Crítica: Diablero (varios, 2018) Crítica: Patient Zero (Stefan Ruzowitzky, 2018) Crítica: Lucero (Norberto Ramos del Val, 2015) Crítica: One Cut of the Dead (Shin'ichirô Ueda, 2018) Crítica: Tideland (Terry Gilliam, 2005)

viernes, 18 de enero de 2019

Crítica: Diablero

Debo de decir que afronté esta serie con los escudos levantados y la velocidad de huida a punto. ¿Una serie de terror humorístico mexicana de la que nunca había oído hablar? Miedo me daba, pero las informaciones hablaban de reminiscencias con el Raimi de “Evil Dead”, y mis amistades mexicanas no paraban de darme críticas positivas con un entusiasmo que me causó curiosidad. Hablaban de un producto muy enfocado a su mercado nacional, tanto que a mi me preocupó que fuera difícil evaluarlo completamente si no ibas a entender la mitad de los chistes. Soy sudamericano, y entiendo que lo que es tronchante en una cultura puede no serlo en otra, más con la dificultad añadida de que el dialecto del castellano que se utiliza en “Diablero” no es para nada castellano neutro o internacional. Otras fuentes me la comparaban con la divertida “Juan de los Muertos”, pero eso no hizo que mi opinión previa mejorase mucho.

jueves, 17 de enero de 2019

Crítica: Patient Zero

Qué dilema moral tan grande cuando una película te fascina en su fondo, pero te decepciona en su todo. Cuando ves que una idea, que podía traer nuevas posibilidades a un género con “horror vacui”, en cuanto al número de ideas expuestas, acaba por auto degradarse en pos de una trama y desarrollo arquetipos. ¡Qué frustración! He de decir y lo digo sin vergüenza, que “Patient zero” me ha trastocado. No por la cinta en sí, sino por el sentido de lo que representa, sentido que desaparece a medida que avanza la cinta.

miércoles, 16 de enero de 2019

Crítica: Lucero

Cuando un director plasma en imágenes una historia afrontando grandes riesgos, puede salir bien o no. Gustav Möller arriesgó con ‘The Guilty’ (2018) y ganó gracias a un excelente guion, al gran trabajo de su protagonista y por ser capaz de aprovechar al máximo una austera puesta en escena. Norberto Ramos del Val, no solo no arriesga, va más allá, echa un órdago y por desgracia pierde el envite.

lunes, 14 de enero de 2019

Crítica: One Cut of the Dead

El maestro Hitchcock haciendo gala del noble arte de la trampa y el cartón, fue todo un pionero en el denominado plano secuencia en su venerada “La Soga” (“The Rope”, 1948). Hoy, dicho recurso cinematográfico es considerado uno de los grandes fetiches de propios y extraños así como un oportuno placer culpable para todos aquellos cineastas que pretenden dejar rápida y honda huella en la industria y ya de paso, en la taquilla. Desde Wells con su “Sed de Mal” (1958), pasando por “El Resplandor” de Kubrick y el viaje en triciclo más aterrador de la historia del cine, hasta éxitos más contemporáneos como “Hijos de los Hombres” (“Children of Men”, 2006) o “Gravity” (2013), ambas de Alfonso Cuarón. Por no hablar del mundo de la televisión, donde series como “True Detective”, “La Maldición de Hill House” o “Daredevil”, le han sabido sacar punta al recurso para la causa.

sábado, 12 de enero de 2019

Crítica: Tideland

¿Qué pasaría si uniéramos la famosa premisa de Lewis Carroll con el ideario del loco de Gilliam? La respuesta es “Tideland” (Terry Gilliam, 2005), una obra que tristemente pasó desapercibida. Terry Gilliam es famoso -a parte de por haber sido miembro de los Monty Pyton- por obras de culto como “Brazil" (1985), “12 Monos” (1995) o “Miedo y asco en Las Vegas” (1998). Todas grandes películas, con un fandom al mismo nivel. Pero ya entrados los 2000 el realizador cometió el error de dirigir “El secreto de los hermanos Grimm” (2005), una película alimenticia cuyo único objetivo fue el de ser sustento para proyectos posteriores más personales y arriesgados. Esto logró que su publico renegara de él, ya que vieron que había sacrificado su estilo para hacer una película facilona destinada al mero entretenimiento. Por ello, cuando estrenó “Tideland”, muy pocos apostaron por ella y terminó siendo obviada de la cartelera.

jueves, 10 de enero de 2019

Crítica: Down a Dark Hall

Todos los años hay una decepción y este año me toca mencionar al bueno de Rodrigo Cortés como director que no consigue cumplir con las expectativas levantadas por su nueva película. Si el año pasado fue para mí una decepción “A Cure for Wellness” de Gore Verbinski, muy bien hecha, pero con mucho menos trasfondo del que cabría esperar, en el 2018 el fracaso es “Down a Dark Hall”. Técnicamente está bien hecha, pero carece de interés por su poca profundidad y su nula trascendencia. Si a ello sumamos un argumento bastante tocado ya en el cine, que no aporta novedad, y una falta de garra bastante evidente, el resultado nos lleva irremediablemente a una película bastante previsible. Es justo mencionar la buena trayectoria que llevaba hasta la fecha Rodrigo Cortés, sus tres largometrajes hasta la fecha son notables, “Concursante”, 2007, “Buried”, 2010, “Red Lights”, 2012, y de ahí que las expectativas, como no podría ser de otra manera, fuesen altas ante su último estreno.