martes, 23 de septiembre de 2014

Crítica: Tetsuo: El Hombre de Hierro

Amigos del nido, os traigo una de esas películas que, por su excentricidad, rareza y dificultad de ver, se convirtieron en indispensables de mi colección. En este caso, Tetsuo (el hombre de hierro, la primera) del año 88, de tan sólo 67 minutos de duración, y dirigida por el incomprendido y visionario Shinya Tsukamoto con guión suyo y de Kei Fujiwara (que también se reserva un papel en la peli), película que nació con vocación absoluta de polémica por razones más que evidentes. 

Se trata sin lugar a dudas de una excentricidad implacable, brillante y genial, muy difícil de etiquetar y a ratos comprender, que en forma de crítica mordaz a la sociedad de consumo que ya arrancaba por aquellos años de manera descompensada nos habla de dinero, de valores y falta de los mismos, de máquinas dotadas de un poder latente que podrán desarrollar a la mínima y de cómo afecta esa sociedad al ínfimo ser humano, una hormiga dentro de una colosal montaña de basura y desperdicio futurista en absoluto recomendable para mentes poco abiertas y estómagos ligeros, mezclando el gore cutre de la época, la ciencia ficción y el poso de un mensaje crítico social. 

Desconcertante por completo, perturbadora, extraña hasta rozar la paranoia, Tetsuo es una pesadilla cyber-punk para la que no encuentro un público definido. Desde luego no es un film al uso, ni siquiera en cuanto a esas referencias a Lynch y su paranoia, aquí muchísimo más compleja y extrema que narra, sin llegar a narrar, a través de indicios locos y desquiciantes la existencia perturbada de un hombre ahogado por el fetiche que, fascinado por el metal, toma la decisión de introducir diferentes elementos y objetos metálicos en su cuerpo, hasta convertirse en el deseado hombre de hierro. Entra en una habitación y con un cristal rasga su pierna, haciendo el primer agujero donde introducir una barra de metal. Sin embargo, esa introducción sufre un rechazo y conforme la barra se oxida, su pierna comienza a pudrirse, dando lugar a la descomposición orgánica, al nacimiento de gusanos y moscas, al pus y al líquido repugnante. Aterrorizado por el estado de su físico, sale a la calle donde es atropellado por un conductor, Tetsuo, sobre el que recae una auténtica maldición ni siquiera pronunciada, ya que de su propio cuerpo, mutante, comenzarán a brotar esquirlas y piezas metálicas. Esta evidente crítica a la sociedad, a la búsqueda de la raza perfeccionada, al exceso del uso de las máquinas y nuevas tecnologías, sirve de telón de fondo para descubrir cómo dos personas aparentemente diferentes pueden compenetrarse a la perfección, por bizarra que sea la concepción tal.

La idea, que no guión, porque en realidad la cinta no es sino un puzzle de sugerentes, espeluznantes e incomprensibles imágenes, se centra en esa transformación del cuerpo del protagonista en el ser indeseado y abominable de metal. Pero por loco y desquiciante que resulte, acaba atrapando al espectador gracias a la potencia visual de sus imágenes, con un uso del stop motion en blanco y negro y una cámara que no parece saber exactamente donde enfocar, lo que nos sume en un sueño lisérgico y psicotrópico a lo más oscuro de la perturbación insana. 

Lo que desde luego está asegurado es que nadie quedará indiferente a su primer visionado de “Tetsuo”. Podrás odiarla, adorarla, tratar inútilmente de encontrar una justificación a determinadas cosas, alcanzar el sentido, acotado y limitado sin duda... Y esa es una de las grandezas del film, la controversia real y evidente y su potentísima capacidad de provocar y generar polémica. Como cinta única, comparte algo del estilo de otros experimentos, fundamentalmente nipones, pero resulta mucho más dinámica, rápida, con un brillante trabajo de fotografía del director que dinamiza la pesadilla para no aburrir aún asqueando. 

El talento de Tsukamoto a la hora de provocar tensión, repulsión y desasosiego es incuestionable, generando en el espectador el ansia de asimilar la paranoia y el estupor de esta experiencia extraña, bizarra hasta el extremo e irrepetible que es Tetsuo. 

Ya Cronenberg en su magistral "Videodrome" vaticinaba las consecuencias de las nuevas tecnologías, y Tsukamoto rozando esa premisa parte de la idea de que el ser humano es un ser incompleto, que ha de perfercionarse fusionándose con elementos completos. Toma ida de olla... La cinta Tetsuo se convierte sin duda en un viaje alucinante de extrañas y dolorosas sensaciones en las que lo soez, lo grotesco, lo crudo y salvaje cobran protagonismo en parte gracias a un montaje frenético y apabullante, un trabajo de dirección absolutamente experimental con encuadres retorcidos y acelerados, al uso del stop motion trucaje, propio de Harryhausen, de la potente banda sonora de Chu Ishikawa (con tintes a “Eraserhead” de Lynch) compuesta principalmente por temas de corte industrial, una elección de lo más apropiada para el filme que lejos de ambientar, descoloca, integrándose perfectamente con el apartado visual, que técnicamente no luce nada mal a pesar de su bajísimo presupuesto. 

Los elementos propios de la estética cyberpunk son evidentes y enriquecen ese poderío visual de la cinta. La descomposición y degradación de Tetsuo conforme van brotando de su cuerpo accesorios metálicos es perturbadoramente inspiradora, y se convierte en una obra que desde luego puede resultar desagradable e incluso repugnante en algunos aspectos, pero que además aporta un punto de vista filosófico impactante, con un poder visual arrollador, plagado de imágenes muy difíciles de olvidar y que imposiblemente deja indiferente a nadie, entre las que destacaré dos de ellas: Una extraña mujer con una prótesis metálica en el brazo persiguiendo a Tetsuo a toda caña mientras descienden cada vez más por los pasillos del metro; Y el momento del falo mecánico, un taladro acoplado al pene, con el que destroza a su mujer sin dejar de insultarla en este coito mortal. Narrativamente la coherencia se echa en falta, la locura de lo visual está al servicio del desquiciado argumento, pero no obstante estas imágenes retorcidas, bizarras, tienen la capacidad de asombrar y aterrar durante 67 minutos. El final, también desconcertante, en el que ambos hombres de hierro, Tetsuo y el atropellado, luchan a muerte ha inspirado a genios del calibre de Miike. 

Se agradece ver que prácticamente sin recursos, suplidos por la inteligencia se puede llegar a realizar secuencias electrizantes, epatantes e inolvidables. 

Sin embargo, a pesar de la fabulosa escena inicial (la persecución por el metro), y de algunas otras secuencias impactantes, al cabo de un rato la cinta se puede hacer tediosa y hasta aburrida. Y es que más que ante una “película” canónica estamos ante una experiencia visual y sonora, un carrusel espiral de imágenes, sensaciones y sonido metálico, por lo que podríamos hasta tildarla como he leído por ahí de “pseudo-película”, más cercana al cortometraje experimental o al videoclip cyberpunk.

Lo mejor: Su corte experimental, la potencia de su imaginería visual y sonora, casi 30 años después. La posibilidad de verla sin tratar de desentrañar la trama, como experiencia lisérgica inolvidable. Sus efectos, treinta años después siguen siendo estupendos, cutres pero estupendos. 

Lo peor: Llega a ser tan rara que confunde, sus prodigiosas imágenes incesantes, desagradables, mal enfocadas e iluminadas nos hacen difícil entender qué es lo que el director realmente pretende.

Tetsuo es innegablemente un clásico de culto, una sórdida experiencia recomendable por completo que desde luego no gustará a muchos de quienes esto leen, pero sin duda, encantará y hechizará a otros como a mí me sucedió. 

El director intento repetir el experimento en una segunda parte, “Tetsuo 2: El cuerpo del martillo” (1992), con una historia narrada de forma más convencional, contando con dos de los protagonistas de la primera, Tomorowo Taguchi y Nobu Kanaoka y con una trama similar, rodada en color que sin embargo no logró alcanzar la genialidad y la sorpresa ni de lejos. Trató de enmendar el error con la infravalorada “Tetsuo The Bulletman” (Tetsuo 3) (2009), más atinada que la segunda parte y en la que el mismo Shinya Tsukamoto se reserva un papel protagonista, pero que tampoco se colocó jamás a la altura de su experimento inicial.


3 comentarios:

Max Cady dijo...

Producto extremadamente insólito, perturbador y psicotrónico. Vamos, una estrafalaria marcianada. No cabe duda que es uno de esos films difíciles (como Begotten) que no está pensado para todos los paladares, y que está más dirigido a crear sensaciones que interpretaciones.

Si bien es cierto que considero Tetsuo un interesante delirio pesadillesco cyberpunk que transita entre el surrealismo radical del Buñuel de Un Perro Andaluz o el más radical David Lynch de Cabeza Borradora y la ciencia-ficción más onírica y sexual de J.G. Ballard, su ausencia de hilo conductor, medios de producción e interpretaciones hiperbólicas (acorde a lo que vemos, todo sea dicho), consigue que me resulte más atractiva por lo que pretende que por lo que realmente consigue.

Saludos (por cierto, estupenda crítica)!!!!!!!!!!!!!!

P.D. ¡La banda sonora al estilo Chimo Bayo es una locura!

May Dove dijo...

Esto me ha dejado tan loca que no puedo evitar decir: volveré cuando la vea, porque debo ver este experimento visual.
Ahora mismo, independientemente de si me acaba gustando o no, estoy súper agradecida a nido por encontrar estas joyas y rarezas.
Damien, me quito el sombrero.

Damien Thorn dijo...

Max, muchas gracias por tu comentario...La verdad es que Buñuel y Lynch son claros referentes... Y Chimo es lo más...JEJEJEJE!
May, gracias también, como muy bien dice Max, es un poco locurón no para todos los gustos, pero aunque sólo sea por verla en su contexto merece la pena.
Begotten me traumatizó. No quiero ni volver a nombrarla, estaba con anginas y fiebre, así que si ya de por sí es rara, enferma y odiosa, imaginaos con 39 graditos....
Saludetes!

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