martes, 23 de octubre de 2012

Crítica: Taxi Driver

“Mi matrimonio se vino abajo, y lo que hizo que mi matrimonio se viniera abajo se vino abajo, todo ello en un intervalo de cuatro o cinco meses. Caí en un estado maníaco-depresivo. Yo me quedé en su apartamento esperando a que se terminase la comida de la despensa. Me dio por deambular por las noches. No podía dormir de tan deprimido como estaba. Solía quedarme en la cama hasta las cuatro o cinco de la tarde. Luego me levantaba y me tomaba una copa, me llevaba la botella conmigo y empezaba a deambular por las calles en mi automóvil durante la noche. Después de que cerrasen los bares iba a ver pornografía. Un síndrome muy destructivo. Hasta que me salvó una úlcera. Cuando salí del hospital decidí marcharme de Los Ángeles. Había encontrado la metáfora que había estado buscando: el hombre que, por dinero, se cambiaría por cualquier otro; el hombre que se mueve por la ciudad como una rata en la alcantarilla; el hombre que está constantemente rodeado de gente y, sin embargo, no tiene amigos. Eso era lo que había estado viviendo, ése era mi símbolo, mi metáfora”.

Paul Schrader. Guionista de “Taxi Driver”. Richard Thompson, “Taxi Driver. Entrevista con Paul Schrader”, en Film Comment, marzo de 1976.
 
Un taxi emerge de la noche neoyorquina. Redobles de tambor in crescendo y, en absoluto contraste, una suave melodía de saxo irrumpe. Travis Bickle (Robert De Niro), tiene veintiséis años y es un veterano de Vietnam que sufre de insomnio. Cree que la mejor manera de pasar el tiempo hasta el amanecer es ganando algo de dinero.

Durante sus trayectos nocturnos, su voz en off revela una personalidad neurótica y apocalíptica. Todo lo que contempla y le rodea es basura: las prostitutas, los negros, los “camellos”, los vagabundos… Su visión de la fauna nocturna de la ciudad.

“Gracias, Señor, por esta lluvia que ha limpiado las calles y las aceras… Trabajo toda la noche, de seis a seis, a veces de seis a ocho, seis días a la semana… Algún día caerá una lluvia de verdad que limpiará toda esta basura de las calles…”

EL PUNTO DE VISTA DE TRAVIS

En “Malas calles” el actor Robert De Niro interpretaba el personaje de Johnny Boy, un aprendiz de delincuente desquiciado y violento, pero fiel a sus amigos. En “Taxi Driver”, además, no sólo ayudó a crear al personaje, sino que también resultó ser el principal artífice de algunas de las mejores escenas del film, ya fuera por su compenetración con Scorsese y Schrader o por su capacidad de improvisación. Lo vemos en la escena en la que Travis ensaya posturas con las armas, hablándole a un contrincante imaginario, frente al espejo. “¿Me estás mirando a mí?”

La ciudad es para Travis un infierno, sensación potenciada por la iluminación, los reflejos de neón en el asfalto mojado, los movimientos casi hipnóticos de la cámara de Michael Chapman y el montaje de Marcia Lucas. Desde el primer fotograma el espectador accede a la mente del protagonista, excluyéndose cualquier otro razonamiento que no sea el suyo. Cualquiera de sus distorsionadas ideas puede parecernos lógica en un momento determinado, así como compartimos sus ansias de redención y su deseo de escapar de una realidad que detesta.

El punto de vista de Travis es el del espectador que comparte la perspectiva de alienación enfermiza de un fascista producto de la jungla urbana. Eso no significa que la película siga ese fascismo latente de su protagonista, sino que se limita a mostrarnos la actitud de Travis con el fin de que la hagamos nuestra y comprendamos el horror que conlleva; nos muestra todo ese odio y violencia extrema a fin de comprender las causas de esa violencia.

Por las noches, cuando nadie reclama sus servicios, Travis suele encontrarse en un bar con otros taxistas, como Wizard (Peter Boyle), que se dedican a contar chistes y experiencias del oficio. “¿Tienes pistola? ¿Necesitas una?”, le pregunta uno de ellos. Esta conversación enlaza más adelante con otra escena en la que vemos a Travis comprando unas armas a un traficante, interpretado por Steven Prince, amigo de la infancia de Scorsese y un verdadero caído de la época hippy (homosexual y drogadicto, además de actor en “New York, New York”).

Travis es un justiciero de la ciudad, la encarnación humana de aquella lluvia que limpiaría toda la basura de las calles de la que nos habla al principio del film. Se trata de otro de esos personajes negativos, propios del cine americano, con los que el espectador siente repugnancia a la vez que estima y compasión por un perdedor. Un precedente al taxista es Ethan Edwards, el racista, fascista y asesino personaje de “Centauros del desierto” que en el fondo es únicamente un solitario.

Por las mañanas, Travis se dedica a escribir su diario para luego vagar sin rumbo por las calles de la ciudad y frecuentar las salas de cine porno. En la escena en la que compra unas palomitas en la entrada de uno de estos locales lo vemos intentando entablar una conversación con la dependienta, interpretada por Diahnne Abbot, la primera esposa de De Niro. “¿Cómo se llama? Yo me llamo Travis” “¿Quiere que avise al encargado?”, dice ella. “No, no. Está bien… Quiero palomitas y una Coca-Cola”, contesta Travis. “No tenemos Coca-Cola, sólo tenemos Royal Crown Cola”, le espeta la dependienta.

BETSY, SU PRIMER OBJETO DE REDENCIÓN

La rutina de Travis parece cambiar cuando ve por primera vez a Betsy (Cybill Shepherd), una hermosa joven rubia que trabaja en la oficina de la campaña electoral del senador Charles Palantine (Leonard Harris). “Apareció en mi vida como un ángel en medio de este estercolero, de toda esta basura. Nadie podía alcanzarla” Siempre desde el punto de vista de Travis, vemos a Betsy como un ángel (la salvación) flotando al ralentí con su vestido blanco y su sensual sonrisa entre las masas anónimas de las calles. Ella es el primer personaje que parece existir para dar sentido a su vida, así como el resto de personajes aparecen para proporcionarle razones capaces de alimentar su torturada lógica. Por ejemplo, la breve intervención del marido celoso y racista interpretado por el propio Scorsese (sustituyendo al actor que no apareció por el rodaje a tiempo) actúa como detonante, introduce el tema de las armas proclamando su personaje las virtudes de la Magnum 44 y preanuncia la masacre del enfrentamiento final, que en ese momento empieza a tomar forma en la mente del protagonista.

Travis persigue el amor de Betsy y termina por no conseguirlo. Entonces escoge otros dos caminos paralelos de purificación: el asesinato del senador Palantine y la liberación de una prostituta callejera menor de edad llamada Iris (Jodie Foster) de su chulo, Sport (Harvey Keitel). Dicha salvación, en ambos caminos paralelos, es en realidad una condena, un suicidio ritual y simbólico cuyos elementos son las sesiones de gimnasia en su apartamento, la preparación con las armas (curioso como sujeta un cuchillo en su bota con cinta aislante o el gadget que fabrica para sacar por la manga su pistola) o su corte de pelo a lo cherokee.

IRIS, SU SEGUNDO INTENTO DE REDENCIÓN

Tras ver fracasado su intento de magnicidio (el asesinato del senador, figura paterna de Betsy) se desbordará sin previo aviso hacia una incursión en el edificio, donde la prostituta menor recibe a sus clientes, guardado por Sport (el chulo de putas, figura paterna de Iris); una secuencia construida como una penetración sexual (el deseo de Travis hacia la niña prostituta) a la vez que psicológica (la matanza concebida como una idea procedente del inconsciente de Travis en sintonía con nuestros más ocultos y primitivos instintos violentos). Pero entonces, la cámara nos libera del punto de vista de Travis adoptando una posición cenital y un impulsivo travelling combinado con varios fundidos encadenados, como despertando de una pesadilla, a la vez que nos aleja del escenario apocalíptico hacia el aire libre y las sirenas dejando a Travis en su implacable soledad.

Esta secuencia cosecho multitud de detractores hacía Scorsese y su equipo al que se le acusó de hacer apología de la violencia. Pero dicha presunta apología solo reside en los ojos de quien mira, porque “Taxi Driver” contiene en el fondo un apasionado discurso sobre el pecado y la redención.

DESPUÉS DE LA TORMETA… ¿LLEGA LA CALMA?

Iris llora aterrorizada. Travis se ha adentrado en el edificio disparando a Sport, al portero y a su cliente, para luego, malherido, meterse la pistola en la boca y disparar. Pero nada. Coge otra pistola, dispara y nada de nuevo. Se sienta en el sofá y aparecen montones de policías alertados por los disparos que dirigen sus revólveres hacia él. Travis se apunta a la sien con el dedo e imita el sonido de un disparo.

Recortes de periódico hablan de él como el taxista que se enfrenta a los gángsters. En voz en off, oímos las palabras escritas en una carta de los padres de Iris, en la que le dan las gracias y le comunican que la muchacha está junto a ellos y yendo a la escuela. Travis se convierte así en una especie de héroe trágico típico de ciertos personajes del western y el thriller clásico.

Vuelta a la vida nocturna, Travis conversa en la calle con Wizard y sus amigos cuando se le sube al taxi un pasajero: es Betsy. Durante el trayecto, ella le dice que se ha enterado de su heroicidad y que le admira. Travis le da las gracias y calla porque no quiere nada con ella ahora que le considera un héroe cuando antes le consideró un fracasado. Vemos a Betsy a través de los ojos de Travis, reflejada en su retrovisor, lo que significa que el espectador no ha logrado librarse del todo de la mente del personaje y que el propio Travis sigue encerrado en su mundo paranoico. Betsy baja y el taxi se aleja velozmente en medio de la noche. En un gesto compulsivo, Travis mira el retrovisor. La mirada neurótica de éste es la del espectador de cine y por tanto todos somos neuróticos, todos deformamos el mundo mediante nuestro punto de vista. Travis no ha alcanzado ningún estado de gracia, no se ha redimido, continúa como siempre excepto por el hecho de haber aprendido que su mundo le pertenece sólo a él, que no necesita ningún ángel salvador, un síntoma más de su alienación, y que lo único que da sentido a la vida es la violencia. No hay esperanza para nadie, ni Travis se ha redimido finalmente ni el espectador ha logrado escapar de su mirada desquiciada.

Toda mi vida ha apuntado en una sola dirección… No tengo elección… La soledad me ha perseguido siempre, adonde quiera que haya ido: bares, coches, cafeterías, cines, tiendas…

NOTAS

-Bernard Herrmann compuso la banda sonora, donde se destaca su obsesivo redoble de tambor, seguido de una delicada y romántica melodía de saxo. A él se le dedica la película, tras morir el 24 de diciembre de 1975, poco tiempo después de terminar su partitura para el film. Había sido el músico favorito de Alfred Hitchcock, principal colaborador de los primeros años del cineasta Orson Welles y todo un compositor de culto contratado por realizadores de la talla de François Truffaut o Brian De Palma.

-Schrader se inspiró para escribir el guión en la canción “Taxi” de Harry Chapin y en el intento de asesinato del gobernador George Wallace a manos de Arthur Bremer.

-La película se vio obligada a someterse a unos cuantos cortes para eludir la clasificación X. Para la masacre, obligaron a Scorsese a utilizar un virado químico para atenuar el realismo de la secuencia, pero se produjo el efecto contrario siendo ese rojo ennegrecido resultante aún más impresionante.

-La mirada de “Taxi Driver” es la de toda una generación atrapada entre su idealismo (la utopía hippie) y la brutalidad de la realidad (la guerra de Vietnam).

-En 1981, un desequilibrado disparó varias veces sobre el presidente Reagan, emulando la gesta de Travis para llamar la atención de Jodie Foster.

-“Taxi Driver” ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1976 y fue nominada para varios Oscar, aunque no ganó ninguno.


3 comentarios:

newzombie dijo...

pensandolo bien la impagable taxi driver no esta tan lejos del cine de terror, esa nueva york de pesadilla y si le das menos de maxima puntiacion es para echarte la bronca ^^, la pude ver por primera vez en dvd y me parecio una obra maestra.

TED BUNDY dijo...

Es una película magnética. La puedes ver una y otra vez. Lo mejor: su final.

thewronggirl dijo...

Es una obra de arte. De principio a fin.

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