Este enero de 2012 se ha estrenado en nuestro país la versión norteamericana de “Los hombres que no amaban a las mujeres” (“The girl with dragon tatoo”, 2011) dirigido por el prestigioso cineasta David Fincher (“Seven”, “The Game”, “El Club de la Lucha”, “Zodiac”, “La habitación del pánico” o “La red social”). Una revisión de la archiconocida novela “Millennium” del malogrado periodista sueco Stieg Larsson. La trilogía ya tuvo una adaptación sueca que llegó a nuestras pantallas dividida a su vez en tres partes: “Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres”, “Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” y “Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire”.
Adaptación y no remake de la versión sueca, la visión hollywoodiense es una alternativa temprana que analizo superficialmente, a continuación, junto a la adaptación europea.
EL MILLONARIO ARCHICONOCIDO ARGUMENTO
La primera parte de la trilogía “Millennium” (la película), bajo la dirección del danés Niels Arden Oplev, narra la historia de Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist en la versión sueca/ Daniel Craig en la versión americana) y Lisbeth Salander. El primero es un reconocido periodista caído en desgracia tras acabar de perder un juicio contra el magnate Hans-Erik Wennerström (Stefan Sauk/ Ulf Friberg), de quien publicó un artículo en la revista en la que trabaja, llamada “Millennium”, acusándolo de corrupción. La información que tenía no era cierta y todo parece un complot para dañar la reputación del redactor. Su editora Erika Berger (Lena Endre/ Robin Wright), con la que mantiene una relación íntima que le cuesta a él el matrimonio, trata de convencerle de que no abandone su puesto en la publicación. Entonces recibe una llamada de Dirch Frode (Ingvar Hirdwall/ Steven Berkoff), el abogado del también magnate Henrik Vanger (Sven-Bertil Taube/ Christopher Plummer, el octogenario oscarizado recientemente), que le propone descubrir qué fue de su sobrina Harriet (Ewa Fröling/ Moa Garpendal), que desapareció sin dejar rastro hace ya más de cuatro décadas durante una reunión familiar. El anciano está convencido que el culpable se encuentra entre los miembros de su codiciosa y en apariencia respetable familia con un turbulento pasado nazi. Esperando poder distanciarse de la acusación de difamación que pesa sobre él, Blomkvist acepta el trabajo y se traslada a la isla de los Vanger, en el norte de Suecia, donde reside parte de la familia.
Mientras, en Estocolmo una joven llamada Lisbeth Salander (Noomi Rapace/ Rooney Mara), de aspecto singular y bajo tutela legal por tratamiento psicológico, ejerce su labor de investigadora privada a sueldo. Gracias a sus dotes como hacker es contratada por Frode para que investigue a Blomkvist. El periodista se entera y la contrata para que lo ayude. Antes del encuentro de la pareja protagonista, Salander sufre violación por parte de su nuevo tutor, Nils Bjurman (Peter Andersson/ Yorick van Wageningen), tras caer enfermo su tutor anterior, quien reportaba a las autoridades los avances de la joven.
SALANDER, LA MUJER-DRAGON QUE SOLO CONFIA EN UN HOMBRE
El foco de atención de la novela y de las adaptaciones para la gran pantalla se centra en la figura de Lisbeth Salander, el personaje principal que lleva el peso de la acción y todo un icono de la cultura pop actual. En la portada solo hay lugar para ella. Es ella –su vulnerabilidad y venganza- y la violencia ejercida sobre la mujer lo que despierta el interés por esta obra en hombres y mujeres. Un fenómeno literario en Europa y en el resto del mundo que lleva vendidos más de 65 millones de copias en 46 países.
La adaptación sueca de la novela al cine contó con la actriz Noomi Rapace en la piel de una Salander de carácter duro, frío y reservado y con una fisionomía en cierto modo andrógena (no es una mujer con grandes senos, su cuerpo está fornido y su rostro aunque bello y extraño puede pasar por el de un hombre), cuya interpretación fue muy bien recibida por el público y por la crítica. Por ello, para la versión americana, se pensó en un principio por la propia Rapace para volver a dicho rol; oferta que declinó. Fue entonces cuando se consideró para el papel a un gran abanico de actrices con más o menos acierto como Scarlett Johansson, Carey Mulligan, Natalie Portman, Ellen Page, Kristen Stewart, Mia Wasikowska, Keira Knightley, Anne Hathaway, Olivia Thirlby, Emily Browning, Eva Green, Sophie Lowe, Sarah Snook, Léa Seydoux, Emma Watson, Evan Rachel Wood y Katie Jarvis. Sin embargo, después de dos meses de casting la escogida fue Rooney Mara, una actriz prácticamente desconocida (la pudimos ver fugazmente interpretando a la novia de Mark Zuckerberg en “La red social”). Uno de los grandes aciertos de la adaptación de Fincher.
Ambas actrices dejaron el listón bien alto con su interpretación de la hacker punki y el resultado fue, en el caso de Rapace, la grata recaudación que consiguió la adaptación sueca teniendo ella parte del mérito y, en el caso de Mara, las nominaciones de los Globos de Oro y los Oscar a la mejor actriz protagonista.
Dicho esto, cabe destacar las variaciones del personaje en ambas versiones. En cuanto al look, Mara tiene un aspecto más atractivo y juvenil, mucho más fiel al contenido de la novela, interpretando a una Salander de 25 años y no de treinta, en apariencia, como la de Rapace. La Salander de Mara no tiene una imagen muy distinta a la de Rapace, con botas militares, pantalón de peto y camisa abotonada hasta el cuello, todo en negro; pero tiene ciertos detalles distintivos que resultan una buena alternativa, como su corte de pelo a lo garçon y sus llamativas cejas rubias (su color de pelo original). Parece un tímido joven de quince años.
Rapace, por su parte, tiene un look algo más transgresor y le quedan mejor las botas y la chupa de cuero. En este aspecto ambas están genialmente caracterizadas con sus piercing y su tatuaje del dragón, pero puestos ha escoger me quedo con Rapace, mucho más creíble como hacker punki europea. Desde mi punto de vista, aparenta ser parte de una de las tribus urbanas que bien podemos encontrar en Suecia, Berlín o Barcelona.
A modo de anécdota, desde el estreno de la versión americana, la vestimenta de la Salander de Mara ha servido de inspiración a la compañía de ropa H&M para sacar una línea edición limitada inspirada en este personaje encargada a la jefa de sastrería de la película, Trish Summerville, repleta de prendas de cuero, jerseys de punto anchos y mucho color negro. Cosas del capitalismo.
Al personaje de Lisbeth Salander se le podría describir como un ser fantasmal cuyo hábitat natural es Internet, donde tiene el control total y en donde su condición virtual define su verdadera esencia. Carente de lazos afectivos y de identidad social, la joven vive en las sombras, escondida del mundo físico en el que solo ha encontrado dolor. Su condición bisexual nos indica su falta de autoestima y sus ganas de conseguir placer de lo físico, sea del género que sea, para luego volver a la multiformidad de la red.
Pese ha vivir cosas terribles sigue manteniendo en cierto modo ingenuidad y muchos de sus actos vienen desde la frustración, que alimenta su ira. Es la mujer que no confiaba en los hombres hasta que aparece Blomkvist en su vida. Su atractivo se ensalza cuando su historia se une a la del periodista y, en especial, en el modo en como lo hace. Lisbeth complementa a Mikael Blomkvist y viceversa. Éste le ayuda a liberarse de su incapacidad de mostrar sentimientos positivos. La investigación que emprenden ambos les permite comenzar a pasar página de los hechos traumáticos de sus vidas.
Mikael es el único hombre en el que confía. Tiene un sentido especial de la justicia; su sentido. Pese ha haber acción y suspense, además de misterio, no es un James Bond. Busca una especie de reivindicación, de redención y eso le une a Lisbeth. El film es una historia sobre secretos y ambos protagonistas son parte de esos secretos. Mikael es un hombre y un periodista de los buenos, que busca la verdad en base a un código ético aún cayendo en errores sin caer en lo peor de la profesión (paparazzi, tertuliano).
Comparando ambas versiones (la sueca y la americana) en torno a este personaje, Daniel Craig se mete al público en el bolsillo con su interpretación del periodista de investigación, mostrando una persona corriente con sus debilidades hasta el punto de resultar entrañables y aún más si cabe junto a la seducción que provoca Salander. Durante el transcurso de la investigación, en la cabaña cedida por el multimillonario Vanger situada en la isla envuelta de belleza, viento y nieve, Blomkvist y Salander se calientan mucho el uno al otro y de tanto calentarse, en todos los sentidos, surge una extraña relación de amistad pseudopaternofial mezclada con cariño-amor.
Aparte de las distinciones físicas, la joven hacker tiene rasgos psíquicos muy diferenciales en ambos films. Mientras la también interprete del cuestionable remake de “Pesadilla en Elm Street” es una herida, Rapace es toda una cicatriz. Me explico: Rapace interpreta a una mujer que ya no es del todo vulnerable, sino distante y fría como lo es el clima que le envuelve. Es una persona dañada emocionalmente que casi ha dejado de sentir para que nunca más puedan hacerle daño; una punk original que ha creado una imagen (es vista como una basura y una antisocial) que le sirve para mantener al margen a la sociedad. Por otro lado, Fincher y su guionista, Steven Zaillian, dotan a Mara de una vulnerabilidad que potencia el lado más humano de Lisbeth, pero que muestra a una Salander que no ha aprendido del pasado y que tropieza de nuevo con la misma piedra. Parte de esto también está en la Salander de Rapace aunque ella nos la presenta con un carácter áspero, que en ocasiones roza la monotonía, de mujer que sabe defenderse. Sin embargo, el carácter ambiguo del personaje de Mara es muy interesante; una joven ángel y dragón al mismo tiempo, que es violada y que castiga a su violador. Víctima y vengador.
En común, ambas versiones exploran el lado vengador de la muchacha. Salander es un ángel caído exterminador (un juguete roto desde su terrible infancia). Es un dragón con chupa de cuero cuyo escudo de armas es su tatuaje de la espalda que luce como seña de dolor ante lo acontecido a lo largo de su vida. Ella nos recuerda a otras vengadoras de películas como “Ángel de venganza” (Abel Ferrara, 1981) con Zoë Tamerlis Lund en el papel de una sordomuda neoyorkina violada que se venga de los hombres vestida de monja o “Thriller. A cruel picture” (Bo Arne Vibenius, 1974) con Christina Lindberg en el rol de la sueca tuerta del parche con un rifle como arma que inspiró a Quentin Tarantino para el personaje de Daryl Hannah en “Kill Bill”, con el único matiz de que Salander es un tipo de vengadora muy particular; de las de plato en caliente. No espera el momento para vengarse, sino que el momento lo crea ella. Actúa en caliente. Cuando descubre a su madre apalizada, no tarda en quemar a su padrastro. Cuando es violada, no pierde el tiempo en poner tieso a su violador. Su venganza sabe más a defensa que a castigo. Si hace lo que hace lo hace para evitar posteriores abusos; que su padrastro vuelva a pegar a su madre o que su verdugo la vuelva a violar.
LA ESCENA: SODOMIZACIÓN
La violación anal que sufre Salander a manos de su nuevo perturbado tutor, administrador legal de su cuenta bancaria que la chantajea con favores sexuales a cambio de soltar el dinero, es la escena-impacto de la película. Esta parte de la historia está inspirada en el sentimiento de culpa que sintió su autor tras presenciar, a finales de los sesenta, la violación de una joven llamada precisamente Lisbeth.
Frente a la impactante y directa escena de la versión sueca, Fincher la rueda aun más escabrosa y larga, acompañada de una escena posterior en la que vemos a Salander tomando una ducha tras ser violada por Bjurman. Un plano en picado de la bañera revela de forma cruda su culo amoratado y sangre en sus piernas.
El tutor (su verdugo) es mucho más maquinador y retorcido en la versión sueca que en la americana donde se nos presenta a un gordo reprimido de sus obsesiones sexuales que encuentra su oportunidad de autosatisfacerse aunque con cierto remordimiento. Por ejemplo, podemos observar como en la segunda visita de la chica a su casa, el pervertido le pregunta que como está. Ella por supuesto le responde con una pistola eléctrica. El tutor de la primera versión, por su parte, es un viejo asqueroso que le importa todo una mierda y que por su comportamiento parece tener práctica en los abusos a las mujeres. Aunque ambos son interesantes, el primero se lleva el gato al agua.
La venganza de Lisbeth, por otro lado, es más entretenida en la versión americana. Es el único momento del film en el que la joven sonríe. Aquí observamos como la caperucita se convierte en lobo. Son los momentos donde su frustración desencadena en ira y locura. Lo mismo sucede cuando le intentan robar el portátil en el metro. En la versión sueca, son varios tipos los que la brutalizan, estampándola contra la pared. Pero ella se defiende dando golpes sin parar. Por su parte, Fincher rueda esta escena con una Salander que forcejea con un atacante que finalmente no puede con ella y que permite que ésta se escape en el primer tren que llega. Una prueba más de cómo Mara es una herida (una mujer débil pero muy capaz) y Rapace toda una cicatriz; una mujer que sabe defenderse aunque a veces baje la guardia como le pasa con su tutor.
EL ESCALOFRIANTE ENCANTO DE LA BURGUESÍA
Violación, asesinato, nazismo, videos snuff, la mansión Vanger, Blomkvist el periodista y Lisbeth la hacker, el misterio, la nieve, el puente, un accidente, motocicletas, tatuajes, piercing, cuero negro, ordenadores… Stieg Larsson diseccionó, con espíritu crítico sociopolítico, los pecados capitales ocultos de la burguesía sueca en ésta su novela negra, un thriller con lemas puramente vikingos del estilo La maldad con maldad se vence o Lo que está oculto bajo la nieve acaba apareciendo por fuerza en el deshielo. La maldad, la violencia y el uso de la autoridad son temas que trata la historia a ratos de forma rocambolesca y en otros a lo Agatha Christie con un transfondo que plantea un estudio sobre la maldad del ser humano y cómo todo ello se enquista en la sociedad y en la familia.
“Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres” versión sueca nos ofrece una idea relativamente fiel a la novela, con una heroína más fascinante que la historia misma, fácilmente olvidable sin su presencia, que esboza su mordaz retrato de una Suecia corrupta y misógina. La película resulta oscura e inquietante, pero al margen de sus buenas intenciones solo funciona cuando se desmelena.
Este thriller escandinavo deja ver sus imperfecciones con más claridad con la llegada de la revisión americana de Fincher. Es la interpretación de la sueca de padre español, Noomi Rapace, la que salva distancias.
El material para las dos siguientes entregas, “Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” y “Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire” fue rodado al mismo tiempo que la primera parte, porque se ideó como una miniserie de seis episodios, dos para cada libro. Aligerada de minutaje y de algunas escenas, que los fanáticos de las novelas consideran fundamentales, se llevó a las salas de cine en 2009 gracias a la productora sueca Yellow Bird, cosechando un sorprenden éxito especialmente en Europa. Es el film escandinavo más exitoso de los últimos años, llegando a recaudar la friolera de 104 millones de dólares de los que solo diez surgieron de la taquilla norteamericana. Recientemente hemos podido ver por televisión la serie televisiva que recupera tramas y personajes que quedaron fuera de la película.
Esto nos hace una idea del importante trabajo de los suecos en el momento de realizar una película con un presupuesto mucho más reducido que la versión americana y conseguir aún así un buen resultado (por lo menos en el primer film).
Ahora, esta saga de desde Suecia con horror, regresa a la gran pantalla mediante un temprano remake estadounidense, alejado de los vicios del remake hollywoodiense, pero que en realidad, como ya he dicho, es en el fondo una nueva adaptación de la obra de Larsson. Una operación oportunista, a mi manera de ver, con el único aliciente que la firma el maestro David Fincher y lo hace con mucha fidelidad al libro.
El realizador norteamericano nos ofrece un producto de entretenimiento que plantea preguntas con respuestas incómodas. Un proyecto del que forma parte gracias a su productor, Scott Rudin, que fue quien se lo propuso, según dicen. En este proyecto además, se cuenta con la participación de un guionista de peso, Steven Zaillan.
El mayor reto de director y guionista fue enfrentarse a un argumento muy conocido y que no tiene nada de especial. Por ejemplo, el villano queda bien claro desde el principio, al que solo le faltan los cuernos y el rabo para resultar más obvio. Pero Fincher es un autor único con un extraordinario trabajo bien patente que nos brinda grandes escenas en el transcurso de los 157 minutos que alcanza su versión. Ya en la introducción vemos su sello. En los títulos de crédito podemos disfrutar de la versión que Trent Reznor (líder del grupo de rock industrial “Nine Inch Nails”) ha hecho del tema “Immigrant Song” de Led Zeppelin, acompañado con imágenes que perfectamente podrían pertenecer a una película de James Bond con toques fetichistas.
Además del interesante tándem Fincher-Zaillan, la versión americana cuenta con un magnífico reparto internacional, del que sólo el actor Stellan Skarsgard es originario de Suecia; un diseño de producción bastante satisfactorio (ver las diferentes mansiones de los Vanger, todas cercanas las unas a las otras, pero distintas en personalidad y diseño) y una inquietante banda sonora en manos de Trent Reznor y Atticus Ross, ganadores del Oscar por “La red social”. La ambientación sonora combina sonidos, diálogos y ruidos que otorga un nivel adicional de perturbación e incertidumbre.
Otra inteligente decisión fue haber mantenido la acción en Estocolmo y sus alrededores porque las raíces de la historia son absolutamente suecas. Para recrear esa imagen de país nórdico, Fincher y su director de fotografía habitual, Jeff Cronenweth, emplearon una vez más las cámaras digitales RED One y RED Epic, que ofrecen una resolución extrema y permiten dar distantes tonalidades a un mismo elemento como la nieve.
Si hay una diferencia esencial entre la obra de Fincher y el film sueco es la realización. Fincher se apropia de la historia y ofrece un relato que muestra, por un lado, una buena recreación de la investigación a lo “Zodiac” y, por otro, la humanización del personaje de Salander. Destaco grandes escenas del film como los flashbacks en los que Henrik Venger explica la desaparición de Harriet, las desagradables secuencias de abuso sexual del tutor hacia la joven, la posterior venganza de ésta, el descubrimiento por parte de Sanlander de la existencia de un asesino en serie o la persecución que la muchacha emprende en moto del villano.
A todo esto, los lectores del libro pudieron observar la fidelidad de Fincher a las palabras de Stieg Larsson, al mismo tiempo que conserva la atmósfera opresiva y deprimente característica de películas como “Seven” (1995). Además, se ha incorporado partes de la historia que fueron cortadas en el film sueco por razones de metraje o presupuesto. El guionista partió de cero a partir de la novela abriendo el foco de la película a otras visiones, conceptos e ideas.
Con un presupuesto de 90 millones de dólares, el rodaje tuvo lugar durante más de siete meses en localizaciones de Suecia y Suiza y en Los Ángeles. Fincher nos presenta a la propia Suecia como el tercer protagonista. Esos paisajes fríos y hermosos de Estocolmo y su cosmopolitismo rural están mejor retratados que en la versión autóctona.
Que la acción tenga lugar en Suecia es otro de los aciertos del realizador, porque uno de los vicios de los remakes o versiones de Hollywood son localizar las historias. Esto es, una historia que sucede en Suecia adaptarla a Estados Unidos. Algo patético que ya pudimos ver en el remake de “Déjame entrar” localizando la ambientación sueca a la americana sin mucho acierto.
El esperadísimo retorno de David Fincher al territorio de los asesinos en serie es un entretenimiento pulp hacia un infierno de hielo donde la lealtad oscila entre la traición. Un entretenimiento ya visto que se acerca a lo convencional y se aleja de las perturbadoras “Seven”, “El club de la lucha” y “Zodiac”. Aunque estemos ante una versión mejorada, el universo Larsson no plantea una gran historia y la realización de Fincher se ciñe al material que tiene: un relato sin músculo.
Hasta el momento, no se ha confirmado que el americano tenga intención de filmar ninguna de las dos continuaciones que protagonizarán de nuevo Craig y Mara. Ni falta le hace. La película está tan bien acabada que no se requiere convertirse en trilogía. Tampoco se entiende que un realizador de la talla de Fincher, en horas altas, no haya empeñado su tiempo en otros proyectos más interesantes y lucrativos. Es de agradecer esta nueva adaptación, pero innecesaria porque la versión sueca ya cubre las expectativas de un best seller que sabe a cotidiano, salvo por su protagonista.
PREMIOS
Versión sueca
2009: Premios del cine europeo: 3 nominaciones: actriz (Rapace), música, premio público.
2009: Premios Guldbagge (Suecia): Mejor película, actriz (Rapace), premio público.
2010: Premios BAFTA: Mejor película en habla no inglesa. 3 nominaciones.
Versión americana
2011: Oscars: Mejor montaje. 5 nominaciones, incluyendo mejor actriz (Rooney Mara).
2011: National Board of Review: Mejor actriz revelación (Rooney Mara).
2011: Critics Choice Awards: Mejor montaje. Nominada a mejor BSO.
2011: Globos de Oro: 2 nominaciones: actriz dramática (Rooney Mara) y BSO.
2011: Premios BAFTA: Nominada a mejor BSO y mejor fotografía.
LO MEJOR (Versión Sueca): Rapace, su personaje y su interpretación; la impactante escena de violación; la ambientación (la fría Suecia con su urbe y sus paisajes campestres); y la relación de Blomkvist y Salander.
LO MENOS BUENO (Versión Sueca): La historia no es un gran misterio, le falta acción y es predecible. Más culpa de la novela que de la adaptación.
LO MEJOR (Versión USA): La introducción, el tema de la banda sonora, el guión y los planos.
LO MENOS BUENO (Versión USA): El clímax es algo insatisfactorio y el guión cuenta más de lo mismo de una historia de la que poco más se puede sacar que lo que obvió el guión sueco por temas de metraje, presupuesto y, quizás, talento.


















































