EL RECTOR NOS HABLA SOBRE LA PARTICULAR VISIÓN DEL TITIRITERO STEVEN KOSTANSKI DE UNA DE LAS ESPADA Y BRUJERÍA MÁS MÍTICAS DE LOS OCHENTA
Steven Kostanski se ganó hace ya la friolera de diez años (de la mano de Jeremy Gillespie) el título honorífico de gran promesa del género con aquel maravilloso terror cósmico titulado “The Void” (2016) y tras haber dado ya buena muestra de su amor por la serie B de los ochenta en la parte inicial de su filmografía. Regresa ahora con “Deathstalker” (2025), supuesto remake de uno de los grandes exponentes de la espada y brujería de bajo coste de la década de los ochenta, la dirigida en 1983 por James Sbardellati.
“una película humilde pero realizada con tanto mimo y amor hacia sus referentes, que se gana la gracia del respetable desde el minuto uno pese a que en ningún momento consigue explotar todo el potencial que se le presupone”
No venía Kostanski, no obstante, de su mejor momento. Si bien “Psycho Goreman” (2020) supuso un paso en la dirección correcta tras algunos trabajos intrascendentes (entre ellos la descafeinada “Leprechaun Returns”), lo cierto es que su anterior largo, “Frankie Freako” (2024), resultó absolutamente desastroso y un trabajo a todas luces indigno para un director que ha sido capaz de brillar tanto en el pasado, en un caso muy similar a lo visto con otro de los grandes referentes actuales del revival ochentero como es Joe Begos, quien también viene de pegársela fuerte con “Jimmy and Stiggs” (2024).
“Deathstalker” nos devuelve al mejor Kostanski en una película humilde pero realizada con tanto mimo y amor hacia sus referentes, que se gana la gracia del respetable desde el minuto uno pese a que en ningún momento consigue explotar todo el potencial que se le presupone, siendo su apartado visual, completamente ajeno a injerencias digitales, su principal atractivo. Gore, sangre a borbotones y una galería de marionetas absolutamente adorables.
“Pese a la ligereza de la historia, tópico tras tópico del subgénero, lo cierto es que Deathstalker puede llegar a hacerse bola en algunos pasajes debido a sus evidentes problemas de ritmo”
Hablaba de “supuesto remake” y es que la realidad es que no estamos ante tal cosa. De la película original de Sbardellati, aquí solo encontraremos algún pequeño guiño (véase el guerrero porcino) o el rescate de algunos segundos de metraje de la cinta del 83 en una suerte de estrafalaria justificación con la que vendernos esta “nueva versión” como si de una pseudo-secuela se tratase. La realidad es que más allá de la premisa del protagonista (Daniel Bernhardt coge el testigo del rubiales hortera Rick Hill), cualquier parecido entre ambos filmes es pura casualidad, hablando además de tonos antagónicos, pues recordemos la naturaleza erótico-festiva de la “Deathstalker” original, un lascivo desfile militar de glúteos y formas femeninas que rozaban el softcore y que (salvando las insalvables diferencias, Crom me libre) estaba más cercana a la épica académica de “Conan, el Bárbaro” (1982) que a la serie B festiva en la que se mueve sin tapujos la versión que nos ocupa.
“una espada y brujería imperfecta e irregular, pero que no tengo duda encantará tanto a los seguidores de su cine como al de aquel al que homenajea”
A nivel argumental, tampoco hayamos similitudes más allá del susodicho uso de la figura del anti-héroe. La inclusión de un nuevo personaje y con tanto peso como el de Doodad (Laurie Field), heredero por derecho de Gwildor (Billy Barty) de “Masters del Universo” (1987), le otorgan a la película, pese a lo explícito de su violencia, un aire de cine de aventuras para toda la familia que acerca la obra a trabajos previos de Kostanski como puedan ser “Psycho Goreman”.
Pese a la ligereza de la historia, tópico tras tópico del subgénero, lo cierto es que “Deathstalker” puede llegar a hacerse bola en algunos pasajes debido a sus evidentes problemas de ritmo y el abuso de unas secuencias de lucha que si bien a nivel de coreografías dan el pego y en clave de efectos prácticos, resultan de lo más vistosas, es imposible quitarse de encima la sensación de que muchas de estas batallas, además de carecer del más mínimo de epicidad, tan solo son relleno con el que intentar disimular las carencias de un cuento contado en base a la ley del mínimo esfuerzo. Que en otros tantos momentos durante las constantes escaramuzas servidor, haya tenido la sensación de estar ante un capítulo de “Bioman” (o su versión mainstream, “Power Rangers”), aun no tengo claro si sumarlo en el debe o en el haber. En cualquier caso, se celebra que Kostanski se haya alejado de la indignidad de su anterior trabajo y haya regresado a la senda que nunca debió abandonar para regalarnos una espada y brujería imperfecta e irregular, pero que no tengo duda encantará tanto a los seguidores de su cine como al de aquel al que homenajea. Los fans de la película original de seguro sabrán perdonarle la apropiación indebida.
Lo mejor: Visualmente es una delicia.
Lo peor: Una historia sosa y contada con torpeza que además no tiene absolutamente nada que ver con el material original.


















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