lunes, 28 de julio de 2014

Crítica: Terroríficamente Muertos

Basado en hechos reales. Hace un par de días, en lo que se ha empezado a denominar en mi casa, como los viernes clásicos, El Rector y yo, decidimos volver a revisionar "Terrorificamente muertos". En ese momento, el agobiante calor que hacía por la noche, fue testigo de dos muecas muy diferentes: El Rector sonreía abiertamente mientras hacía su danza de la alegría y servidora, ponía cara de circunstancia mientras con los dientes apretados, decía ironicamente "uy qué bien, Raimi otra vez y encima con el sr. Campbell..." El Rector no salía de su asombro, "¿cómo es posible que no disfrutes de esta obra maestra?" me decía. Yo callaba bajo el ventilador mientras apretaba el play del aparato blu ray que no entiendo. 

Una de las cosas mas complicadas de asumir en esta vida, es que no tenemos la verdad absoluta, que no todo el mundo piensa como nosotros y que no a todo el mundo le gustan las mismas cosas que a nosotros. Lo cierto es que resulta incomprensible que algo que amas, algo que adoras, no sea adorado por el resto del mundo, ¿cómo puede haber visiones tan diferentes de una misma cosa? Obviamente todos creemos que nuestra versión es la acertada, y por tanto, que la contraria es la equivocada. Eso es lo lógico, lo normal, si no, nos encontraríamos ante un sangrante caso de falta de personalidad, donde incluso, puedes llegar a pensar que eres un personaje de una película. Pero la realidad, queridos cuervos, es que una vez asumes que tus gustos no tienen por qué ser compartidos por el resto, y que cada uno va a querer llevar la razón en cualquier debate al respecto, la vida se ve de otro color. 

Viendo entonces la vida en otro color, me pareció interesante poder mostrar el otro lado, la otra cara de la moneda, poder explicar aquello que no entendemos, y fue así como surgió la idea de que la crítica de una de las obras de culto del cine de terror y miembro de la Santa Trinidad de Raimi fuera diseccionada por mi, justamente la persona que no le daría más de un cinco basándose en hechos puramente subjetivos, como todas las críticas. Intentaré que hoy, todos vosotros, amantes de "Terrorificamente muertos" podáis entender, o al menos asumir, que existe gente en el mundo que no es capaz de disfrutar de una película así y sus motivos. 

En 1981 un joven Sam Raimi, dirige "Evil Dead" y emerge una nueva forma de hacer cine de terror, que era el cine de los mil y un planos en pocos minutos. Poco se puede decir de esta cinta que no se haya dicho ya. Con "Evil Dead", nace la leyenda de Ash Williams y empieza a haber un regusto claro a comedia en medio de una película de terror, que parecía muy del agrado del público. La fase dos comienza seis años más tarde, cuando Raimi decide rodar casi la misma película con la que debutó, pero explotando los elementos con los que empezaba a romper esquemas: a Ash y el humor. Nace la secuela-remake-encubierto y esta vez, Raimi se va a dejar guiar por la seguridad de lo que sabe hacer bien, que es utilizar el término exageración en su máxima expresión. 

La exageración de "Terrorificamente muertos" es palpable desde los primeros planos. Raimi vuelve a utilizar su cámara como un personaje más, yo diría que el personaje más importante, y en cuanto aparece Ash, ya vemos que el actor-amigo del director está sobreactuado al máximo. Más que una película parece que estemos frente a una obra de teatro, una comedia de la mueca que busca la risotada que precisamente provoca esa mueca. Teniendo en cuenta que yo he manifestado mil veces en Nido de Cuervos, que a mi el terror unido a la comedia no me divierte (no porque lo considere un insulto al género ni mucho menos, sino porque simplemente a mi no me gusta y sobre gustos poco hay que decir), es bastante obvio la principal razón por las que para mi, "Terrorificamente muertos" no puede estar entre mis clásicos de cabecera. Repito, es un tema de gustos, pero imaginad una comedia en la que no sois capaces de reíros lo más mínimo, imaginad que ni siquiera podéis sonreir, que no hay nada que os parezca ingenioso, porque el humor que veis es simple, no va ligado a una frase inteligente, sino que es más básico, algo como un conjunto de gags fáciles (empezando por los personajes, que son gags en sí mismos), en los que sólo falta que alguien se resbale con la cáscara de un plátano. Si lográis imaginar esa situación, ahí me veréis a mi, en mi viernes de clásicos, intentando sonreir para no cortarle el rollo a mi pareja, que disfrutaba del visionado como un lechoncito en el barro. 

Sé que sigue siendo complicado hacerse a la idea de que existan percepciones tan diferentes de una misma realidad, pero sigamos con ellas, acompañadme un poco más a mi mundo... La diferencia entre "Evil Dead" y "Terrorificamente muertos", es que la primera era una cinta de terror con esbozos de comedia, y la segunda una comedia a secas. Ese es otro de los handicaps de "Evil dead II", que no provoca terror en ningún momento, que todo el desmadre gira en torno a la situación cómica. La genialidad reside en hacerte pasar miedo y al momento sacarte una sonrisa, eso es lo complicado (en mi caso imposible), pero si no has logrado estar en tensión jamás, si los demonios no te hacen pasar miedo, no hay espacio para el terror, a mi tanta comicidad junta me saca del argumento por completo. Tolero el gore desfasado con humor más o menos facilón, incluso me hace pasar un rato divertido (aunque no me haya reído jamás. Debe ser que cinematograficamente soy fría como el hielo...), y lo hace, porque el gore no busca hacerte pasar miedo, el gore busca el shock, la impresión, pero no quiere dejarte pegado al sofá sin que te puedas mover de pánico puro. Pero si lo que se busca es eso, es hacerte sudar, verte apretando el puño sin darte cuenta, de terror, y de repente mostrarte algo cómico, eso a mi me saca por completo de la escena, del argumento y de la película, ahí se acabó el miedo y ya nunca volverá. 

Otro de los puntos que no puedo obviar en este antianálisis, es a Bruce Campbell, actor al que yo no soporto. Para mi es como Jim Carrey, dos actores que supongo que en un teatro infantil volverían locos a los niños, pero que en la pantalla de mi televisor me cansan hasta el extremo, con tanta mueca y tanta exageración en su lenguaje corporal. Tengo claro que Ash Williams estaba concebido de esta forma por Raimi (al menso en "Terrorificamente muertos" y " El ejército de las tinieblas") , y que Campbell cumplía órdenes, pero permitidme que me desagrade tan poca contención, algo básico en la interpretación cinematográfica. 

Hace menos de un año, yo analizaba una película que me gustó mucho, que precisamente mostraba un poco todo esto de lo que hablo, "All About Evil". Aquella propuesta era la exageración hecha película, y me gustó porque, precisamente, lo que simulaba era una gran obra de teatro. Cuando tienes claro que tu cine es para pantalla, en mi mundo, el Ash Williams de "Terrorificamente muertos" no tiene cabida, pues el personaje se come a la propia trama con esa mandíbula tan grande, y yo no tengo manera de empatizar lo más mínimamente con él, o cogerle un poquito, tan siquiera, de cariño. 

Los efectos artesanales (que siempre son mis favoritos) de esta segunda parte de "Posesión Infernal" tampoco destacaron de un modo terrorífico, como sí lo hicieron en la primera, pues a mi, Linda me parecía infinitamente más atemorizante que Henrietta, y Ash-demonio me parece más una bruja clásica que un demonio sediento de muerte. Una vez más, estos efectos, este maquillaje, está al servicio de la exageración y de la risotada. No se puede negar una gran labor en este aspecto, pero el resultado no es lo terrorífico que yo necesitaba, sino la máscara de teatro que buscaba Raimi. Con razón es él el director. 

Si conjugáis todos estos elementos, creo que ya estáis más cerca de entender la otra perspectiva, aquello que puede llevar manos a la cabeza, pero que es tan real como la vida misma, y os diré más, en la vida misma, en cuanto tuve oportunidad de ver "Evil dead. El Musical", ni que decir tiene que corrí a verlo con la sonrisa en la boca, esa vez sí, esa vez sabía que la cosa no iba de terror, sino de situaciones absurdamente paranormales que encadenaban una canción con otra, y en la que la exageración en la actuación era obligada. Aun así, y pese a divertirme de lo lindo, en el fondo de mi alma, sentí una pequeña decepción al ver que ni siquiera se intentaba causar una minúscula sensación de tensión, todo estaba ideado en pos de la comedia, pero ¿qué queréis? es lo normal, estamos hablando de un musical... 

Con todo este panorama, pudiera parecer que no soy capaz de ver ninguna virtud en una película catalogada bajo el término terror, como es "Terrorificamente muertos", y nada más lejos de la realidad. Tiene la principal de las cualidades, y esa es que entretiene, que el ritmo no decae nunca, y que yo, que ya os he dicho que aprendí a ver el mundo de otros colores, y tengo claro que mis gustos son sólo míos, y no tienen por qué ser de nadie más, entiendo perfectamente por qué "Evil Dead II" tiene el estatus que tiene, si te gusta la comedia...claro. 

Ahora intentad pensar en películas que hayan marcado, que hayan influido, que hayan acompañado la vida a alguien que conocéis, y que vosotros pensáis que es imposible que eso que os describen con tanta pasión, sea lo que vosotros sentisteis cuando visteis la película en cuestión porque no os gustó, o simplemente no os llegó, y volved al inicio de este análisis. 

Klaatu verata nikto.



sábado, 26 de julio de 2014

Crítica: El Amanecer del Planeta de los Simios

Matt Reeves se desmarca de los clichés típicos del cine, para ofrecer una secuela que supera con creces a su antecesora. Después de films tan interesantes como “Monstruoso” o “Déjame entrar” que ya apuntaban a su buen hacer como director, esta incursión en el reboot de la saga del planeta de los simios es una de las apuestas más notables y perfectas del año. 

Rupert Wyatt ya realizó una buena obra, al ponerse delante de un producto tan comercial como fue “El origen del planeta de los simios”, propuso una relectura interesante y con un buen uso de los efectos especiales que están al servicio de la historia aportando algo más que entretenimiento visual. Pero en este segundo acto, las cosas cambian de forma drástica ya que el cambio de director ha beneficiado a la película de una mayor solidez en el guión y en los efectos especiales, que esta nueva vez se conjugan de forma magistral. 

Por consiguiente, “El amanecer del planeta de los simios” vuelve a focalizar su interés en los simios, y dejando en segundo lugar el papel que tienen los humanos. El virus confeccionado por los humanos ha conseguido diezmar la población mundial, mientras que los simios han conseguido ser más inteligentes y vivir su vida alejados de la humanidad. Se muestra una sociedad simia mayor organizada, capitaneados por César que escondidos en los bosques, desarrollan una vida tranquila y feliz hasta la intrusión de varios humanos por su territorio. 

El primer contacto entre humanos y simios, después de la propagación del virus se salda con la muerte de un simio, por lo que éstos atrapan a los humanos y lo llevan ante César. Gracias a este hecho, el guión y la puesta en escena de Reeves muestran los dos lados confrontados de simios-humanos, proponiendo la reiterante manía del hombre de interponerse en cada acto de la naturaleza mientras que los simios, a pesar de su hostilidad, deciden ayudar de forma precavida a los humanos; es en este punto, donde sobresale la importancia del guión que realza la historia en un sinfín de confrontaciones sobre las diferentes perspectivas y visiones que se tienen sobre la vida. 

Por consiguiente, los humanos se encuentran en una situación grave, ya que su falta de recursos los lleva a dialogar con César para poder arreglar una presa hidroeléctrica que se encuentra en su territorio para así poder suministrar energía eléctrica a la pequeña población superviviente al virus. En este caso, César decide dejar entrar a los humanos para que éstos acaben su trabajo y los dejen en paz, pero no todos los simios piensan que los humanos llevan buenas intenciones -en este caso Koba, es el simio en contra de los humanos- y este detalle se convierte en un punto de inflexión que forzará los sucesos que se acontecen un poco más tarde. 

En todo momento, el film cuida por partes iguales a los actores, los efectos especiales y la historia, por lo que sabe buscar el equilibrio entre lo que es entretenimiento y dramatismo. “El amanecer del planeta de los simios” sabe conmover de la misma manera que sabe ofrecer espectáculo en estado puro; pero sin duda alguna, los efectos especiales consiguen un peso sin igual en un film que se muestra abierto a ofrecer interpretaciones que no son de carne y hueso -a pesar de que hay humanos detrás de ellos-; cada uno de los simios está recreado de forma espléndida por parte de los especialistas Andy Serkis (César) y Toby Kebbell (Koba) -entre muchos más- que dan lo mejor de sí en unas interpretaciones maravillosas a través de los CGI. 

Es espectacular cada plano y cada detalle que se muestra en la película, la imponencia simia se contrarresta con la vulnerabilidad humana que decide arrasar -como siempre- con la naturaleza dominante, es en este punto de inflexión de la historia cuando simios y humanos se encuentran amenazados, en la que todo estalla. Ese estallido se traslada a pura acción, trepidante y formalmente perfecta que mantiene al espectador se queda anonadado ante tan buena factura, mientras que la historia muestra como los dos lados enfrentados, tienen razones argumentadas para seguir con esta letal guerra. Momentos tan espléndidos como el ataque al poblado humano por parte de los simios montados a caballos y con metralletas en mano impactan por su extraña iconografía, mostrando la fácil evolución y desarrollo de la sociedad simia, que poco difiere de la humana; y eso es otro punto a tener en cuenta, ya que será César el que se dará cuenta de tal aspecto, observando que a pesar del lema “simio no mata a simio”, éstos son capaces de mostrar ira y venganza; por lo que será muy difícil mostrar de que parte se encontrará a favor -en sí, la guerra es un galimatías lleno de confusiones-, ya que los dos bandos se enfrentan por error y por un soberano golpe de estado. 

En conclusión, “El amanecer del planeta de los simios” es una obra magna, viva y vital, que lleva al humano a su lado más amable, viendo las atrocidades que llegan a cometer por obtener energía y la falta de perdón ante una sociedad simia que simplemente quiere vivir en paz. Cada uno de las set pieces de acción son de un brío y planificación espectaculares, aunque cabe destacar que la película intenta buscar instantes de grandeza en sus momentos más delicados y sensibles en los contactos simio-humano; en este aspecto, momentos en los que un bebé simio se acerca a los humanos sin miedo, todo aquello que plantea la confianza simia ante los humanos o como un adolescente regala un libro a un orangután, son las escenas que llegan a conmover por su “humanidad” y su idea del respeto a la naturaleza. 

Es así, como se constituye un blockbuster con mayúsculas, convirtiéndose en la sorpresa del año y arriesgándome a reconocerla como la mejor película de este año -junto a ésta estaría “Al filo del mañana”-, que además le hace una gran competencia a la película original del 68-aunque ésta siempre será la primera e intocable-. En fín, hacia años que no disfrutaba tanto una película por partes iguales, cuyo atractivo visual está al servicio de la historia, ayudándola a progresar y erigir una película sólida y casi perfecta; la única pega que le pongo, es que falta llegar al tercer acto por lo que me da un poco de miedo, hasta que punto se podrá superar una obra que ha dejado el listón demasiado alto.


viernes, 25 de julio de 2014

Crítica: Líbranos del Mal

“Deliver us from Evil” es un thriller católico que une al sargento Ralph Sarchie, operaciones especiales (Eric Bana) con el Padre Joe Mendoza (Edgar Ramirez de Carlos y Che), un exorcista y miembro de Narcóticos Anónimos. El director Scott Derrickson y el co-guionista Paul Harris, ofrecen un procedimental rutinario con sustos básicos con poco a remarcar. Desde luego, les fue bastante mejor con El exorcismo de Emily Rose (2005). 

El 4 de julio de 2010, un trío de marines de los Estados Unidos encuentran una críptica inscripción persa-latina durante Operación Reaper en Diyala, Iraq. Licenciados con deshonor por darle una paliza al capellán de la base, se van al Bronx donde se dedican a auto mutilarse y hablan con los leones del zoo – bajo la influencia de las canciones de The Doors. Esto es lo que me flipó. Jim Morrison no podrá descansar en paz jamás. 

Titulada bajo la séptima petición del Padre Nuestro, “Deliver us from evil (Líbranos del mal)”, la cinta habla del coste psíquico de llevarse el trabajo a casa, ya sea desde Iraq o desde la Prefectura 46. El diablo infecta las almas de las primeras filas para infligir más maldad en las filas de casa. El terror teológico es el subtexto de este escapismo centrado en un exorcismo producido por Jerry Bruckheimer. 

El policía del Departamento de Policía de NY, Ralph Sarchie; ya co-escribió Beware the night en 2001 sobre su experiencia como policía y como demonólogo. En una entrevista decía que: “El libro no va de un policía o del Demonio, va sobre Dios.” Estamos hablando de hechos reales, Ralph Sarchie escribió este libro junto a Lisa Collier Cool; cuando llegó a la conclusión de que algunos de los criminales que se encontraba a su paso estaban poseídos por algún demonio. A pesar de nombrar al protagonista de la cinta tras Sarchie, quién es acreditado como consultor en los créditos; los realizadores de la película anuncian ilógicamente: “Cualquier similitud o identificación con… cualquier persona… o entidad es completamente coincidente e inintencionada.” Como si alguna entidad llamada Satán fuera a cabrearse y denunciarles. Dotan también al personaje de Eric Bana de un catolicismo perdido a los 12 años y de un radar que él cree más que eficaz para encontrar extraños sucesos en el barrio. No podía faltar también una fuerte carga de culpa católica para echar la tarde en el sofá. 

El director consigue generar una buena atmósfera durante toda la cinta a excepción de las escenas donde los diálogos más largos se cargan el tempo de la historia dejándote un poco indiferente. A pesar de esta atmósfera de acojone, los sustos son manidos como todos los conocemos y no logran salvar una película que es de manual. Hacia el final del metraje, Mendoza pregunta: “¿Renuncias a Satán y su trabajo?” A lo que Sarchie responde sin ningún tipo de sorpresa: “Renuncio a todo mal”. 

Derrickson, quien dirigió Sinister en 2012, se graduó en una universidad evangélica protestante. “¿Cómo puede un cristiano no hacer cintas de terror?” le dijo a un entrevistador de la revista del campus. “No hay nadie mejor equipado para hacer películas de terror que un cristiano”.


jueves, 24 de julio de 2014

Sitges 2014: El cine de terror más actual estará en Sitges

La 47ª edición del Festival de Sitges, que se celebrará entre el 3 y el 12 de octubre, vendrá cargada de títulos muy esperados por los seguidores del cine fantástico y, especialmente, del género de terror. Así lo anunció ayer el director del Festival, Ángel Sala, durante la charla que mantuvo con los fans en la Fábrica Moritz de Barcelona. Sala desveló un puñado de nuevos films que integran la extensa programación de Sitges 2014. 

El terror sobrenatural tendrá un peso significativo este año, con buenas muestras de películas con casas encantadas y presencias siniestras que llegan desde la otra punta del planeta, como la neozelandesa Housebound, de Gerard Johnstone; o la australiana The Babadook, de Jennifer Kent. Otro ejemplo del género, Home, de Nicholas McCarthy, también se podrá ver en el marco del Festival. The Canal, de Ivan Kavanagh, cierra este cuarteto de títulos que harán saltar a los espectadores de la butaca con sus apariciones demoníacas. 

Pero en Sitges 2014 también habrá sitio para los films que tratan el género desde una óptica más humorística y pasada de rosca, como en el caso de Dead Snow 2, de Tommy Wirkola, en la que el único superviviente de la primera parte tendrá que combatir un ejército de zombies todavía mayor. Dos buenas dosis de zombies también están garantizadas con Goal of the Dead y Zombeavers, títulos que proponen mezclas imposibles de zombies con futbol y castores, respectivamente. El primero se trata de un film doble (dos partes de 70 minutos), dirigido por Benjamin Rocher y Thierry Poiraud; el segundo parte de la conocida premisa “grupo de jóvenes, vacaciones, diversión, alcohol y sexo” que se transforma en una orgía de sangre. Sin abandonar el tono de comedia, el Festival presentará Premature, de Dan Beers, la historia de un estud iante de secundaria que debe revivir reiteradamente la pérdida de su virginidad como si fuera un giro alocado de Atrapado en el tiempo. 

A las numerosas producciones asiáticas que el Festival ya ha confirmado para este año, se suma Live, del director de Dead Sushi, Noboru Iguchi. Un thriller de supervivencia basado en una novela de Yusuke Yamada. Desde Alemania llega Der Samurai, un film oscuro y ambiguo que ha sido descrito como thriller queer,dirigido por Till Kleinert y financiado a través de micromecenazgo. El último de los nuevos títulos confirmados ayer es The Curse of Downers Grove, película sobre los asesinatos de unos adolescentes atribuidos a una extraña maldición, dirigida por Derick Martini y coguionizada por el novelista Brett Easton Ellis, el autor de American Psycho, cuya versión cinematográfica inauguró Sitges 2000. 

Ángel Sala también ha adelantado dos documentales que estarán en la próxima edición del Festival. El primero de ellos es Doc of the Dead, una cinta que se ha definido como el “documental definitivo de la cultura zombie”. Dirigido por Alexander O. Philippe (The people versus George Lucas y The Life and Times of Paul the Psychic Octopus) y con las participaciones de Alex Cox, Simon Pegg, George A. Romero o Steven Scholzman, esta pieza analiza cómo el fenómeno zombie se ha popularizado en los últimos años en todo tipo de campos, como la literatura, las series o, incluso, la moda. El segundo documental confirmado es That Guy Dick Miller, de Elijah Drenner, dedicado a un aspirante a escritor que se convirtió en actor por accidente, y del cual todo el mundo conoce el rostro, pero desconoce el nombre. Compartiendo pantalla con figuras como Nicholson, De Niro, Schwarzenegg er o Los Ramones, ha trabajado con grandes directores como Scorsese, Corman, Fuller, Dante, Cameron, Demme y muchos más. En Sitges 2014 tampoco faltarán los clásicos. El Festival ha confirmado la proyección de Sorcerer, el film de William Friedkin de 1977, remake de El salario del miedo, de H.G Clouzot (1953), protagonizado por Roy Scheider, Bruno Cremer, y Francisco Rabal. 

Estas nuevas incorporaciones del Festival se añaden a la programación de una edición que inaugurará REC4: Apocalipsis, de Jaume Balagueró, que concederá el Gran Premio Honorífico a Roland Emmerich y que contará con las presentaciones de las últimas producciones de grandes directores como Jean-Luc Godard, David Cronenberg, Kim-ki Duk y Takashi Miike.

miércoles, 23 de julio de 2014

"Presentir", mediometraje que demuestra el talento patrio

Jorge Calzado es como un hombre del Renacimiento. Igual te escribe una novela, que te monta un buen guión de cine, rueda la película y se encarga de los efectos del maquillaje entre otras cosas. En "Presentir", se nos da a conocer con un mediometraje codirigido junto a David Vázquez y basado en una idea original y guión propios. 

Presentir es un descenso rápido a los diferentes mundos del terror de dos amigos, Sara (interpretada por Laura Arnaiz) y Ángel (Enrique Muñoz), que deciden acudir al piso que alquila el novio de esta, Sergio (Jesús Jiménez) a Marcos, (un guapísimo Daniel Rico) tras un presentimiento de Sara de que las cosas no van bien. 

Calzado nos enseña que presentir no es sino intuir, tener la sensación de que algo va a suceder, a la vez que nos muestra que en esto del terror bien ejecutado pocas veces funciona el presentimiento y cabe, sin lugar a dudas, la sorpresa. Porque Presentir es ante todo una sorpresa, una de las buenas. Con un presupuesto limitado pero exquisitamente bien empleado, la cinta, un mediometraje producido por Jesús Jiménez y New Arts Studio, comienza con un plano abierto de los dos amigos en un parque, tomando la decisión de seguir la intuición de Sara y acudir a casa de su novio Sergio. Pronto, una suave fotografía en blanco y negro, demasiado melosa quizás, nos introduce en el fondo opresivo de lo que vamos a encontrar mediante una subida de escaleras viejas y vertiginosos planos cenitales mientras la melodía de un violín machacón empeñado en ocultar la ejecución del piano nos prepara para lo peor. Sergio está muerto en su cama.

Rápido, fugaz, un fundido al negro de la noche madrileña sirve para espaciar la narración e introducirnos en algo mucho más retorcido que un mero asesinato. 

Con elementos que hacen guiños a lo mejor del terror reciente (y no tan reciente, esa llave atascada que cae, propia de Hitchcok) y cultas referencias que muestran el conocimiento del género de su autor, Presentir está muy lejos de lo que podríamos calificar como amateur, pues el buen hacer, fundamentalmente del director y guionista, los fabulosos maquillaje y efectos no profesionales y el más que decente diseño de producción y sonido, son propios de cualquiera de las cintas que encontramos en los mejores festivales de género, Sitges sin ir más lejos. 

Sin acabar de ser redonda, sobre todo por las irregulares interpretaciones de algunos de los miembros del reparto, es una opción más que recomendable y muy a tener en cuenta por su frescura, su mezcla valiente y arriesgada de subgéneros y las sorpresas que se van desentrañando en un guión del todo fabuloso, en el que encontraremos zombies, ouijas, rituales oscuros y hasta un retazo de gore que hará las delicias de cualquier adepto al género. 

Poe estaría más que satisfecho de ese velado homenaje a su corazón delator encubierto de cine en potencia y que ya ha sido traducido al alemán, inglés, francés e italiano. 

Nuestras desabridas carteleras de verano bien podían dedicarse a descubrirnos estos nuevos talentos patrios de cuando en cuando. 

Lo mejor: La labor de Calzado, guionista y director a seguir desde ya. Descubrir que con talento y buen hacer se pueden crear productos interesantes alejados de los grandes presupuestos y blockbusters y que Shyamalan, Zombie, Roth y algunos otros tienen marcada influencia en un cine no del todo visible que espera a ser descubierto. 

Lo peor: La irregularidad de las interpretaciones. Recomendable para cualquier amante del terror patrio en formato de corta duración.

lunes, 21 de julio de 2014

Crítica: Child of God

Sin pausa y tras la buena acogida de As I lay dying, James Franco se arroja en el trabajo de otro de los descendientes espirituales de Faulkner con esta dura, determinante y andrajosa novela de Cormac McCarthy, Child of God (1973). Descendiendo a las profundidades cavernosas más bajas de la depravación humana de la mano de Lester Ballard, el necrófilo más famoso de la literatura moderna; Franco emerge con una adaptación extremadamente fiel, cruda pero aun así relativamente confinada que comparada con sus trabajos previos sale vencedora. Y aun y todo, falla un poco en conseguir el más puro retrato electrizante de este desviado social y sexual. Si el éxito comercial permanece fuera del alcance para las cintas que exhuman fluidos corporales y cadáveres violados, la seriedad artística de la película y el compromiso irreprochable de Scott Haze en el papel de Ballard debería mantener a los devotos de Franco bien contentos. 

Dado el prestigio que consiguió The Road de John Hillcoat y All the Pretty Horses de Billy Bob Thornton, por no hablar del desarrollo épico de Blood Meridian, hay que darle crédito a James Franco por llevar a cabo este proyecto, este intento de proyecto de bajo presupuesto; cuando parece que Hollywood no tiene ningún problema en dar un trato millonario a McCarthy; por ejemplo; No es país para viejos de los hermanos Coen. Siendo uno de los primeros directores que se apuntó a dirigir Blood Meridian, Franco ha decidido empezar por lo bajo. Con una conducción narrativa brillante y un gancho como psicópata, Child of God es una de las novelas más cinemáticas de McCarthy, y el capitán de este barco entiende que un trabajo de cámara salvaje y rebelde es la mejor aproximación visual a la prosa sobria y llana del autor. 

Como la novela, la película (escrita por James Franco y Vince Jolivette) se divide en tres actos, marcados en pantalla con algún párrafo o texto extraído del libro, un mecanismo algo manido que afortunadamente se mantiene en el mínimo. La primera sección introduce y da cuerpo al ambiente místico local de Lester Ballard (Haze), un residente en 1960 en el condado Sevier, Tennessee; para el que las palabras paria e idiota del pueblo parecen ser inadecuadas. Primero le vemos empuñando un rifle e interrumpiendo una reunión del pueblo donde su propiedad está siendo subastada, luego le veremos defecando en el bosque con un detalle gráfico que quizá no hacía falta, Ballard es salvaje, lunático, violento y es un individuo singularmente perturbado, despojado y exiliado de sociedad como persona. 

Franco se apropia de la técnica de McCarthy de disponer de narradores sin nombre que cuentan la historia de la problemática infancia de Ballard, ayudándose de estas voces aleatorias sobre escenas cortas y que se funden al negro de manera abrupta, haciendo eco a los capítulos tersos del libro. Dada la idiotez general de lo que vemos a Ballard hacer – robar un pollo y disparar a una vaca sin motivo aparente, masturbarse mientras una pareja hace el amor en un coche – estos segmentos son divertidos, grotescamente. 

El humor se vuelve más escalofriante en el segundo acto, donde Ballard se encuentra de sopetón con los cuerpos de dos amantes y tras hacer la suya con el cuerpo de la chica muerta, decide llevársela a su cabaña de mierda donde ha creado su refugio para las noches frías de invierno. Lo que hace después con el cuerpo está jugado con gusto y no se sobre explota demasiado, con una medida de ternura real que sólo sirve para pintar un cuadro aún más abominable. A partir de este momento, es un tobogán de locura hacia el acto tres, donde Ballard convierte una cueva subterránea en una casa del horror, su total ostracismo de humanidad. 

Haze, un actor relativamente nuevo que decidió someterse a todos las maneras del Método de la locura para prepararse para el papel (incluso dormir en cuevas), hace lo que cualquier director podría pedir de un actor en este personaje y mucho más. Corre a toda velocidad por terrenos escabrosos y se retuerce a través de túneles oscuros, convulsiona su cuerpo como un hombre poseído, aúlla, ladra, gruñe y farfulla su discurso. Y de alguna manera y a pesar de todo esto, le otorga una especia de carisma y estrellato a este desagradable antihéroe que casi cae simpático. Es verdad que la famosa concepción de McCarthy de Ballard como “un hijo de Dios demasiado similar a ti, quizá”, le posiciona en la experiencia final humana más extrema pero le ofrece también explicaciones simples y reconfortantes de su patología particular. 

A pesar de todo el compromiso valiente o la actuación, la cinta no llega a ser tan aterradora como alguien esperaría de una figura que se inspira en el propio Ed Gein. La intensidad loca de Franco filmando y el estado primitivo evocador de Haze no casan con un guion que bebe demasiado de la literatura y se antoja como textos recopilados de la novela más que fruto de la propia cinta. 

Y la artesanía es considerable. Lenser y la colaboradora regular de Franco, Chrisina Voros; ruedan en una paleta muda de colores grises aburridos y marrones fangosos, y sacamos de ello una poesía tosca de algunas imágenes que encuadran a Ballard en un paisaje invernal. La edición irregular de Curtiss Clayton es a remarcar con una estética sin adornos, así como el compositor Embry que complementa esta historia bucólica con cambios de tono sombríos. 

Haze domina tanto la pantalla que ninguna otra interpretación destaca particularmente. Curioso sentimiento el que despierta en nosotros este retrato de una comunidad que vive aterrada por un individuo. La única excepción, Tim Blake Nelson; notorio entre caras desconocidas, marcando la nota correcta como el sheriff del condado Sevier. Franco hace un pequeño cameo como ciudadano del pueblo, sin mucho que añadir al respecto.


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