espejo. “The Bride”, la pareja enfrentando una novia de ultratumba. Yo veo una recurrencia en esta tercera entrega: la misma protagonista de “The Bride” regresa en 2018. Viktoriya Agalakova, encarna ahora a Marina, enfrentando junto a su pareja a una villana sobrenatural. Es interesante la inspiración del director en el cine asiático, seguramente favorecida en la mutua visión tradicional de los géneros. Se resaltada el protagonismo del dúo sobre la lucha individual del hombre y mujer por separado.


“Esta película sigue la fórmula narrativa del cine asiático, Marina debe hacer un viaje investigativo para encontrar el origen del mal y hallar la solución a la trama”


La feminidad fluctúa en dos extremos muy contrarios y estereotipados. La villana, una chica poco agraciada, que a medida que se pierde su humanidad, incrementa lo repulsiva de su imagen. De igual manera se potencializa su maldad sobre este hombre que la repudia y sobre los que lo rodean. Predecible en la narrativa de protagonista femenina pero inevitablemente en peligro, se recurre a elementos propios del patriarcado a la rusa para solucionar este drama romántico. Roman, su prometido, es seducido por la Rusalka, pero Marina parece cargar la responsabilidad de su debilidad como hombre. ¿Será que Marina se convierte en heroína?

Esta película sigue la fórmula narrativa del cine asiático, Marina debe hacer un viaje investigativo para encontrar el origen del mal y hallar la solución a la trama. Otros lugares comunes serían los siguientes: “Shutter” hace presencia porque Rusalka es una carga drenante de Roman. Y de la misma manera que hizo Sadako con su manipulación de los medios digitales, Rusalka vive a través de cualquier medio húmedo disponible. Como ingrediente recurrente de las anteriores entregas de esta trilogía, la posesión es un elemento clave para la trama. Se manifiesta con una doble dimensionalidad como en “Silent Hill”, con escenas que van mutando hacia la pesadilla. La capacidad del agua como medio para fluir espacial y temporalmente es confusa, emulando la inconclusa “The Lodgers” con su conexión de la casa y el lago.


"Rusalka se vuelve muy predecible, es muy similar a las anteriores entregas de Podgayevskiy. Sigue los parámetros actuales del cine ruso en general”


Rusalka es una presencia que va subiendo en intensidad. Se deshumaniza cada vez más, se diluye en el agua y solo queda la ira como huella de ella en este mundo como el espectro de “Mama” de Andy Muschietti. Pero el tributo ruso es demasiado evidente en una escena de huida que ambas películas comparten para darle génesis a la villana. Inclusive, su fisonomía varia, como evolucionando cada vez en algo más voraz, a medida que se nutre de la agonía de los amantes que está separando. Pero creo que esto se convirtió en un abuso del CGI, generando un poco de humor en algunas escenas, por la falta de continuidad del personaje. Inclusive el cambio de color debido a la atmósfera se siente forzado, dado que la película es muy azul debido a que la humedad gobierna la mayor parte de ella.

Nuestro director nos aburre repitiendo escenas de su trilogía: el espectro desde la bañera, la mujer que se replica de manera escalofriante, espejos como reflejo de la maldad, el elemental que persigue arrastrándose, la suplantación, el hombre desvalido, la huida durante la lluvia, los desquiciados cómplices de la villana, objeto embrujado, alucinaciones temporales hacia el pasado, el y con toques de pesadilla.

"Rusalka” se vuelve muy predecible, es muy similar a las anteriores entregas de Podgayevskiy. Sigue los parámetros actuales del cine ruso en general. La cinematografía se simplificó como medio de reciclaje: las vanguardias se imitan (especialmente del cine hollywoodense), las narrativas se repiten (el cine asiático), la creatividad se canibaliza (clásicos como Viy se vende escena por escena con otro nombre como Vedma El Poder del Miedo). Pero ahí recae la desilusión, se pierde el horror tipo folclore típicamente ruso que seducía, porque el autor transmitía su mundo subconsciente y colectivo, como ocurrió con la inigualable “Solaris”.


1 comentarios:

El Rector dijo...

Dado el escepticismo que me genera el cine ruso, reconozco que "The Bride" me supuso una grata sorpresa. Una película que cae en todos los tópicos del susodicho, que curiosamente no son ni suyos, pues como comentas, Karrie-Yo, no hacen más que copiar los clichés de otros cines como el americano o el asiático, pero que por contra, me atrapó por su cuidada puesta en escena (casi teatral) y el simpático uso de los citados tópicos, dando forma a una película tan clásica como entrañable. Leyéndote y buscando material gráfico, es imposible no acordarse de aquella. Es curioso que un pueblo tan "peculiar" como es el ruso y con una historia con tanto potencial por exprimir a sus espaldas, esta gente no haya sabido encontrar aun un rumbo que darle a su cine, una denominación de origen que a día de hoy, por desgracia, se limita al copia y pega y a ese toque cutre, que creo que es lo único realmente suyo.

A ver si Guillermo Del Toro se anima y rescata algo de la historia autóctona rusa, tal y como hizo con la negra ídem española con titulazos como "El Laberinto del Fauno" o "El Espinazo del Diablo".

Me reservo el derecho de visionado de esta "La Sirena".

Saludos.

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