martes, 25 de octubre de 2016

Crítica: The Handmaiden (La Doncella)

A estas alturas de la vida llega un momento en que esa vocecita de la conciencia, el ‘Pepito Grillo’ interior de cada uno, parece que nos susurra al oído con la voz de Narciso ‘Chicho’ Ibáñez Serrador, un tono sensato, casi patriarcal con la justa dosificación de experiencia y ternura. Pues con esa voz en la cabeza quiero que leáis lo siguiente. ¿Ya? Pues adelante:

«La historieta que están a punto de leer está basada en hechos reales. Claro está, los nombres de los personajes han sido cambiados con tal de salvaguardar, según el caso, la integridad de unos y la dignidad de otros, pero lo que se narra es, aunque parezca inverosímil, totalmente cierto».

Un día iba caminando por el bosque… oops… me’quivocao de historia. No, un día hablando con una amiga me preguntó que si no tenía alguna película erótica. Claro, en seguida me vino a la cabeza algún título clásico, pero ella quería algo actual, nada según me dijo, trasnochado y con una calidad de imagen convencional. En ese momento me cortocircuité, por mi cabeza pasaron desde las vilipendiadas “españoladas” a recientes adaptaciones de best-sellers, más descafeinadas que otra cosa. ¿Qué había pasado con el cine erótico? ¿Podría ser que me hubiese quedado sin discurso? ¿Podría ser que con el nuevo milenio hubiese desaparecido ese género en pos del más directo mercado pornográfico? Estaba claro que muestras en los últimos años existían como para decir que este no había muerto pero… ¿qué estaba pasando? Algo se rompió en mi alma cinematográfica.

En mi auxilio salió el bizarro japonés, pero conociendo a mi amiga sabía que las dosis de frikismo que conlleva este cine no sería lo más recomendable. ¿La nueva comedia de enredo hindú? ¿Demasiado exótico? No, la respuesta estaba ahí. Siempre había estado ahí. Técnicamente impecables, artísticamente solventes, variedad de géneros y erotismo para todos los gustos. Sí, el cine surcoreano en los últimos años se había convertido en proporción a su producción en quizás la mayor fuente de este cine a nivel mundial. Toma ya.

Ahora nos llega esta “The handmaiden” y mucho se hablará –de hecho, ya se hace porque es lo fácil- de su realizador Park Chan-Wook, de su trilogía de la venganza y claro está, de su “Old boy”, pero poco de esa tradición que arrastra la cinematografía surcoreana por “especiar” su cine y que medio en broma, medio en serio está intrínsecamente relacionada con su cultura, y no solo culinariamente hablando.

Porque sí, porque si nos ponemos en plan ‘culturetas’ podemos hablar y mucho -aunque parezca por el tono de mis palabras y la irreverencia de mi presentación (no doy puntada sin hilo), conozco bastante, modestia aparte, la cultura e historia del país- de ese trasfondo de la explotación de las mujeres surcoreanas bajo el yugo japonés o de ese hipócrita feminismo del que se ha hablado tras su exhibición en el Festival de Sitges en su edición del 2016 donde se alzó con el Premio del Público, pero creo que ya me he ido bastante por las ramas con la introducción como para seguir tomando el pelo a la gente. Porque olvidaros de todo, son excusas para dotar de una mayor dimensión a la película y, adelantando conclusiones, enmascarar carencias.

Si por el contrario nos pusiésemos en plan ‘cinematográfico’, aquí es donde hablaríamos de la vida y milagros de Chan-Wook para dar a entender lo experto que es uno. Pero no, yo no me las doy de listo más que nada porque no lo soy. Apasionado sí. Pero para soltar loas o repasar su filmografía e incluso biografía ya tenéis también la red. Es más, popular como es, la mayoría ya habréis visto muchas de sus películas y tendréis una idea formada. Yo solo añadiré, por eso de la pasión, que no solo tengo una foto que me hice con su persona y varios autógrafos que tuvo a bien de firmarme en algunas caratulas de sus pelis sino que mis ahorros me llevaron a comprar una versión muy limitada que salió en Corea de su “Old boy” que incluía hasta un fotograma original de la película que tengo orgullosamente enmarcado. Vale, estoy de acuerdo: igual esto sobraba en una reseña seria, pero por un lado ya sabéis que yo de serio poco o solo cuando es necesario, y por otro quería justificar que aunque fan, tras leer la primera crítica negativa con la que acababa el anterior párrafo, soy sobradamente objetivo.

Porque sí, porque los más curiosos ya habréis leído críticas de la película donde, como decía, se habla de su director, ¿pero cuántas de que el film se basa en una novela de Sarah Waters, serializada hace una década por la BBC? Yo por mi parte he leído alabanzas por el ‘guión’ de Chan-Wook y por su habilidad al construir inteligentes giros argumentales y bla, bla, bla… ¿Ahora nadie se acuerda de “Juegos salvajes”? Y es que ya no es que de original, nada de nada, sino que resulta hasta previsible. Yo no me he leído el libro, ni he visto la serie (otra cosa es que posteriormente haya indagado y descubierto que todo es fiel, de ahí la poca originalidad, solo la adaptación al… ‘medio’), pero señores… sin soltar spoilers, estaba claro cómo iba a acabar la película, que había ‘algo’ más. Y como se aprecia por estas líneas, no es que yo sea un portento de inteligencia. Y lo peor no es solo lo predecible, es la fragilidad en su construcción. No son creíbles las excusas ni las resoluciones, resultando algunas de estas precipitadas. Y es que claro, cuando has superado las dos horas y veinte minutos de metraje, tienes que recortar por algún sitio…

¡¿Pero qué más da… –se dijo Chan-Wook- …si con hipnotizar a la gente me la meto en el bolsillo?¡ Y es verdad: Chan-Wook se convierte en un trilero, y deslumbrándonos y excitándonos consigue, como se ha visto, engañar a la mayoría. Noooo, no estoy llamando tonto a nadie, ya que el primer tonto soy yo. Dejadme que me explique.

El apartado visual es toda una gozada, algo que no por más sabido es menos plausible. Y digo que ‘es sabido’ porque el que conozca a Chan-Wook ya está al tanto de cómo se las gasta el cineasta, y en esta “The handmaiden” nos encontraremos con sus habituales ‘marcas de fábrica’ como son sus curiosas y llamativas colocaciones y movimientos de cámara, aprovechamientos de distintos planos con ayudas de espejos, ventanas y técnicas digitales -¿os acordáis lo que ello supuso con “Old boy” que incluso llegaron a copiarle?-, grandes angulares, primeros planos escogidos y protagonismo de una dirección artística que aunque no de él, está bien arraigada a su universo. Ese vestuario cuidado al máximo con detalles casi anacrónicos, los papeles pintados de las paredes… lírica en estado sólido.

¿Y qué decir de la fotografía? Pues que como no podía ser de otra manera, con Chan-Wook al mando, Chung Chung-Hun se pone a sus órdenes como en todas sus últimas películas para trasladar verdaderos cuadros artísticos a la gran pantalla. El juego de colores, de luces y sombras… esa teatralidad íntima nos produce un placer parecido al que sienten sus protagonistas con sus juegos eróticos. Vale, exagero, pero es un recurso tan práctico como otros de los puntos que quería destacar del film: sus trampas.

El maniquí está muy bien. Pero no tiene más función que provocar una sonrisa pícara. ¿Y el pulpo? Tender puentes entre el mítico Ukiyo-e de Hokusai y la célebre escena de “Old boy”, escena que ya puestos a decir chorradas imité en la propia Seúl. Pero nada más. Sorprende, pero carece de fuerza al ser infrautilizado.

Más sangrantes –nunca mejor dicho- que los trucos de magia, son los efectos de ese ‘hipnotismo’ que dejaba caer. Como decía al principio, al film se le ha aplaudido por tener un espíritu feminista. Ya, claro. No voy a recordar otra vez “Juegos salvajes”… -oops, lo acabo de hacer, jejejejjee- y que por aquel entonces nadie dijo que McNaughton fuese un abanderado del feminismo, y eso que las similitudes son patentes. ¿Feminismo porque… ? Me callo para no destripar nada. ¡Pero si la mujer es el único objeto sexual del film! O sea que “Los vengadores” era machista y esta feminista. Claro. No me vale ‘la rebelión a bordo’. Al bueno de Ha Jeong-Wu no llegamos ni a verle un pelo del pechote. Pero hay más… los que defienden la postura feminista de la película que me expliquen la escena en la que la protagonista se tiene que valer de unas maletas apiladas para saltar un murete de 30 centímetros de alto. ¿Y la de la ‘lengua’? La protagonista muestra más inquietud que otra cosa… Por favor, que los árboles –la apariencia y el erotismo- no os impida ver el bosque.

Acabaré con lo que había empezado: el erotismo. Escenas no hay muchas, pero las que hay son sugerentes y a la vez, explicitas. A pesar de que las referencias al ‘pink eiga’ están ahí -homenaje sin duda- no se puede decir que sean escandalosas. Existe sensibilidad y una cierta contención. Excitar, excita, y quizás gracias a ello el film posea el premio del público en Sitges.

Resumiendo, (recuperando de nuevo la voz de ‘Chicho’) visualmente “The handmaiden” es un primor, una delicia para quedarse ensimismado y fijarse en los detalles. Sin embargo, narrativamente no solo hace aguas sino que confía demasiado en lo anterior como para mantener a flote la nave. Que sepas nadar o no, es lo que marca la diferencia entre una buena película y la excelencia.


2 comentarios:

Azrael dijo...

Si no has leido el libro o visto la serie... invalida todo tu argumento, lei y vi ambas, puedo decir que la de Chan Wook es muy superior a ambas, como pocas veces, el remake es mejor que el original y la pelicula es mejor que el libro. Le daria mas estrellas

Chanpoo dijo...

Tienes razón. De todas formas no solo he basado mi argumento en la fidelidad con la obra original. Pero sirva tu opinión para hacérnoslo notar. Gracias.

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