lunes, 5 de mayo de 2014

Artículo: True Detective: Y Se Obró El Milagro

Acostumbrado como estoy ya a investigaciones que se resuelven en tres cuartos de hora, a inspectores de policía con mentes privilegiadísimas, a vuelos en jet privado para hacer análisis de la conducta humana y a laboratorios del futuro donde el ADN dejó de ser un desconocido para formar parte de mi jerga diaria, esperaba poco y menos de la serie revelación de la temporada, “True detective”. Las críticas desde luego no podían ser más halagüeñas y las referencias a Seven y a Zodiac bullían en mi cabeza mientras perezoso trataba de no encontrar el momento de arrancar y poner en marcha el piloto. Una tarde lluviosa, un hartazgo de vampiros cutres y seres del abismo prefabricados hicieron que casi sin querer le diera una oportunidad y pulsara el play. Y se obró el milagro. 

Boquiabierto me descubría a mí mismo contemplando la mejor cabecera que jamás se ha creado para la TV y los minutos pasaban a cámara lenta mientras trataba de escudriñar el interior de dos personajes absolutamente fascinantes. En el primer episodio se nos presentan ambos desde un diálogo entre Rust y Marty acerca de la naturaleza humana, de la desnaturalización del ser, de lo evolutivo, donde ponen boca entre otros a Kant, Nietzsche y Schopenhauer, que lejos de resultar un peñazo idealista y nihilista es una auténtica declaración de principios férrea y apabullante, mágica y sorprendente. Uno, Rust Cohle, es un desequilibrado de mente preclara castigada por las drogas durante años. El otro, Martin Hart, es aquel camarero bobalicón de bar de barrio metido a detective. Por separado sus vidas serían aburridas, casi anodinas, pero juntas, ensambladas a la perfección por aquello de que los extremos opuestos acaban encajando, se convertían en algo que jamás había visto en una serie, pues juntos son prácticamente las dos caras de la misma moneda, uno, lustroso y brillante y el otro desgastado por el uso. 

Quienes me conocen ya saben que me gusta un asesino en serie más que a un tonto un lápiz. Que la sangre y las vísceras, lejos de incomodarme, despiertan en mí un interés morboso. Y también que las reflexiones sesudas, concienzudas y profundas como un abismo, aunque envuelvan a lo anterior acaban aburriéndome como una ostra. 

True detective no es una serie sobre un asesino en serie, que lo tiene, y fantático, por cierto. Tampoco es una serie sobre detectives reales por mucho que su título se aventuren a predecirlo. Es una serie apabullante sobre dos personajes apabullantes. 

McConaughey, que parece haber despertado de un letargo postergado a la sombra de las comedias ridículas en las que lucía su estupendo bronceado y su trabajada tableta, se transforma, muta y se convierte de inmediato en un actor como la copa de un pino. No hace falta verle de vaquero trapicheando con fármacos para la comunidad gay en Dallas Buyers Club, ni en la asombrosa y desapercibida Mud-una de las mejores pelis del año. Ya en la fabulosa Killer Joe, de William Friedkin, donde hace un papel absolutamente merecedor de todo elogio, demostraba que a lo mejor nos estábamos perdiendo a todo un talento bajo el aspecto de un quesazo. Pero es que en True Detective está insuperable. Como productor, se ha reservado el papel de su vida. Aquel por el que nuestros hijos le conocerán el día de mañana. 

Y es que True Detective nos llega precedida de una serie de alabanzas y críticas-casi unánimes-absolutamente favorable, en una primera temporada de ocho episodios que se devoran como una pizza recalentada tras una noche de juerga, con historia autoconclusiva y es realmente una de esas inmensas joyas que uno debería guardar en su memoria como en una cal¡ja fuerte. Las reminiscencias van mucho más allá de lo esperado, y en un claro homenaje a la eterna fuente que es, será y debería ser la inmensa Twin Peaks digerido y plasmado visualmente muy al estilo Fincher. Pero la serie no es un compendio de homenajes a obras preexistentes, sino un referente ya en sí mismo, una obra mayor, de personalidad propia y subversiva, dolorosa y veraz, enloquecida, absolutamente sólida y sin fisuras. 

En gran medida el éxito recae finalmente sobre el inquebrantable guión de Nic Pizzolatto, que retrata cono si de un documental se tratase la psique y evolución durante 17 años de sus personajes, dejando el estupendo fondo negro policiaco de fondo, como un mero pretexto para profundizar en sus personalidades. 

La labor de Cary Joji Fukunaga,(Remake de IT para el 2016 ,Beasts of No Nation en el2015, con Idris Elba; la estupenda Jane Eyre (2011)con Mia Wasikowska, Michael Fassbender y Judi Dench y Sin Nombre en 2009)como director de los ocho fragmentos en que se descompone esta genialidad es digna de mención aparte. Se desenvuelve con una inmensa facilidad fílmica por derroteros bien diferenciados, es capaz de usar una narrativa convencional y a la vez profundizar en la psique humana, en el por qué de la maldad, no pasando por encima como se acostumbra en este tipo de series. También usa indiferentemente el plano secuencia, (soberbio el comentadísimo que pone fin al cuarto episodio), mientras que intercala primerísimos planos agobiantes de sus personajes para que seamos capaces de no dejar pasar un solo tic por alto. Su labor de cámara es extraña y a la vez apasionante, a veces tira de alucinantes tomas generales como planteamiento argumental, otras de la acción trepidante cámara en mano, mientras que por otro lado aprovecha la acción fuera de cámara para lograr alterarnos todavía más si cabe y pillarnos bien de los huevos sin soltarnos hasta que el capítulo acaba, para ir conformando una serie que poco a poco se va retroalimentando de nuestra propia capacidad de espectadores y hacer que nos esforcemos en hacer crecer la semilla que inteligentísimamente siembra a modo de argumento. El hecho de que todos y cada uno de los episodios los dirija la misma persona dota al resultado de la coherencia y el carisma necesario, otro acierto.

A esta inmensa mezcla de fabulosas de interpretaciones, perfecta atmósfera opresiva creada, argumento sin tacha donde el diálogo es más profundo de lo que aparenta y fotografía apabullante de Adam Arkapaw se suma una banda sonora con claros tintes sureños absolutamente imprescindible. 

Así que a pesar de que en los últimos años hemos degustado interesantes series de intriga policial , True Detective da un paso más y rozando la perfección se convierte en algo que muy difícilmente se nos olvidará y pasará a la historia de las Grandes de la TV sin duda. Y vuelve a ser la cadena HBO la que nos regala una nueva obra maestra de la pequeña pantalla, oscura, podrida, retorcida y dolorosa, con un magnetismo innegable.

Que el final sea cerrado, con una visión bastante más positivista y optimista que la negrura que lo precede, y que las próximas temporadas de la serie se separen de los prodigiosos personajes encarnados en ésta no deja de ser un acierto total en el panorama televisivo en el que a día de hoy nos encontramos. 

Carcosa, el Rey Amarillo y los lisérgicos desafíos nunca podrán retratarse mejor. Nunca.


10 comentarios:

Anónimo dijo...

Tremendo comentario para la mayor sorpresa que ha dado la televisión en los últimos años, una serie que nos hace pensar que es practicamente imposible que vuelven a maravillarnos tanto con la segunda temporada y los nuevos personajes, y encima algo nos dice que si lo harán.

Max Cady dijo...

Estupendo artículo de una serie fabulosa Damien Thorn. Ha sido una gratísima sorpresa esta producción, que como bien mencionas tiene una producción fantástica (no podía ser de otra forma tratándose de la HBO), una realización magnífica de Cary Joji Fukunaga (como muy bien mencionas remite al mejor David Fincher de Zodiac o Seven), un reparto sensacional en estado de gracia (especialmente, McConaughey y Harrelson) y un guión que va muchísimo más allá de la simple investigación de una serie de asesinatos perpetrados por un serial-killer. True Detective es básicamente un tratado sobre las miserias del alma humana y el sinsentido de la vida. De hecho la hondura de los personajes, los diálogos que mantienen y las referencias (explicitas o implícitas) constantes (a diferentes obras literarias, cinematográficas o artísticas) son un deleite y a la vez motor del relato. Por ello, a mí, la (precipitada y simplona) resolución de la historia me sabe a poco, no termina de ensamblar perfectamente todas las posibilidades que se habían planteado, quedando en un simple “Macguffin” las referencias a Ambrose Bierce, Robert W. Chambers o incluso a H.P. Lovecraft, y las ideas de posibles sectas organizadas practicantes de rituales de sacrificio y muerte (tal vez con pretensiones cosmológicas) y sus probables conexiones con la iglesias ultra-conservadoras del sur de Estados Unidos muy diluidas (por no mencionar un “happy end” que rompe con lo oscuro y nihilista de todo lo ofrecido hasta entonces). A pesar de las pequeñas pegas que le encuentro, una serie magnífica que recomiendo a todo el mundo.

Saludos!!!!!!!!!!!!!!

Missterror dijo...

Yo soy de las que se enganchan a las series tiempo después de su éxito (hablamos de años, ejem ejem), pero reconozco que me has vendido True Detective muy muy bien, y ahora no me queda más remedio que hacerle un hueco lo antes posible y ponerme al lío.

¿Eres de los de "Mentes criminales", verdad? ;) ¿Dijiste Fincher? :)

Saludos

Romasanta Macias dijo...

ya estoy bajando a toa castaña laprimera temporada!!! en breve te digo que me parece!!!

May Dove dijo...

Missy, no puedo creer que no hayas visto todavía True Detective, te va a encantar. Tal y como explica, perfectamente bien; Damien en este artículo; la serie es una maravilla a todos los niveles. El capítulo 2 es el más flojo de todos, pero realmente... 8 episodios se me hicieron cortos para todo lo que ofrecía este universo podrido y a la vez perfecto (perfecto en realización, eh?)
Está todo tan bien planificado, cerrado y cosido que es alegría para nuestros ojos y oídos.
Ojala True Detective a todas horas!

Damien Thorn dijo...

Anónimo, tengo exactamente esa misma sensación.,Un equipo que ha logrado lo que True Detective, por mucho que cambie los personajes(en mi opinión lo mejor de la serie, pero bueno), no puede fallar, así que la veremos y disfrutaremos recordando la primera temporada lo justo.
Gracias, un saludo!

Damien Thorn dijo...

Max, absolutamente de acuerdo con tu estupendo comentario. Los detalles a los que se le puede sacar punta quedan abrumados por esa hondura, esa profundidad, esas interpretaciones que la hacen una serie magnífica.
Un saludo y muchas gracias!

Damien Thorn dijo...

MissT, pues creéme, tardé en engancharme a Mentes criminales mucho. No le veía el punto, pero oye, se me hizo la luz con la tercera temporada y la devoré por completo, flipándolo. Hay momentos en los que se me saltan las lágrimas con algún capítulo...
Fincher, oh yeah!!!!
Oye, tienes que verla YA!!!
Te va a ENCANTAR!
Un saludo!

Damien Thorn dijo...

Romasanta, no sé por qué, pero me da que te va a gustar y mucho....
Eso sí, hay que cogerla con paciencia, porque cada detalle cuenta!
Un saludo, amigo!
Espero que la disfrutes muchísimo!

Damien Thorn dijo...

May, si tuviéramos True Detective a todas horas se acababa lo de ver pelis, porque no ha habido una sola que se le acerque en intensidad, planificación y magnífico resultado...
Pero sí, TD a casi todas las horas!!!
Jejejej!
Un saludo!

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