jueves, 15 de marzo de 2012

Crítica: Luces Rojas

Tras realizar el mediometraje ’15 días’ (Id; 2000) y los (chorrescos) cortometrajes ‘Los 150 metros de Callao’ (Id; 2002) y ‘Dentro’ (Id; 2002), el orensano Rodrigo Cortés se pasó al largo con la hipercinética y epiléptica ‘Concursante’ (Id; 2007), una tragicomedia que llamó la atención en varios festivales de cine llegándose a llevar el Premio de la Crítica en el Festival de Málaga 2007.

Tras ésta llegaría la película que marcó un antes y un después en su carrera, la que lo colocó en el mapa internacional, me refiero a la sobresaliente ‘Enterrado’ (‘Buried’, 2010), un claustrofóbico ejercicio de estilo en el que un hombre despertaba en un ataúd.

‘Enterrado’ llamó la atención en todos y cada uno de los festivales, eventos, cines, etc, en los que se estrenó, y obtuvo entre otros reconocimientos un Goya al mejor guion original, otro al mejor montaje y otro al mejor sonido.

Tras tener a casi todo el mundo rendido a sus pies, Cortés cual conquistador, decidió que ya era hora de hacer algo más grande, pero realizar algo más grande no siempre significa que vaya a resultar mejor. Y así se ha demostrado con ésta su última película encabezada eso sí, por un magnífico reparto y construida con unos medios técnicos más que notables.

‘Luces Rojas’ (‘Red Lights’, 2012) es un thriller sobrenatural que narra la historia de una parapsicóloga (magistral Sigourney Weaver) y su fiel compañero de fatigas (muy bien como siempre Cillian Murphy), los cuales deben desacreditar a un vidente muy famoso (San Robert De Niro) que lleva tres décadas en el ostracismo y que ha vuelto para realizar su última gran aparición.

Tan interesante propuesta es llevada con firmeza y seguridad por el director español que, por desgracia, hace uso de unos cuantos tics del cine más hollywoodense, esto es: subiditas del audio para crear golpes de efecto y asustar al personal, algunos clichés muy sobados (¿de verdad es imprescindible que haya siempre una historia de amor?), un guion basado en provocar el impacto fácil en el espectador (con todo lo que ello acarrea) y un final que no solo no sorprende (cosa que supongo es lo que pretendía Rodrigo Cortés, -también aquí en tareas de guionista-), sino que resulta ser un lastre para la historia, además de innecesario y caprichoso. A estas alturas del partido, intentar colársela al espectador es cuanto menos una osadía en el mejor de los casos y un insulto en el peor de ellos.

Eso sí, lo que no se le puede negar a Cortés es su innegable clase, talento y corrección a la hora de narrarnos una historia que ya ha sido contada de otras muchas maneras (algunas mejores, otras peores), así como tampoco se le puede negar la audacia y arrojo con la que cuenta este joven que con tan solo 38 años es director, productor, guionista, compositor, editor, actor y está dirigiendo a estrellas del calibre de Weaver y De Niro.

Aun con sus defectos, es un modelo a seguir para todo cineasta español que pretenda realizar cine...

Lo que más me ha gustado: el talento y el descaro de Cortés. Así como la corrección en general con la que está realizada la película.

Lo que menos me ha gustado: está muy vista. No aporta nada nuevo.

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