jueves, 27 de febrero de 2020

Crítica: Zombi Child

Escucha, mundo blanco / Escucha mi voz de zombi / En honor a nuestros muertos / Escucha, mundo blanco / Mi tifón de bestias salvajes / Mi sangre desgarrando mi tristeza / En todos los caminos del mundo. […] Escucha, mundo blanco / Mi rugido de zombi / Escucha el silencio del mar / Oh, triste canción de nuestros muertos / Tú eres mi destino, mi África. « Cap’tain Zombi » de René Depestre, poeta, ensayista y novelista comunista haitiano.

Había olvidado uno de los poemas más bellos que he leído, Cap’tain Zombi, hasta que lo escuché de una de las jóvenes protagonistas de “Zombi Child”, trayendo a mi memoria recuerdos de la escuela preparatoria; alguna vez en clase leí sobre el pensamiento filosófico del Caribe. Generalmente su poesía es alicatada no sólo de tragedia y cólera sino también de arrobamiento, añoranza y pasión; muestra de la integración y reivindicación de su identidad cultural y racial en pos de emancipación ante la dominación blanca. Donde hombres y mujeres de piel negra toman conciencia de su herencia Africana, el valor estético racial y de la alienación sufrida, dando como resultado, la solidaridad junto a otras razas oprimidas, por la búsqueda de una sociedad nacional liberada. Bien decía Eric Williams “La esclavitud no nació del racismo: más bien, el racismo fue la consecuencia de la esclavitud”.


“una película de terror político que versa sobre la opresión del colonialismo francés en Haití”


“Zombi Child” es la última película del cineasta francés Bertrand Bonello (de quien recomiendo ampliamente el resto de su filmografía... que aclaro desde ahora, poco tiene que ver con el Terror). En el caso de “Zombi Child”, estamos ante una película de terror político que versa sobre la opresión del colonialismo francés en Haití, alternando pasajes inspirados en un caso de zombificación de la vida real, con las peripecias en la época actual, de un par de chicas en un colegio parisiense con vínculos con la era napoleónica.

El caso de zombificación. La historia de Clairvius Narcisse, en Haití de 1962, tras una disputa con su hermano por alguns tierras, Clairvius cae enfermo y finalmente muere. Se cuenta, posteriormente fue desenterrado y obligado bajo las ordenes de su nuevo amo, a trabajar junto a otros esclavos de ojos muertos, en las plantaciones de azúcar, hasta que éste recobró la “consciencia”. Según la leyenda, un zombi que ha recuperado la consciencia tiene la necesidad de hallar al brujo vudú que lo controla y asesinarlo, y sólo así, vuelve a su tumba para permanecer muerto por la eternidad. Sin embargo, Clairvius, optó por vagar por las plantaciones, evitando el contacto humano y añorando el encuentro con su amada. No fue hasta 1980 que después de la muerte de su hermano, vuelve a su pueblo natal; y es hasta 1994 que fallece nuevamente como humano. Bonello no apuesta por probar o desmitificar la veracidad del hecho, ya sea bajo la influencia de psicotrópicos o magia vudú, el tema es que hace de Clairvius y el purgatorio que sufre, el punto de partida y eje principal de su película.

Disrupción. Dejamos por un momento esta metáfora sobre la explotación caribeña y vamos a Francia en la época actual, para centrar nuestra atención en un colegio para señoritas descendientes de los condecorados con la Legión de Honor, se espera que estas señoritas formen las filas de la élite del país. ¡Pero! Niñas son niñas, y mientras esto ocurre, pasan sus ratos libres pensando en muchachos con el torso desnudo y deseando estar en otro lado. Nuestra personaje es Fanny, quien preside con sus amigas una hermandad literaria no oficial (una mera excusa para beber ginebra a escondidas y hablar de superficialidades a altas horas de la noche) y ven en Melissa, la nueva chica del colegio, una recluta más... aunque bastante singular, no sólo por la tragedia de su familia (sus padres murieron en el terremoto del 2010), si porque por sus venas corre la sangre del propio Clairvius Narcisse.


“Como es habitual en Bonello, el concepto y los elementos que fungen de embalaje para el filme son fascinantes”


Presente y pasado suceden a través del tiempo y la distancia, creando una especie de fantasía “espeluznante” donde las semillas del colonialismo francés engendran frutos amargos convertidos en xenofobia, pese al magnetismo de Melissa, y en el deseo/capricho de Fanny por servirse del vudú, como una alegoría a la apropiación cultural.

Como es habitual en Bonello, el concepto y los elementos que fungen de embalaje para el filme son fascinantes. Por un lado la música que deambula entre sonidos étnicos, una electrónica con dejos de Carpenter y rap francés. Por otro, la estupenda fotografía de Yves Cape (trabajos previos como “Holy Motors” del 2012... una película que odié/amé, y “L'humanité” del 1999), que favorece las escenas ambientadas en Haití, dotándoles de exotismo. El guión... desgraciadamente no es tan grandioso, aunque ambas historias logran integrarse, la historia de Clairvius con Fanny y Melissa, me da la impresión de que ambas carecen de un verdadero clímax.


“no los hará retorcerse en su asiento de miedo, pero me parece aporta un ángulo diferente al género”


Para terminar, de manera un poco más directa, lo que veo en esta película, es que Bonello expone la relación de la figura del zombi con la revolución haitiana (la única revolución de esclavos exitosa en el mundo atlántico). Si bien, el terror está asociada al zombi desde sus inicios, no es hasta la ocupación estadounidense de Haití (entre 1915 y 1934) que en la cultura, escritores y directores norteamericanos inventaron al primer zombi como un esclavo sin alma y sin conciencia: "White zombie" (1932) de Victor Halperin, en 1943 algo más evidente con "I Walked with a Zombie" de Jacques Tourneur, mero entretenimiento inocente (supongo) que si le ponemos un poco de imaginación muestra un acto neocolonialista de reesclavización simbólica.

En fin. Independiente a cualquier que sea el mensaje que hay detrás de una película, cualquiera le pueda dar su significado y si quiere reducirlo a un simple entretenimiento, les invitó a ver “Zombi Child”, no los hará retorcerse en su asiento de miedo, pero me parece aporta un ángulo diferente al género, y nos recuerda aquellas películas tan bonitas, por sus origines, de los años 30's y 40's, donde el vudú se hace presente.


4 comentarios:

Luis dijo...

Excelente crítica Andrea. Muy interesante tomar la película desde el neocolonialismo y los estudios subalternos.
Llama la atención que por fin se tome el tema de la dominación europea en el cine de terror que, salvo raras escepciones, no ha sido tratado. Creo que tiene que ver un poco con que casi toda la producción cinematográfica es producida por capitales europeos y norteamericanos. Puedo estar equivocado, claro está.
Aquí en Brasil, existió otro Zumbi, llamado de Zumbi dos Palmares que junto a su mujer Dandara y un población enorme de esclavos forajidos, crearon un quilombo que resistió por años los ataques de los colonialistas portugueses. Daría una buena peli.
Saludos

Andrea Catástrofe dijo...

Zumbi dos Palmares... Me recuerda a la película de Carlos Diegues, de 1984, Quilombo.

La sinopsis es: Palmares es un quilombo del siglo XVII, un asentamiento de esclavos fugitivos en el noreste de Brasil. En 1650, la plantación de esclavos se revuelta y se dirige a las montañas, donde se encuentran otros guiados por el vidente, Acotirene. Se convierte en Ganga Zumba, un rey legendario. Durante años, sus guerreros contienen a los invasores portugueses, luego se comprometen a abandonar las montañas a cambio de las tierras de las reservaciones y la paz. Es un error. Zumbi, un guerrero cuya madre fue asesinada por los portugueses y que pasó 15 años con los blancos, se queda en las montañas para llevar el Palmares. En 1694, los portugueses importan un despiadado capitán de São Paulo para liderar un asalto a los negros libres. ¿Puede mantener Zumbi el Palmares libre?

Que bueno que te agradó la reseña :)

Luis dijo...

Que buen dato Andrea. La voy a ver y luego te cuento que me pareció!
Saludos

Anónimo dijo...

concuerdo, Andrea, aunque traté de exorcizarme de referencias, todo es cita, dirían borges o la sexton, documento de cultura, documento de barbarie. es recurrente en bonello. el profesor de historia, en su minuto, parece un invitado habitual de fuerte apache. (ignoro qué significa en españa, pero acá resulta curioso.) invita, la película, a un name dropping, y parece atada a un tiempo preciso, más allá de los saltos temporales, que trastocan el flashback: cuál es el presente del relato? se siente como una especie de eternidad o simultaneidad de los tiempos: lo que sucedió sigue sucediendo, y lo que sucede estaba prefigurado. la audiencia del profesor de historia no está compuesta por esas chiquilinas, ni la historia admite protagonistas que no trasciendan su biografía. queda vacante el futuro. y, por lo general, las películas de zombies o infectados nos demuestran un futuro. jameson planteaba el problema de la ficción, hacia los 80, de anticipación, en tanto era capaz de plantear un fin del mundo pero no un fin del capitalismo. "desciendo de...", "soy de...", el logro, a mi parecer, repito, resulta de una implosión cronológica. la catástrofe, ¿ya aconteció? porque la geografía, la localización varía como va y viene lo ficticio y lo imaginado y se superponen. -la botella, también el mensaje en la botella enviado a la posteridad- el gran logro consiste en hacer no un mundo, solo, conectado, sino en subrayar la diferencia a partir de, justamente, un tiempo que es todos los tiempos posibles de la experiencia humana. cada ser humano como órgano de la divinidad para que esta perciba el mundo. ese es el laberinto, y en el laberinto hay un minotauro: "opresivo, lento, plural".
gracias por tan bella crítica.
abrazos,

f

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