EL RECTOR NOS HABLA SOBRE LO NUEVO DE JANE SCHOENBRUN O DE COMO HACER UN SLASHER SIN HACER UN SLASHER
¿Está ya todo inventado dentro del slasher? Seguramente sí. Hablamos de uno de los subgéneros más frecuentados y seguramente, revisitados, del fantástico. Asesino enmascarado, reglas sencillas, señas de identidad harto reconocibles y una ligereza argumental homologada han hecho del slasher, uno de los lugares comunes más reconfortantes para el aficionado al género. Pues parece ser que Jane Schoenbrun se ha creído, en su tercer largometraje, que puede reinventar la pólvora. ¿El experimento? Le sale regulinchi por no decir reguloncho.
“escandaloso parecido con otra propuesta reciente como Mother Mary. El ídem entre ambas películas cuestiona las leyes mismas de la casualidad”
“Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma” (“Teenage sex and death at cam Miasma”, 2026), es el sugerente título escogido por Schoenbrun para intentar acercar el slasher a esos pantanosos territorios en los que el pseudo-fantástico tanto rédito ha encontrado en estos últimos años, exportándolo a otro perfil de público y de paso, generando un complejo debate entre los aficionados más ortodoxos que nunca han terminado de congeniar con esta suerte de desvirtuación de un género y de una forma de entender el cine, que jamás estuvo concebida para el gran público, menos aun para el gafapasta o en su defecto, habitual consumidor de Filmin.
Dos puntos principales definen en buena medida lo que tiene por ofrecer ““Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma” para todo aquel que sienta curiosidad por la película. El primero, su escandaloso parecido con otra propuesta reciente como “Mother Mary” (2026). El ídem entre ambas películas cuestiona las leyes mismas de la casualidad y en ambos trabajos, se explora desde la introspectiva (sí, mucho más alegórico el trabajo de Lowery que el de Schoenbrun, quien apuesta más por la meta-referencia) y arropándose en una potente puesta en escena, las miserias del proceso creativo. Lowery versó sobre la moda y la música y Schoenbrun se lanza directamente a la yugular del fan del terror para hacerlo con el slasher.
“la directora y guionista nos aborda con una cantidad obscena de referencias y guiños a las tripas del subgénero, engendrando incluso a su propio asesino en serie enmascarado”
El otro gran punto identitario de la obra lo encontramos en lo diferente de sus dos mitades, una primera francamente divertida y claramente orientada a satisfacer los instintos más primitivos del slahermaniaco, en la que la directora y guionista nos aborda con una cantidad obscena de referencias y guiños a las tripas del subgénero, engendrando incluso a su propio asesino en serie enmascarado (Little Death), como antesala a algo que, por desgracia, nunca termina de suceder, pues la segunda mitad del filme se aleja por completo del cine de terror para centrarse en el extraño vínculo que se crea entre las dos protagonista de la historia (volviendo al formato teatral de “Mother Mary”), lo que ocupará por completo el segundo segmento de metraje. No faltarán aquí las metáforas, los simbolismos y como no, la charla de almohada, MUCHA carla de almohada. Tanta, que por momentos parece que Schoenbrun intenta poner toda la mayor tierra de por medio posible respecto aquello que con tanto mimo y lujo de detalle había predicado previamente.
“Quien se acerque a Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma pensando que va a encontrarse algo parecido a un slasher, no tardará en descubrir el gran error que ha cometido”
Hannah Einbinder y una crepuscular Gillian Anderson toman el relevo de Anne Hathaway y Michaela Coel, la primera sacada del manual de bolsillo del cine indie y la segunda, homenajeando de manera descarada la figura de grandes damas del cine como la propia Bette Davis. La combinación da réditos (seguramente no tantos como en la cinta de Lowery, pero claro, aquí no está Hathaway), pero la deriva que el libreto escoge para ambos personajes, no ayuda, perdiéndose en una historia que se va tornando más rocambolesca y confusa a medida que avanza el metraje hasta llegar a un tramo final que hay que masticar varias veces antes de tragar.
Quien se acerque a “Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma” pensando que va a encontrarse algo parecido a un slasher, no tardará en descubrir el gran error que ha cometido. Jane Schoenbrun amaga con homenajear al subgénero para terminar haciendo realidad todo aquello que su Kris (Hannah Einbinder) soñaba para esculpir su reinvención de la franquicia de “Campo Miasma”, un curioso ejercicio de metacine que mucho me temo se va a quedar en eso, en mera curiosidad (de ver y olvidar) para los fanáticos del slasher. Igual, entre los adeptos del cine indie, depara mejor suerte.
Lo mejor: La primera mitad es francamente divertida, una mini enciclopedia del slaher que define a la perfección el subgénero. Aunque de forma puntual, las muertes resultan muy vistosas.
Lo peor: La segunda mitad puede llegar a hacerse muy cuesta arriba para según que paladares.


















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