domingo, 13 de noviembre de 2011

Crítica: Tiburón 3D: La presa

Película de animalillos graciosos. Primera secuencia, una pareja de enamorados se baña en un precioso lago en una preciosa y soleada mañana, la chica, preciosa también, entre pucheros, se deja quitar el bikini por su (aquí no diré precioso) novio, quien no contento, se lo tira unos metros más allá, ahora te subes y bailas. Él se larga y la deja sola. Nosotros pensamos, vale, vamos a verle las tetas a la rubia que al fin y al cabo, es a lo que hemos venido (también a que se las coman, los tiburones digo), pero la chica, tímida y recatada, se sumerge en las profundidades y se lo coloca sin enseñar un mísero pezón, ¿disculpe?. Primer insulto a la inteligencia del espectador así como inevitable mal presagio, peor augurio, de una velada que en principio tenía pinta de orgía desenfrenada, de frenesí sexual hasta el éxtasi y que a la postre termina quedándose en una tía buena amasándote el paquete con su pie descalzo por debajo de la mesa durante hora y media, con el consiguiente dolor testicular que esto conlleva. Pero la falta de respeto no termina ahí. Por que vale que aquí hemos venido a ver tetas, pero también carnicería, masacre, sangre, “chicha descarná”, a ver morir a esa guarrilla de la más terrible de las formas inimaginables a fauces de un tiburón glotón y de acuerdo, lo hace. Pero de que manera, con que desgana por parte de la bestia, con que poca implicación por parte de la víctima. El hecho, es que no queda muy claro si a la recatada rubia, se la está zampando un tiburón, o si está muriendo desangrada por una inesperada y desproporcionada menstruación.

Esta es la constante del filme. David R. Ellis (responsable de castraciones tales como “Destino Final 4” o “Serpientes en el Avión”) se pasa los noventa minutos metiéndonos el pie entre las piernas mientras nos hace movimientos obscenos con la lengua, ¿menuda visión e socios? Bien, ahora que os he quitado la apetencia sexual para las próximas dos semanas, prosigo. “Shark Night 3D”, también conocida en países menos desarrollados como “Tiburón 3D: La Presa”, tira sin el menor tapujo, sin la menor vergüenza, del manual del buen slasher: grupito de jóvenes cachas y jovencitas de mejor ver enfrascados en un ilusionante fin de semana en algún rincón paradisiaco, en este caso, en la “humilde” casucha de una de las chicas (Sara Paxton, la cual por cierto, ni mucho menos, tan buenorra como algunos dicen), quien regresa a su pueblo natal después de pasarse los últimos tres años en la universidad.

¿Veis gente? Puro manual. Ahora es cuando debería decir aquello de: “entonces aparece un enmascarado y se los va cargando a todos”, pero no, aquí es donde “Shark Night 3D” se adentra en los terrenos de lo atípico, rompiendo con todas las reglas establecidas a lo largo de todos estos años. Aquí no hay asesino enmascarado, aquí hay tiburones, bien. Amén del título del filme, es una realidad con la que creo, todos podremos lidiar sin demasiado margen para la sorpresa o decepción. El problema es cuando nos quitan todo lo demás (ver párrafo inicial). Exacto, no hay tetas, no hay sexo, aquí no folla ni dios. Las niñas se pasean toda la película con sus diminutos bikinis por delante de las chistorras masculinas y nada, NADA. Ejemplos hay muchos a lo largo de los improductivos noventa minutos, pero yo me quedo con la secuencia donde una de las chicas, la que está más tremenda (que desde luego no es la tal Sara Paxton), una morenaza de pelo largo y pinta de chica mala, se queda a solas con una pareja de rufianes en alta mar, quienes la obligan a “desnudarse”, va entrecomillado por que se queda en bikini, no podía ser de otra forma, no fuese que nos llevásemos un culito a la boca, no fuese. Y, en lugar de lo que se podría considerar como lógico, una lógica macabra si queréis, pero lógica al fin y al cabo, en lugar de cepillársela a dos bandas, estos tíos, malos como ellos solos, se limitan a hacer maquiavélicos y mal intencionados chistes sobre sus pechos (aka tetas, domingas o mamellas, para el público catalán). Gran ejemplo este, de la inesperada y a todas luces, decepcionante inocencia de la cual hace gala el filme.

Y yo que venía con ganas de revivir en medida de lo posible aquella gloriosa “Piranha 3D” del señor Aja, que este si que se metía debajo de la mesa y nos la chupaba directamente…. Dios, ahora soy yo el que pasa de sexo las próximas dos semanas, pero era necesaria semejante ilustración gráfica para que todo el mundo entendiera el símil. Aquella orgía de sangre, evisceraciones y desmembramientos que fue su película y que desde luego, no vamos a encontrar aquí, en un título este, “Shark Night 3D”, que es tan austero y tímido con la sangre, como con el sexo. Excesos, los justos. Es decir, ninguno. Los solos de guitarra del (o los) tiburón/es, es/son, sosos, descafeinados, lights, y no me refiero a Coca Cola Zero, que tiene un pase, me refiero a Coca Cola Light y eso, amigos, no hay quien se lo beba. Las cinco o seis secuencias de supuesta carnicería, no son tal cosa, tenemos menstruaciones desproporcionadas (remito nuevamente al primer párrafo), abducciones marinas y pellizcos varios, poco más. Como mucho, salvamos una escena, la del motorista acuático, nada extrema, pero si muy divertida, lástima que dentro del contexto de la película, quede como mera anécdota.

Para compensar toda esta ingenuidad, el señor Ellis, mete en la coctelera argumental, una serie de elementos más propios de otra película (nunca mejor dicho), treta que no voy a desvelar pero que ya aviso, pone menos cachondo que el susodicho Ellis metiéndonos el pie en la entrepierna, inverosímil sería un maldito eufemismo. Con lo cual, nos queda bien poco a lo que agarrarnos, más allá de lo guapísima que es la morena de la que antes os hablaba (Katharine Mcphee se llama la señorita), de algunos detalles “Indie” por parte de Ellis en plan: “mirad que transgresor que soy”, de su fácil digestión (algo tan ligerito tenía que tener alguna ventaja), de sus preciosistas pósters promocionales y de la única cuestión interesante a nivel argumental que nos depara: ¿morirá el perro? Señores, señoras, me duelen mucho, pero mucho, las pelotas.

Me voy a la playa nudista por mucho tiburón que haya: Dentro de la gran decepción que supone, entretiene.

Mejor me decanto por la piscina pública: Los nefastos efectos digitales de los tiburones, su falta de contenido “adulto” por un lado, gamberro por el otro y la triste pero certera declaración de intenciones que supone una secuencia, la de las dos chicas cambiándose el bikini de espaldas al espectador… sinvergüenzas!!!!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

se ve super buena esta peli :)

bullit dijo...

yo no acabo de entender como los tiburones que salen sobreviven en agua dulce (menos el toro) los demas se morririan , quan profundo es el lago por el salto del blanco con la moto acuatica, require de cierta profundidad, en fin una porqueria de pelicula sobre tiburones ,Roy Scheider el agente Brody se revuelve en su tumba

valver dijo...

amen a lo que comento bullit(Roy Scheider se revuelve en su tumba viendo esta pelicula)

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