lunes, 19 de agosto de 2019

Crítica: Gwen

No tenía previsto escribir sobre esta película pero la verdad es que teniendo en cuenta la polvareda levantada por esa controversia de intenso aroma a coche nuevo que parece haberse instalado entre los amantes (y los no tanto) del género de terror, en la cual se pone en entredicho la pertenencia o no de cierto tipo de películas dentro del mismo, pues me ha parecido hasta caprichosamente oportuno. Y es que vaya por delante que esta vez, soy yo el que no considera “Gwen” (2019) una cinta de terror, pese a que así ha sido catalogada en distintos medios escritos del mundillo, pero sí, un excelente ejemplo gráfico (a más no poder) para que los que solo ven drama en algunos títulos de terror recientes, puedan apreciar claramente las diferencias entre dos géneros hermanos por definición pero de muy distintos matices a la hora de generar sensaciones en el espectador.


“La Bruja es lo primero que a uno le vuela la tapa de los sesos cuando juega a los preliminares con este drama perturbador con tintes de thriller”


“Gwen” es la ópera prima de William McGregor, producción británica de cuidada puesta en escena y elegantes formas que se engloba dentro de ese cine amigo de jugar al despiste cuando toca repartir etiquetas, tanto por el devenir de su historia como por la forma de plasmarla en pantalla, lo que una vez más, puede descolocar a más de uno y, de paso, decepcionar a otros tantos (yo mismo en este caso), no por dudas sobre su calidad cinematográfica, sino por lo que parece prometer en una primera engañosa cita y lo que termina ofreciendo.

Culpa, o al menos buena parte de ella, es evidente de donde viene y además, lo hace de forma premeditada. “La Bruja” (“The Witch”, Robert Eggers) es lo primero que a uno le vuela la tapa de los sesos cuando juega a los preliminares con este drama histórico y perturbador con tintes de thriller que tenemos entre manos. Pero claro, de “La Bruja” mama lo que mama, sus siniestras formas, ya que si entramos en el fondo, las sensaciones que ofrecen (y pretenden ofrecer) ambos filmes tienen poco o nada que ver. La película de Eggers busca perturbar al espectador aterrándolo, mientras que la de McGregor apuesta por hacerlo deprimiendolo, flagelándolo a base de miseria o lo que es lo mismo, retratando la propia naturaleza humana desde distintas perspectivas y lados de la balanza. Un relato oscuro que basa todo el potencial calado de su mensaje y por ende, la suerte del mismo, en que el espectador se muestre vulnerable ante una serie de resortes que nada tienen que ver con el cine de terror, insisto, si hurgamos un poco más allá de su epidermis.


“una narración que termina pecando de un exceso de especulación y rellenando huecos con imágenes sensuales donde deberían ir palabras”


“Gwen” basa su encanto en dos aspectos fundamentales, su puesta en escena por un lado y lo fácil que es creerse el relato por el otro. Si bien en algunos pasajes la película parece flirtear con el cine de terror, la cosa no pasa de inocentes artificios para seguir alimentando una ambigüedad que dada la “simpleza” o lo mundano de la historia, se antojan fundamentales para mantener enganchado a según que tipo de espectador, en especial a aquel que se haya acercado a la propuesta atraído por cantos de sirena... o mejor dicho, berridos de cabra negra.

Todo en “Gwen” apesta a “La Bruja” si nos ceñimos meramente a lo escénico, a su ambientación y al tratamiento de las imágenes, puede que en esto caso, McGregor vaya incluso un paso más allá de lo visto en la cult movie de Eggers, acercándose mucho más a los terrenos del videoclip (de la germana “Hagazussa” de Lukas Feigelfeld, también nos encontramos algún que otro retal a la hora de terminar de servir de oportuno empaque para el producto). Una serie de secuencias a medio camino entre lo onírico y lo pesadillesco a cámara lenta y de palpable intensidad que en esta ocasión atienden más a ese intento desesperado por intentar vestir a la mona de seda, de alejarse de los convencionalismos del género dramático, que de un propósito real de cohesión con la historia que se nos cuenta y siendo amante confeso como soy de este tipo de tratamiento visual, no puedo esconder el hecho de que en “Gwen” todo ello resulta impostado e incluso perjudicial para una narración que termina pecando de un exceso de especulación y rellenando huecos con imágenes sensuales donde deberían ir palabras.


“en ocasiones, parece más pendiente de venderse como aquello que no es, que de despuntar siendo ella misma”


“Gwen” es una película sencilla en el fondo del relato, puede que demasiado, una historia con la suficiente fuerza como para calar hondo en el espectador, triste, muy triste y que por momentos, logra asomarse (y asomarnos) a ese estado de perturbación buscado pero que, en ocasiones, parece más pendiente de venderse como aquello que no es, que de despuntar siendo ella misma, perdiéndose en todos esos artificios visuales, bonitos, pero más efectistas que efectivos, traduciéndose en este caso en una narrativa a la que cuesta cogerle el pulso entre tanto truco de feria y niebla de discoteca.

“Gwen” no es terror, es drama (siempre he querido decir esta frase y puede que no me vea en otra igual, así que...). Un drama duro, desgarrador y que consigue meternos en su juego en buena parte de sus “gags”, pero que en más ocasiones de la cuenta se auto-mutila tratando de parecer una película de terror, supongo, para aprovechar el tirón de un título que ha marcado tanto la escena actual como ha sido “La Bruja” y similares. Pero no lo es y eso al final, termina pesando y pasándole factura al convertirlo en un producto mucho más denso, teatral y farragoso de lo que su publico natural demanda, abocado a una épica que nunca llega y descuidando un guión que hubiera agradecido mucho más el esfuerzo y tiempo en desarrollar más tanto personajes como situaciones y de la misma forma, se sigue quedando muy desmarcada de todas esas sensaciones auténticas que el fan del cine de terror anhela, al que termina aburriendo con tanta calentada de polla estéril.

Lo mejor: Visualmente destila clase por los cuatro costados y la crueldad del relato está fuera de toda duda.

Lo peor: En su desesperado viaje de farol hacia el lado oscuro, termina distanciándose de sus propios votantes, desatendiendo lo realmente importante (siendo su desenlace un buen ejemplo de ello).


2 comentarios:

Missterror dijo...

Me alegra ver la crítica de "Gwen" por el nido, de la misma manera que me sorprende. Me alegra porque como bien explicas, es un gran ejemplo de eso que ya comentábamos en "Midsommar" sobre el terror y el drama. Tengo claro que esto es un drama y que la intención de su debutante director no era hacer terror si no meternos de lleno en la desdicha de un cambio social que resultó demoledor para una gran parte de la demografía, no solo por historias como la que "Gwen" nos narra, sino por el propio cambio de economía rural a economía industrializada y todo lo que ello conllevaba. "Gwen" se salva porque consigue una atmósfera brutal y se palpa en todo momento la dureza de la situación, el aire y el barro pero lamentablemente todo se queda en esto y no hay un argumento detrás que se beneficie de esa atmósfera y que cruce esa línea que haría que habláramos de ella en otros términos.
Muy bien interpretada, muy buen uso de los silencios y la banda sonora. Muy buena fotografía, pero bastante vacía. Lástima que no haya tenido el final épico que pedía a gritos.

Saludos.

P.D- estuve pensando en "The Witch" durante 70 de los 84 minutos que dura. Creo que ese es su error...y el mío.

El Rector dijo...

Missterror, y es que siendo estrictos y no dejándonos "engañar" por las argucias de sus responsables, esta es una película que no debería aparecer en una web dedicada al cine de terror y al fantástico. Por suerte o por desgracia, solemos hacer gala de cierta manga ancha a la hora de traer películas que hacen equilibrismos entre nuestros géneros y otros colindantes, aunque en ocasiones se coja con pinzas. En este caso concreto, me hizo gracia traerla por todo eso de aprovechar la coyuntura, jeje. también me parece un muy buen ejemplo de que no son las formas las que definen el género de terror, es el fondo, lo que la película en cuestión pretende despertar en el espectador, basándonos en esa sencilla regla, en realidad es muy fácil discernir entre drama y terror, entendido en clave de cine.

Sobre "Gwen", muy de acuerdo. Nada se le puede reprochar a nivel técnico. Una lástima que se haya desatendido tanto el guion para centrarse en las florituras macabras de diseño (la secuencia de la quema de falsos ídolos me parece que atesora toda esa épica, como gag, que le falta a su desenlace) y demás humo.

Saludos.

P.D: "The Witch" le ha hecho, por lo menos, la mitad de la promoción.

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