jueves, 25 de julio de 2019

Crítica: Expediente 64: Los Casos del Departamento Q

La saga de “Los Casos del Departamento Q” está formada por cuatro películas basadas en las novelas del escritor danés Jussi Adler-Olsen. Las dos primeras, “Misericordia” (2013), en inglés conocida como "The Keeper of Lost Causes", y “Profanación” (2014), son del director Mikkel Norgaard; la tercera es “Redención” (2016), del director noruego Hans Petter Moland; y la cuarta, última entrega hasta el momento, es “Expediente 64” (2018), dirigida por Christoffer Boe (“Reconstrucción”, 2003, “Allegro”, 2005) y en la que curiosamente también participa en el guion el director de las dos primeras, Norgaard. La trama de todas las películas gira en torno a las investigaciones llevadas a cabo por un departamento encargado de casos antiguos no resueltos, conocido como el Departamento Q, que está formado por un singular dúo de policías, Carl Mørck y Assad.


“Con un trasfondo político muy de actualidad, esta saga criminal se convierte en uno de los máximos exponentes actuales del noir nórdico”


Las dos primeras películas mantuvieron al mismo director y al mismo equipo, tanto en la música (Patrik Andrén), como en la fotografía (Eric Kress), y en la tercera parte cambió el director, entrando el único no danés de la saga, Hans Petter Moland (“Zero Kelvin”, 1995, “The Beautiful Country”, 2004, “In Order of Disappearance”, 2014). Lo que sí se mantiene en las cuatro películas y no cambia, es el guionista Nikolaj Arcel (“Millennium 1”, 2009), y la productora Zentropa, fundada por Lars Von Trier y reconocida por las creaciones de Dogma 95.

Todas las películas exploran casos que acaban teniendo un componente crítico importante, la primera entrega “Misericordia” (fue la película más vista en Dinamarca en su momento), trata sobre el caso de una joven promesa de la política danesa desaparecida; “Profanación”, trata sobre el asesinato de dos jóvenes, cuyo caso fue cerrado con la confesión de un marginal, a pesar de la implicación de un grupo de clase alta; y “Redención”, arranca con la aparición de un antiguo mensaje encontrado en una botella, un hecho que acaba salpicando a la religión. Con un trasfondo político muy de actualidad, esta saga criminal se convierte en uno de los máximos exponentes actuales del noir nórdico, principalmente sobre la base de buenas actuaciones y una atmósfera oscura que retrata una sociedad mucho más retorcida de lo que cabría imaginar bajo esa aparente frialdad. Es evidente que, en este momento, los países nórdicos son unos de los mayores creadores novela negra del mundo, con nombres como el propio Jussi Adler-Olsen, Stieg Larsson, Henning Mankell, Jo Nesbø, Maj Sjöwall, Åsa Larsson y Arne Dahl, entre muchos otros.

“Expediente 64”, como buen ejemplo de lo mencionado anteriormente, tiene un marcado trasfondo socio-político, ya que se sumerge en el pasado más sórdido de Dinamarca, paradójicamente, considerada por la gran mayoría como un país que está en la cresta del bienestar europeo y que es uno de los países más felices del mundo. Pero bajo ese concepto utópico que tenemos, se destapa una verdad oscura y vergonzosa. Entre otras cosas, la película expone de forma abierta y explícita la misoginia existente en la sociedad (de lo que también hablaba Stieg Larsson en su saga Millennium), y la corrupción que domina las instituciones gubernamentales en beneficio de criterios muy discutibles.


“Dentro de una saga en la que los protagonistas son dos detectives, ambos hombres, en esta película las protagonistas de la trama son mujeres”


Siguiendo un desarrollo marca de la franquicia, esta última película comienza con la aparición, tras una pared falsa, de tres cuerpos momificados sentados alrededor de una mesa con cuatro sillas. Las pistas llevarán a los investigadores a hurgar en el pasado más miserable del país, lo que los conduce hasta la isla de Sprogø, un malsano sanatorio que albergaba a mujeres consideradas perturbadas o contrarias a un lamentable sistema patriarcal. Esta parte de la historia se basa en un hecho real, como lo fue la aplicación de la eugenesia, ideología que apuesta en personas de determinada etnia o grupo social, promoviendo directa o indirectamente la no procreación de aquellos que no poseen esas cualidades.

La película, como de costumbre, tiene entre sus fortalezas a sus dos personajes centrales, Carl Mørck y Assad, muy bien interpretados por Nikolaj Lie Kaas (“The Whistleblower”, 2010, “Child 44”, 2015) y Fares Fares (“Zero Dark Thirty”, 2012, “The Nile Hilton Incident”, 2017). Existe buena química entre ellos y ambos son carismáticos dentro de su diferente personalidad. Seguir la saga permite ver una evolución de los dos, tanto desde un punto de vista introspectivo, como dentro de la relación que mantienen entre ellos, que en esta película pasa por un notable distanciamiento. En “Expediente 64”, asistimos a un mayor protagonismo de Assad y a un lado más humano de Carl Mørck. Sus personalidades tan diferentes les hacen estar en constante desacuerdo, pero por otro lado les hace complementarios, hasta el punto de necesitarse el uno al otro para su difícil labor de investigar casos dados por perdidos.

Dentro de una saga en la que los protagonistas son dos detectives, ambos hombres, en esta película las protagonistas de la trama son mujeres, concretamente sus personajes principales son Nette, Rita y Gitte, interpretadas por Fanny Bordeal, Clara Rosager y Luise Skov, respectivamente. La actuación de Fanny Bordeal es digna de ser destacada, al igual que la interpretación del veterano actor Anders Hove. El personaje de Nette es el alma mater de la película, y en ella confluyen tanto las vejaciones e injusticias de la historia, como los hechos que se derivan de los traumas producidos y no reparados.


“La historia es entretenida e inquietante, se podría decir que cae en ciertos tópicos, pero que no llega a perder el componente sobrio que rige toda la saga”


Entre las debilidades de la película, desde mi punto de vista, hay ciertos elementos introducidos en la trama de una forma un tanto forzada con la intención de hacer la película más redonda. Uno de ellos, incluso, me parece que hace entrar a la película en un terreno más dramático y sensacionalista, concretamente me refiero al personaje de la joven Nour, interpretado por Amanda Radeljak. Algo que, de todas formas, se puede llegar a entender como una necesidad para dar continuidad y traer el pasado al presente.

La historia es entretenida e inquietante, se podría decir que cae en ciertos tópicos, pero que no llega a perder el componente sobrio que rige toda la saga. No es la peor ni la mejor de las cuatro entregas, lo que ya de por sí es positivo, pues al menos deja la sensación de que la evolución de la franquicia no va en decadencia. A destacar también lo bien que la película mezcla las dos líneas temporales entre las que se mueve y su capacidad de traer a nuestros días los pensamientos de la Europa más reaccionaria, tema de gran actualidad.

Lo mejor: La evolución de los protagonistas, la buena gestión de las dos líneas temporales de la historia, y la crítica explícita a un hecho histórico que tristemente nunca fue reparado.

Lo peor: La introducción de algunos elementos forzados mediante los que la película busca no dejar cabos sueltos.


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