Óscar Martín, tras su interesante debut con la perturbadora “Amigo” (2019), se adentra ahora de pleno en el fantástico con “Upiro” (2026), película basada en el primer caso de vampirismo documentado en la península ibérica para convertirse automáticamente en una de esas propuestas que, por sus particularidades (y son muchas), es capaz de dividir al público hasta el extremo, haciendo bueno el dicho aquel de “o la odias o la amas”. En mi caso, me posiciono en un punto intermedio pero, reconozco, que el reverso majadero de la película me ha terminado cautivando irremediablemente.
“La carta de presentación de Upiro reside en su espectacular puesta en escena, con un diseño de vestuario exquisito y unos paisajes preciosistas”
“Upiro” hace también suyo aquello de “dos películas en una”. Y aunque no es tanto así (al menos no tanto como se ha dicho), lo cierto es que estamos ante una de esas obras que puede descolocar a buena parte del rebaño por aquello de manejar tonos dispares en determinados pasajes, haciéndose mucho más agudo en un tramo final tan sorprendente que a más de uno y de una le volará literalmente la cabeza y sí, tengo que acordarme de aquella locura de título “Eli” (2019) que nos regaló Ciarán Foy y que, incluso, parece comedida al lado de “Upiro”.
La carta de presentación de “Upiro” reside en su espectacular puesta en escena, con un diseño de vestuario exquisito y unos paisajes preciosistas, para transportarnos a las tripas de un convento y de la mano de Ana (Pauline Brisy), descubrir los oscuros secretos que allí se esconden, no todos ellos buenos. De entrada, descubrimos uno de los males endémicos del filme, su galopante anacronismo. Esto, que habrá quien pase por alto, sí puede sacar a más de uno y una del relato. Lo cuidado de la ambientación y de las miserias propias de un convento de mediados de 1700, choca directamente tanto con el comportamiento de sus jovenzuelas “internas” postulantes a monja como con su forma de expresarse, completamente contemporánea.
“el trabajo del reparto en general y por supuesto, con Anido como máximo exponente, nos retrotrae a la época de la Fantastic Factory”
Por otro lado, el nivel de algunas interpretaciones es bastante cuestionable, en especial el gallego Diego Anido, único personaje masculino y que adquiere gran protagonismo a partir de la segunda mitad de la película, en ocasiones roza lo dantesco. Y aquí es donde algo a priori tan negativo, en un ecosistema como el de “Upiro”, termina no siéndolo tanto. Al menos para el que suscribe, el trabajo del reparto en general y por supuesto, con Anido como máximo exponente, nos retrotrae a la época de la Fantastic Factory y es que la cinta de Martín habría encajado allí como un guante.
“una película inesperadamente estimulante que recupera una forma de hacer fantástico patrio harto olvidada en los últimos tiempos”
Es cierto también que estamos ante una propuesta lenta y repleta de diálogos, que pone mucho más énfasis (quizá demasiado) en dibujar a los personajes, que en desarrollar una trama que resulte realmente interesante para el espectador, quien gran parte del metraje se preguntará si realmente está viendo una película de vampiros o un drama religioso con tintes de pseudo-thriller a lo Ken Russell, peaje que los más pacientes pagarán con gusto gracias a su delirante tramo final, donde el libreto de Elena Muñoz nos tiene deparadas tantas sorpresas que necesitaremos pararnos a respirar hondo para poderlas asimilar todas y de nuevo, dejarnos abrazar por las alargadas y reconfortantes sombras de Julio Fernández y Brian Yuzna.
“Upiro” es una película inesperadamente estimulante que recupera una forma de hacer fantástico patrio harto olvidada en los últimos tiempos. Genuina serie B que pese a lo que pueda aparentar con su elaborado envoltorio, no deja de ser una historia sencilla alejada de la habitual trascendencia en la que parece afincado el terror (también el español) de hoy y que, pese a todo, sabe conducir al espectador hasta donde quiere para terminar tal y como quiere y lo más importante, deliberádamente pensado para el disfrute de los más afines al terror clásico. Haciéndolo además con valentía y jugando con ese sentido del humor tan costumbrista de nuestro cine en una suerte de versión desenfada de la “Hermana Muerte” (2023) de Paco Plaza. No, no es una película perfecta y entiendo que no sea plato del gusto de todos, pero ni falta que le hace.
Lo mejor: La ambientación, el mimo puesto en todos los detalles y veinte últimos minutos que son para mearse de gusto en la casa del señor.
Lo peor: ¿Cómo lo hará tan rematadamente mal Diego Anido?



















3 comentarios:
Deseando verla! Vivimos tiempos de Terror Elevado en los que también se reivindica la Fantastic Factory, el Fantaterror y a John Carpenter más que nunca, por lo que es imposible contentar a todos, ni falta que hace.
Es curioso porque estoy de acuerdo con casi todo lo que reflejas en tu crítica, Rector, pero mi valoración final es bastante menos positiva.
La ambientación es más que correcta, lo mismo que el vestuario y las localizaciones, pero hay algo en la iluminación o en etalonaje que me saca por completo del contexto en el que se enmarca la película. Me pasó exactamente lo mismo con "Hermana Muerte". Si a eso le sumamos que, como bien has mencionado, las expresiones de las monjas son totalmente actuales (y algunas interpretaciones bastante justitas), tuve la sensación por momentos de estar ante una película de gente disfrazada sin mucho que aportar.
Hasta su media hora final llegué incluso a aburrirme porque las aventuras monacales no eran lo suficientemente interesantes. Luego llega esa desquiciada media hora final que te pilla por sorpresa completamente y después del asombro inicial, llega el momento del disfrute justo cuando la película estaba pidiendo ya la hora.
Con todo esto, diré que "Upiro" me sorprendió y que estaremos todos de acuerdo en que tiene un poster cojonudo, pero que en conjunto se queda en un tímido aprobado.
Un abrazo.
Tracy Kong, aquí no hay nada elevado. Terror clásico de vieja escuela, pero eso sí, cocido a fuego muy lento y con marcada denominación de origen. En lo personal, siempre voy a reivindicar esta forma de hacer género, más si viene de territorio español.
Missterror, pues sí, curioso, Reconociéndole virtudes y defectos a la par, tenemos diferentes opiniones con respecto al resultado final. Supongo tiene que ver ya con filias y fobias personales. En este caso, creo que el estilo de "Upiro" está más cercano a mis gustos que a los tuyos.
Yo no me aburrí en ningún momento. Siempre me interesó lo que la historia propone aunque como digo, esta no sea tan importante como el dibujo que se hace de cada uno de los personajes, residiendo ahí el verdadero encanto de lo que se nos cuenta, previo al fin de fiesta que por sí solo, justifica cualquier peaje previo.
En el tema de la imagen no sabría decirte, yo no veo esos problemas de los que hablas. Quizás hablamos de una imagen muy limpia, sin excesivo grano, algo bastante habitual en el cine español. No se, en mi caso, no veo artificialidad alguna.
Saludos.
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