Si dijéramos que “Leviticus” (2026), ópera prima de Adrian Chiarella, es una suerte de revisión en clave Australiana de otra exitosa ópera prima como fuera “It Follows” (David Robert Mitchell, 2014), no iríamos muy desencaminados. Es cierto que los paralelismos entre ambos trabajos son más que evidentes, pero, no es menos ciertos que digeridas ambas propuestas, las sensaciones que deja en el espectador son substancialmente distintas.
“en Leviticus, Chiarella denuncia la homofobia galopante instalada en una localidad rural de la Australia profunda”
El cine independiente se ha convertido en todo un bastión para el género fantástico. Con el mainstream empeñado en sacar rédito de secuelas, precuelas, remakes y demás ejercicios de pereza, han sido las pequeñas producciones las que realmente se han empeñado en ir un paso más allá, atreviéndose a explorar otras posibilidades. Si el pasado año fue “Obssession” (Curry Barker, 2025) la pequeña gran película de la temporada, con su divertidísimo y desgarrador relato sobre las relaciones tóxicas (al igual que “Together” de Michael Shanks), el debut de Chiarella apuntaba a sólido candidato a la corona.
“el terror en Leviticus tiene mucho más que ver con la aterradora realidad que narra, que en la construcción de viñetas terroríficas, algo de lo que Robert Mitchell abusaba una y otra vez en su icónica ópera prima”
“Leviticus” llega con mucho ganado. Como arquetípica producción Australiana, los amantes del cine de aquellas latitudes se encontrarán con una cinematografía fuertemente reconocible. Una fotografía de tonalidades ocre, pulso narrativo de bajas revoluciones y esa atmósfera intrínseca de melancolía (o tristeza) siempre tan presente en el cine aussie.
Y lo cierto es que la puesta en escena le viene como anillo al dedo para enarbolar la historia escrita por el propio director, sumándose al cine de denuncia social que tanto calado está teniendo en esta nueva hornada de cine independiente en clave de fantástico. Si “It Follows” nos ponía en alerta sobre los peligros de las enfermedades de transmisión sexual entre los jóvenes, en “Leviticus”, Chiarella denuncia la homofobia galopante instalada en una localidad rural de la Australia profunda para dar forma a un terror religioso que por desgracia, termina acomodándose más en el drama que en el propio género, encontrando aquí la principal diferencia con respecto a la película de David Robert Mitchell.
“Su tendencia a virar hacia el reverso dramático del relato la alejan del imaginario popular del género. Aun y así, es una cita ineludible para los amantes del cine Australiano”
No quiero decir con esto que “Leviticus” reniegue del cine de terror o no pueda adscribirse a él, pero es innegable que siempre (o casi siempre) intenta mantenerse a una distancia prudente de todos esos mecanismo propios del fantástico en los que tanto se recreaba “It Follows”. Esto quiere decir que el terror en “Leviticus” tiene mucho más que ver con la aterradora realidad que narra, que en la construcción de viñetas terroríficas, algo de lo que Robert Mitchell abusaba una y otra vez en su icónica ópera prima. ¿Quiere decir esto que “Leviticus” carece de escenas de terror? No. Las tiene. Incluso algunas llegan a resultar bastante poderosas, pero visto el conjunto, se sienten como algo casual dentro del viaje, no tanto por cantidad, como por la sensación de que no es el susto o el escalofrío el resultado buscado, ya que lo realmente importante reside en subrayar el mensaje.
El reparto es otro de los grandes valores de la cinta. Joe Bird y Stacy Clausen lucen terriblemente sólidos víctimas de una sociedad retrógrada que ya no trata la homosexualidad como una enfermedad, lo hace directamente como un mal que hay que exorcizar. Nos encontramos aquí con otro de los “peros” de la película, lo cogido con pinzas que está todo lo relacionado con su reverso sobrenatural. En su naturaleza de serie B, “It Follows” no tuvo problemas en pasar de puntillas sobre la maldición de turno y nadie le pasó facturas por ello. En “Leviticus”, por su naturaleza, el tema argumental sí se torna en una losa más pesada, tanto, que habrá quien sea incapaz de cargar con ella. Mención también para Mia Wasikowska y su escalofriante personaje, cada vez más alejada del mainstream y afincada en este tipo de producciones “menores”, como siempre, solvente.
En definitiva, no creo que sea “Leviticus” una película que vaya a trascender como lo han hecho otras cintas similares estos últimos años. Su tendencia a virar hacia el reverso dramático del relato la alejan del imaginario popular del género. Aun y así, es una cita ineludible para los amantes del cine Australiano y de todas esas pequeñas producciones que tienen algo que contar y que para ello se atreven a cruzar las líneas que sean necesarias.
Lo mejor: Técnicamente impecable, la lograda atmósfera y el gran trabajo de su pareja protagonista.
Lo peor: El terror tiene más que ver en lo que cuenta que en cómo lo cuenta, una historia que plantea más de una duda razonable y que parte de la sociedad siga estando tan podrida como para tener que seguir denunciando este tipo de aberraciones en el cine.



















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