miércoles, 9 de abril de 2014

Crítica: The Banshee Chapter

Lo que comienza como un “found footage” más-ay amigos, es lo que hay-cambia de golpe, desde el momento en que el guionista y director, Blair Erickson, en un arrebato de confusión o incapacidad coge la cámara y acaba con la subjetividad de golpe, lo cual, de verdad, se acaba agradeciendo, para colarnos un producto bastante mediocre sobre conspiraciones gubernamentales, seres de otro mundo y psicotropos varios. 

“The Banshee Chapter” no es una mala película del todo. De hecho está bastante decentemente rodada y tiene dos o tres ideas sorprendentemente buenas dentro de un guión que desgraciadamente acaba manifestando una inocultable escasez de medios e ideas que no la llevan a destacar dentro del resto de pelis de serie B que tratan temas similares, lastrada por un ritmo demasiado lento y un terror no del todo logrado en algunos casos, si bien en otros es realmente eficaz. 

La cinta nos cuenta la historia de una periodista, Anne Roland (interpretado por Katia Winter) que decide investigar las sospechosas circunstancias de la desaparición de su mejor amigo, (Michael McMillian-James Hirsch), relacionado con un experimento de química en el que está implicado el Gobierno USA, el MK Ultra y que se hace público gracias a la legislación de desclasificación de expedientes de los Estados Unidos, revelando a la luz pública que se han estado realizando experimentos muy poco éticos en bases secretas con seres humanos en los que la droga provoca como efectos secundarios cambios de conducta, alteraciones en la respuesta mental, pérdida de memoria, alucinaciones y violencia desatada. 

En su investigación acude a un excéntrico escritor, Thomas Blackburn (interpretado por un sobreactuadísimo Ted Levine), que está metido en el ajo. 

La película está rodada con un estilo de cámara casi documental que alterna con insertos de entrevistas reales, declaraciones del gobierno (Clinton, tela marinera) y falso documental con el tufillo de ' basado en hechos reales ' de fondo. 

En medio de todo ello se encuentra lo que a mi juicio es lo más destacable de la cinta, la alusión a HP Lovecraft y su mundo de seres oscuros, cuando se usan neurotoxinas humanas a modo de catalizador para convertir el cerebro humano en un receptor que permita la entrada de esos seres de otro mundo en el nuestro, lo cual está “documentado” en cintas de los años 70 que se nos van intercalando a lo largo del metraje de la peli y que suponen la parte más terrorífica de la película, junto con los sonidos de las estaciones de onda corta en los que esos seres repiten una y otra vez los números de la fórmula química usada y que son, francamente, aterradores. 

Es reconfortante comprobar que hay aún directores que respetan las raíces del terror de autores como Lovecraft (sin incurrir en vergonzosas adaptaciones sin gusto) y que juegan con la conexión de los antiguos males con el actual terror de los experimentos con psicotrópicos. 

El resultado podría haber sido infinitamente superior, pues el guión tiene numerosos aciertos que no se llegan a aprovechar ni explotar mientras prolonga situaciones absurdas que en realidad no aportan mucho a la historia, y al final todo acaba oliendo a serie B tras un decepcionante y mal logrado desenlace aburrido y bastante plano precedido de un aluvión de escenas mal encajadas e incapaces de provocar terror en su mayor parte. 

Pero a pesar de que la historia acabe pareciendo descabellada y plagada de agujeros en su trama y de un final, como ya he dicho, no satisfactorio, es loable la intención del director de hacer con su película algo diferente, tratando de construir un ambiente espeluznante con una dosificación calibrada de los típicos sustos logrados con la subida del volumen y la cámara de visión nocturna a los que ya nos estamos acostumbrando demasiado. 

La película trata de ser una combinación (no demasiado eficaz) de la cinematografía tradicional y el “faux- real“, (el ya habitual " found footage " , y el material de archivo documental, incluyendo noticias reales emitidas en la televisión americana). Esta fusión de técnicas y medios es la adecuada para tratar el tema de los experimentos de control mental del MKUltra, experimentos que a día de hoy sabemos que fueron reales y se llevaron a cabo por la CIA durante la Guerra Fría. 

En cuanto al trabajo de dirección, pues lo dicho, o el tipo no supo muy bien qué hacer con el material que tenía entre manos ó realmente es un genio que la ha cagado sin querer. El trabajo de cámara es prodigioso a ratos, con un aprovechamiento de luces y sombras premiable, mientras que en otros momentos es propio de un niño con su cámara regalo de comunión. 

Los insertos de metraje encontrado brillan sobre los demás (sorpresa, sí) y logran dar credibilidad al tema de la DMT y el MkUltra, sin rozar siquiera el debate sobre la conveniencia de determinadas drogas en nuestros días (a Dios gracias). 

El reparto no está mal, si bien todos tienden un poco a la sobreactuación. El personaje de Levine, un caramelito, se diluye demasiado por la exageración con la que lo ejecuta, mientras que el de Katia Winter, pese a ser la protagonista, queda un poco a la sombra. 

En definitiva la película es un experimento no del todo original en el género, con una trama interesante pero desaprovechada y a ratos demasiado confusa, pero mucho más inteligente que la mayoría de cintas que se ruedan con su presupuesto.

Lo mejor: Las notas de “falsa realidad” en su inicio. Tiene un susto estupendo.

Lo peor: Se hace aburrida y confusa a ratos. Recomendada queda para devoradores del falso documental, la teoría conspiranóica y antisistema.


6 comentarios:

May Dove dijo...

La verdad que me pensaba que le darías más puntuación, porque hablas de sus fallos pero en general hablas bien de la película. Luego veo que la puntuación no es muy alta y me asaltan las dudas.
¿La veo o no la veo?
Estoy confusa!

Missterror dijo...

Yo no encuentro el sentido de una utilización de cámara en mano, en una película que no pretende ser falso documental. Para mi no es justificable, más allá de para hacer lo de siempre (sí, a mi esto me ha parecido lo de siempre), y eso es, agitar la cámara, apagar la luz, encenderla de golpe, grito terrorífico e imagen de décimas de segundo impactante. Lo-de-siem-pre.

Reconozco que el rollo del found footage o el mockumentary me dejó de interesar nada más empezar, y yo destaco sólo un par de películas que me hayan gustado de este subgénero, pero es que en "Banshee Chapter", no tiene sentido rodar así, porque el 80% del metraje no es un falso documental... Lo único que esto provoca es confusión. En mi caso, toda la del mundo, porque a mi me ha costado la vida sacar algo en claro. La trama no engancha, los efectos no provocan ninguna reacción, los personajes, como dices, pues uno sobreactuado al extremo, y la otra normalita, ¿qué puede destacar aquí? Para mi nada. Una pérdida más de tiempo.

Saludos

El Rector dijo...

A ver cuando alguien se da cuenta, de que a esto del "found footage" (y en este caso la etiqueta va con asterisco), ya se le ha terminado la cuerda y dejan de dar por culo con este tipo de productos, que son (y éste en mi opinión, no es ninguna excepción), por lo general, el mismo coñazo una y otra vez.

Ya el colmo, es rodar una película que NO es un falso documental (salvo tres injertos contados), como si lo fuese. Confusa, aburrida y muy predecible. Poco me atrevería a destacar de ella... de hecho, ahora mismo no me se me ocurre nada y eso que me tira bastante el tema tratado.

Suspenso categórico.

Saludos.

Damien Thorn dijo...

Hola mozos!
A ver, May, para un rato así aburridillo, la peli está mucho mejor que la mayoría de indecencias que nos llegan, pero no es nada del otro mundo... Así que, yo creo que ponla en lista de pendientes, pero por abajo...
MissT, a mí me ha pasado justo al revés que a tí. Empecé odiando el found footage hasta casi demonizarlo y en cosa de meses he cambiado de opinión... He visto cosas muy buenas, la verdad, que ya os iré contando...
Rector, me temo que aún le queda muuuucha cuerda al falso documental... Pocos requisitos técnicos, pocas pelas y una buena idea pueden hacer grandes cosas, lo peor es que las ideas suelen ser o calcos de cintas previas o bodrios intragables...
A mí, personalmente, el tema del MK Ultra, las investigaciones de drogas como armas me siguen apasionando... Reminiscencias de mi tiempo en Cuarto Milenio, jejejejej
La peli, sin ser nada del otro mundo, tiene un cinco y medio, por tres o cuatro cosillas decentes, pero os digo desde ya que es muy difícil que os encante....
Saludetes a todos!
Y aprovechad el finde, desatad vuestros pecados capitales (no a lo Seven, por favor), con moderación y pasadlo chachi!

May Dove dijo...

Me gusta esto de la lista de pendientes, pero abajo!

Anónimo dijo...

Está bien la peli. Lo que sí creo que el director estaba medio perdido y el guionista también, como que hubo cambios de última hora, pero la idea es la siguiente: El gobierno experimentó con una droga que al final transformaba la mente en una puerta para que atravesaran seres de otra dimensión. Seres lovecraftianos como da a entender perfectamente el veterano coprotagonista, Blackburn. Llevaba a la persona a otra dimensión que solo ellos podían ver, y lo malo es que esa puerta ya no se cerraba hasta que te morías. Tiene muchos altibajos y es confusa porque repito, no tenían muy claro en su cabeza qué querían mostrar en la peli.

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