miércoles, 31 de agosto de 2016

Crítica: The Mermaid

Escribo esta reseña justo el día después de la muerte de Gene Wilder, sin duda alguna uno de los genios de la comedia a nivel mundial, de ahí que quizás no vaya a recurrir a mi habitual mordacidad para analizar esta película como merecería ya que la tristeza me embarga. Pero la referencia a uno de los cómicos por excelencia de los setenta y ochenta no es un homenaje ya que el director de esta “The mermaid” Stephen Chow Sing-Chi, sin miedo a equivocarme, podría ser considerado otro de los maestros del género. Eso sí, estoy seguro que ni una quinta parte de los que conocen a Wilder sabrán quién es Sing-Chi, a pesar de que dobla en número de producciones tanto como actor como director al norteamericano, y eso que solo supera por poco la cincuentena de años…

Ponerse ahora a hablar de Stephen Chow Sing-Chi puede ser una tarea ardua y aburrida, no solo por, como decía, su cuantiosa producción sino porque paradójicamente su ‘anónima’ popularidad provoca que en la red proliferen los datos, obras y milagros del mismo. Solo diré por dejar constancia de un antecedente, que cuando en este país no se hablaba de cine asiático más allá de los reducidos círculos de aficionados –en aquel momento ni conocíamos ni sabíamos lo que era la palabra ‘friki’- su “Shaolin Soccer” llegó a aparecer hasta en los telediarios de sobremesa patrios.

Pues bien, este “Rey de la comedia” –y no solo porque ese es el título de una de sus películas más importantes- hace ya casi una década que dejó las labores de interpretación para centrarse en las de dirección y producción, y su química con el género y, sobre todo, público no ha cambiado: sigue siendo el número uno de la taquilla rompiendo todo tipo de récords. Es cierto por otra parte que esto no tiene mucho mérito en China –al igual que pasa con la India- ya que una película le roba el título a otra como “La más taquillera de la historia” mes tras mes, pero es inevitable pensar que lo de Sing-Chi con su público va más allá de un… romance comercial a lo largo de lo que parecen ya eternas décadas, y más si como en este caso –comenzando ya a revelar conclusiones- la calidad como película deja mucho que desear.

“The mermaid” comienza bien. Bien hasta lo que uno podría considerar con un poco de bagaje sobre la típica comedia cantonesa y más concretamente la trayectoria de Chow Sing-Chi. En cuanto a personajes tenemos a los típicos pícaros chinos, a sus omnipresentes travestis -casi ‘marca de fábrica’ de su realizador- y cameos, muchos cameos. ¿El humor? Pues chabacano y con un punto infantil que se contrapone a otro más vulgar, desnudo –nunca mejor dicho- de esa aparente inocencia. Soltaremos alguna carcajada más por voluntad y predisposición que por otra cosa. El problema vendrá cuando superemos esos diez primeros minutos…

Ya no es solo que la cadencia entre gags/chistes disminuye hasta lo casi inexistente, es que algunos tienen poca o ninguna gracia. O lo que es peor, se han visto ya en el tráiler como los retratos-robots de la comisaria. El juego de palabras Madonna/McDonalds o el de los pantalones del ‘pulpo-man’ y poco más.

Quizás es que estamos mal acostumbrados; quizás es que la película está muchos peldaños por debajo de una película satisfactoria o hasta de calidad; o quizás es que tan solo no es una comedia. Porque sí amiguitos, “The mermaid” es una oveja con piel de… cachorrito.

Decíamos que empieza dentro de lo que cabe, como uno espera. Quizás menos ingeniosa, pero como una comedia. Los minutos van pasando y ya uno detecta que la producción ha dejado la etiqueta de comedia cantonesa o alocada para convertirse en una comedia romántica, la típica ‘renacentista’ donde la chica intenta matar a chico, chica se enamora de chico y todos terminan huyendo. Hasta eso tiene un pase si atendemos otra vez –mira que me repito- al bagaje de su responsable, es decir, en casi todas sus películas subyace una historia de amor chica-chico. El handicap vendrá cuando se dé un paso más… hacia el abismo: la comedia romántica se torna melodrama y ahí se acaba el crédito concedido a su realizador.

Olvidaros de esos sobresaltos dramáticos del último tercio de toda buena comedia romántica con la cinematografía de Corea del Sur para no salirnos de Asia como principal protagonista; aquí el planteamiento y resolución se nos presenta forzado y con una precipitación que denota que algo no iba bien y se quería finiquitar el entuerto a toda costa. Así la película se enreda en una redención ridícula que no encaja con lo mostrado al inicio y unas escenas de acción que tampoco casan más allá de justificar espectáculo.

Y ya que hemos sacado a relucir… –‘relucir’ es tirar muy alto en este caso- lo del espectáculo, recojamos el guante dejado un par de párrafos más arriba donde hacía mención a la calidad del film. Habiendo visto ya a estas alturas de la película –ironía on- un par de docenas de producciones de origen chino con efectos especiales y CGI que no tienen nada que envidiar a otras norteamericanas u occidentales, es indigno que “The mermaid” se presente con unos efectos digitales tan deficientes. Sí, deficientes. Vale que la misma está realizada para el sistema 3D y que en 2D pierde… ¿magia? Pero es que aquí ni magia ni ‘majia’.

Dejando de lado ese ‘pulpo-man’ que podría resultar convincente, tanto las sirenas como sobre todo, su posicionamiento en pantalla, resulta indigno para los tiempos que corren. Yo con un programa de edición de vídeo casero y un chroma en base a una sábana vieja logro los mismos resultados. Y no, no es una bravuconada o querer dármelas ahora de malote; respeto demasiado a los técnicos del mundo del cine como para tomarme a broma su labor, pero es cierto que cosas así, junto a la ignorancia del gran público, provoca que a toda una industria, en este caso la chin a, se le menosprecie.

Y claro, unido a todo esto, otros aspectos que tampoco ayudan a elevar el nivel del film como ese patético discurso ecologista que se nota metido con calzador –ojiplático se queda uno con lo de la bomba nuclear- o los chistes y guiños privados a su industria que pueden pasar desapercibidos para el espectador ajeno a su cinematografía. Y ya no hablo de los comentados cameos –en especial el eterno Tsui Hark- sino a detalles como por ejemplo la mención a Bruce Lee con mediación de la Banda Sonora.

Y vuelvo a hilar temas, ya que estamos con los detalles y la Banda Sonora: la película, bajo mi humilde punto de vista, te deja tan indiferente que uno empieza a fijarse en eso, en los detalles más chorras como el gran parecido de Zhang Yuqi con Cecilia Cheung, actriz vinculada a Sing-Chi hasta que cayó en desgracia, a la que curiosamente le cogió el testigo en “CJ7” del propio cineasta. Por su parte, la Banda Sonora nos recuerda demasiado a la partitura de “Kung Fu Hustle/Kung-Fu-Sión”, aunque más coral y un poco más westerniana. Hasta en eso cojea.

Resumiendo, “The mermaid” es una película fallida. Intenta tocar muchos palos pero se queda en tierra de nadie. Si encima le sumamos unos efectos especiales muy cuestionables, tenemos una producción decepcionante para lo que uno esperaba de Stephen Chow Sing-Chi. Mucho ruido y pocas… ningunas nueces.


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