sábado, 12 de noviembre de 2011

Crítica: Drive

En Los Ángeles, un joven especialista (Ryan Gosling) de escenas de riesgo en conducción de coches para películas compagina su trabajo con encargos de criminales en los que participa como conductor de huida en robos por la noche (empleo ilegal que demuestra parte de su carácter violento). El portentoso conductor es un lobo solitario de blindada impasibilidad -sus breves diálogos se suplen con sus acciones-, una especie de Taxi Driver actual (salvando las distancias) y un melancólico caballero andante regido por estrictos principios y rigurosos métodos (si a sus clientes les da 5 minutos, si pasa un segundo del tiempo pactado se marcha sin más) con los que mantiene un equilibrio de la situación y su estabilidad emocional, que a lo largo de la película pasa de la más tierna delicadeza (la cálida imagen de la vecina con su hijo en el supermercado y éste presenciándolos) a la ultrabrutalidad (momento en el ascensor donde patea descontrolado a un hombre). Su emblema es el escorpión dorado estampado a la espalda de su cazadora plateada. Un día, el joven comienza una amistad con su vecina Irene (Carey Mulligan) y el hijo pequeño de ésta, que conduce a una relación romántica entre los jóvenes, interrumpida por el retorno de la cárcel del padre de la criatura, Standard (Oscar Isaac). Los tipos que le protegieron en prisión le piden un favor ahora en el que Driver se verá involucrado en un atraco a una casa de empeños con el fin de ayudar a la chica y a su familia.

“Drive”, del danés Nicolas Winding Refn, es una hipnótica y brillante obra artesanal descaradamente entretenida, muestra neo-noir (estilo de cine que utiliza gran parte de elementos del cine negro con temas con contenidos actuales) y violencia ultramoderna que denota un estilo prestado pero que en realidad supone el alzamiento honesto de muchos elementos del cine de acción y criminal de los 80 sin caer en el cliché. Se podría decir que el realizador ejercita una relectura actual contemporánea con nostalgia al cine de los 70 y 80 que se ve reflejado en detalles como, por citar uno entre muchísimos, el palillo que lleva en la boca el protagonista en referencia al personaje de Sylvestre Stallone de “Cobra, el brazo fuerte de la ley”. Quede como anécdota que el palillo entre los dientes y su ropa (mayormente tejana) también recuerda a un cowboy.

El realizador, pero, no emplea una reconstrucción imitativa sino una relectura contemporánea según las tendencias cinematográficas de Winding logrando dotar a la película de personalidad en cada una de las decisiones tomadas. El director ya había dado muestra de ello en obras tan personales como la trilogía “Pusher”, “Bronson” o “Valhalla Rising”.

Ambientada con belleza en los barrios y calles menos atractivos de la ciudad de Los Ángeles (esta ciudad no había sido mostrada con tanto cariño y respeto desde “Heat” o “Collateral” de Michael Mann) el film expone un hechizo en buena medida debido a los detalles visuales y sonoros, gracias a la sofisticada y esplendorosa dirección fotográfica de Newton Thomas Sigel (las luces del entorno de la ciudad por la noche nos atraen como polillas) y la plausible banda sonora de Cliff Martinez con canciones influenciadas en el pop ochentero (las melodías “Nightcall”, de Kavisky, y “A Real Hero”, de College, homenajean al sonido electrónico de la época) que suponen un ejercicio de talentoso estilo con coches rápidos y hombres peligrosos. Este universo fílmico supone un deslumbrante entretenimiento con narrativa puramente trash cinema (corriente cinematográfica de explotación comercial de los años 60, 70 y 80 de bajos presupuestos y distribución marginal), componentes, por tanto, exploitation y toques de drama clásico; todo ello orquestado como una obra cinematográfica de arte y ensayo.

El héroe, el Conductor, da vida al film a través de sus sombras. Su oscuridad interior se exterioriza en momentos de violencia sin ser demasiados sangrientos (aunque ambiguamente pueden verse detalles “gore” como la escena en la que Alberto Brooks, uno de los villanos, le clava a un hombre un tenedor en un ojo) y se contrastan con la luz de Irene y su hijo a los que quiere salvar del horror; de un mundo bestial donde apenas tiene cabida el amor y la redención. La aburrida vida de Driver se refleja en su piso, prácticamente vacío, ausente de personalidad, y en su hábito contemplativo algo meditativo de las luces de la ciudad a través de las ventanas o de las calles de la misma desde su coche en marcha (carácter que me recuerda a Robert De Niro en su papel de Travis en “Taxi Driver”). Además, la presencia luminosa de Irene rompe de forma pausada la vida rutinaria y monótona (¿tal vez autoimpuesta?) del protagonista, que encuentra en ella un ancla sentimental, una familia donde escapar de su miseria existencial en donde apreciamos una historia de redención. Esta luz la sentimos mediante cámaras lentas y una fotografía mucho más luminosa y, por tanto, positiva. Junto a Irene, el Conductor se siente feliz y la chica se siente segura junto a un hombre que no le abandona (como su marido que se metió en líos y acabó en la cárcel) y que ejerce la figura paternofilial que su hijo Benicio (Kaden Leos) necesita. Pero esta relación también supone la condena definitiva para nuestro protagonista, que le obliga a incumplir sus principios y, violando su anonimato, le expone ante unos mafiosos locales. A él y a Shannon (Bryan Cranston) quien le proporciona los vehículos para sus incursiones criminales.

El temperamento del personaje de Gosling es como un coche que estalla aceleración de ruido y furia, vuelve a callar y momentos después retorna de cero a 100. La furia del vehículo es la furia del conductor. Es la fijación de su director, Winding, en presentar hombres brutales en situaciones desesperadas.

La acción automovilística consta de dos únicas secuencias. Dos pero maravillosas cargadas de hiperrealismo y tomadas con naturalidad. Una primera, la del prólogo, rodada con la cámara en la cabida del Conductor, con fuera de campo y el sonido de la radio de la policía que usa el protagonista como elemento de tensión que nos brinda momentos de persecución alternados con inteligencia con los de ocultación. La segunda secuencia emplea el rugido de motores y el chirriar de las ruedas con el crujir de la chapa para dotar las imágenes de nerviosismo acompañados de planos muy cortos y en definitiva una quimera visual exponente de violencia (personalmente me recordó a “Death Proof” de Quentin Tarantino) que también acompaña a la violencia física de los diferentes personajes del metraje.

La película costó 15 millones de dólares, recaudó 21 millones en sus primeras dos semanas en exhibición en EEUU. Se alzó con el premio a mejor director en el pasado Festival de Cine de Cannes y fue ovacionada en la última edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges. Brutal, melancólica y fascinante, “Drive” te atrapará.

LA SECUENCIA: En el prólogo se describe con tensión y brillantez formal como el Conductor ayuda a dos atracadores a librarse de la policía dotado de pericia al volante, improvisación y astucia, que recuerda el arranque de “Driver” (Walter Hill, 1978).

LA ESCENA: El asedio que sufre el protagonista en la habitación de un motel por parte de un par de matones.

El PLANO: Irene frente a Driver. Éste se refleja en un espejo donde en un lateral está pegada una foto del niño Benicio junto a su padre. Uno de los más bellos planos del film.

EL MOMENTO: Driver con una bala depositada en la frente de un tipo y un martillo en la otra mano con un ademán de golpear la bala como si de un clavo se tratara.

9 comentarios:

Darkotica dijo...

Si ya le tenía ganas, después de semejante crítica ya es que me muero de ganas por verla...

O. F. dijo...

Si les ha gustado la crítica, por favor, depositen una donación para el blog, jejeje, gracias.


Ted.

Anónimo dijo...

SUPER RECOMENDADA MIRENLA NO TIENE DESPERDICIOO!!

Emilio dijo...

Impresionante análisis... Ryan Gosling se quitaría el mondadientes en señal de pleitesía. Chapó.

Ash dijo...

SUBLIME,así de simple.Cine es estado puro.
No me la quito de la cabeza.

bullit dijo...

buen cine negro donde las luces y el juega de camara dice mas que los propios dialogos

El Rector dijo...

Estupenda. Me ha gustado mucho, puede que después de tanta crítica positiva, me esperase un poquito más, pero es una gran película, sin duda.

Me quedo con ese alucinante prólogo y por supuesto, con el personaje de Driver, me encanta ese contraste de personalidad dentro y fuera del vehículo.

Aunque para mi, la imagen es la secuencia final, poesía en estado puro. Preciosa.

Si algo se le puede achacar, es la simpleza de la historia, un poquito más de miga no le hubiese venido mal.

Todo un ejercicio de estilo. Cine negro, luces de neón y música discotequera.

Muy recomendable y la crítica, a la altura.

Saludos.

Anónimo dijo...

la verdad, respeto su opinion, pero sere claro, me parecio una pelicula horrible, super aburrida, y menos mal que no lei sus criticas antes y la vi directamente porque sino destruia hasta el reproductor de dvd, me refiero que hubiera esperado muchisimo mas de esa peli, no se que premio gano, pero debe haber competido solo esa pelicula, porque es horrible

TED BUNDY dijo...

ANÓNIMO (ÚLTIMO COMENTARIO)

¿Qué es lo que le resultó tan horrible? ¿Qué es lo que no le gustó de la peli?

Me interesa su opinión.

Saludos.

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