jueves, 7 de enero de 2016

Crítica: Villmark 2

Lo primero, una de esas ‘mis’ confesiones estúpidas. Confesión porque a pesar de ser esta una segunda parte, no he visto la primera. Y estúpida, porque casi todo en mí es estúpido. Sin embargo, una cosa es ser –y dale…- un estúpido y otra, un imbécil, aunque seguro que más de uno por ahí también lo piensa. El caso es que antes de verme esta “Villmark 2”, me aseguré de que ambas –no confundir la primera titulada también “Dark Woods” con la homónima de Michael Escobedo estrenada años más tarde- no tenían nada que ver más allá del título, género, director y algún que otro técnico y productor. Dicho esto sigamos ya con otro tipo de mis clásicas estupideces.
 
El arranque de la película se mueve principalmente por dos características claves, una la de los “parecidos razonables” y dos, lo… ¿colorista? que resulta. 

Sobre lo primero es fácil de reconocer, sobre todo eso, de reconocer. Y es que ese hospital de tuberculosos abandonado en medio de un paraje inhóspito montañoso nos traerá enseguida a la memoria a cierto hotel de montaña de una no menos cierta adaptación de un ‘Rey’ del género del terror. Sí, amiguitos, dejémonos de chorradas: nuestro hospital protagonista parece el primo noruego del mítico Hotel Overlook con lo que muchos admiradores de la obra de Kubrick ya pondrán buena cara desde el minuto uno. 

Pero más allá del recipiente, tenemos otras coincidencias que bien nos harán borrar esa media sonrisa o contrariamente, nos la agudizarán. Hablo del rol de los protagonistas. Estos son ni más ni menos que un equipo que acude al lugar buscando sobre todo restos químicos tóxicos previos a la demolición del edificio. Vamos, que muchos nos acordaremos de aquella otra de obra de culto dirigida por Brad Anderson titulada “Session 9” con similares objetivos. 

Luego, según se vaya desarrollando el film, nos encontraremos con otros paralelismos, dejando claro está, tópicos y clichés en el género, pero estos descritos no son, quieran o no, casuales. 

El segundo punto clave que comentaba, el del “colorismo” también se define por sí solo. En una época donde el “found footage” campa por el género a sus anchas, encontrar una película formal bien rodada y sobre todo, iluminada es algo atípico. Y ya no es el carácter poco, si se me permite acoger un término cuyo significado no es el esperado pero que resulta muy apropiado por el sonido del mismo, ‘oscurantista’ sino que lejos de jóvenes protagonistas porreros con dos dedos de frente, aquí tenemos a un equipo de casi científicos bien pertrechados y una apariencia cool. Gracias a ello, su realizador se permite incorporar temas electrónicos a la Banda Sonora, algo inusual en las películas de este género a no ser claro, que hablemos de producciones patrias realizadas para adolescentes… Aquí no creo que sea la opción elegida, más que nada porque los protagonistas no tienen el aspecto por edad de ser ídolos de los jovencitos y jovencitas noruegos, adecuándose además a ese estilismo tan en cierta forma innovador en el género, pero es algo que creo que debería destacar. 

Ahora bien, superado ese primer momento de sorpresa, la película se resolverá casi por los cauces habituales de las películas de fantasmas y hospitales abandonados, incluso por los de la literatura por cierta, y para no destriparla demasiado, obra de H. G. Wells. Así es que ya sabéis: espíritus parapetándose en la oscuridad, circulando por detrás de los personajes, proyectando sombras en los largos pasillos… vamos, los tópicos y clichés que mencionaba líneas arriba. Entonces, más allá de un arranque fresco, ¿”Villmark 2” tiene algo más? Sí y no. Veámoslo. 

Decía que la película tras su presentación comienza a introducirse en los cauces de una manera convencional; no obstante hay detalles que terminan por ser determinantes para su desarrollo y finalización. Los ingredientes son más o menos los habituales como he dicho, pero se juega un poco con el espectador al, algunos de ellos, presentárnoslos desde un punto de vista más psicológico, jugando al despiste haciéndonos creer que muchos son fruto de la imaginación de los personajes, dando un paso hacia atrás en el género del terror y cruzando, a nuestro pesar, la frontera del thriller. En esto tiene mucha parte de culpa una puesta en escena y montaje un tanto videoclipero a juego con lo dicho de su arranque. 

Sin embargo, esto no sería del todo malo ya que, desgraciadamente, estamos acostumbrados a estos ‘transfuguismos’. El problema, más allá de la pérdida de capacidad de transmisión –vamos, que de miedo nada, ni inquietud siquiera al destruir con esas hechuras toda atmósfera- es cuando ‘destapado’ el tema la cosa se convierte en el no menos típico correcalles, con una causa ya vista mil veces y con el no menos característico desenlace tipo “Porque tú lo digas”. 

Aquí, sin hacer un ejercicio spoilero, se inventan una explicación con las letras de H-I-L-F-E, omnipresentes en toda la película, que podría cuadrar con el desenlace. Podría, ya que ellos mismos se encargan de cargárselo. Mira, otra estupidez… Es la máxima instaurada en el género de tomar por idiota al espectador. Y lo que es peor, al servicio del bochornoso final de siempre. 

Por lo demás, interpretativamente no es un primor, pero consigue un aprobado, y en cuanto a efectos especiales y de maquillaje, un tanto por el estilo aunque obtiene unas décimas más por la originalidad de algunas propuestas. Nada espectacular, pero convincente. 

Resumiendo, “Villmark 2” se presenta original y con un buen respaldo como es el siniestro hospital elegido como plató. Luego, como otras tantas se va desinflando hasta quedar en una caricatura de lo que podría haber logrado en pos de decisiones poco inteligentes. El descaro del inicio se transforma en las trasnochadas trampas de siempre dando lugar a la decepción.


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