domingo, 4 de junio de 2017

Crítica: Johnny Frank Garrett´s Last Word

Se dice que la justicia es el principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde. Así escrito queda muy bien y leído en voz alta incluso puede que te llegues a creer que el mundo debe regirse por este principio y que la justicia, aunque sea lenta, siempre llega. Nada más lejos de la realidad, la justicia es el término que se ha inventado esta infecta humanidad para esconder cadáveres en el armario y pasar página a costa de lo que sea. Ahora hablemos del término cabeza de turco o chivo expiatorio, se dice que este apelativo se emplea para calificar a aquellos sobre quienes se aplica injustamente una acusación o condena para impedir que los auténticos responsables sean juzgados o para satisfacer la necesidad de condena ante la falta de culpables. Esto ya nos suena más familiar, ¿verdad?

El verídico caso de Jonnhy Frank Garrett se engloba dentro del segundo término de los que hemos hablado. Johnny fue un joven deficiente acusado de violar y asesinar a una monja de setenta y seis años en el estado de Texas. En su juicio no hubo pruebas consistentes que determinaran su culpabilidad, pero la necesidad de cerrar una capítulo desagradable para la comunidad y las fuerzas de seguridad de la ciudad de Amarillo, era más imperiosa que la justicia y si había que culpar a un joven con un claro retraso, víctima de abusos infantiles y enganchado a las drogas, nadie se echaría las manos a la cabeza por esa flagrante negligencia jurídica. Johnny era el perfecto chivo expiatorio en un estado dominado por el fanatismo religioso. Durante el tiempo que pasó en el corredor de la muerte, ni la intervención de Amnistía Internacional, ni la petición de indulto por parte del papa Juan Pablo II, sirvieron de gran ayuda ante las ganas de ejecución de una sociedad determinada a exigir venganza. Finalmente Johnny Frank Garret murió ejecutado por inyección letal once años después de su entrada en prisión. En sus últimas palabras, el reo lanzó una maldición a todos aquellos que habían tenido algo que ver con su condena, expresó su amor hacia su familia y pidió que el resto de la humanidad le besara el culo.

Una monja muerta, un discapacitado mental con problemas de drogas, un estado donde lo más importante del día es el momento de rezar...aquí ya va habiendo un buen punto de partida para un buen thriller. Si añadimos al Papa y una maldición de por medio, ya no queda más remedio que llevar esta historia al cine, no sólo como denuncia de la injusticia cometida contra este joven , sino como posibilidad de ampliar esta historia de manera ficcionada y profundizar más en la maldición y sus consecuencias. Había elementos suficientemente jugosos como para que cualquier director con ganas de explorar un cruce entre lo real y lo sobrenatural, se involucrara al máximo para intentar salir airoso de un experimento que o se tomaba con mesura o terminaba siendo una parodia de la idea inicial. ¿Quién mejor que Simon Rumley para tal empresa?

Descubrí a Simon Rumley con "Red, White and blue", película que recomiendo de manera rotunda. Desde entonces he querido seguir la pista de este director, que tiene una peculiar y pausada forma de expresar, pero que por lo general, acierta en el resultado final y en la forma en la que dicho resultado es percibido por el espectador. En esta ocasión, las pausas dramáticas no tienen tanta cabida como lo que acostumbra, pero hay que tener en cuenta que es necesario que la trama no corra mucho porque "JFGLW" no es una película donde la acción sea determinante, ni donde el elemento sobrenatural necesite una obviedad clara. En "Johnny Frank Garret's last words" precisamente existe una constante contradicción en la que el espectador tendrá que posicionarse. Por un lado, el elemento sobrenatural de la maldición parece que avanza claro, pero por otra, hay otro elemento mucho más natural que el espectador debe barajar, que no es otro que el poder de la sugestión y la histeria colectiva, unido a una serie de castastróficas desdichas, como diría aquel, o de desgraciadas y dramáticas coincidencias.

Teniendo en cuenta el escenario en el que nos movemos, no hay que perder de vista la idea del temor de dios y las consecuencias de los actos para los religiosos más fanáticos y sobre todo del concepto de cielo e infierno, los ángeles y los demonios. Si mezclamos todos estos temores con el juego a ser dios que un jurado popular con poder para condenar a muerte a un acusado posee, el coctel puede ser absolutamente explosivo en mentes con tendencia a la sugestión. Eso sí, no creáis que Rumley lo va a poner tan fácil y va a dejar claro que aquí no hay elemento sobrenatural que valga, todo lo contrario, el director con su peculiar montaje de planos cortos y rápidos, junto con escenas alargadas en exceso y momentos caóticos de apariciones mentales, juega constantemente con ese elemento sobrenatural en el que se basa su historia.

Toda esta ambigüedad está bien pensada y construida en el nudo de esta extraña historia, pero tiene sus pros y sus contras, porque por una parte, nos adentra en un mundo enrarecido donde la idea de la justicia es la única herramienta para permanecer con vida (algo que esconde detrás mucho más de lo que a simple vista pueda parecer), pero dilata mucho en el tiempo cualquier conclusión al respecto y termina entrando en una dinámica de lentitud que en ocasiones frena, y mucho, el avance de una historia que debería haber resultado mucho más bizarra de lo que termina siendo. No obstante, se consigue la atmósfera que se buscaba, cubriendo toda la narración de misterio y singularidad.

"Johnny Frank Garrett's last word" es una película de presupuesto limitado y no se puede hacer un alarde de grandes efectos ni espectaculares maquillajes, tampoco lo necesita y el hecho de que alguna muerte impactante ocurra fuera de plano, no deja de ser un recurso bien aprovechado para que la imaginación del espectador sea más explícita que la imagen en cuestión. Hay momentos incómodos, pero está claro que el peso está en el guión y aunque realmente no es todo lo sólido que debiera, sobre todo argumentando el descubrimiento de la maldición, sí destaca en la parte más terrenal donde se mueve con soltura entre la religión y la ceguera que esta provoca, con diálogos absolutamente determinantes al respecto, sobre todo en el inicio de la cinta.

Los actores elegidos para dar credibilidad a esta historia tan increíble son un convincente Sean Patrick Flannery ("The Evil Within"), dando vida al fiscal Danny Hill y un solvente Mike Doyle ("La Invitación"), haciendo lo propio con uno de los miembros del jurado, Adam Redman. El casting general es correcto, la ambientación muy adecuada y la banda sonora correctamente escogida. En el apartado técnico poco se puede reprochar, a no ser esa seña de identidad de Rumley que os comentaba antes, con esos planos tan cortos de manera constante que de alguna manera resultan agobiantes, pero que tienen una función clara en la historia.

En resumidas cuentas, "Johnny Frank Garrte's last word" podría haber dado mucho más de sí, por todos esos elementos tan magnéticos que rodearon la historia real, pero entiendo que en este medio camino del thriller y el cine sobrenatural, dar un paso más supondría decantarse claramente por uno de los dos mundos e insisto, la clave del éxito en esta película es precisamente la ambivalencia. Os puede parecer lenta en exceso y no puedo decir que no lo sea, porque definitivamente lo es, pero creo que hay una necesidad de lentitud en la narración, para que el espectador siempre tenga en mente las dos posibilidades y termine de ver la película sin poder decantarse por ninguna.

La justicia es un término que hace que se nos llene la boca al hablar de nosotros mismos, pero siendo realistas, en un mundo donde impera la supervivencia en todos los ámbitos y la máxima es que soy yo y mis circunstancias, las circunstancias de los demás importan más bien poco. ¿Podemos considerarnos totalmente justos, por tanto? No mientras haya un Johnny Garret que importe menos que nosotros. Lo curioso es que somos seres sociales que cada vez huimos más de la sociedad y nos hacemos más misántropos. Por el camino, también nos hacemos cada vez menos justos y más cobardes. Solo nos preocupamos de nosotros mismos y de nuestros seres queridos, los demás puedan besarnos el culo.


2 comentarios:

El Rector dijo...

Curiosísima película lo nuevo de Rumley y desde luego, no para todos los públicos, por lo peculiar de la narración, que puede agotar a más de uno, yo mismo he dado algún que otro cabezazo a lo largo de la película, jeje. Pero sí, tiene su punto. A partir de una historia real (aterradora de por sí y como siempre, superior a cualquier ficción), construye un relato plagado de ambigüedades (la moda es la moda), en el cual cada espectador puede sacar sus propias conclusiones. Yo además veo bastante de parodia (bien entendida) en "JFGLW" de todo ese cine de serie B de los ochenta/noventa sobre asesinos que volvían de la muerte para llevar a cabo su proclamada venganza tras haber sido juzgados, condenados y finalmente, asesinados por el firme (y por desgracia no siempre justo) brazo de la ley. Pienso que Rumley hace su particular homenaje a la fórmula de películas tan fabulosas como "Fallen" o "Shocker", reimaginando para la ocasión a su particular Horace Pinker.

Muy recomendable.

Saludos.

P.D: Missterror, la misantropía está de moda :)

Missterror dijo...

Rector- Rumley en general no es para todos los públicos porque narra así y las prisas no son buenas. Se recrea mucho en momentos que a lo mejor al espectador no le parecen determinantes para la historia, pero lo hace para que tomemos conciencia del guión y lo procesemos bien.
Entiendo que esto puede llegar a ser pesado y que terminará con la paciencia de más de uno, pero yo nunca lo ha encontrado aburrido.
Sobre esa parodia de la que hablas, pues también puede ser, SPOILER porque sí que es cierto que al jugar con la ambigüedad, todas las víctimas están constantemente esperando a ese ente ejecutor que el espectador nunca llega a ver y en ese aspecto sí puede darse esa cierta parodia, de una manera elegante, debo decir..

Me alegro de que te terminara gustando y no me alegro de que la misantropía está de moda, pero sin duda, así es.

Saludos

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