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martes, 6 de noviembre de 2018

Crítica: Luciferina

A Dario Argento se le ocurrió la idea de rodar una trilogía de películas de terror protagonizada por tres brujas: Mater Suspiriorum, Mater Tenebrarum y Mater Lacrimarum, para dar forma a “Suspiria” (1977), “Inferno” (1980) y “La Terza Madre” (2007), a cual más disparatada, por cierto, pero esa ya es otra película. El caso es que el cineasta Argentino Gonzalo Calzada ha tenido una de esas ideas que de tan originales, podrían pasar por suyas, si el tal Argento no nos sonara un poco a más de uno, rodar una trilogía de terror protagonizada por vírgenes, siendo “Luciferina” la primera de ellas y cinta que nos ocupa. Después vendrán, dicen, las dos restantes: “Inmaculada” y “Gótica”. “La trinindad de las vírgenes” se ha llamado este ambicioso proyecto de cine de terror argentino.


“Luciferina es una propuesta involutiva, una película más propia de hace diez años que de la realidad actual del género”


Teníamos en Sitges este año los fanáticos del terror algunas buenas oportunidades de degustar cine de terror argentino. Servidor ha podido catar tres de ellas, no tuve suerte con “Abrakadabra” y es una lástima, pues tenía muchas ganas de quitarme el mal sabor de boca que me dejó “Los Olvidados” (2017), anterior película de los hermanos Onetti. De las que sí he podido ver, la desconcertante pero imperdible “Muere, Monstruo, Muere” de Alejandro Fadel y luego, antagonismo en estado puro. Por un lado, ese gran divertimento y no menos grande sorpresa titulado “Aterrados” (Demián Rugna, 2017), despiporre fantasmal al que ya le hemos dedicado completo análisis en estas páginas y por el otro, esta pequeña tortura que es “Luciferina”, primer episodio de esta epopeya virgen que nos tiene preparada Gonzalo Calzada.

De un tiempo hasta aquí, el cine de terror ha sufrido una necesaria evolución, expandiéndose hacia terrenos hasta la fecha inexplorados en ese en ocasiones utópico afán, de desmarcarse de los clichés y tópicos del género. Pero lo que no hace tanto parecía una quimera, hoy, títulos como “La Bruja” (“The Witch”, Robert Egges, 2015) o “Hereditary” (Ari Aster, 2018), por poner dos ejemplos por todos bien conocidos, han demostrado que pueden seguir tratándose según que temas, sin caer en lo ridículo y es que mucho ha llovido ya desde que “El Exorcista” (William Friedkin, 1973) no solo nos hiciera oler nuestra propia caca, también sentara cátedra en esto del cine de posesiones, dando inicio a una interminable lista de exploits que de una u otra manera, han intentado estrujar tanto la fórmula, que esta ha terminado mutando en auto-parodia. Incluso en España, hemos tenido un buen ejemplo con la notable “Verónica” (2017) de Paco Cabezas de como rodar una de posesiones sin rozar la bufonada.


“No puedes caer en según que tópicos y esperar que el espectador se los tome en serio”


“Luciferina” es una propuesta involutiva, una película más propia de hace diez años que de la realidad actual del género o lo que es lo mismo, el enésimo intento caduco de copiar unos clichés, los del cine de posesiones grabados en la desgastada piedra, que a día de hoy ya poco o nada tienen que ver con el terror. No puedes caer en según que tópicos y esperar que el espectador se los tome en serio. Esto es principalmente lo que define a la película de Calzada, quien una y otra vez, hace gala de esa desbordante imaginación suya a la que hacíamos referencia, para empeñarse en transportarnos al paleolítico del género a base de eso, de tópicos.

Solo hay que fijarse unos pocos segundos en los roles personales de todos los personajes de la historia para darse cuenta de las dimensiones de la jugada. Pase la jovencita virginal con vocación de monja y dones divinos, por aquello de darle gancho a la obra, por más que luego termines utilizándola como poco menos que objeto del deseo y fantasía erótica para el respetable de mente más sucia, pase. Más delito tienen el resto de personajes, sacados todos del best seller “Cine de terror para tontos”: la chica rebelde pero con buen fondo, la pija, el gordito listillo, el tímido retraído con mil y un traumas de serie y el tipo duro mas malo que la sarna. Cógelos a todos ellos, llévalos a un chamán peruano para que se pongan finos de “droja” en un monasterio a tomar por culo de todo y añádele un demonio deseoso de poseer a dulces vírgenes.


“Luciferina, para bien o para mal, contiene uno de los exorcismos más originales de la historia del cine, a base de polvos y empotradas varias”


Un primer tercio en que el que se nos intenta vender la moto de que vamos a ver algo medianamente serio, para destaparse como lo que realmente es, una casposidad de tufo noventero más propia de la televisión de aquel entonces, que de la gran pantalla, cojeando en casi todos los aspectos. Una cutre puesta en escena, interpretaciones mediocres (algunas sobreactuaciones son épicas), un guión de TERROR y algunas situaciones que rozan el bochorno, cogiendo elementos incluso del desgastado K-Horror.

Lo único salvable de “Luciferina” lo encontramos en lo festivo de alguno de sus despiporres, que a la postre tienen más o menos gracia. Un par de secuencias contadas, una por imposible, cuesta creer que a estas alturas, el maligno pueda seguir diciendo según que cosas, por más maligno que sea y otra por rizar el rizo de lo gratuito con un numerito erotico festivo metido con embudo hasta el fondo del esófago. Y mira tú por donde, que resulta que “Luciferina”, para bien o para mal, contiene uno de los exorcismos más originales de la historia del cine, a base de polvos y empotradas varias. Perfectamente, podría haber estado protagonizado por Leslie Nielsen y Linda Blair, pero son Sofía del Tuffo y Pedro Merlo, los que pasarán a la prosperidad del género, como protagonistas del primer exorcismo sexual visto en una película de terror. Para colmo de males, dos horas de metraje. Muy luciferino todo.

Lo mejor: El inenarrable y picantón fin de fiesta.

Lo peor: Cuesta entenderla como algo más que una mera parodia. El uso de algunos tópicos, debería estar a estas alturas, tipificado en el código penal.


4 comentarios:

andres pavone dijo...

Querido compañero, coincido en todo. Ya el nombre me parece una tomada de pelo. Siempre me pone feliz cuando el cine argentino se mete en este genero .se que mi país es muy difidif hacer cine, y más de terror pero esto es un despropósito.Ya sabemos que en estos tiempos la originalidad no abunda, pero Luciferina ya es demasiado. Por ahí rescató su aspecto tecnico pero solo me quedo con eso.Como tu bien has escrito es una parodia. Menos mal que luego vi la exquisita Aterrados, que me devolvió la esperanza en el cine de terror argentino. Saludos querido Rector, como siempre perfección en estado puro sus reseñas,

El Rector dijo...

Andres, "Aterrados" marca un antes y un después en el cine de terror argentino, ojalá en el futuro podamos disfrutar de películas con la calidad de la de Rugna. Como buen degustador que eres, te recomiendo que le pegues un ojo en cuanto tengas oportunidad a "Muere, monstruo, muere" de Alejandro Fadel, otra propuesta muy interesante, aunque bastante particular, jeje.

"Luciferina" pues eso, una parodia, con algún momento divertido, algún efecto resultón y muy poquito más. Y como masocas que somos, seguro que picaremos con las dos siguientes entregas de la trilogía ;)

Saludos.

Missterror dijo...

¿Trilogía? ¿nos tomas el pelo? Si esto es cierto y se lleva a cabo, sólo espero que se aprenda de los errores y que el director se grabe a fugo que no es necesario tanto cliché para representar el bien, el mal, la amenaza y la esperanza. Creí que esto ya lo teníamos superado, sobre todo cuando precisamente lo que se suele buscar es la sorpresa, lo inesperado, la ruptura con el prejuicio.
YO lo siento mucho por Gónzalo Calzada pero poco puedo rescatar de una película que se me hizo bochornosa, no solo por tanto cliché y lo sobado de todo el asunto, sino porque en el desenlace, por mucho que tú, Rector, le hayas sabido sacar la chispita positiva, hay un retroceso tal en todo lo que el guión intentaba construir que ni el exorcismo sexual le salva. Las ganas de ver a la virgen cabalgar eran determinantes, al parecer. En fin...

Yo ya te digo que no voy a picar con la siguiente entrega...antes me pongo a pintar la casa, no te digo más.

Saludos.

El Rector dijo...

Missterror, ojalá :) Pero me temo que cierto como la vida misma... quien sabe, igual próximas entregas nos sorprenden, de todo se aprende y "Luciferina" no debería ser una excepción, pues si algo tiene, es margen de mejora.

Y conste que no tengo nada en contra de la serie B de posesiones, pero es que creo que "Luciferina" no se engloba ahí, intenta apostar por una seriedad gran parte del metraje, que al final queda en evidencia cuando muestra sus cartas y poca cosa seria hay en ellas.

Algo que me suele gustar mucho del cine argentino son sus buenas interpretaciones y en ese sentido, esta película tampoco me ha transmitido para nada esa cercanía y naturalidad argentina habitual... sumamos una cosa y otra, y el resultado no podía ser otro del que ha sido.

Y nunca digas "de este agua no beberé" ;)

Saludos.

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