jueves, 30 de octubre de 2014

Crítica: A Girl Walks Home Alone At Night

Debo reconocer que no soy ningún entusiasta del cine iraní. Su simpleza, que a modo taichí lleva a la crítica al éxtasis a mí me incomoda y saca de quicio la mayoría de las veces. Reconozco que su valentía, su poder como arma reveladora de verdades sobre una época es fundamental para entender parte de nuestra historia contemporánea. A falta de prensa libre, el cine se convertía en la voz de la crítica social de Irán y la entusiasta recepción que la crítica (especialmente la más gafapasta) facilitó que fuera reconocido mucho más allá de sus fronteras, aprovechando los directores sus cintas, sobre todo tras las elecciones de 1997, para expresar por primera vez de manera pública sus opiniones, sus reproches y sus tendencias, con un estilo de “películas post-revolucionarias”, en las que sus protagonistas se enfrentan a las difíciles situaciones, religiosa, social y política que el ciudadano medio tenía que afrontar. Así, y sobre todo en las décadas de los noventa y principios del siglo XXI, los espectadores occidentales percibían una lectura crítica y política que no todos los directores reconocían cara al público. Para directores como Abbas Kiarostami o Alireza Davoudnejad, dos de los más importantes y representativos, sus películas sólo presentaban los problemas de su país tal y como ellos los veían, sin análisis social o político. 

Independientemente, a mí, generalmente este cine me aburre como una ostra. 

Por eso, el hecho de que a este Sitges se presentara A Girl Walks Home Alone at Night, el debut como guionista y directora de Ana Lily Amirpour, no dejaba de tener ese componente exótico y transgresor que se adjudica inevitablemente al cine iraní. Una peli de Irán que se encuadra absolutamente en el subgénero de vampiros adolescentes podría resultar clave, decisiva y fundamental, teniendo en cuenta el contexto y lugar en el que uno espera que se haya rodado. Sin embargo, la historia de la vampiresa que busca una víctima en la ciudad iraní de Bad City, encontrando un mundo marginal y descompuesto, adoptando componentes del western y el romance gótico, cuando conoce a Arash y surge el amor, estando ambos al borde del abismo, no se ha rodado en suelo iraní, país en el que ni siquiera se ha distribuido. 

Y eso no tendría por qué ser un punto negativo, grandes películas se han hecho desde el exilio, pero su etiqueta de “cine iraní” se pierde, se enfarranga, se enturbia desde el momento en que su directora no retrata a sus personajes sino como meros americanizados indies y modernillos que no dejan de sorprender, en mi caso, por la falta de coherencia. Porque la directora, aunque lo pretenda, no es Lynch, ni Jarmusch, que es evidente que le encantan, y porque hacer una peli de vampiros en blanco y negro ya ni es cool, ni moderno, ni social ni leches. 

Entonces, hay que valorar la película independientemente de sus raices, de su pretendido origen, de su falso retrato, y si hay una palabra que la define a la perfección es, y lo siento, pretenciosa, pero ojo, en absoluto mala. 

Personajes planos, sin alma, en espacios vacíos y oscuros que se evidencian premeditados y barrocos en una arquitectura industrial que se desmorona en la ciudad suburbana casi despoblada, como queriendo transmitir un potente hedor a muerte con cadáveres al borde del camino que sirvan de alegoría también a la muerte económica y social. Pero muy de palo. La directora incurre en casi todos los errores posibles de las óperas primas, con esa preconcepción absoluta y estricta, el buscado efectismo, el tono de videoclip donde cada imagen, cada plano, cada ángulo y enfoque está ya diseñado a la perfección, el guión que apenas se sostiene sin diálogos y en una mezcla de géneros y estilos que lejos de beneficiarla, convierte a la película en una sucesión de clichés y pedanterías varias que evidentemente gozarán del favor de la crítica y del público “más entendido y versado”. 

Y hasta aquí puede parecer que no me ha gustado nada en absoluto de la película y no es para nada así. Pienso que hay veces que aunque el fondo se diluya un poco, la forma, la idealización plástica y estética puede hacer de algo una gran película que nos evoque un sentimiento, un recuerdo, una idea, y aunque en este caso parece que la directora se preocupa mucho más por esa forma que por los posibles agujeros de su trama, dejando a los personajes inmersos en un torrente de emoción que francamente, a ratos, da la sensación de que la película nunca se va a acabar. 

A Girl Walks Home Alone at Night tiene un aspecto formal impecable, que pasa por un magnífico diseño de producción, una fotografía cuidada obra de Lyle Vincent y una banda sonora coherente, lo mejor de la cinta, inquietante y trágica a la vez, que golpea al silencio a martillazos. 

En la peli, los personajes, aún desdibujados están sorprendentemente bien interpretados, y algunas de las historias entrelazadas interesan y mucho (la prostituta, el padre yonki que cuida el hijo). La protagonista es simplemente fascinante, se mueve como una bailarina en silencio sobre un monopatín, cautiva y provoca puro misterio y encanto en su mutismo sutil, en una interpretación introspectiva realmente buena, que es la personificación del feminismo iraní, frente a la misoginia social, que cae rendida cuando conoce a ese James Dean que es el personaje de Arash, un joven honrado que espera ahorrar suficiente dinero para poder escapar del infierno que es Bad City, pero que tiene que cuidar de su padre drogadicto y de la deuda que tiene con Sahid, el narcotraficante más despiadado y cabronías de todo Irán. 

Sirve aquí también la metáfora de que el amor supera la violencia.

La directora, consciente de las dificultades idiomáticas, (aunque rodada en USA está en farsi, subtitulada), opta porque el diálogo no constituya un obstáculo y hace que el sonido en sí mismo sea el camino a través del cual los personajes se comuniquen, con una mezcla de música realmente bien sincronizada y los intervalos de silencio, el sonido acaba expresando las emociones, los sentimientos y sensaciones de los personajes. 

Lo mejor: Sorprendentemente, el título, que refleja la contradicción más pura y dura, en Irán pocas jóvenes se atreverían a caminar a solas por la noche. En la cinta, esa chica que camina sola por la noche es en busca del horror, al mismo tiempo hipnótico. La banda sonora es impresionante.

Lo peor: Su ritmo lángido, desprovisto por completo de la más mínima tensión, y su desarrollo a través de metáforas a la deriva que confunden, y mucho, a la propia narración.


miércoles, 29 de octubre de 2014

Crítica: Drácula, La Leyenda Jamás Contada

Hace unos meses cuando vio la luz el tráiler de esta película creí -hablando en pasado y desvelando ya parte de mis sensaciones- que esta producción podría finalmente tratar bien a un personaje como Vlad Tepes, maltratado por la historia por el simple hecho de que un escritor lo escogiese como blanco perfecto para una novela de éxito. 

Y bueno, a decir verdad, históricamente no lo trata como un simple personaje/mito del género, pero de ahí a que la película sea destacable va un trecho. 

A ver, lo primero que tengo que decir es que, desde la humildad, puedo hablar con algo de propiedad ya que si bien todos hemos leído la obra de Stoker, la figura de Vlad Tepes me ha fascinado desde jovencito, buscando y leyendo todo lo que estaba a mi alcance. No soy ni historiador, ni un experto, solo un curioso. 

Estaba claro que la película no iba a mostrar al Vlad real siendo como es de género, pero al menos esperaba notas esperanzadoras. Y bueno, esta parte hasta cierto punto las cumple. Es decir, habla de su padre, cuenta que estuvo en manos de los turcos -aunque no cómo fue realmente- y mete notas como el devenir del personaje de Mirena por mucho que le hayan cambiado el nombre, rol y causa… –me callo, me callo- o la incursión en el campamento de Mehmed. Sin ponerse en plan exigente, cumple. El problema, siempre para mí, viene con la película. 

A ver; el principio no es el mejor. Nos obsequian con una presentación impecable y directa pero peca de esos errores típicos de Hollywood. Por un lado errores anacrónicos -blasones equivocados, castillos inventados, una Pascua poco Pascua, etc.- y por otro, planteamientos tópicos como por ejemplo la entrada del cónsul turco -por cierto, podrían haberle añadido un poco de acento...-, la pérdida de amigos del protagonista como si fuesen simple carne de cañón, o la insinuación del "monstruo" en plan serie B. Pero más allá de puntualizaciones exigentes o contrariamente, de gustos, hay cosas más graves como esa frase de "Vámonos corriendo" del protagonista cuando ve que su amigo acaba de desaparecer/morir a manos del citado "monstruo". Si te parece, poneros a tomar un café... 

Luego la película remonta al apelar a sentimientos tan primarios como los paternales. No todos somos padres, pero sí que todos tenemos familia. Aquí la película cumple dando por buena la excusa o detonante de la transformación del héroe. Buenos minutos. 

A partir de ahí viene la parte de acción, la cual encaja con la tendencia actual superheróica. ¿Cuáles con las películas más taquilleras de la actualidad? ¿Las de superhéroes? Pues aquí tenemos al primer superhéroe medieval con permiso del "Caballero negro" de la Marvel. Fuera de bromas, nuestro Drácula, a pesar de empuñar una espada, abusa de arremeter contra sus enemigos a golpe de murciélagos y desvanecerse convertido en una bandada de estos. Es espectacular, pero se echa a faltar algo de épica. Es más, esta parte resulta un poco escasa: mucho ejército, pero solo dos envites. Encima, en las distancias cortas, las escenas dirigidas por Shore resultan poco precisas. Me hubiese gustado ver a alguien tipo Donnie Yen dirigiendo esa secuencia en la que el héroe se defiende con una lanza, especialidad del hongkonés. 

Pero volviendo al redil, tras el despliegue de imaginación de efectos especiales -todos a un excelente nivel- vendrá otra fase para mí cuestionable. Y es que hay que ver cómo los rumores volaban ya en plena Edad Media. De repente todos saben que el protagonista tiene poderes y quieren condenarlo. Demasiado precipitado y forzado. Y es que Shore en compañía del infra-sub-menospreciado director de fotografía John Schwartzman (por comercial) compone imágenes de gran impacto visual –como ya comprobamos con su corto/tráiler “The cup of tears”- pero le falta todavía dominar la cohesión narrativa. 

Por suerte, esto encadena ya con la parte final, con lo que casi no tendremos tiempo de caer en la cuenta de estas apreciaciones. Y es que al menos de ritmo, no nos podremos quejar. 

De lo que sí, de ese epílogo ridículo que paradójicamente corta las alas a sus más que posibles -a tenor de los resultados de taquilla- continuaciones. No diré más con tal de no destripar nada, pero no será difícil coincidir conmigo. 

Dejando de lado el apartado argumental, decir que "Drácula, la leyenda jamás contada" sigue la tendencia de la fantasía épica en las dos últimas décadas instauradas con "El señor de los anillos", continuaciones y derivados: grandes planos con escenarios naturales, personajes deambulando por los mismos desde mucha distancia, ejércitos cuantiosos, infografías de edificios integrados en el paisaje, travelling aéreos, contrapicados en riscos o salientes de edificios, y todo ello, como ya he dicho, con calidad. 

Por lo que respecta al reparto, Luke Evans sabe aprovechar el protagonismo. Este Errol Flynn moderno, experto en personajes peculiares, tiene un carisma que ya quisieran muchos actores. Sin ser interpretativamente excelso, es el típico actor que cae bien. Igual que Dominic Cooper, aunque aquí lamentablemente pase de puntillas. Y es que en el film hay poco sitio para los secundarios, ni siquiera para Charles Dance, al que habría que haberlo reivindicado antes del fenómeno "Juego de Tronos". Por suerte, Legolas… perdón, Ingeras –otro cambio de nombre-, el niño de la película no es el típico chiquillo repelente, beneficiándose además de su imagen en el mismo serial de la HBO. 

Sarah Gordon merece una mención aparte, y no solo por su especial belleza, modesta pero hipnótica. Su papel es el mejor y más creíble, de hecho el drama y melodrama funciona gracias a ella, y cuando un personaje con una cuota de pantalla tan reducida logra eso… 

Para acabar, la música de Ramin Djawadi, como cabía esperar, estupenda. Hay temas como “Eternal love” o la segunda parte del “I will come again” que te pondrán el vello de punta, sin más. Casi todos tienen reminiscencias árabes con mucha percusión, y por poner alguna objeción de mi cosecha diría que se echa a faltar una mayor presencia de temas corales grandilocuentes al estilo “Two steps from hell”, ya que los que hay con representación de coros son bastantes rudos, más para imprimir carácter belicoso o tenebroso que grandiosidad o resultar evocadores. 

Resumiendo, “Drácula, la leyenda jamás contada” es un típico film comercial, apariencia impecable y entretenimiento. Lo único es que sin entrar en las licencias argumentales, a mi gusto le falta más acción épica y le sobra el epílogo. La imagen “penúltima” del film es tan emocionante, que creo que tenía que haberse acabado ahí. 

Ahora fuera de la película, decir que Vlad Tepes es un personaje tan rico que no merece la leyenda del vampiro para ser merecedor del protagonismo de una película. Os recomiendo leeros “Vlad: la última confesión del Conde Drácula” de C. C. Humphreys. Sin colmillos ni elementos sobrenaturales hay más sangre y epopeya que en esta película. Palabrita de niño Jesús.


lunes, 27 de octubre de 2014

Crítica: Annabelle

Qué pereza, señores, qué pereza!!! No puedo empezar de otra manera, porque hay veces en las que escribir sobre determinadas películas acentúa esa sensación de pesadez de cuerpo y mente que sentimos cuando llega el sueñito. Esta es una de esas veces, porque "Annabelle" es, otra vez, el cuento de "que viene el lobo, que viene el lobo", y encima resulta que no viene. Para que nos entendamos, "Annabelle" es de esas películas de las que tienes mejor opinión antes de que se rueden, porque una vez vista, vuelve a aparecer otra vez ese pensamiento suicida que tenemos de que no hay manera de que en el cine estrenen una buena película de terror. 

Antencedentes: Anabelle es la muñequita que ponía los pelos de punta en "Expediente Warren" hace un añito. Estaba claro que harían un spin off de la muñeca, ya que el público había mostrado gran interés por ella, y los Warren la tenían como uno de sus logros más peligrosos. Hasta aquí todo correcto, se creó el hype de "Annabelle", justo cuando terminó "Expediente Warren". Ya no era necesario hacer publicidad, pues la película de James Wan ya se había garantizado el paso por taquilla para ver a la inquietante "Annabelle". El problema básico es que estamos ante una película de James Wan sin James Wan, y nos guste más o menos, este señor suele ser tremendamente efectivo. 

"Annabelle" nos cuenta la historia de cómo un espíritu maligno se mete en el cuerpo inanimado de la muñeca para seguir haciendo el mal. En este caso, el director John R. Leonetti (director también de lindezas como "Mortal Kombat:Annihilation" y "El efecto mariposa 2"), explica este origen a traves del mundo de las sectas satánicas, de similitudes sonrojantes con la secta de Charles Manson, pero con objetivos y doctrinas muy difusos. Así, una de las muñecas más feas que servidora haya visto, será la portadora del alma oscura de Annabelle, la seguidora de la secta X que busca la entrada del demonio. 

La historia no da para mucho y el guión para menos, por lo que hay que centrarse en la tensión que generen las actuaciones de los protagonistas y lo que está por venir, y es precisamente ahí donde echamos de menos a James Wan, y suplicamos que el conjunto de sustos previsibles, al menos, sean efectivos, pero no, el diseño de estos sustos se hace con el "diseña la moda" de cuando éramos pequeñas, y todo pasa por el tamiz de la ligereza para no escandalizar demasiado. 

Bueno, pues tenemos una película de sustos sin sustos, pero veamos qué más hace mal este señor Leonetti, para que "Annabelle" se convierta en una de las decepciones más sangrantes del año. El segundo clavo en la muñeca que nos sostiene a la cruz, viene dado por el carácter de la pareja protagonista de la cinta: Mia y John Gordon, o cómo estar vivo sin tener sangre en las venas. Cada una de sus reacciones resulta tan sosa, tan alelada y ellos tan faltos de carisma, que es imposible cogerles cariño ni nada que se le parezca, de hecho, hemos venido a verles pasarlo mal, y hasta pasándolo mal resultan cansinos y nada creíbles. 

Cubriéndose de gloria, "Annabelle" avanza como un panfleto religioso, y nos regala momentos bochornosos como el final, en el que poco podemos hacer para no sentir la vergüenza ajena que no obliga a sentir, al ver semejante despliegue de "bondad" en la misión para la que cada uno de nosotros está en este mundo. Amén. 

Y a todo esto, ¿dónde está la muñeca con el alma de Annabelle?, pues ella pasaba por allí. Annabelle está presente en muchos planos, en muchas escenas, pero la sensación es que ella no tiene protagonismo, porque está claro que aquí no se puede hacer una versión seria de "Chucky", no sería correcto para el tono de la película ver a la muñeca Annabelle corriendo y soltando risotadas, pero en cada maldad, en cada oscuridad, en cada dolor, ahí debería estar la carita de la muñeca en primer plano, llenando toda la pantalla, mostrando que ella es el verdadero mal, y si esto no pasa, de nada sirven los efectos sonoros, de nada sirve copiar a Wan y sus demonios, de nada sirve que se apague la luz en el peor de los momentos, de nada sirve ver a niñas-adultas corriendo hacia ti, de nada sirve "Annabelle". 

Lo dicho chicos y chicas, estamos ante una película que no aporta nada y que encima no cumple lo que promete, que es como mínimo asustar o hacernos mirar a la puerta para ver si está bien cerrada. El guión, que es flojo como él solo, se carga cualquier intención y la poca pericia a la hora de generar tensión del director hace el resto. No es que el germen de esta película, "Expediente Warren" fuera original, pues no lo era, y jugaba a contarnos cuentos que ya habíamos escuchado, pero la gran diferencia es que "Expediente Warren" asustaba de verdad, de hecho, para mi fue totalmente aterradora, y "Annabelle" aparte de predecible, es pesada. 

Advertencia: Cualquier intento por parte de los directores del mundo de acercarse a " Expediente Warren" e incluso a "La Semilla del mal" puede producir efectos nocivos. 

Conclusión: Si queréis pasar miedo de verdad, recordad a Monchito, Doña Rogelia o Rockefeller de la mano de Mari Carmen y Jose Luis Moreno, y olvidaos de Annabelle.


domingo, 26 de octubre de 2014

Crítica: Hungry Ghost Ritual

Cuando se estrenó “Hungry Ghost Ritual” la maquinaría del marketing se puso enseguida en marcha. Pronto los diversos medios de comunicación se hicieron eco de la noticia convenientemente difundida que decía que la producción dirigida por Nick Cheung había batido los records de recaudación de un film de terror hongkonés en su día de estreno instaurados 10 años antes. 

Dejando de lado que “olvidaban” decir cuál había sido este, el dato era tanto significativo como motivo para congratularse, pero también muy poco concluyente: batir el record de recaudación en un día de estreno y circundándolo al género del terror, es gratificante y buena noticia dado el escaso nivel de atención de los espectadores hacia estas producciones, y más si son autóctonas, pero no garantiza que su recorrido sea ni duradero ni cuantioso. De hecho ya sabemos que este tipo de películas acumula los primeros días a los aficionados al género, para luego pasar al olvido. Y no es palabrería ya que a falta de dos meses para acabar el año, “Hungry Ghost Ritual” solo se sitúa como la 33ª película más vista del año en HK –la 12ª entre las autóctonas- siendo incluso superada por otras paisanas de también el mismo género como “The midnight after”. 

Está claro que a pesar de mi escepticismo –del que hablaré a continuación- es una buena noticia que films como “Rigor Mortis”, el comentado de Fruit Chan o este recuperen algo de cuota de mercado frente a producciones thailandesas que son las que a la postre se le han comido el pastel, pero con todo lo dicho me temo que el éxito efervescente de “Hungry Ghost Ritual” –HGR a partir de ahora-, responde más a otra cuestión que a su catadura como película. 

Y es que conviene recordar que la misma está protagonizada por Nick Cheung, el “rey Midas” actual de la ex-colonia británica, y claro, eso de verlo además dirigiendo… 

Tras triunfar comercialmente y artísticamente con “Unbeatable” –película autóctona más vista del 2013 y un “Hong Kong Film Award” como Mejor Actor por su interpretación en la misma-, Cheung participó en la tercera entrega de “Golden Chicken”, en estos momentos la película hongkie más vista del 2014. Pero no solo sé quedó ahí la cosa, ya que su nueva colaboración con Dante Lam, “That Demon Within”, está situada como la octava más taquillera, y su nueva aventura, “Temporaly family”, la novena. ¿Se entienden ahora mejor mis palabras? ¿Esa expectación no sería resultado de la suma de su “efecto imán” con la curiosidad por su debut (re-debut según las fuentes) al frente de las cámaras? 

Pues bien, sin que sirva de precedente voy a adelantarme a las conclusiones siendo lo más franco posible: Sí, el éxito de HGR bien podría resumirse con el refrán “Arranque de caballo, parada de burro”, expectativas al principio y un mal “boca a boca” posterior. Porque no nos engañemos, la película es un producto fallido y una decepción por parte de Cheung, un actor por el que siento una especial simpatía. 

Pero al caso; argumentalmente tiene unos cimientos bastantes sólidos. Por un lado, recurre a ese sentimentalismo reinante en el género en los últimos tiempos urdiendo una telaraña alrededor del núcleo familiar. Se ve claramente que sigue una tendencia, que no es original, pero no es lo suficientemente gravoso como para considerarlo un hándicap. 

Otra de sus bases es esa que habla de las tradiciones, uniéndolas a un componente cultural tan importante para la sociedad china/hongkonesa/oriental como la Opera China. En este apartado, la película luce llenándose de detalles y matices interesantes que para mayor satisfacción cierran el círculo uniéndolo a lo anterior, convirtiendo al conjunto en otro núcleo familiar. Pero hasta ahí. Ya no hay nada más, solo el planteamiento y las intenciones, no hay guión, ni estructura, ni objetivo. Bueno, objetivo sí, dar sustos, pero sin perspectiva no hay recompensa. Me explico. 

El personaje se mete a la fuerza a dirigir a una troupe acosado por fantasmas. Así, como suena. Ni avanza, ni nos dan pistas, ni nada de nada. Llega el desenlace y te sueltan todo de golpe porque sí. 

En el resto del tiempo se distribuyen tropecientos sustos, es verdad, por lo que por ritmo no será, pero la mayoría son gratuitos, tan “por mis cojones” como la explicación que se da al final, que uno termina hasta los mismos. Encima estos abusan del típico efecto “sonido aumentado de volumen” por lo que a los más exigentes les resultará insuficientes. A mi gusto, solo hay dos escenas buenas: la de la “niña del exorcista” con mochila y la de las cámaras. Y es que claro, cuando acumulas tantas escenas de género tienes que recurrir a todo tipo de estilos, desde los clásicos espíritus hasta el slasher pasando por los demonios y el “found footage”. 

Pero es que hay más objeciones, y voy a dar razones para que sea difícil rebatirme. 

Nick Cheung. Ya lo he dicho: no solo es uno de los actores que más me gustan de Hong Kong sino de toda Asia. Su tallaje pequeño –similar al de un servidor-, su pasado como agente de la ley, su historial… recapitulando, no tengo nada en contra de él, al revés. Sin embargo, y aquí demuestro mi imparcialidad, es que como director… de momento, nada de nada. 

Dejando de lado las grandes lagunas argumentales, hay cosas que dependen de él y que no sabe afrontar. 

El montaje es cutre. Está claro que hay un montador, pero él debería haberlo supervisado. Pasamos de una situación a otra para luego recogerla más tarde o volver atrás. 

Los flashbacks están mal integrados; una cosa es querer esconderlos y otra tomarnos por gilipollas. Perdonar lo vulgar de mi vocabulario, pero así de frustrado me encuentro. 

Si solo hay que ver lo “malito” que está el papá del personaje interpretado por Cheung para aparecer al final cual Superman. ¡Por Dios, alguien tiene darse cuenta de esas cosas! ¿Qué explicación pueden darme aquellos a los que les haya gustado el film? 

Más preguntas: en la “levitación” de la parte final se nota en la ropa los puntos de anclaje de los actores. ¿Explicación? ¡Y más en una industria tan acostumbrada al cable como la hongkonesa! 

Otra. En la toma final, ¿por qué hay personajes que están parcialmente grises o incluso sin tintar? Ver por ejemplo los brazos de la señora de detrás de Cheung. Menos técnico. En una escena del hospital las caras de Cheung y su padre aparecen cortadas. Respetemos el encuadre por favor… Y ya no digo nada de los tembleques de la cámara en alguna escena. Peaso ayudante de dirección, oiga… 

Y la última, la dirección de actores. No sé si es porque Cheung respetaba mucho a sus compañeros o qué, pero por ejemplo cuando Annie Liu hace como si estuviese borracha, alguien –Cheung- debería haberle hecho repetir la escena. Alarmante no, ridículo. 

Resumiendo, “Hungry Ghost Ritual” es una muy mediocre película de terror. Tiene muchos sustos, imaginería típica, fantasmas por doquier y todo lo que uno busca en una de estas películas, pero tiene tantas carencias, fallos y, sobre todo, inconsistencia, que no se mantiene. 

Tras fracasar en sus negocios en China, Zong Hua vuelve junto a su familia. Allí su padre lo acogerá con los brazos abiertos, cual hijo pródigo, tras diez años fuera de su hogar. Su hermana pequeña, lógicamente, no estará tan contenta. Cuando el patriarca tenga que permanecer en el hospital un tiempo, Zong Hua tendrá que hacerse cargo de la compañía de Opera China que su padre dirigía. En ese momento, este tendrá que afrontar no solo el disgusto de los integrantes del grupo sino a un puñado de espíritus que no dejan de hostigarlo. 

P.D.: Para que se vea que no soy yo el radical, mi mujer quería pasarla deprisa sin ningún miramiento…


Nido de Cuervos: Tomás Rubio (Chanpoo)

- ¿Cuál es la primera película que te viene a la cabeza, aquel título de la infancia que te marcó para siempre y te aferró al género para el resto de tus días? 

“El triángulo diabólico de las Bermudas” de René Cardona Jr., basada en una novela de Charles Belritz –sí, el Belritz de las academias, diccionarios, métodos de aprendizaje, etc.- y con todo un monstruo –pero de la interpretación y la realización- al frente del reparto como Mr. John Houston. En la película se juntaban dos mundos, el del mal llamado mundo del misterio con el fenómeno del Triángulo de las Bermudas, y el del género del terror, sobre todo personalizado con esa terrible muñeca de porcelana. 

 - Dentro del fantástico y su amplio abanico, ¿Cuáles son tus subgéneros predilectos? ¿Subgéneros? 

¿Eso existe? Fuera de bromas, me vale todo, pero quizás la épica heroica y todo lo que suena a heroico. Estoy harto de la miseria de vida que nos toca vivir y para mí, el cine es una válvula de escape. Superar retos y demostrar que vencer los obstáculos y contrariedades no es una quimera, es uno de mis principios. El cine fantástico nos ayuda a creer que todo es posible, y eso queramos o no es esperanza. 

 - Tus diez títulos imprescindibles.

Como imagino que hablamos de género, he hecho una composición que mezcle de todo un poco. 

1.- Hellboy 2
2.- The ring (Japón)
3.- Il mare
4.- Expediente Warren
5.- El resplandor
6.- La cosa
7.- Dark Water (Japón)
8.- Thor 2
9.- Posesión Infernal (2013)
10.- El exorcista


- Cineastas que te han marcado.

Carpenter, Spielberg, Roger Corman, Hitchcock, Peter Chan, Peter Jackson, Andrew Lau, Billy Wilder… 

 - Tres personajes de ficción que te hayan dejado huella.

Hellboy, Vlad Tepes y… sí, D'Artagnan. ¿A qué acojona, eh?

 - Una banda sonora.

Para mí es imposible quedarme con una sola. Es una de mis aficiones por lo que es difícil decidirme, así es que como me pones en un brete, voy a “devolvértela”. No es una Banda Sonora, pero a la vez lo es. Con este galimatías lo único que quiero es que si no lo conoces, averigües porque digo eso. “Illusion” de Thomas Bergersen. 


- Fuera del género, tres títulos que siempre te acompañan.

No me avergüenzo si digo que primero “Moulin Rouge”, luego “La lista de Schindler” y por último pero no menos importante “Hardboiled”. Esta podríamos considerarla de género, pero no de los que maneja “Nido de cuervos”. Variadito. 

 - ¿Actores o actrices favoritos/as?

Cary Grant, James Stewart, Bruce Willis, Chow Yun-Fat, Jackie Chan, Cha Seung-Won, Lee Beom-Su, Ewan McGregor, Jeong Jun-Ho… Las actrices todas: soy un ninfómano. 


- Un estilo musical. Un grupo. Un disco. Una canción.

Estilo…. Todos. Menos el flamenco, me gusta todo. Desde el pop más adolescente hasta el rock más duro. Pasando por la música clásica, la electrónica y hasta el folk. Soy fácil de contentar. Grupo. Lo tengo claro: Queen. Disco. Pffff… Esto es otra ofensa. Voy a ser sincero y no pensar de cara a la galería. “25 años no es nada” de “La guardia”. Me transforma. No es el mejor grupo y no son las mejores canciones, pero es esa sensación, mezcla de sentimientos y recuerdos que hace que algo en mi mente haga click y me convierta en un rockero ochentero. Canción… “Love song” de la Banda Sonora de la surcoreana “Duelist”. Ahí queda eso. 


- Un libro (o cómic, en su defecto).

Para sorprender y no nombrar un clásico, “El fin de los días” de Adam Nevill.

 - ¿En qué pierdes el tiempo cuando no estás viendo cine?

Hablamos de perder el tiempo. Pues escribiendo. Tanto reseñas para mi página web y blog, blog si contamos este, como esa especie de relato aumentado que espero que algún día se convierta en una novela. - Este pequeño perfil psicológico va a ser leído por lo menos, por el 30% de la población mundial, ¿Quieres mandar algún mensaje a la humanidad? Ser lo mejor persona que podáis. No es un mensaje santurrón, ni metafísico, ni asceta, ni nada parecido. Más friki que yo es imposible. Pero es una recomendación. Uno vive más feliz. A lo mejor seréis objeto de burla o abusos, pero la conciencia la tendréis tranquila. Podría decir alguna barbaridad divertida, con la que no dar esta imagen de abuelo caduco, pero como creo firmemente que esto será leído por ese 30% de la población, no quiero parecer idiota. Más idiota, quiero decir.

sábado, 25 de octubre de 2014

Crítica: Perdida

Encuentro que existe un tipo de narcisismo particular en los hijos únicos. Son el centro confidente de su propio universo. Suelen ir más allá del término independiente – protegen su autosuficiencia de una manera casi primitiva. ¿Por qué no deberían poder controlar también su alrededor? ¿Por qué no deberían tener todo lo que quieren? Es su derecho de nacimiento. 

Y no hablo desde la experiencia, pero el personaje de Rosamund Pike en Gone Girl (Perdida), la brillante y cautivadora Amy Dunne, hija única; lo es también en la vida real. Es el prisma a través del cual la actriz ha encontrado su personaje elusivo, esta rubia Hitchcoquiana, precisa y quinta esencialmente fría que sirve como centro inalcanzable de la constantemente cambiante narrativa. 

De hecho, Perdida es la película Alfred Hitchcock de David Fincher. Es sexy y elegante, un misterio retorcido que es a la vez oscuro y divertido, aunque de humor negro – sorprendentemente a pesar de la trama en sí misma. Me reí más de lo que esperaba reírme – a veces con alguna línea de diálogo sardónica o alguna ocurrencia hiriente, pero también como una liberación durante los momentos en que la historia se vuelve tan intrigante o macabra que es difícil de soportar. 

Parte thriller, parte meditativa sobre el matrimonio moderno, Perdida se mueve tan elegantemente y parece tan espontánea, que da la sensación que se desliza. Fincher siempre ha disfrutado explorando los elementos más inquietantes de la naturaleza humana, desde Se7en hasta El Club de la Lucha o el remake de Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres, pero en esta ocasión parece que baile con ello mientras lo rueda. Grabada con una belleza sin igual por su director de fotografía habitaual, Jeff Cronenweth, editada fluidamente por el dos veces oscarizado Kirk Baxter y con una banda sonora hipnótica de Trent Reznor y Atticus Ross, le queda una película exquisita y endiablada. 

Podríamos tomarnos la película más en serio, incluso. Basada en la novela de Gillian Flynn (quién ha escrito también el guion), Perdida es de temática densa y realmente ofrece mucho que masticar: matrimonio, identidad, confianza, verdad. A pesar de no decir nada nuevo sobre la noción de que nunca puedes conocer 100% a alguien – incluido tu pareja – lo hace de una manera inteligente y con gran humor y verborrea. Pero Perdida también es increíblemente entretenida, tiene estilo y es sensacionalista, un camino hacia un lugar al que posiblemente nunca querrías llegar tú mismo. 

Todo es adorable en la superficie, aunque – sólo al principio. Perdida abre con un enclave suburbano adinerado en la mañana del quinto aniversario de una pareja preciosa. Pero el marido, Nick Dunne (Ben Affleck), descubre que su mujer, Amy (Pike), ha desaparecido. A medida que la investigación progresa sobre el paradero de Amy, el guion de Flynn se tambalea en el tiempo y la perspectiva.

Vuelve a la noche en que Nick y Amy se conocieron, de una manera tierna a través de una conversación excepcional en una fiesta en Manhattan; ambos escritores, son rápidos verbalmente de manera natural. Sigue el cortejo coqueto y juguetón. Revisita la manera más que pública con la que Nick se declara a Amy y le pide matrimonio. Y de manera eventual captura algunos de los momentos más bajos de su relación: la complacencia que Nick siente una vez pierde su trabajo, y la desilusión de Amy. Cuando la madre de Nick es diagnosticada con cáncer, la pareja se muda sin dilación al pueblo natal en Missouri, y parece que el destino está sellado. 

De nuevo en el presente, los días pasan sin rastro de Amy. Pero la típica maquinaria histérica que crece durante la desaparición de una chica rubia (blanca) y guapa empieza a aumentar: buscadores voluntarios, una hotline y una página web, viejos amigos, padres ricachones, obsesivos frikis y el escrutinio constante de los medios. (Missi Pyle es maravillosa como estridente figura que grita casi en vez de hablar.) Perdida lo clava en la manera casi predatoria con la que las noticias de televisión cubren este tipo de historias, a la vez que muestra cuan fácil es manipular a los medios, entre esta película y la próxima Nightcrawler con Jake Gyllenhaal como cámara freelance que recorre las calles de Los Ángeles, es un recordatorio de como de manera bizarra, A Face in the Crowd de hace casi 60 años sigue siendo tan relevante hoy en día. 

No hay mucho más que pueda decir sin contar ni un solo spoiler, que creo que es básico para ver esta cinta; algo que nunca jamás osaría hacer. Es vital ir a ver Perdida sabiendo lo menos posible sobre la trama. Pero no puedo dejar de comentar la labor de los actores. Affleck siempre ha sido un actor un tanto subestimado – incluso cuando ganó el óscar por Argo – pero él y la extraordinaria Pike se elevan con el desafío de interpretar unos personajes que están en constante evolución ante nuestros ojos a medida que vamos aprendiendo nuevos detalles sobre ellos, y sobre su supuesto idílico matrimonio. Nosotros, en contraste, estamos en una posición deliciosamente incómoda al tener que reevaluar como nos sentimos hacia estas personas, sin tregua: a quién creemos, del lado de quién estamos e, incluso; quién nos gusta y a quién vamos a odiar. 

Affleck disfruta momentáneamente jugando con su persona fuera de pantalla, y la percepción de que es un engreído o un superficial. Pike, sin embargo; encuentra su camino para ser seductora y escalofriante al mismo tiempo; y tras años como actriz secundario en películas tan diversas como Una educación, Made in Dagenham, Jack Reacher o Bienvenidos al fin del mundo; es una maravilla verla finalmente sacar juego de un jugoso papel protagonista con excelente maestría. 

También rompiendo expectativas: Tyler Perry como el abogado poderoso de Nick, quien pasará de víctima compadecida a sospechoso potencial. Perry es escandalosamente bueno en lo suyo, y debería estar en millones de películas más. Carrie Coon, The Leftovers; mágica como hermana gemela/melliza de Nick y voz de la razón; y Kim Dickens quien se come la pantalla y es una roba-escenas cada vez que aparece como detective a cargo del caso. Si hay algún detalle algo más débil, es el personaje de Neil Patrick Harris, un antiguo novio de Amy, arrogantemente hilarante que volverá a escena, no para nada el actor sino su personaje, que deja algunos cabos sueltos. Aunque quién es no es tan importante como lo que representa. Es el mundo de Amy y nosotros, simplemente vivimos en él.


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