lunes, 2 de noviembre de 2015

Crítica: El Cadáver de Anna Fritz

Película agotadora y enervante a partes iguales, destinada a un público formado y no fácilmente alterable o sensible, y desde luego como lo más alejado a una de esas experiencias relajantes de la vida diaria, de escape del día a día y de usar, ver y olvidar sin que haga mella alguna en nosotros, la cinta de Héctor Hernández Vicens es tan difícilmente encuadrable como fácilmente identificable como referente de calidad y madurez, seriedad y tormento que plantea uno de los tabúes más profundos de nuestro ser, mucho más que una mera parafilia, sin llegar a explorar su pringosa e indecente oscuridad y alterando nuestras morales, estómagos, pulsaciones y glándulas sudoriparas en la sala.

Es todo lo anterior, y vaya de antemano, y aunque les choque con lo que a continuación les diré, una de las mejores óperas primas españolas de la historia de nuestro cine, que pone de inmediato a Hernández Vicens en la balanza de las enormes promesas del cine español y a la cinta en un referente en festivales nacionales e internacionales de género, como ya está sucediendo, y más con un presupuesto ridículo magistralmente utilizado. 

El cadáver de Anna Fritz es una de esas películas que podrían ganarse una publicidad inmerecida a base de escandalosas sugerencias que ya el director y su coguionista, Isaac Creus declararon no desear ni rozar, tratando algo tan duro como la necrofilia sin tocar fondo en los puntos fáciles. Eso es realmente en la teoría, porque en mi opinión, hay temas que por el mero hecho de tratarse exigen un tratamiento muchísimo más delicado que el que aquí encontramos. 

En primer lugar, si se quiere huir del morbo, no se puede plantear el tema desde un depósito de cadáveres por mucho que se evite escandalizar en demasía convirtiéndolo en un inquietante y desagradable campo de parafilias sexuales enfermizas, porque con el mero planteamiento, el estupor del observador se arrastra culpable a rincones aún más horribles y oscuros. 

En segundo lugar, para evitar lo antes expuesto, debería eludirse el reflejo en ese cadáver, cuerpo muerto, de un mínimo de belleza, más aún si esta es adolescente o lo parece, y Anna Fritz, Alba Ribas lo es, hermosa y joven, viva y muerta. 

Pero exceptuando esos dos aspectos, la cinta es una verdadera revolución en nuestro cine, y sorprendentemente directa, clara e importante en su esencia viniendo de dos personas prácticamente nobeles (es más, dedicados anteriormente a la televisión infantil ambos). 

Como pueden imaginarse, quien les escribe ha visto en su vida mucho cine desagradable, y esta peli no se acerca siquiera a las que lo rozan, pero trata de eludir no ya una serie de vacíos legales de distribución y esos escándalos que antes decíamos, sino el ofrecer una imagen más pervertida aún (y sí, claro que es posible) y execrable, pero lamentablemente no me interesa demasiado ni cómo se plantea ni cómo se desarrolla, aunque reconozca su excelencia. Vale, tampoco me escandaliza, y eso lo agradezco. 

El cadáver de una joven actriz famosa, Anna Fritz (Alba Ribas), fallecida en un hotel de un paro cardiaco, llega al depósito de la morgue donde Pau (Albert Carbó), admirador de la joven, trabaja como enfermero. Cuando se entera, avisa a sus dos amigos, Iván (Cristian Valencia) y Javi (Bernat Saumell), para que se pasen por el depósito. 

Sin saber el argumento de la cinta, ya se nos ha introducido en la mente el gusano de lo podrido que está por venir. 

Y es que en la soledad de la morgue del hospital sólo una fina y fría sábana blanca cubre la desnudez del cadáver de la hermosa mujer, y cabestros, desgraciados y sinvergüenzas (sin entrar ya en parafilia y enfermedad) hay por todos lados, así que sí, en los límites de esa necrofilia taimada la sábana desaparece y los pantalones caen hasta los tobillos. 

Pueden simplemente fantasear con lo que el sudario cubre, o ver el cuerpo muerto en su íntima desnudez, o incluso pueden fotografiarlo, tocarlo, y claro, pueden dar rienda a los instintos enfermos de la espiral enfermiza a la que ellos mismos se enfrentan, unos queriendo y otro no tanto, y violarlo, pero al parecer, para Hernández no es ese el problema. 

El problema es que Anna, el cadáver, la mujer, el cuerpo, abre los ojos en un momento dado. ¿Ya no hay necrofilia? ¿Acaso importa? ¿Es que ahora será sólo violación? Anna ha despertado de la muerte como aquella bailarina almodovariana, como aquella novia tarantiniana incluso, pero si recupera la conciencia en plena morgue el dilema se bifurca, y es cuando la cinta abandona ese repugnante estilo purista indecente para convertirse en el thriller que quiere ser y que a mí realmente tampoco acaba de convencerme, porque las posibles soluciones pazguatas y pamplinescas no hacen que el dilema moral sobre la repulsión y la ética que nuestras cabezas han iniciado a su bola se detengan y lo que ya pase o deja de pasar importa poco. Como si esa “resurrección” dependiese de una catatonia o un revivir zombie devoracabrones. Tampoco importaría, pero bueno, sería una manera medianamente digna de arreglar un “desaguisao”, más que ese debate entre los dos cabestros y su amigo sobre si rematarla o no. 

El horror, la náusea y el asco, la angustia y el resorte de la moralina aprendida en las escuelas jesuitinas que son nuestras convencionales éticas, están presentes en esa hora y poco que dura la cinta, aunque en ningún momento veamos un atentado contra el decoro visual, y la claustrofobia, cuando nos damos cuenta de que estamos encerrados en esa morgue es incómoda no, lo siguiente. Como incómodo e insoportable es saber el terror por el que está atravesando el cuerpo paralizado y el alma aún viva de esa mujer, si bien nunca se cruza el límite del doble mal gusto que supondría regodearse en la imagen necrófila de los ataques. 

Pero es que además Anna Fritz no es un ser humano cualquiera, con lo que la necrofilia no será un vulgar abuso de carne, no, el directo nos deja claro que es casi una divinidad, como nos evidencia en la primera escena, con esa voz en off que acompaña su traslado al depósito, que es la voz del público que la idolatra y reverencia. 

El cadáver de Anna Fritz juega a ser un thriller perturbador después, doloroso y asqueante moralmente que utiliza el tabú de la necrofilia pretendidamente de paso, fría y distante, pero realmente va directo, franco y sin demasiado preámbulo a la situación conflictiva, sin regodearse en ella en exceso, por suerte. 

No por ello es, ni mucho menos ni más lícito moralmente, ni menos execrable en el hecho, que cintas que bordean el tabú como “A serbian film” o “Nekromantic”, pero sí una mucho mejor película, más coherente y mejor dirigida que aquellas, y desde luego mucho más respetable como cine. 

Es mucho más inteligente, por ejemplo, en su sutil manera de atemorizar e inquietar al espectador, más con lo que no vemos que con lo que la pantalla muestra. 

La segunda parte, el post, es decir, una vez que ya han profanado todo lo profanable, pretende transmitir aún una sensación más angustiosa, la claustrofobia y el asco de lo podrido, pero a mí se me queda en el paladar el primer regusto, por desgracia, que hace que, aún siendo consciente de la calidad de la peli, y pese a que esos giros del guión pudieran ser refrescantes, no se me quitan las ganas de dar un puñetazo en la butaca de alante y echar a correr hasta mi casa y evitar esa justificación encubierta que es el cambio de género a la venganza. 

Porque desgraciadamente los espectadores somos una suma de números, de personas, de vivencias. Y hay vivencias personales que pueden sentirse muy, muy afectadas con según qué cosas... 

En resumen, la cinta es un dignísimo acercamiento a uno de los pocos tabúes que quedan remotos a nuestras podridas mentes de forma franca y directa, sin tibiedades morales, reflexiones innecesarias ni efectismos escandalosos muy bien dirigido y decentemente interpretado por actores desconocidos que sacan provecho del carácter prácticamente unidimensional que el breve metraje permite a cada uno de sus personajes, destacando, sin duda alguna, la preciosa Alba Ribas, maravillosamente convincente en un ejercicio de contención digno de mención. La magnífica gestión de sus escasos 78 minutos debería ser objeto de estudio, porque da tiempo a despertar y acallar todo un abanico de sensaciones y reacciones en el respetable, si bien la mayoría de los espectadores que presenciaron la peli en mi pase no parecieron muy conformes con ese abrazo prácticamente al absurdo sin explicación ni nnecesidad en su acto final y remate. A mí, al revés, me pareció lo suficientemente inteligente y de buen gusto como para casi cambiar mi visión total. Un acierto, vamos, pero como supondrán, cuanto menos se sepa, mejor. 

Al niño poseso, ya ven, le ha dejado bastante descolocado...


3 comentarios:

damien thorn dijo...

Muchisimas gracias amigos,por la paciencia!Mis problemas renales me han tenido jodido.y separado del pc,a partir de ya,entro a diario,peometido por la virgen del olivo seco
Saludetesssss
La peli,muuuuuuuuy dificil

Romasanta Macias dijo...

Damien que genial tu crítica y cuanta razón. Me ha gustado bastante, y el director promete después de una ópera prima tan atractiva y bien empaquetada, los actores correctos y buenos, cuya premisa argumental es bastante novedosa sin caer en lo mórbido y todo aquello que conlleva la necrofilia. A pesar de ciertos fallos de guión, me pareció un film asfixiante con muy pocos elementos, rematados por la brillantez de Alba Ribas; espero que el talento derrochado en el film siga así en próximos proyectos. Abrazos

El Rector dijo...

Gratísima sorpresa. Al fin un thriller de terror nacional con cara y ojos. Una historia original, buenas interpretaciones y un guion sin excesivas sorpresas, pero sobrio y muy efectivo, pese a lo previsible de determinados automatismos. Yo, si que habría agradecido algo más de morbo y un poquito más de suciedad a la hora de tratar el tema de la necrofilia, hacer una historia algo más enferma si cabe, entendiendo que al final, la balanza se decanta por el thriller más tradicional y no por el terror macabro, mostrando cierta complacencia hacia el espectador medio.

Pero vamos, buen ejemplo de como hacer cine de calidad, con pocos elementos y sobretodo, sin necesidad de copiar fórmulas mil veces vistas. Muy recomendable.

Saludos.

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