Pocas veces he hinchado tanto a un bicho para que se comiera a alguien. Esta podría ser la frase que mejor defina esta película, y la que creo a toro pasado que hizo que el metraje me resultase angustiante. ¿Por qué? Porque los otros personajes, carnaza de película de bicho de la buena iban cayendo uno por uno y ESE personaje continuaba vivo, envenenando el aire con su propia existencia, y rezando para que la siguiente dentellada se lo llevase por delante. Y eso es mérito de la construcción de personajes, pero no nos adelantemos y retomemos con lo básico.
“un buen coctel de verano en toda regla. La película se sabe serie B, respira como una serie B, y se deja ver como una serie B, pero respetando sobremanera el género al que representa, la shark movie”
La premisa de “La Boca del Diablo” (2026) no engaña a nadie: vamos a ver un tiburón digital (un tiburón toro para ser exactos), hecho con los medios técnicos de una ps4 zampándose gente muy joven y muy millennial en unas cuevas muy bonitas situadas en escenarios naturales en Tailandia. Nada excesivamente nuevo bajo el sol, salvo que añadamos al caldero actores que no entiendo muy bien cómo han acabado en un producto con alma de serie B como este, un director y equipo técnico que saben sacar el 1000 por 1000 de los medios que tienen enfocados en una monster movie, y un guionista que se marca una construcción de personajes notabilísima.
Vamos, un buen coctel de verano en toda regla. La película se sabe serie B, respira como una serie B, y se deja ver como una serie B, pero respetando sobremanera el género al que representa, la shark movie de toda la vida, y llevándolo a un nivel superior. No estamos hablando de “Tiburón” (1975) de Spielberg, ojo, pero sí de una buena y muy, muy entretenida película veraniega.
“Hay dos depredadores en esta película, pero curiosamente me da más miedo el humano, por lo sutil y sibilino, que el escualo”
¿Cómo consigue tal gesta? Pues principalmente, haciendo que los personajes merendables nos importen al espectador. Director, guionistas y actores consiguen que empaticemos con ellos en muy poco tiempo, a base de exponer sus debilidades y viendo como las afrontan de una manera tan mundana que es hasta dolorosa. Bueno, con todos, salvo con uno. Uno que vas a odiar por lo mundana y vulgar que es su “maldad”.
Hablamos de una persona tóxica, manipuladora a más no poder, y que estoy seguro que el lector/a se habrá encontrado más de una vez a lo largo de su vida: Alguien que va a denigrar tu opinión de manera sutil, que aunque intenta disimularlo, si no se hace lo que dice va a intentar culpabilizar a todo el resto como si el llevarle la contraria fuera romper todos los putos mandamientos.
“a base de escenarios naturales la película consigue mantener el tipo disimulando sus carencias”
Una persona que va a intentar disminuir a la indefensión a todos los que la rodean y que al final, por agotamiento o carisma, consigue que se haga lo que ella quiera sí o no. Hay dos depredadores en esta película, pero curiosamente me da más miedo el humano, por lo sutil y sibilino, que el escualo, y es terrible como vas reconociendo al monstruo de dos patas poco a poco a medida que avanza el metraje, y ves lo dañino que resulta para todos los que lo rodean a medida que pasan los minutos.
Cambiando al apartado técnico, a base de escenarios naturales la película consigue mantener el tipo disimulando sus carencias. A nivel de dirección, consigue un punto de tensión muy agradable incluso cuando caen personajes inesperados de manera inmisericorde, el apartado sonoro es correcto y el actoral cumple sobradamente. Dicho esto, espero que estéis pasando un muy buen verano cuervos, y a sumergirse en las aguas de una buena shark movie.
Lo Mejor: La construcción de personajes. El uso de cuevas naturales. No te da un momento de pausa. Un guion que no nos toma por imbéciles ni a nosotros ni a los personajes. Que el bicho de la función tiene un motivo biológico lógico para hacer lo que hace, lo cual se agradece. Sabe en que liga juega, y lo hace genial.
Lo peor: El tiburón en sus planos 3d. Digno de play4. La serie B en los (escasos) momentos digitales. La pobreza de medios para el gore. Los clásicos momentos en que dudas de si es un tiburón o un terminator, que rompen un poco el tono.

















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