sábado, 8 de noviembre de 2014

Crítica: The Midnight After

A “The midnight after” le precedía, por decirlo de alguna manera, su fama. En el prestigioso festival de Berlín había recogido por igual aplausos y buenas críticas, y en certámenes y festivales más especializados en el ámbito asiático o en el género fantástico, su status creció hasta convertirse en una de las producciones imprescindibles del 2014. De hecho algunos gurús en la red, hablaron de ella como la “Mejor producción del año” aun faltando bastantes meses para acabar el mismo.

Y es que no conviene olvidar que al frente de la película se encuentra todo un artesano del género –y de otros…-, un AUTOR en mayúsculas que de eso de agradar a la crítica –menos suerte con el público- sabe bastante: Fruit Chan. 

Pero más que desgranar el pasado y orígenes de este curioso realizador, guionista y productor, vayamos ya con la película pues por sí misma descubre muchas de las peculiaridades de este cineasta.

Para empezar, el film nos ofrece un planteamiento no tan original como esperábamos en un realizador tan atípico como Chan. Planteamiento, que se me entienda. 

En las últimas décadas lo de encontrarse en medio de calles y ciudades desiertas es un recurso al que han acudido frecuentemente los guionistas del género. Sin ir más lejos en esta suma de alegrías y decepciones que es mi tierra como es España, hace un par de años vimos la adaptación de la novela homónima de Jorge Torregrossa “Fin”. Pues bien, siguiendo las mismas pautas, Chan –que también a su vez adapta una novela, aunque provenga de la red- sitúa a los personajes en una Hong Kong y Nuevos Territorios desiertos, algo que puede parecer por otra parte lógico dado el tema, pero que para el que haya tenido la suerte como un servidor de conocer el lugar, supondrá un aliciente más dado que casi es una utopía encontrárselos en ese estado. Repito, tiene escaso valor cinematográfico y sobre todo para el espectador foráneo, pero es un detalle a tener en cuenta que puede pasar inadvertido. 

A partir de ahí, Chan maneja la tensión de la película acudiendo a uno de esos factores que ha marcado su carrera como es el humor y hasta el surrealismo. 

Chan, como realizador relativamente joven, pertenece a una generación de directores que han fomentado el realismo y la crítica, por lo que cuando le ha tocado recurrir a la comicidad no ha utilizado el típico humor cantonés disparatado, y sí la ironía y el humor más negro. 

Así más que gags –alguno habrá como el de la dentadura- nos vamos a encontrar con diálogos ingeniosos donde se intenta parodiar a la sociedad hongkonesa con todas sus fobias y defectos, esas aspiraciones de grandeza y contrariamente miserias, odio a lo chino y paradójicamente falta de cultura “internacional”, política, deshumanización, etc. Recapitulando, lo que mejor saben hacer los hongkoneses y de lo que deberían aprender por ejemplo sus vecinos surkoreanos: reírse de ellos mismos. 

Respecto al surrealismo, además de alguna ocurrencia para incrementar la comicidad, nos encontraremos con una escena totalmente fuera de contexto, pero tan divertida que pocas objeciones puede hacérsele. Se puede resumir –para no destripar la sorpresa- como un relleno… musical, pero de esos que marcan una película y el “resopón” posterior, pues no te será fácil quitarte de la cabeza el tema de marras. 

Dejando de lado estos elementos que no son más que complementos auxiliares de la historia, el cineasta chino va soltando pistas dispares para más que orientarnos jugar al despiste, manteniendo el suspense. Mostrar a alguien con una máscara de gas nos llevaría indefectiblemente a centrar nuestras sospechas sobre un virus mortal, pero introducir otras ideas y conceptos habituales igualmente de la imaginería del género, como por ejemplo un fantasma femenino, provoca que terminemos perdidos y enganchados presas de la curiosidad. 

Y es que Chan no tan solo juega con los elementos a los que se presta el guión sino con los miedos de los espectadores. Porque sí, porque la película nos llega en plena efervescencia del virus del Ébola, pero conviene recordar que la ex-colonia británica hace unos años tuvo su propio Ébola con el SARS.

Desafortunadamente en la segunda mitad de la película pierde algo garra ya que se centra más en los personajes que en las situaciones, convirtiendo el resto del metraje en una montaña rusa con puntos álgidos en un extremo, y rellenos y alargamientos innecesarios en otro. 

Aquí también podría hablarse de surrealismo ya que Chan rompe con el tono del film virando el poco drama que teníamos hasta el momento en forma de melodrama hacia la tragedia más cruda, dándonos la sensación de que por muy “enfant terrible” que quiera ser, ha caído en ese error de la mayoría de los realizadores especializados en comedia de Asia de querer darle trascendencia a un producto que de por sí no lo necesitaba. Y ya no es tanto el cambio de registro como su puesta en escena. Poco me puedo explayar sin soltar algo que desvele demasiado, pero creo necesario advertirlo. 

Al menos, salva con nota este escollo gracias a la interpretación de unos actores, en su mayor parte fetiches del realizador -otra de sus marcas de fábrica- como son Sam Lee o un Wong Yau-Nam a reivindicar. Aun así, los veteranos Simon Yam, Lam Suet y Kara Hui no se dejan comer el terreno por los jóvenes, bordando unos papeles que por otro lado ya quisieran para sí todos los actores. 

Para ir acabado diré que los efectos especiales, pocos y todos cortados por el mismo patrón aunque en diferentes presentaciones, padecen el mal generalizado en la industria de la zona: irregularidad. Unos estupendos y otros no tantos. Aprobado, pero poco más. 

Por último, su desenlace. Esta es una de esas ocasiones en las que se es indulgente por el buen rato pasado. Solo diré eso. 

Resumiendo, “The midnight after” es una película divertida y entretenida, una mezcla de géneros y conceptos que no podrían casar en un film formal, pero que en esta “cafetera” tiene una inmejorable cabida. Eso sí, abstenerlo los que busquen un producto formal y/o con sentido común.


5 comentarios:

May Dove dijo...

Bueno, entiendo que es un gran ejercicio de autoconocimiento de género, no? Miran lo que tienen y hacen una evaluación de los pros y contras. Está bien que el cine de Hong Kong se tenga medido su propio rasero pero no entiendo muy bien a que te refieres con lo que los surcoreanos deberían hacer lo mismo.

Chanpoo dijo...

En cuento a crítica. No sé cuánto cine surkoreano has visto, pero yo llevo vistas casi 400 pelis de este origen -en mi Web están las reseña de todas ellas- y puedo contar con los dedos de la mano las películas que son críticas con su propia sociedad. Y las que lo son, suelen sucumbir de cara a a la taquilla. Taquilla que por cierto llevo analizando quincenalmente sin descanso desde el 2003. Dicho este auto-bombo -si no me hago propaganda, no sé quién me la va hacer...- añadiré que todo tiene una razón de ser: el pueblo surkoreano siempre ha estado dominado por países y reinos extranjeros, por lo que se ha creado una concha de auto-protección, que no permite ningún ataque, menos desde dentro de sus fronteras. Eso provoca también que sea un pueblo que nunca será feliz, y eso se refleja en sus películas.

May Dove dijo...

400 seguro que no he visto, eso te lo puedo confirmar ya. Mi pregunta iba más relacionada a que me explicarás el comentario, no una crítica sobre si me parecía que el apunte era erróneo. Quería saber a que te referías como simple curiosidad.
Por lo que comentas, tiene mucho sentido lo que dices, en cuanto a historia y sentimientos del país.

Chanpoo dijo...

No, no lo había entendido como una crítica. Creía saber a qué te referías. Solo apuntalaba mis palabras para que supieras que, más o menos, sabía de qué hablaba. Hablar es muy fácil, pero nunca me atrevería a aseverar términos y cuestiones sin tener conocimiento de causa.

Chanpoo dijo...

Como apunte, ayer la Asociación de Críticos de Hong Kong (algo así como los Globos de Oro de allí) le dio a la película el Premio a Mejor Película y Mejor Director.

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