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domingo, 3 de junio de 2018

Crítica: Imprint

Cuando me acerco a una película de Takashi Miike, me siento un poco como cuando de pequeña me levantaba la mañana de Reyes. No tengo muy claro lo que me voy a encontrar, pero sé que me va a gustar. Hablar de este director es fácil y difícil. Fácil en cuanto a que diciendo que es un genio lo tenemos todo resuelto. Difícil, porque su obra es tan puñeteramente extensa, que es imposible no dar con obras que nos generen un; “¿Pero que piiii estoy viendo?” Aunque, siendo sinceros… Esas son las mejores.

Catalogar a Miike en un género es imposible. Sus obras pueden ir dirigidas al público juvenil/infantil, como es el caso de Zebraman (2004). Pueden estar totalmente alejadas de lo racional, como el caso de Visitor Q (2001), o, directamente, ser censurables. Eso fue al menos lo que pensaron los responsables de “Masters of horror” en la Showtime. Y ahora diréis, ¿qué es “Masters of Horror”?, ¿qué es, ¿qué es? No creo que no lo sepáis, peo venga, os lo cuento. Masters of Horror fue una serie estadounidense, salida de unas tertulias entre grandes del género. Llegado el momento, se molaron tanto que se hizo serie de la mano de Mick Garris, para que esos grandes pudiesen dar rienda suelta a sus cabecitas y, de paso, ver quién escupía más lejos. La serie tuvo dos temporadas emitidas entre los años 2005 y 2007. De entre sus episodios más memorables recuerdo “Jenifer” de Darío Argento o “Right to die” de Rob Schmidt. 


“Tras su censura se convirtió en el único capítulo de la serie que no se emitió en EE.UU” 


Todo iba bien en el mundo Masters of Horror, hasta que alguien tuvo la genial idea de decir, vamos a llamar al director ese japonés que lo está petando. Y sí, lo petaba. El propio Miike ha dicho varias veces que no entiende cómo sus películas pudieron cuajar tanto entre los occidentales. Y vaya si lo hicieron, por aquel entonces “Audition” (1999), ya estaba en boca de todos (por méritos propios). Así que, pensaron en invitarle y hemos de decir, que fue quien escupió más lejos. La consecuencia de tal decisión fue “Imprint” (2006). Tras su censura se convirtió en el único capítulo de la serie que no se emitió en EE.UU (sí lo hizo en la televisión del Reino Unido y en España). A modo de curiosidad, en el séptimo capítulo de la segunda temporada, “The screwfly solution” de Joe Dante, mientras unos personajes miran unos monitores, en estos aparece una secuencia de “Imprint”. No he encontrado el dato que lo asegure, pero quiero pensar que Dante hizo aquello en homenaje a Miike. 

Ahora, si me preguntáis si la cinta es para tanto, pues mi respuesta es no. No os voy a decir qué escenas fueron las causantes de la censura (así os pica el gusanillo del morbo y la veis), pero sí que os puedo decir que no es su obra más censurable ni de lejos. Esta película no es ni la más sangrienta ni la más gore de Miike, pero puede que sea, tal vez, una de las que más tiene de él. La historia original está basada en la novela “Bokkê Kyôtê” (“Da mucho miedo”), de Shimako Iwai. Según palabras de la autora, ella misma imaginaba que si alguien iba a llevar su cuento al cine, ese debía de ser Miike.


“Esta película no es ni la más sangrienta ni la más gore de Miike, pero puede que sea, tal vez, una de las que más tiene de él” 


“Imprint”, nos cuenta una historia de amor. Un periodista americano, Christopher, que llega a una remota isla en medio de ninguna parte en busca de una joven prostituta de la que se había enamorado tiempo atrás. Desde el primer momento vemos que el viaje de Christopher, no va a ser como él espera. De inmediato se verá inmerso en una serie de historias que lejos de aclararle lo sucedido con su enamorada, le irán perturbando más y más. El guion original de la película, apenas si contaba con unas 36 páginas. Esto, para una cinta de una hora, es realmente poco. Lo que pasa con “Imprint””, es que hay muchas cosas que no se dicen. 

La atmósfera de la película, en la que se retrata la vida de un yukaku (burdel japonés) del siglo XIX, te atrapa desde el principio. Dentro de la escenografía hay numerosos elementos modernos que no se corresponden con la época, pero, que lejos de estropear el ambiente, lo hacen más creíble. Esto es gracias a un trabajo de fotografía perfecto por parte de Toyomichi Kurita. Mucho juego de contraste de colores cálidos en su mayoría, con el de los fríos, en según qué personajes. La forma en la que se usa la ropa de las prostitutas, ya que sus atuendos van cambiando según la violencia de la imagen aumenta, acompañando a la misma. El todo tan bonito y turbio a la vez, que te sientes como si estuvieses en unos de los fumaderos de opio del siglo XIX. 

Y ahora, una mención especial para quienes disfrutáis viendo las películas en versión original. Tenéis que saber que esta fue la primera película que Miike rodó íntegramente en inglés, esto no sería tan curioso de no ser porque salvo dos, ninguno de los actores o actrices tenía la más mínima idea del idioma. Tuvieron que aprenderse los diálogos fonéticamente en muchos de los casos, ensayando primero en japonés para entender las emociones que requería la escena. Así que, si notáis algo raro en su forma de pronunciar en inglés, pues ya sabéis por qué es. 


“Dentro de la escenografía hay numerosos elementos modernos que no se corresponden con la época, pero, que lejos de estropear el ambiente, lo hacen más creíble” 


Los dos actores que sí dominaban la lengua artúrica, eran el protagonista masculino, Billy Drago, en el papel de Christopher y la actriz que encarna a la prostituta que le lleva por mal camino, Youki Kudoh. Billy Drago, físicamente, es como una mezcla de David Carradine y David Bowie, lo que da mucho carácter a su personaje. El papel de Christopher está, o puede parecerlo, sobreactuado. Sus gestos, sus expresiones, es todo muy tremendo. A mí, personalmente, sí me gusta esa exageración. Creo que ayuda a crear el personaje, que lo hace más creíble y que complementa muy bien con la calma que tiene (al principio al menos), la protagonista femenina. Kudoh será la encargada de ir narrando a Drago/Christopher/Carradine+Bowie, lo que ha acontecido con su enamorada. Le va narrando distintas historias, cada ver más perturbadoras, como si le contase un cuento. Y eso es “Imprint”, un cuento, o, mejor dicho, un kaidan. 

Los kaidan son relatos tradicionales japoneses, que pueden ser de muchos géneros distintos, pero todos tienen en común el querer atraer con tintes extraños, raros, o misteriosos. Historias que los tiernos abuelos japoneses podían narrar a sus nietecitos y que ahora, en “Imprint”, Takashi Miike, nos narra a nosotros. No sé vosotros, pero desde luego yo, voy a apagar la luz, subirme la sábana hasta las orejas y decirle eso de, “por fa, cuéntamelo una vez más”.


1 comentarios:

Karrie- Yo dijo...

Riatha, ese capitulo de Master of Horror todavia me da pesadillas. La intensidad de la historia es tanta, a través del relato, las excelentes interpretaciones y la atmósfera, que ver cada escena espeluznante, me acerca al dolor físico al solo imaginarme ahi. Es una obra de arte no apta para los sensibles.

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